La fotografía como afición y otras artes visuales

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Recomendaciones semanales - del 13 al 20 de agosto de 2017

A poco más de un día de que nos empecemos a hartar de ver fotos de un eclipse de sol, que nos van a inundar hasta más allá de lo que queremos imaginar, y un día después del denominado Día Internacional de la Fotografía que, sinceramente, ha pasado más bien desapercibido, vengo aquí con mis recomendaciones semanales, diversas y más abundantes de lo que yo pensaba, y marcadas de entrada por una visita que hemos hecho esta mañana mismo al Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) "Pablo Serrano". Un centro que parecía que iba a significar el embrión de un museo de arte moderno en Zaragoza, pero que la contracción económica y financiera han dejado en un quiero y no puedo enmarcado en un edificio que despierta sensaciones muy ambivalentes en cuanto a su diseño exterior. El interior es estupendo.

En cualquier caso, mi primera recomendación esta semana sería que todos aquellos aficionados al cine y a la fotografía que residen en Zaragoza y alrededores, o aquellos que nos visitan, se pasasen a ver la exposición de fotografías de Ramón Masats documentando los dos días de rodaje de la película Viridiana de Luis Buñuel, durante la visita que hizo al mismo acompañando a los hermanos Antonio y Carlos Saura. Dos días en los que se centró en fotografiar, más que el rodaje mismo de la película, las actitudes y acciones del director de Calanda, el propio Buñuel. Merece la pena.

No nos hemos limitado a esta exposición. Como hacía tiempo que no visitábamos el museo, hemos recorrido todas sus salas de exposiciones, incluida la exposición permanente que ha variado su organización. Hemos visitado la exposición de obras de la colección del museo titulada De las artes y las letras, en la que se exponen obras que relacionan las artes plásticas con la literatura y la palabra escrita en cualquiera de sus formas, y donde también hemos encontrado alguna fotografía de Man Ray o Pablo Genovés, que recuerde a bote pronto. Y también la exposición Contra Acción, dedicada al artista aragonés Javier Joven, que también incluye alguna obra basada en la fotografía.

Dejando ya a un lado esta visita al IAACC, el International Center of Photography decidía dedicar una entrada de su blog a la fotógrafa alemana Lotte Jacobi en el aniversario de su nacimiento. Nacida alemana en territorios de lo que actualmente es Polonia, su familia tenía un larga tradición en la fotografía, habiéndose dedicado a la misma desde casi su invención. Su especialidad fueron los retratos, aunque también hizo reportaje. Experimentó las técnicas fotográficas sin cámara. La persecución nazi hizo que se refugiase en EE.UU. donde se interesó por otras artes. Como muchos de los fotógrafos e intelectuales del periodo de entreguerras fue una artista inquieta, experimentadora e imaginativa, que merece la pena conocer.

Otra recomendación que llega desde el International Center of Photography, aunque la noticia me llega a través de Camerafilia, que ha dedicado unas cuantas entradas en su blog a Roman Vishniac. Judio ruso que tuvo que refugiarse en Alemania tras la revolución bolchevique por el ambiente de antisemitismo, fue un eterno refugiado en esa época de turbulencias en la historia de Europa y el mundo. Una importante parte de su trabajo fue documentar la vida de los refugiados judíos en Europa desde antes hasta después de la guerra. Lo cuál centra buena parte de la exposición que le dedica el ICP.

Por algún motivo, la Primavera de Praga de 1968 fue una revolución fallida tras el telón de acero que fue ampliamente documentada en fotografías mientras que la gente se ha olvidado un poco más de su antecesora 12 años antes, la revolución húngara de 1956 contra la presencia soviética en el país. Esta revolución fue mucho más dura y violenta, tanto en su desarrollo como en su represión, con muertos por ambos bandos. Y en Magnum Photos nos muestran cómo se desarrolló este hechos histórico gracias a las fotografías de Erich Lessing, uno de los primeros miembros de la agencia. Lessing, todavía vivo, fue otro judío, austriaco, que hubo de refugiarse del nazismo, aunque la actualidad reside en su Viena natal.

Y hablando de Viena, desde que hace casi dos años visité una exposición de Joel Meyerowitz en la capital austriaca, no he dejado de interesarme por la obra de este fotógrafo americano. Especialmente por la que comenzó ha realizar en los años 70 en color, que me parece muy inspiradora. En Creative Boom han dedicado un artículo a su serie Between the Dog and the Wolf, expresión popular tomada del francés (entre chien et loup) para referirse al crepúsculo. O lo que los modernos de la fotografía llaman constante y tontamente la hora azul. Pues eso, el crepúsculo, desde que se pone el sol hasta que llega la noche cerrada. Eso es el crepúsculo, y no una tonta novela de vampiros para adolescentes.

Fotografías crepusculares, aunque también de otras horas del día, hay en una de los trabajos fotográficos de la serie On The Road, que desde hace unas cuantas semanas nos viene ofreciendo Magnum Photos. Se trata del trabajo de Carolyn Drake dedicado a las áreas de descanso de las autopistas y carreteras principales (highways) norteamericanas. Auténtico retrato de la sociedad americana, de sus valores y de sus miserias, lugares por donde pasan las numerosas personas que atraviesan los estados americanos de norte a sur y de este a oeste.

En el blog de Absolution-V (y 2), siempre más preocupados por la estética de las obras fotográficas y cinematográficas que por el fondo, han dedicado un par de artículo al francés Jean-François Jonvelle. Jonvelle fue un fotógrafo francés, prematuramente malogrado cuando le llegó la muerte con 58 o 59 años, que se dedicó fundamentalmente a retratar a la mujer, siempre desde una perspectiva sensual o del desnudo, en un blanco y negro estéticamente muy cuidado. En los años noventa del año pasado era una presencia constante en la prensa especializada en fotografía del país vecino. Mujeres muy guapas y muy sensuales, pero sin artificios. Aunque a veces me pregunto si estos vecinos no lo sobrevaloraron un tanto.

Lo comenté recientemente. En lo que llevo de año me he dedicado de vez en cuando a la fotografía instantánea, tanto con antiguas cámaras Polaroid con película de The Impossible Project como cogiéndoles prestada la Fujifilm Instax Mini 8 de mi sobrino Diego. Creo que este es un medio de expresión fotográfica interesante. Yo estoy particularmente encantado con las películas en blanco y negro. Y estoy dedicando en exclusiva mi cuenta en Instagram a este tipo de fotografía. Pero para que comprobéis que no soy el único que piensa que es un medio fotográfico interesante y no un medio menor, no hay más que ver la lista de fotógrafos prestigiosos que usaron las polaroids como medio para componer su obra. En Photolari lo contaron en enero, pero nos lo han recordado en su twitter: Ansel Adams, Walker Evans, David Hockney (no es fotógrafo estrictamente hablando), Christopher Makos, Andy Warhol (no es fotógrafo estrictamente hablando), Helmut Newton, Miles Aldridge, Andréi Trakovsky (director de cine antes que fotógrafo), Philip-Lorca diCorcia y Robert Mapplethorpe. Y hay más, seguro.

Castillo de Loarre - paisaje con película negativa en color

Hace unas poquitas semanas, en mis recomendaciones semanales del domingo, mostraba algunas fotografías instantáneas realizadas con la Polaroid Imagen System SE y película Impossible Project en blanco y negro en el castillo de Loarre. Fue una visita improvisada al lugar, a la caída de la tarde, con unos amigos que venían de fuera de España. Me llevé algunas cámaras, claro. La ya mencionada Polaroid, un cámara digital, que no pude usar porque olvidé la tarjeta, y la veterana pero fiable Pentax MX. Que sí llevaba película.

Hace unos años, en mayo de 2009, en una época en la que trabajaba en Huesca, después de una comida con los compañeros de trabajo, me acerqué al Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), un lugar que podría ser muy interesante como dinamizador de la cultura y el arte contemporáneo en la comunidad, pero que no sé si le sacan todo el partido que podrían en la capital altoaragonesa, entre otras cosas por su situación excesivamente apartada del casco urbano. Allí había una exposición de uno de mis fotógrafos favoritos, Bernard Plossu, en el que se mostraban sus fotografías realizadas en la provincia de Huesca, especialmente en los somontanos y las sierras prepirenaicas de la misma. Fotografías realizadas en blanco y negro, como es costumbre en él con su Nikkormat y su 50 mm como cámara básica. Me resultó inspirador. Fotografías sencillas, carentes de artificio, poco espectaculares, pero muy auténticas a la hora de recoger el ambiente físico, humano, cultural e histórico de estos paisajes, que a algunos nos resultan muy familiares por haberlos visitado con frecuencia.

El castillo de Loarre, uno de los monumentos más emblemáticos del antiguo reino de Aragón, ejemplar magnífico de arquitectura militar románica, tenía su presencia en aquella exposición, como no podía ser de otra forma.

El caso es que aquella exposición me resultó inspiradora. Aquellas fotografías me transmitían más que las fotografías de paisajes que vemos con frecuencia hoy en día, realizados con cámaras digitales más o menos avanzadas, que suelen resultar en colores sobresaturados, y correcciones y ajustes de la luminosidad y el contraste que se perciben en no pocas ocasiones artificiales. Imposibles. El uso de película tradicional nos puede devolver con facilidad las sensaciones de autenticidad del paisaje. Incluso si sabemos que el propio material sensible tradicional basado en los haluros de plata tiene sus propias limitaciones y que la presunta fidelidad de tonos y colores con los que antaño se promocionaban los fabricantes tampoco son tales. Pero a pesar de todo, son capaces de trasmitirnos esa autenticidad que con frecuencia se pierde en ciertos estilos de trabajar el paisaje en fotografía digital.

Soy consciente de que, influenciado por aquella exposición, en una mayoría de situaciones he utilizado película negativa en blanco y negro para estos paisajes familiares. Pero, ¿por qué no intentar de recuperar el espíritu que transmiten esas fotografías utilizando película negativa en color? En algún caso he utilizado las películas de Kodak con este fin. Las de la familia Portra, que proporcionan unos colores más sutiles y un contraste muuuuuuy controlado, o la Ektar 100, con más pegada, con contraste más acusado y colores más saturados. Pero sin pasarse.

Recientemente, sin embargo, he empezado a utilizar con más frecuencia las películas de la gama de aficionados de Fufifilm, especialmente cuando uso cámaras para la tradicional película de 35 mm de doble perforación. Y una película que he utilizado en los últimos tiempos con éxito para algún reportaje e incluso algún retrato es la Fujifilm Superia X-Tra 400.

Así que los dos carretes que me quedaban de un lote de cuatro que adquirí hace unos meses, decidí que los utilizaría para fotografiar paisajes en cuanto se me presentase la ocasión. Y esta fue la primera. La segunda no tardó mucho en llegar y os la contaré próximamente.

Así que la Pentax MX llevaba cargado un carrete de Superia X-Tra 400. Y tras una tarde de sol de justicia y luz dura, justo cuando nos acercábamos al castillo llegando desde Ayerbe, unas nubes comenzaron a matizar la luz de cara a la caída de la tarde, adelantando casi una hora las buenas condiciones que se suelen asociar a la llamada "hora dorada" por el tono cálido de la luz del atardecer antes de la puesta de sol.

He de reconocer que la X-Tra 400 se portó muy bien. En primer lugar, conservando el tono cálido de los tonos de ese atardecer. Alguna vez he leído que las películas Fujifilm en color son más frías que otras marcas, especialmente que Kodak. Y así me había parecido en tiempos con las película diapositivas. Aunque más tuve la sensación siempre que las Ektachrome eran excesivamente "amarillas" y que las Fujichrome, especialmente las Sensia, Provia y Astia, eran más neutras en su rendimiento. No tengo quejas de cómo reproduce el color esta película en distintas situaciones.

Hay una cosa que he decir al respecto. En muchos casos, trabajando con digital, existe la tendencia de compensar en exceso las dominantes de color que la luz presenta. Si estas en interiores, y eliminas por completo la dominante rojiza debida a la iluminación artificial, puedes acabar teniendo unos interiores de aspecto frío y sin alma. O puedes acabar teniendo unos amaneceres o unos atardeceres excesivamente fríos, demasiado corregidos. Últimamente he leído varias recomendaciones que sugieren disparar en digital usando archivos RAW con el equilibrio de blancos en modo luz de día. Y luego, a partir de ahí corregir en el procesado de los archivos, no buscando una corrección total sino un rendimiento del color agradable y ajustado a las sensaciones que nos despierten los lugares que fotografiamos.

Lo cierto es que la película negativa en color equilibrada para luz de día, siempre y cuando las dominantes de color no sean extremas, te pueden llevar de forma natural a esa situación con poco esfuerzo. Aunque siempre será necesario un operador con buen ojo para el color, bien sea al digitalizar los negativos o al copiarlos y ampliarlos por mecanismos tradicionales.

Está también la cuestión de la latitud de exposición y la dinámica de la película, muy elevada en las emulsiones modernas, que en el caso de la película negativa en color toleran muy bien la sobreexposición, conservando en ese caso el detalle tanto en las sombras como en las luces. En las fotografías de esta serie, con frecuencia el motivo principal se encontraba a contraluz. El visitante estaciona el coche al norte del castillo y se acerca a sus murallas y puerta principal caminando desde el este, por lo que al atardecer, el sol se encuentra justamente en el lado opuesto de la mole del complejo arquitectónico militar medieval. Ge podido comprobar que últimamente está muy denostada la medición de la luz global ponderada con predominio central. Los "sabios" de hoy en día dicen que, a) hay que confiar en los sistemas de medición matricial de las cámaras modernas o, b) que para ser finos, hay que medir con una medición puntual. Bueno... con las cámaras sin espejo, hace tiempo que medimos usando el histograma. Con las réflex, usando el visor tradicional, personalmente obtengo mayor porcentaje de aciertos con una la medición ponderada al centro siempre que el fotómetro esté bien calibrado. O si tiene algún sesgo, que sea constante y conocido. Mi Pentax MX tiene el fotómetro bien calibrado. Mi Canon EOS 5D Mark II está sesgado produciendo subexposición. Por poner un ejemplo. En cualquier caso, en este caso, la medición se hizo lo más precisa posible, pero siempre midiendo para las sombras, para garantizar que estas conservaban bien sus características de color y detalle. Y las luces que caigan como puedan. Ya se sabe lo que decían los maestros del pasado, "expón para las sombras y revela para las luces".

De esta forma, incluso los contraluces más exagerado han conseguido buenos tonos y buen detalle con esta Superia X-Tra 400, que definitivamente se está convirtiendo en una de mis películas favoritas. De hecho, en estos momentos lo que lamento es que, estando clasificada como película para el consumidor aficionado, no se fabrica en rollos de formato medio, por lo que me obliga a restringir su uso en cámaras de formato pequeño, de 35 mm. Una pena. Porque algo que hay que decir es que hay diferencias de precio notables, si se sabe dónde buscar. En algunos casos, la diferencia de precio entre la Portra 400 y la Superia X-Tra 400 puede llevar a que la primera cueste el doble de precio o más que la segunda. La diferencia de calidades no es tan grande, a la vista de los resultados.

He quedado contento con los resultados obtenidos con esta película. En estos días, desde que recibí los negativos digitalizados, he impreso alguna copia a un tamaño de DIN A3 con buenos resultados. Es en la copia en papel más que en la pantalla del ordenador, donde hay que juzgar la bondad de la copia final de la fotografía tal y como la previsualizamos antes de disparador de la cámara. Ya tengo encargados unos cuantos carretes más para tener una temporada. Es fácil encontrarla en el comercio... en el poco que queda que venden película fotográfica. Pero aun así, puede resultar más barata comprarla por internet a poco que consigas deshacerte de los gastos de envío de una forma u otra.

En fin, espero que os hayan gustado las fotos. Nos despediremos del castillo de Loarre, de las sierras del Prepirineo aragonés y de la comarca de la Hoya de Huesca, no sin antes parar a recoger los minutos próximos al ocaso entre los cerezos de Bolea.

Viajando con Impossible Project - En Madrid

Ya lo he comentado en alguna ocasión. Mi cuenta en Instagram está dedicada exclusivamente a la fotografía instantánea. La realizada con cualquiera de mis dos polaroids con película del Impossible Project, o la realizada con la Fujifilm Instax Mini 8 de mi sobrino Diego. Tengo pendiente de recibir mi compensación por participar en un proyecto de financiación colectiva que implica el uso de película Fujifilm Instax Mini... cuando llegue, ya veremos cómo funciona.

El caso es que el sábado que visitamos en Madrid las exposiciones de PHotoEspaña 2017 me pareció un momento adecuado para comprobar qué tal se comportaba mi Polaroid Image System SE como cámara viajera. Os recuerdo que se trata de una cámara fabricada por Polaroid que tenía una calidad general bastante superior a los modelos habituales de la marca, aunque por debajo de los modelos réflex. La diferencia principal de todos modos está en el tipo de película, que en lugar de ofrecer un formato cuadrado es rectangular. Quizá sea por este motivo, y por su precio original, que está menos difundido. Eso hace que las cámaras puedan ser más baratas, aunque también hay menos variedad de película fabricada por Impossible Project. Pero bueno, estan las dos básicas, color y blanco y negro, con el marco blanco. Recordad que las Image System en América se denominaron Spectra.

En Madrid, terminé un cartucho de fotografías en color que tenía cargado en la cámara.

El principal problema con la película en color de Impossible Project puede venir para quienes busquen fidelidad en la reproducción del color y tomas contrastadas y con impacto. No tal. Los colores tienen un ligero tono sonrosadillo y la saturación es baja. El contraste tampoco es muy importante, pero hay tiene la virtud de que se come bien las escenas contrastadas, con detalle en luces y sombras.

También me llevé unos cartuchos de repuesto en blanco y negro, de los cuales abrí uno.

He de decir que esta combinación de cámara y película se ha convertido en mi favorita entre las opciones que tengo para fotografía instantánea. El tono cálido de las copias me resulta muy agradable. La latitud de exposición es mayor de lo que esperarías. Y con el objetivo de la Image System SE, que es de vidrio con varios elementos y no la sencilla lente de plástico que se encuentra en los modelos más populares, se obtiene una mayor nitidez. El que sea de enfoque automático, por sonar, con una distancia mínima de enfoque de 60 cm, también le proporciona no pocos alicientes, aunque fuera algo que no utilicé en Madrid.

Eso sí, dado el carísimo precio de las fotos, conviene ser lo más selectivo posible en las tomas, y asegurar que tienes la exposición correcta.

No obstante, como curiosidad, cerraré con la foto que tomé en la estación de Madrid-Puerta de Atocha al volver a Zaragoza. El original se ve bastante oscuro, la tomé al vuelo mientras nos dirigíamos al tren, y las luces del fondo engañaron al fotómetro. Además, había compensado la exposición en la fotografía anterior, con acierto, la de la estatua del Jardín Botánico, y se me había olvidado volver a poner a cero esta compensación. Sin embargo, al escanear con buena calidad la copia, en Lightroom pude obtener detalles no apreciables a simple vista, y que sí que se ven en la versión digitalizada. Lo dicho, tiene más latitud de exposición de la que esperarías.

Castillos, estrellas fugaces, galaxias y otras especies nocturnas

Como todos los años cuando se acerca el ecuador del mes de agosto, se anuncia por todos los medios la conocida lluvia de estrellas fugaces, oficialmente las Perseidas, por estos lares muy conocidas como "lágrimas de San Lorenzo". Estos meteoros son los restos que deja a su paso el cometa Swift-Tuttle y aparecen todos los años en las noches de la canícula veraniega, radiando desde la constelación de Perseo, de ahí su nombre formal, y suelen tener su máximo de actividad entre el 10 y el 14 de agosto. Siendo el 10 de agosto la conmemoración católica de Lorenzo, un mártir de la Roma del siglo III, que fue asado en una parrilla, se supone que alguna lágrima debió derramar, aunque no sabemos si por el dolor o por el humo en los ojos, que según las tradiciones de esta confesión religiosa, los mártires son gente bravía.

Este sábado 12 de agosto, día para el que estaba anunciado el máximo de actividad de los meteoros, andaba yo a media tarde con cierto desconcierto porque mis planes para ese sábado habían cambiado abruptamente un par de horas antes cuando me llegó un aviso... "hemos quedado a las siete en el estacionamiento de un centro comercial para ir a ver las Perseidas"... Con ciertas prisas, eché a la bolsa un par de cámaras micro cuatro tercios con unas cuantas baterías, confiando que algunas tuvieran energía, y un par de objetivos angulares, que me parecieron los más adecuados para la ocasión. También cogí mi mejor trípode y el cable disparador de una de las cámaras. Y con esto salí pitando, porque ya llegaba tarde.

El destino fue el castillo de Sora en Castejón de Valdejasa, a unos 60 kilómetro de Zaragoza, en sentido hacia las Cinco Villas. Utilicé la cámara menos adaptada a la fotografía nocturna, la pequeña Panasonic Lumix GM5 con un G 14/2,5 ASPH, para documentar el lugar mientras tuvimos luz diurna, con el fin de reservar las baterías de la otra cámara, más capaz para la noche.

Después de un reconocimiento previo, durante el cual realicé las fotos que podéis ver, nos aprestamos para ver y fotografiar la puesta de sol. Después, tras la foto de grupo de rigor, comenzamos a buscar buenos emplazamientos para la sesión de fotografía nocturna, cada uno según sus intereses, conocimiento, experiencia e intuición, intentando no molestarnos mucho los unos a los otros. El ambiente en estas excursiones suele ser siempre excelente, muy cordial.

La ventana de observación que teníamos era desde la 22:00 horas, la puesta de sol fue a las 21:07, pero queda la luz residual crepuscular residual, hasta poco antes de la salida de la luna, casi en cuarto menguante, a las 23:52. Aunque la motivación de la excursión eran las Perseidas, la presencia sobre nuestras cabezas de la Vía Láctea, hizo que dedicáramos algunos esfuerzos a conseguir alguna bonita foto de este espectáculo astronómico que suele estar sobre nuestras cabezas, pero que en la ciudad no sabemos o podemos disfrutar. Aquí ya utilicé la Olympus OM-D E-M5 con el Leica DG Summilux 15/1,7 ASPH, un objetivo que por su focal y ángulo de visión no permite vistas amplias tan espectaculares como otras focales más cortas, pero que da una buena calidad de imagen y tiene una apertura máxima muy favorable para evitar sensibilidades muy altas.

Para ayudar a interpretar las fotografías anteriores, decir que era los tonos anaranjados de las fotografías corresponden a la importante contaminación lumínica producida por la ciudad de Zaragoza y por la actividad de los pueblos y el corredor viario de la Ribera Alta del Ebro, al sur de nuestra posición.

Aunque en las anteriores fotografías se puede ver una diversidad de estelas en el cielo, todas ellas corresponden bien a satélites artificiales o aviones. Hay mucho tráfico de aviones comerciales en el entorno del lugar donde nos encontrábamos.

La última de las anteriores fotografías es la que apunta más directamente al sur y hacia donde se encuentra el centro galáctico, en la constelación de Sagitario.

Una vez realizadas esas fotografías, llegó el turno de intentar recoger alguna Perseida en las fotografías. Mientras hacíamos las anteriores fotografías, ya habíamos visto caer algunas.

Con el fin de intentar maximizar las probabilidades de captar alguna, apunté mi cámara aproximadamente en un campo de visión que abarcase desde la Estrella Polar hasta el nordeste, con el fin de que la constelación de Perseo, el radiante de los meteoritos, y la Galaxia de Andrómeda apareciesen en el campo. Esta última no era distinguible a simple vista, pero confiaba que con las exposiciones prolongadas se pudiese ver. Es la galaxia más cercana a nuestra Vía Láctea, si descontamos las dos satélites, las Nubes de Magallanes, que no se ven desde el hemisferio norte.

En esta foto última foto anterior, que es un recorte de una vista más amplia sobre los muros del castillo, podéis apreciar la presencia de la Galaxia de Andrómeda.

A partir de aquí, la estrategia consistió en colocar la cámara fija apuntando a la región del cielo mencionada e ir haciendo fotografías seguidas desde el mismo punto con la confianza de que en alguna o algunas de ellas aparecería alguna estrella fugaz. Como el accionamiento del disparador no exige excesiva atención, mientras podría dedicarme a observar el conjunto de la bóveda celeste para disfrutar del espectáculo de los meteoritos cayendo, aunque no pasasen por el sector de la misma que yo había seleccionado. Vimos unos cuantos, y algunos muy espectaculares.

Al revisar las fotos en casa... casi a las primeras de cambio pensé que tenía uno meteorito en el bote... justamente apuntando a la Galaxia de Andrómeda.

Las exposiciones tuvieron una duración de entre 30 segundos a 200 ISO al principio a 15 segundos a 400 ISO más tarde. Quizá esta segunda disposición fuera más adecuada, porque a 30 segundos, con la focal que estuve usando, las estrellas ya no tienen un aspecto puntual sino como pequeños segmentos por su movimiento aparente por la bóveda celeste.

Entre exposición y exposición había un periodo refractario de igual duración que la exposición por la aplicación de la reducción de ruido de la cámara. Aunque una lata, porque en ese tiempo se pierde la posibilidad de registrar la caída de un meteorito, también sirve después para descartar que un trazo sea de un satélite o de un meteorito. El de la fotografía anterior resultó ser un satélite, porque en la realizada 30 segundos más tarde, en la que sí aparece el trazo de un meteorito sobre la Galaxia de Andrómeda, se ve el mismo trazo satelital desplazado unos grados hacia el norte.

O mi estrategia no fue del todo adecuada, o tuve mala fortuna, y las fugaces cayeron por otras zonas del cielo o en los periodos refractarios que he comentado. Además de la fotografía anterior, sólo hay otra donde creo que alguno de los trazos corresponden a estrellas fugaces, aunque relativamente tenues.

Son las que están a la derecha de la siguiente imagen, por debajo del trazo intermitente de un reactor comercial.

Todavía me considero muy inexperto en las cuestiones de fotografía astronómica. Aunque creo que mis conocimientos generales de fotografía me han permitido avanzar mucho en un par de noches dedicadas a este tipo de fotografía este año, lo cierto es que hay elementos en los que no piensas y que te hacen perder oportunidades o disminuyen la calidad de las imágenes. Es importante practicar la técnica y adquirir experiencia para conocer bien cómo reaccionan tus herramientas a las condiciones de trabajo que les impornes, así como para evitar las trampas que la noche impone al fotógrafo y en las que siendo novato caes como un melón. Por ejemplo, hay unas cuantas fotografías, que habiendo tenido que cambiar la batería, quedaron desenfocadas por haber alterado inconscientemente el punto de enfoque del objetivo. Más tarde me di cuenta y lo corregí.

Tengo pendiente de coger las series de fotografías realizadas y aplicarles un programa de combinación de las mismas para obtener algo similar a una circumpolar. Pero me tengo que estudiar el funcionamiento del programa y cual es la mejor forma de aplicarlo. Ya os contaré.

En cualquier caso fue una noche interesante y divertida. Así que me despido con la salida de la Luna, que anunció el momento de recoger los bártulos y volver a Zaragoza y a casa, a dormir.

Recomendaciones semanales - del 6 al 13 de agosto de 2017

Semana fotográfica en la que no ha habido más entradas en este diario desde el lunes, aunque eso no quiere decir que he estado parado. Hay algunos carretes que se está revelando, y hay una serie de actividades de fotografía nocturna que han llegado con la segunda mitad de la semana. En digital.

Lo que aparecerá hoy aquí acompañando a mis recomendaciones fotográficas de cada semana, que en esta sí que han acusado la disminución del ritmo que se produce en el verano, corresponden a dos paseos nocturnos por las calles de Zaragoza. El primero fue originalmente una tertulia fotográfica al caer la tarde que se convirtió en algunas fotos en la noche, el segundo fue un paseo fotográfico para trabajar el movimiento y las estelas de los vehículos en la noche y que acabó siendo un amplio paseo por el casco histórico de la ciudad. Color y blanco y negro... dependiendo del motivo y la iluminación disponible. Las luces artificiales del casco histórico de Zaragoza son matadoras. Desconozco que tipo de gas incluyen las lámparas que dejan una dominante de color muy cálida, virtualmente imposible de corregir, por lo que las fotos acaban yendo al blanco y negro. Lo cual no necesariamente está mal.

Tertulia fotográfica que acaba convirtiéndose en oportunidad para fotografiar al noche zaragozana.

Este verano, gracias al cine, ha estado "de moda" una vez más la Segunda Guerra Mundial, horrible conflicto con el que culminó la desafortunada posguerra del primer conflicto mundial, originado por los totalitarismos que surgieron fruto de la desesperanza de las gentes ante la depresión que siguió al desenfreno de liberalismo sin regulación de los "felices 20". Gentes normales que optaron por apostar por los fascismos o el comunismo para resolver unos problemas, pero que llevaron a una de las épocas más negras de la historia del mundo. Debieramos aprender del pasado, ahora que se percibe como una nueva época de liberalismo sin regulación está trayendo de nuevo un desencanto que hace que surjan de nuevo los fascismos en el mundo. Que nunca se fueron, que siempre estuvieron ahí, agazapados. Y esta reflexión me la ha sugerido la fotografía de Emmy Andriesse, del famélico muchacho con la cacerola, fotógrafa que perteneció a la resistencia holandesa (De Ondergedoken Camera) a los invasores alemanes, invasión que provocó en el último invierno de la guerra una tremenda hambruna en los Países Bajos. También las diversas fotografías de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, cuyo aniversario conmemoramos, que no "celebramos", a ver si nos fijamos en el significado de los verbos, en los primeros días de agosto.

Helmar Lerski (Israel Schmuklerski fue su nombre de nacimiento) fue un judío alemán de origen polaco nacido en Estrasburgo durante el periodo en que el tiempo en el que la Alsacia perteneció al reich germano, que nos legó una impresionante colección de retratos en primeros planos, con los que peleó contra la "nueva objetividad" y contra la estética nazi. Y lo hemos podido conocer y valorar esta semana gracias al artículo que le ha dedicado Oscar Colorado, siempre con su didáctica actividad de difusión de lo mejor de la historia de la fotografía. También trabajó en cinematografía, con notables colaboraciones.

Seguimos con la serie On The Road de Magnum Photos, que viene animando este verano, con sus series de fotografías de fotógrafos que se echan a la carretera para documentar un país, un territorio, un fenómenos social o a las gentes que se encuentran. En esta ocasión acompañaremos al suizo René Burri que se echó a la interestatal I-25 de los Estados Unidos para capturar los monumentos y los hitos de la carrera atómica que llevó a los antes mencionados bombardeos atómicos sobre las poblaciones civiles niponas y a la suicida y demencial carrera armamentística de la Guerra Fría.

Cambiando de tercio, en Dazed Digital hemos podido conocer la vida y obra del ruso Slava Mogutin, fotógrafo residente en Estados Unidos donde pidió asilo político por la persecución que sufrió en su país por su orientación sexual. Mogutin no sólo ha tratado el tema de la homosexualidad en sus obras; también ha tratado otros  temas relacionados con la identidad y la sexualidad de los jóvenes, en ocasiones con de forma muy provocadora, casi podríamos decir transgresora.

Esta noche comenzó en color y siguiendo las estelas del tráfico nocturno, especialmente del paso de los convoyes tranviarios que cruzan el centro de la ciudad. Pero siguió con otros temas, y en blanco y negro.

También procedente de Dazed Digital, tenemos la recomendación de una publicación reciente, que por lo que he visto existen muchas probabilidades de que la adquiera, sobre los falsos estereotipos y cuestiones de identidad que afectan a las mujeres asiáticas, especialmente cuando son vistas desde un punto de vista eurocéntrico (entiéndase por eurocéntrico el de todas las sociedades occidentales con una mayoría de personas de origen europeo, estén en Europa o no, estén en "occidente" o no). El libro, XING, es un trabajo colectivo de fotógrafas de origen japonés o chino, de directores de cine chinos, residan en Asia o no. Y lo que he visto hasta ahora me ha motivado lo suficiente como para interesarme por su compra.

una tercera recomendación en las páginas virtuales de Dazed Digital, publicación a la que he estuve dando un repaso a principio de semana. Se trata de un trabajo de la fotógrafa Eliza Hatch, que ha usado el retrato como medio de resaltar el valor de mujeres que en su vida han sufrido episodios de acoso sexual en público, un problema que sucede en las sociedades occidentales con mucha más frecuencia de lo que nos parece, y que afecta a muchas más mujeres de lo que creemos. Bajo la sensación de que la mayoría de la gente considera "normal" o resta importancia a estos acosos.

En LensCratch hemos visto el trabajo de la fotógrafa Alyssa Schukar, que ha documentado las vidas de las gentes en las comunidades de los barrios y poblaciones del este de Chicago, una de las ciudades más industrializadas de América, lo cual provoca una serie de problemas importantes en estas comunidades. Uno de ellos las desigualdades y las injusticias debido a las alteraciones del medio ambiente que producen las industrias, especialmente las químicas y las refinerías, con concentraciones de tóxicos ambientales muy superiores a las recomendadas. Incluso con algunas de estas industrias que consiguieron su permiso para asentarse en estas localizaciones después de que la urbanización se hubiese producido. Schukar no busca una imagen depresiva de estas comunidades, sino más bien que empaticemos con ellas, que las veamos como gentes normales, como cualquier de nosotros, pero siendo familias que sufren graves riesgos para su salud.

Finalmente, desde el blog de Vantage nos llega un artículo sobre como el fotógrafo Bill Durgin juega con nuestra percepción a través de un cuidadoso proceso de manipulación digital de la imagen en la posproducción de la misma. No suelen llamarme la atención este tipo de manipulaciones, pero reconozco que las que realiza Durgin tienen una calidad fotográfica y conceptual importante, y que merecen la pena ser conocidas, sean "retratos", desnudos o naturalezas muertas.