La fotografía como afición y otras artes visuales

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Fujifilm Superia Venus 800 - las sensibilidades altas a la japonesa

No encuentro muy a menudo situaciones en las que utilizar película en color de alta sensibilidad. Entendiendo por tal aquellas superiores a los 400 ISO. He probado en alguna ocasión la Kodak Portra 800 en formato medio y he hecho mis pinitos con la Cinestil 800T en formato pequeño y en formato medio. También he forzado en alguna ocasión la Kodak Portra 400 un par de pasos con resultados que han sido entre normalitos y buenos. Hay que tener mucho cuidado con la medición de la luz cuando se experimentan estas alternativas. En fin, los resultados de estas experiencias son diversos. La Cinestil 800T está muy bien, pero es cara. Y su sensibilidad específica para luz de tungsteno y su origen cinematográfico la hacen más apta, desde mi punto de vista, para uso en interiores con luz continua muy controlada. Mi experiencia con su uso en museos lo muestra.

Hace unos meses, aprovechando un pedido que realicé de material sensible a Macodirect, me agencié unos rollos de Fujifilm Natura 1600 y Fujifilm Superia Venus 800. Son las versiones de alta sensibilidad de la familia de las Superia, que no son fáciles de encontrar fuera de Japón. De hecho, con las denominaciones que he mencionado, son carretes previstos para el mercado nipón traídos a Europa por el comercio especializado alemán. La Venus 800 sería la misma película que la Superia XTra 800. Esta última sin los bonitos caracteres en kanji en el envoltorio. No son baratos, aviso. Así que muy buenos resultados tenían que ofrecer para sustituir mi opción por defecto en estos momentos, que sería la Kodak Portra 400 con revelado forzado.

En cualquier caso, así como ya probé la Natura 1600 durante la excursión que realizamos en junio a Ejea de los Caballeros, no había encontrado todavía ocasión para probar la Venus 800. Hace unas semanas cargué un carrete en la Canon EOS 650 y empecé a buscar ocasiones para usarla. Con diversas condiciones de luz, he de decirlo.

Generalmente, se asocia el uso de las altas sensibilidades a las situaciones de luz escasa. Sin embargo, también están las situaciones de luz imprevisible, en las que lo mismo puedes necesitarlas en una misma sesión con luz normal o incluso buena, o con luz escasa. La fotografía callejera sería un caso. Aunque no son fotografía callejera, las imágenes que preceden a este párrafo en esta entrada, son ejemplos de fotografías realizadas con una diversidad de condiciones de luz en un par de paseos por zonas verdes de Zaragoza. Si en el momento de la exposición se da suficiente luz, el comportamiento de la Venus 800 es bastante bueno. Y el grano se nota pero no es intrusivo.

En ese mismo paseo, en un momento en el que el sol se ocultó tras unas oportunas o inoportunas nubes, según como se considere, y montado un teleobjetivo en la EOS 650, necesitado de velocidad de obturación alta, afronté la tarea de inmortalizar las últimas rosas de la temporada en la rosaleda del Parque Grande de la ciudad.

Todavía estoy decidiendo hasta qué punto me gusta, o más bien no, el rendimiento de los colores rojos en las fotografías. En cualquier caso, aunque la exposición es correcta, en el momento en el que aparecen zonas francamente oscuras y uniformes en la fotografía, el grano de la película se hace mucho más presente. No necesariamente desagradable, pero sí mucho más notorio que en las situaciones iniciales de luz abundante. Es un hecho. Incluso en materiales con sensibilidades alta, el material negativo en color siempre se lleva mejor con la luz en cantidad que con las sombras.

Pero, ¿qué pasa si nos adentramos en el terreno del macro? Al EF 200/2,8 USM con el que hice las fotografías anteriores, eventualmente le coloqué un duplicador de focal, convirtiéndolo en un 400/5,6, así como le intercalé entre el objetivo y el duplicador un tubo de extensión para entrar en el terreno de la macrofotografía. Puesto que no llevé trípode, obligatorias las velocidades de obturación elevadas.

La presencia de un grano apreciable hace que este material no sea el de elección para este tipo de fotografías. Pero a pesar de todo, no resulta desdeñable la cantidad de detalle que conservamos en las fotografías. La película sale más airosa de la difícil prueba de lo que yo había pensado. Por lo tanto, no sería un material de elección para la macrofotografía, pero si en el marco de una sesión de fotografía general surge la ocasión, tampoco desecharía la posibilidad de hacer la foto.

Pasemos a la siguiente situación. Vamos por el Parque Grande de Zaragoza un domingo por la mañana. Es verano todavía, aunque el tiempo ha empezado a mostrar termómetros muuuuuucho más moderados en sus temperaturas y las nubes empiezan a hacer presencia sobre la ciudad con más frecuencia. No obstante, es una mañana agradable y hay mucha gente practicando el deporte y otras actividades de esparcimiento. Vamos a usar el teleobjetivo con el duplicador para intentar obtener alguna fotografía de acción o algún retrato no posado.

Dos cuestiones a destacar. La primera en el ámbito de las limitaciones. La Canon EOS 650 es la cámara de enfoque automático de la gama EOS más antigua. Por lo tanto, su sistema de enfoque es más precario que las que le siguieron. Mas lento. Y con un único sensor de enfoque en el centro del fotograma. Así que hubo que tener cuidadito para enfocar correctamente con el modo de enfoque continuo. Salió airosa del trance, pero bueno... trabajando más con la idea de adelantarse a los acontecimientos que con la de confiar en los automatismos.

La segunda es positiva. Tiene que ver con el rendimiento con los tonos de piel de cara a su uso en retratos. Salvo una de las imágenes, que está un poco justa de luz, en general esta película ha producido unos tonos de piel bastante agradables y menos fríos de lo que esperaba para un producto Fujifilm. Así que no es desdeñable como material para retrato.

¿Cuáles son mis impresiones generales con esta película? Bien, es una película de alta sensibilidad, pero que claramente da mejores resultados cuando hay una buena luz en la escena.  Escenas con poca luz y poco contraste quedan muy apagadas. Probablemente, en ese caso habría que haber dado algún paso más de exposición. Esto hace que en estos momentos la vea más como una película adecuada para la acción, permitiendo velocidades de obturación más alta, que como una película para usar cuando la luz se agota.

Y eso sí, no acabo de ver la necesidad de ponerse a buscarla por el mundo, con precios altos, cuando una Portra 400 puede dar unos buenos resultados. Expuesta a IE 800 o 1600 con uno o dos pasos de forzado. No es barata, pero es más barata, mucho más fácil de encontrar, y da buenos resultados. Pero no tenéis por qué fiaros de mí. Probadlas y comprobad como se adaptan a vuestros estilos personales de fotografiar.

Por cierto, mientras escribía me he dado cuenta de que ya había probado esta película en el pasado, bajo el nombre de XTra 800, claro.

Castillo de Zafra - paisaje con película negativa en color

Tercera excursión de sábado por la tarde, en mi función de este verano de ser un buen anfitrión para unos huéspedes de otro país. Y en esta ocasión nos pusimos en plan fans de Game of Thrones (Juego de tronos) y nos acercamos al castillo de Zafra, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, pero a escasos kilómetros de la de Aragón, yendo por Monreal del Campo en dirección a Molina de Aragón.

El castillo se haya sobre un promontorio rocoso en la llamada sierra de Caldereros, un lugar que me pareció de gran belleza paisajística, tanto en la rocosa sierra como en las dehesas que se extienden a ambos lados de la misma. Un lugar que merece la pena seguir explorando fotográficamente.

Al igual que en las excursiones similares de sábado por la tarde que hemos realizado desde finales de julio hasta la fecha, he usado, como elementos en común, la película negativa en color Fujifilm Superia XTra 400 y un objetivo de 50 mm. Si en el castillo de Loarre fue con una cámara Pentax y en las saladas de Sástago con una Canon EOS, en esta ocasión me llevé la Nikomat FTn con el Nikkor-S Auto 50/1,4.

La cámara, más allá de las peculiaridades ergonómicas de cada una, no es un elemento excesivamente determinante del resultado final, las ópticas sí lo son. Bueno,... creo que la Nikomat sí que presenta alguna característica que puede alterar el resultado. Me explico.

En general, fotografiando con película tradicional, mi técnica fotográfica es tal que soy fiel a la vieja regla de que la velocidad de obturación segura cuando se fotografía a mano alzada con una cámara réflex de 35 mm es el inverso de la focal usada en milímetros. Para evitar pérdidas de nitidez por pequeños movimientos en el momento de realizar la toma. Estoy suponiendo equipos de cierta antigüedad que no disponen sistemas de estabilización óptica incorporados, ni en el objetivo ni en la cámara. Así, utilizando un 50 mm, la velocidad de obturación segura para mí es de 1/50 segundo. En las cámaras mecánicas, uso la más próxima disponible, 1/60 segundo. Con cámaras telemétricas, las Leica principalmente, bajo a la mitad de velocidad, 1/30 segundo. Con réflex digitales, sin estabilizador óptico, al doble de velocidad, 1/125 segundo. Y me suele ir bien. Pero por algún motivo, con la Nikomat... no. Desde ahora en adelante tengo que tener en cuenta que con esta cámara, mejor que no baje de 1/125 segundo usando el único objetivo que tengo para ella, el 50 mm.

Este objetivo también viene penalizado por el hecho de que es un diseño de 1959 o 1960, creo yo. Aunque he calculado que mi ejemplar puede estar fabricado entre 1967 y 1969. Siendo un objetivo con una apertura máxima de f/1,4 y con las técnicas de fabricación y de revestimiento de las ópticas de la época, aunque bastante nítido, tiende a las pérdidas de contraste. Las copias digitalizadas que presento aquí están procesadas un poquito más que las de las excursiones anteriores con el fin de mejorar el contraste final de la imagen.

Así pues, no seamos absurdamente fanáticos de las marcas. Nikon han realizado excelentes ópticas a lo largo de su historia, pero no podemos pretender que el paso del tiempo no se note, y este 50 mm es inferior en varios aspectos al modesto SMC-A 50/2 de Pentax y al moderno EF 50/1,4 USM de Canon. Aunque es superior a ambos en robustez estructural. Cuando publique unos resultados en blanco y negro en el espectro infrarrojo que estoy trabajando ahora, realizaré algunas observaciones sobre el mencionado 50/1,4 de Canon, ahora un poquito despreciado por su rendimiento en cámaras digitales, pero que me parece a mí que es bastante respetable.

Otro problema con el que nos enfrentamos esa tarde de sábado fue que los accesos al castillo no están demasiado bien señalizados. Como ninguno habíamos estado allí previamente, dimos varias vueltas por las carreteras y caminos del lugar hasta que atinamos con uno que nos llevó hasta el bello paraje. Eso hizo que desde que llegamos hasta que se puso el sol, dispusiéramos de menos tiempo del que hubiésemos deseado. Y por lo tanto, que para realizar las 37 fotografías que obtuve del carrete de película fuese un poco apresurado. Y eso puede afectar, y afecta, negativamente a la calidad final de las películas. Algunos encuadres del paisaje circundante no me quedaron tan "finos" como yo pensaba.

El castillo queda muy bien porque es muy vistoso. Pero el paisaje es una disciplina más compleja de lo que solemos pensar. Hay que pensar bien el encuadre y la composición, y la disposición de elementos en los mismos. Y si vas con prisa, mal. Salvé la papeleta, pero menos satisfecho que en otras ocasiones.

Las fotografías estaban bien expuestas. El laboratorio que las reveló me hizo algunos comentarios al respecto y me dijo que no había tenido problemas para trabajar con ellas, incluso en alguno de los fuertes contrastes de algunos fotogramas, incluidos los contraluces. Pero el contraste un poco escaso de algunas de las fotografías, y que como ya he dicho atribuyo a la veteranía de la óptica, ha hecho que las haya trabajado un poco más de lo habitual en estos casos digitalmente. Y una consecuencia negativa habitual de esto es que el grano de la película se ha hecho más aparente.

No nos olvidemos que estamos hablando de una película de 400 ISO. Que es cierto que las modernas películas de esta sensibilidad tienen un grano muy contenido y, por lo tanto, son auténticas todoterrenos. Pero cuando las meneas mucho, acaban poniendo de manifiesto su sensibilidad.

No estoy descontento, pero me apetece volver en otras condiciones. Probablemente con unas ópticas más modernas, con un trípode y con película de sensibilidad más contenida. Probablemente con algún carrete de Kodak Ektar 100, que da resultados más saturados además. Quizá en formato medio. Ya os lo contaré si sucede. O cuando suceda.

Saladas de Sástago - paisaje con película negativa en color

La semana pasada os hablaba de fotografiar paisaje con la película Fujifilm Superia XTra-400 en el castillo de Loarre. Os recuerdo que esta es una película negativa en color pensada para el mercado de consumo o aficionado. Realmente, no tiene mucho sentido hablar de mercado de consumo, puesto que la película fotográfica ha dejado de ser un bien comúnmente consumido por la población, desplazado por las tecnologías de captura electrónica digital de la imagen. Por lo tanto, más bien habrá que hablar de una película para el aficionado a la fotografía con película tradicional, que busque una película negativa en color capaz, polivante, y no excesivamente cara. Ese es el segmento al que está dirigida esta película.

Una semana después de nuestro paseo por Loarre, también un sábado por la tarde de calor, una petición de un conocido nos llevó a la población de Sástago, a llevar un objeto con el coche. Una vez hecho el recado, propuse pasarnos por las Saladas de Sástago, que mis acompañantes no conocía. Situadas entre Sástago y Bujaraloz, en un paisaje estepario que podemos considerar ya como propio de Los Monegros, aunque oficialmente no estén todas ellas en los límites de esa comarca, son unas cuencas endorreicas en las que se forman unas lagunas y humedales, que por la alta evaporación del agua tienen una elevada concentración en sales. Esto las ha dotado en tiempo de valor económico en la zona, por la posibilidad de extraer la sal de sus aguas, ya no, y también de valor ecológico por el peculiar ecosistema que soportan.

Con el calor y la sequía del estío, las lagunas de las saladas de Sástago estaban sin agua, salvo alguna piscina artificial. Ante nosotros aparecían por lo tanto como unas amplias llanuras blanquecinas, en las que si entrabas tus pies podían hundirse inopinadamente debido a la humedad residual en el subsuelo.

Aquí y allá, encontrábamos el lecho de charcos cubierto por las sales cristalizadas durante el proceso de evaporación del agua.

Previendo la posibilidad de acercarnos hasta este paraje, cogí una bolsa con algunas cámaras fotográficas. Entre ellas la Polaroid Image System SE con un cartucho de película instantánea Impossible Project en blanco y negro. En estos días que vienen irán apareciendo en Instagram las fotografías del mismo. Con el tiempo las recopilaré todas ellas en estas páginas.

Pero también cogí un carrete de Fujifilm Superia XTra-400, aunque todavía no tenía los resultados de cómo habían quedado las fotografías de Loarre. En esta ocasión, cogí la veterana Canon EOS 650, con el EF 50/1,4 USM. Dejando del lado que se tratase una cámara de enfoque automático que apareció en el mercado 15 años después de la Pentax MX que me llevé a Loarre, la filosofía a la hora de realizar las fotografías es la misma. Paisaje sencillo, sin alaracas, con una focal normal, al estilo de Plossu, pero en color.

Os dejo por lo tanto en esta entrada el resultado de este planteamiento. La luz no estaba ideal, el cielo tenía una cierta cantidad de bruma, o más bien polvo en el ambiente. Había algo de viento, que más que limpiar la atmósfera lo que hacía era llenarla de polvo. El contraste estaba controlado porque la luz del sol empezaba a llegar ya desde una posición no demasiado elevada sobre el horizonte. Esto, y el polvo en suspensión, favorecían los tonos cálidos en la luz ambiental.

Había algunas nubes en altitudes medias, que no son ni las mejores ni las peores de cara a reflejar fotográficamente el paisaje de un lugar. Aunque salvo en un par o tres de tomas preferí ignorarlas.

En fin, espero que os haya parecido interesante la experiencia, y también la serie fotográfica del lugar.

Paisaje en infrarrojo con Rollei Retro 80S

En los últimos meses he dedicado un cierto tiempo y esfuerzo a mejorar mi técnica de fotografía en blanco y negro en el espectro del infrarrojo, practicando fundamentalmente el paisaje con película pancromática con sensibilidad extendida al infrarrojo cercano, la Rollei Superpan 200 Pro. Esta película me ha estado dando buenos resultados, siendo cómoda de utilizar y, en lo que creo que es todavía una experiencia limitada, con buena consistencia en los mismos de una toma a otra. Siendo su sensibilidad nominal de ISO 200/24º, con el filtro Hoya IR72 sobre el objetivo de 60 mm f/4 de la Fujifilm GS645S Wide 60, he obtenido sistemáticamente buenos resultados exponiendo con ayuda de una fotómetro externo a un IE 6. Es decir, la pérdida de sensibilidad atribuible al filtro es de 5 pasos. El grano de la película es moderado pero perceptible, y la nitidez general obtenida buena. Habiéndome quedado sin existencias y preparándome a pedir un nuevo stock de rollos de formato 120, comprobé la existencia de la Rollei Retro 80S, una película con una sensibilidad nominal de ISO 80/20º, que se anuncia como de grano fino o muy fino, y con un espectro de sensibilidad también pancromática extendida al infrarrojo cercano, hasta los 750 nm. Decidí encargar un par de rollos para probarla.

La cámara la misma. El primer rollo expuesto como película normal, en las últimas horas de la tarde un jueves de verano, con un filtro amarillo para mejorar el contraste, especialmente el tono del cielo, con un IE 50 en el fotómetro externo para compensar la pérdida de luz del filtro.

Para mantener la consistencia, utilicé el revelador que últimamente estoy utilizando de forma sistemática, el Rodinal o fórmulas equivalentes, en este caso a la dilución recomendada de 1+25, con tiempo de revelado de 8' a 20ºC. Quizá debiera haber utilizado una dilución más elevada para conseguir el efecto compensador de este revelador, 1+50 o 1+100, pero decidí tirar por la recomendada en la documentación a la accedí, que además me proporcionaba un tiempo de revelado muy razonable, no excesivamente prolongado.

Lo primero que he de decir es que el grano, con película de formato medio, resulta imperceptible. Uno de los más finos de los que tengo experiencia. Otra cuestión que he de decir es que el contraste es más marcado que con la Rollei Superpan 200 Pro, pero sin que en ningún momento me haya resultado difícil la digitalización de los negativos que con mi modesto Epson V600 se ha realizado sin mayor problema.

El único pero que le puedo encontrar a la experiencia es que encuentro que al usar esta película a su sensibilidad nominal de ISO 80 me da la impresión analizando los negativos y los resultados de que me he quedado un poquito corto de exposición. Empiezo a sospechar de que un IE 64 o 50, menos lo que se queda el filtro amarillo, hubieran permitido obtener algo más de detalle en las sombras.

No obstante, el resultado obtenido no me resulta desagradable. Imágenes que aparecen claras, bien definidas, con profundidad en las sombras y grises medios conservados. Ninguna de las altas luces ha estado en riesgo de empastarse en ningún momento. Me planteo usarla sin reservas habitualmente como película de grano fino, sustituyendo a otros productos más conocidos de Ilford, e incluso a mi favorita, la Fujifilm Neopan 100 Acros, notablamente más cara.

Dos días más tarde, en el mediodía de un sábado también veraniego, totalmente despejado, cálido pero no exceso gracias a un cierto viento que, sin ser excesivo, me preocupaba un poco porque iba a someter a la película a la prueba de exponerla a través del filtro Hoya IR72, lo que implica tiempos de exposición largos, de entre 1/4 y 1 segundo, y la pérdida de nitidez por el movimiento de las ramas y hojas de los árboles. Pero bueno... íbamos a ver que pasaba.

Decidí que iba a usar también el fotómetro externo con un IE 3, lo que suponía casi 5 pasos de exposición por debajo de la sensibilidad nominal, acorde con la experiencia que tenía con la Superpan 200.

Con un revelado exactamente igual que el anterior, de hecho los revelé en el mismo tanque y al mismo tiempo, lo primero que me llamó la atención es que mientras que el anterior rollo tenía las sombras muy transparentes, ya he comentado que los ISO 80 me parecen un poco optimistas, el rollo expuesto con el filtro para infrarrojos me quedó bastante más denso de lo que esperaba. Evidentemente, para las condiciones detalladas, hay un sobreexposición sistemática de al menos un paso. Dado que la técnica para medir la exposición, el revelado, la cámara y casi todos los parámetros son idénticos, lo único que se me ocurre es que la elevada sensibilidad de esta película a los rojos y al infrarrojo cercano haga recomendable compensar con un paso menos la pérdida de luz debida al filtro. He de decir que tanto con el filtro amarillo como con el infrarrojo, cuando no puedo ajustar la exposición recomendada por el fotómetro, me desvío entre 1/3 y 1/2 de paso en el sentido de la sobreexposición. Si me indica f/11 y 1/3 de segundo, ajustaré en la cámara 1/2 de segundo, que es el que me permite, y no 1/4, que me lleva a una cierta subexposición. Pero esto también lo hice con la Superpan 200, por lo que los sesgos son sistemáticos y en el mismo sentido por mi parte.

He de decir que me ha costado más procesar y ajustar los valores de exposición y contraste en el rollo de Rollei 80S con el filtro IR que con cualquiera de las otras situaciones, pero debido a condiciones ambientales. El paisaje al que me dirigí, las riberas del río Ebro a su paso por Zaragoza, no estaban en las condiciones que me son más familiares. Hacía mucho que no bajaba por allí y no era consciente que la sequía había afectado tanto a las condiciones del cauce y la vegetación. El cauce contiene mucha menos agua de lo habitual, con la que esperaba crear contraste en relación con las construcciones de los puentes y los tonos blancos de la vegetación por la reflexión del infrarrojo en la clorofila de las hojas. Por lo tanto, aparecen grandes masas de altas luces entre esta vegetación, las construcciones de los puentes, y la tierra y las piedras de los cauces secos. También, un cierto eutrofismo en el cauce, con masas de algas verdes en el agua, provocaban la aparición de grandes extensiones de tonos claros por las mismas en los cursos de agua. A la hora de digitalizar los negativos, como he dicho sobreexpuestos, me ha costado dejar con una textura adecuada las altas luces.

Por supuesto, por el viento, aparecen ramas movidas, pero no quedan mal necesariamente.

También he acusado con más intensidad que en otras ocasiones la diferencia entre los fotogramas expuestos con el sol a mis expaldas y aquellos realizados en moderado contraluz, con el sol casi delante de mí. Estos últimos no me han quedado bien, con menor contraste general, no debido en principio a pérdidas por estar el sol en el encuadre con las reflexiones internas que podrían producirse en ese caso. La mayor parte de estos fotogramas no me gusta como han quedado y sólo hay uno que aparece en esta serie, identificable por aparecer con el cielo menos oscuro.

En cualquier caso, necesitaría algo más de experiencia para familiarizarme con esta película. Lo cierto es que dado que la diferencia en sensibilidad nominal entre la Superpan 200 y la 80S es de sólo un paso y un tercio, y que esta última parece que no necesita tanta compensación al exponer con el filtro infrarrojo, la realidad es que los parámetros de exposición para ambas películas serían muy similares. En las horas del mediodía, ambas quedarían bien expuestas a f/11 y con tiempos de exposición entre 1/8 y 1/2 de segundo. Dado que la 80S tiene el grano mucho menos aparente, y además me serviría bien como película de uso general de sensibilidad media-baja, empiezo a pensar si tiene sentido para mi el uso de la Superpan 200, para la que en caso de uso general, no infrarrojo, tengo alternativas de fácil acceso que me gustan más. Pensaré en ello. Aunque de momento tengo varios carretes de Superpan 200 en la nevera.

Castillo de Loarre - paisaje con película negativa en color

Hace unas poquitas semanas, en mis recomendaciones semanales del domingo, mostraba algunas fotografías instantáneas realizadas con la Polaroid Imagen System SE y película Impossible Project en blanco y negro en el castillo de Loarre. Fue una visita improvisada al lugar, a la caída de la tarde, con unos amigos que venían de fuera de España. Me llevé algunas cámaras, claro. La ya mencionada Polaroid, un cámara digital, que no pude usar porque olvidé la tarjeta, y la veterana pero fiable Pentax MX. Que sí llevaba película.

Hace unos años, en mayo de 2009, en una época en la que trabajaba en Huesca, después de una comida con los compañeros de trabajo, me acerqué al Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), un lugar que podría ser muy interesante como dinamizador de la cultura y el arte contemporáneo en la comunidad, pero que no sé si le sacan todo el partido que podrían en la capital altoaragonesa, entre otras cosas por su situación excesivamente apartada del casco urbano. Allí había una exposición de uno de mis fotógrafos favoritos, Bernard Plossu, en el que se mostraban sus fotografías realizadas en la provincia de Huesca, especialmente en los somontanos y las sierras prepirenaicas de la misma. Fotografías realizadas en blanco y negro, como es costumbre en él con su Nikkormat y su 50 mm como cámara básica. Me resultó inspirador. Fotografías sencillas, carentes de artificio, poco espectaculares, pero muy auténticas a la hora de recoger el ambiente físico, humano, cultural e histórico de estos paisajes, que a algunos nos resultan muy familiares por haberlos visitado con frecuencia.

El castillo de Loarre, uno de los monumentos más emblemáticos del antiguo reino de Aragón, ejemplar magnífico de arquitectura militar románica, tenía su presencia en aquella exposición, como no podía ser de otra forma.

El caso es que aquella exposición me resultó inspiradora. Aquellas fotografías me transmitían más que las fotografías de paisajes que vemos con frecuencia hoy en día, realizados con cámaras digitales más o menos avanzadas, que suelen resultar en colores sobresaturados, y correcciones y ajustes de la luminosidad y el contraste que se perciben en no pocas ocasiones artificiales. Imposibles. El uso de película tradicional nos puede devolver con facilidad las sensaciones de autenticidad del paisaje. Incluso si sabemos que el propio material sensible tradicional basado en los haluros de plata tiene sus propias limitaciones y que la presunta fidelidad de tonos y colores con los que antaño se promocionaban los fabricantes tampoco son tales. Pero a pesar de todo, son capaces de trasmitirnos esa autenticidad que con frecuencia se pierde en ciertos estilos de trabajar el paisaje en fotografía digital.

Soy consciente de que, influenciado por aquella exposición, en una mayoría de situaciones he utilizado película negativa en blanco y negro para estos paisajes familiares. Pero, ¿por qué no intentar de recuperar el espíritu que transmiten esas fotografías utilizando película negativa en color? En algún caso he utilizado las películas de Kodak con este fin. Las de la familia Portra, que proporcionan unos colores más sutiles y un contraste muuuuuuy controlado, o la Ektar 100, con más pegada, con contraste más acusado y colores más saturados. Pero sin pasarse.

Recientemente, sin embargo, he empezado a utilizar con más frecuencia las películas de la gama de aficionados de Fufifilm, especialmente cuando uso cámaras para la tradicional película de 35 mm de doble perforación. Y una película que he utilizado en los últimos tiempos con éxito para algún reportaje e incluso algún retrato es la Fujifilm Superia X-Tra 400.

Así que los dos carretes que me quedaban de un lote de cuatro que adquirí hace unos meses, decidí que los utilizaría para fotografiar paisajes en cuanto se me presentase la ocasión. Y esta fue la primera. La segunda no tardó mucho en llegar y os la contaré próximamente.

Así que la Pentax MX llevaba cargado un carrete de Superia X-Tra 400. Y tras una tarde de sol de justicia y luz dura, justo cuando nos acercábamos al castillo llegando desde Ayerbe, unas nubes comenzaron a matizar la luz de cara a la caída de la tarde, adelantando casi una hora las buenas condiciones que se suelen asociar a la llamada "hora dorada" por el tono cálido de la luz del atardecer antes de la puesta de sol.

He de reconocer que la X-Tra 400 se portó muy bien. En primer lugar, conservando el tono cálido de los tonos de ese atardecer. Alguna vez he leído que las películas Fujifilm en color son más frías que otras marcas, especialmente que Kodak. Y así me había parecido en tiempos con las película diapositivas. Aunque más tuve la sensación siempre que las Ektachrome eran excesivamente "amarillas" y que las Fujichrome, especialmente las Sensia, Provia y Astia, eran más neutras en su rendimiento. No tengo quejas de cómo reproduce el color esta película en distintas situaciones.

Hay una cosa que he decir al respecto. En muchos casos, trabajando con digital, existe la tendencia de compensar en exceso las dominantes de color que la luz presenta. Si estas en interiores, y eliminas por completo la dominante rojiza debida a la iluminación artificial, puedes acabar teniendo unos interiores de aspecto frío y sin alma. O puedes acabar teniendo unos amaneceres o unos atardeceres excesivamente fríos, demasiado corregidos. Últimamente he leído varias recomendaciones que sugieren disparar en digital usando archivos RAW con el equilibrio de blancos en modo luz de día. Y luego, a partir de ahí corregir en el procesado de los archivos, no buscando una corrección total sino un rendimiento del color agradable y ajustado a las sensaciones que nos despierten los lugares que fotografiamos.

Lo cierto es que la película negativa en color equilibrada para luz de día, siempre y cuando las dominantes de color no sean extremas, te pueden llevar de forma natural a esa situación con poco esfuerzo. Aunque siempre será necesario un operador con buen ojo para el color, bien sea al digitalizar los negativos o al copiarlos y ampliarlos por mecanismos tradicionales.

Está también la cuestión de la latitud de exposición y la dinámica de la película, muy elevada en las emulsiones modernas, que en el caso de la película negativa en color toleran muy bien la sobreexposición, conservando en ese caso el detalle tanto en las sombras como en las luces. En las fotografías de esta serie, con frecuencia el motivo principal se encontraba a contraluz. El visitante estaciona el coche al norte del castillo y se acerca a sus murallas y puerta principal caminando desde el este, por lo que al atardecer, el sol se encuentra justamente en el lado opuesto de la mole del complejo arquitectónico militar medieval. Ge podido comprobar que últimamente está muy denostada la medición de la luz global ponderada con predominio central. Los "sabios" de hoy en día dicen que, a) hay que confiar en los sistemas de medición matricial de las cámaras modernas o, b) que para ser finos, hay que medir con una medición puntual. Bueno... con las cámaras sin espejo, hace tiempo que medimos usando el histograma. Con las réflex, usando el visor tradicional, personalmente obtengo mayor porcentaje de aciertos con una la medición ponderada al centro siempre que el fotómetro esté bien calibrado. O si tiene algún sesgo, que sea constante y conocido. Mi Pentax MX tiene el fotómetro bien calibrado. Mi Canon EOS 5D Mark II está sesgado produciendo subexposición. Por poner un ejemplo. En cualquier caso, en este caso, la medición se hizo lo más precisa posible, pero siempre midiendo para las sombras, para garantizar que estas conservaban bien sus características de color y detalle. Y las luces que caigan como puedan. Ya se sabe lo que decían los maestros del pasado, "expón para las sombras y revela para las luces".

De esta forma, incluso los contraluces más exagerado han conseguido buenos tonos y buen detalle con esta Superia X-Tra 400, que definitivamente se está convirtiendo en una de mis películas favoritas. De hecho, en estos momentos lo que lamento es que, estando clasificada como película para el consumidor aficionado, no se fabrica en rollos de formato medio, por lo que me obliga a restringir su uso en cámaras de formato pequeño, de 35 mm. Una pena. Porque algo que hay que decir es que hay diferencias de precio notables, si se sabe dónde buscar. En algunos casos, la diferencia de precio entre la Portra 400 y la Superia X-Tra 400 puede llevar a que la primera cueste el doble de precio o más que la segunda. La diferencia de calidades no es tan grande, a la vista de los resultados.

He quedado contento con los resultados obtenidos con esta película. En estos días, desde que recibí los negativos digitalizados, he impreso alguna copia a un tamaño de DIN A3 con buenos resultados. Es en la copia en papel más que en la pantalla del ordenador, donde hay que juzgar la bondad de la copia final de la fotografía tal y como la previsualizamos antes de disparador de la cámara. Ya tengo encargados unos cuantos carretes más para tener una temporada. Es fácil encontrarla en el comercio... en el poco que queda que venden película fotográfica. Pero aun así, puede resultar más barata comprarla por internet a poco que consigas deshacerte de los gastos de envío de una forma u otra.

En fin, espero que os hayan gustado las fotos. Nos despediremos del castillo de Loarre, de las sierras del Prepirineo aragonés y de la comarca de la Hoya de Huesca, no sin antes parar a recoger los minutos próximos al ocaso entre los cerezos de Bolea.