La fotografía como afición y otras artes visuales

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Fujifilm Superia Venus 800 - las sensibilidades altas a la japonesa

No encuentro muy a menudo situaciones en las que utilizar película en color de alta sensibilidad. Entendiendo por tal aquellas superiores a los 400 ISO. He probado en alguna ocasión la Kodak Portra 800 en formato medio y he hecho mis pinitos con la Cinestil 800T en formato pequeño y en formato medio. También he forzado en alguna ocasión la Kodak Portra 400 un par de pasos con resultados que han sido entre normalitos y buenos. Hay que tener mucho cuidado con la medición de la luz cuando se experimentan estas alternativas. En fin, los resultados de estas experiencias son diversos. La Cinestil 800T está muy bien, pero es cara. Y su sensibilidad específica para luz de tungsteno y su origen cinematográfico la hacen más apta, desde mi punto de vista, para uso en interiores con luz continua muy controlada. Mi experiencia con su uso en museos lo muestra.

Hace unos meses, aprovechando un pedido que realicé de material sensible a Macodirect, me agencié unos rollos de Fujifilm Natura 1600 y Fujifilm Superia Venus 800. Son las versiones de alta sensibilidad de la familia de las Superia, que no son fáciles de encontrar fuera de Japón. De hecho, con las denominaciones que he mencionado, son carretes previstos para el mercado nipón traídos a Europa por el comercio especializado alemán. La Venus 800 sería la misma película que la Superia XTra 800. Esta última sin los bonitos caracteres en kanji en el envoltorio. No son baratos, aviso. Así que muy buenos resultados tenían que ofrecer para sustituir mi opción por defecto en estos momentos, que sería la Kodak Portra 400 con revelado forzado.

En cualquier caso, así como ya probé la Natura 1600 durante la excursión que realizamos en junio a Ejea de los Caballeros, no había encontrado todavía ocasión para probar la Venus 800. Hace unas semanas cargué un carrete en la Canon EOS 650 y empecé a buscar ocasiones para usarla. Con diversas condiciones de luz, he de decirlo.

Generalmente, se asocia el uso de las altas sensibilidades a las situaciones de luz escasa. Sin embargo, también están las situaciones de luz imprevisible, en las que lo mismo puedes necesitarlas en una misma sesión con luz normal o incluso buena, o con luz escasa. La fotografía callejera sería un caso. Aunque no son fotografía callejera, las imágenes que preceden a este párrafo en esta entrada, son ejemplos de fotografías realizadas con una diversidad de condiciones de luz en un par de paseos por zonas verdes de Zaragoza. Si en el momento de la exposición se da suficiente luz, el comportamiento de la Venus 800 es bastante bueno. Y el grano se nota pero no es intrusivo.

En ese mismo paseo, en un momento en el que el sol se ocultó tras unas oportunas o inoportunas nubes, según como se considere, y montado un teleobjetivo en la EOS 650, necesitado de velocidad de obturación alta, afronté la tarea de inmortalizar las últimas rosas de la temporada en la rosaleda del Parque Grande de la ciudad.

Todavía estoy decidiendo hasta qué punto me gusta, o más bien no, el rendimiento de los colores rojos en las fotografías. En cualquier caso, aunque la exposición es correcta, en el momento en el que aparecen zonas francamente oscuras y uniformes en la fotografía, el grano de la película se hace mucho más presente. No necesariamente desagradable, pero sí mucho más notorio que en las situaciones iniciales de luz abundante. Es un hecho. Incluso en materiales con sensibilidades alta, el material negativo en color siempre se lleva mejor con la luz en cantidad que con las sombras.

Pero, ¿qué pasa si nos adentramos en el terreno del macro? Al EF 200/2,8 USM con el que hice las fotografías anteriores, eventualmente le coloqué un duplicador de focal, convirtiéndolo en un 400/5,6, así como le intercalé entre el objetivo y el duplicador un tubo de extensión para entrar en el terreno de la macrofotografía. Puesto que no llevé trípode, obligatorias las velocidades de obturación elevadas.

La presencia de un grano apreciable hace que este material no sea el de elección para este tipo de fotografías. Pero a pesar de todo, no resulta desdeñable la cantidad de detalle que conservamos en las fotografías. La película sale más airosa de la difícil prueba de lo que yo había pensado. Por lo tanto, no sería un material de elección para la macrofotografía, pero si en el marco de una sesión de fotografía general surge la ocasión, tampoco desecharía la posibilidad de hacer la foto.

Pasemos a la siguiente situación. Vamos por el Parque Grande de Zaragoza un domingo por la mañana. Es verano todavía, aunque el tiempo ha empezado a mostrar termómetros muuuuuucho más moderados en sus temperaturas y las nubes empiezan a hacer presencia sobre la ciudad con más frecuencia. No obstante, es una mañana agradable y hay mucha gente practicando el deporte y otras actividades de esparcimiento. Vamos a usar el teleobjetivo con el duplicador para intentar obtener alguna fotografía de acción o algún retrato no posado.

Dos cuestiones a destacar. La primera en el ámbito de las limitaciones. La Canon EOS 650 es la cámara de enfoque automático de la gama EOS más antigua. Por lo tanto, su sistema de enfoque es más precario que las que le siguieron. Mas lento. Y con un único sensor de enfoque en el centro del fotograma. Así que hubo que tener cuidadito para enfocar correctamente con el modo de enfoque continuo. Salió airosa del trance, pero bueno... trabajando más con la idea de adelantarse a los acontecimientos que con la de confiar en los automatismos.

La segunda es positiva. Tiene que ver con el rendimiento con los tonos de piel de cara a su uso en retratos. Salvo una de las imágenes, que está un poco justa de luz, en general esta película ha producido unos tonos de piel bastante agradables y menos fríos de lo que esperaba para un producto Fujifilm. Así que no es desdeñable como material para retrato.

¿Cuáles son mis impresiones generales con esta película? Bien, es una película de alta sensibilidad, pero que claramente da mejores resultados cuando hay una buena luz en la escena.  Escenas con poca luz y poco contraste quedan muy apagadas. Probablemente, en ese caso habría que haber dado algún paso más de exposición. Esto hace que en estos momentos la vea más como una película adecuada para la acción, permitiendo velocidades de obturación más alta, que como una película para usar cuando la luz se agota.

Y eso sí, no acabo de ver la necesidad de ponerse a buscarla por el mundo, con precios altos, cuando una Portra 400 puede dar unos buenos resultados. Expuesta a IE 800 o 1600 con uno o dos pasos de forzado. No es barata, pero es más barata, mucho más fácil de encontrar, y da buenos resultados. Pero no tenéis por qué fiaros de mí. Probadlas y comprobad como se adaptan a vuestros estilos personales de fotografiar.

Por cierto, mientras escribía me he dado cuenta de que ya había probado esta película en el pasado, bajo el nombre de XTra 800, claro.

Saladas de Sástago - paisaje con película negativa en color

La semana pasada os hablaba de fotografiar paisaje con la película Fujifilm Superia XTra-400 en el castillo de Loarre. Os recuerdo que esta es una película negativa en color pensada para el mercado de consumo o aficionado. Realmente, no tiene mucho sentido hablar de mercado de consumo, puesto que la película fotográfica ha dejado de ser un bien comúnmente consumido por la población, desplazado por las tecnologías de captura electrónica digital de la imagen. Por lo tanto, más bien habrá que hablar de una película para el aficionado a la fotografía con película tradicional, que busque una película negativa en color capaz, polivante, y no excesivamente cara. Ese es el segmento al que está dirigida esta película.

Una semana después de nuestro paseo por Loarre, también un sábado por la tarde de calor, una petición de un conocido nos llevó a la población de Sástago, a llevar un objeto con el coche. Una vez hecho el recado, propuse pasarnos por las Saladas de Sástago, que mis acompañantes no conocía. Situadas entre Sástago y Bujaraloz, en un paisaje estepario que podemos considerar ya como propio de Los Monegros, aunque oficialmente no estén todas ellas en los límites de esa comarca, son unas cuencas endorreicas en las que se forman unas lagunas y humedales, que por la alta evaporación del agua tienen una elevada concentración en sales. Esto las ha dotado en tiempo de valor económico en la zona, por la posibilidad de extraer la sal de sus aguas, ya no, y también de valor ecológico por el peculiar ecosistema que soportan.

Con el calor y la sequía del estío, las lagunas de las saladas de Sástago estaban sin agua, salvo alguna piscina artificial. Ante nosotros aparecían por lo tanto como unas amplias llanuras blanquecinas, en las que si entrabas tus pies podían hundirse inopinadamente debido a la humedad residual en el subsuelo.

Aquí y allá, encontrábamos el lecho de charcos cubierto por las sales cristalizadas durante el proceso de evaporación del agua.

Previendo la posibilidad de acercarnos hasta este paraje, cogí una bolsa con algunas cámaras fotográficas. Entre ellas la Polaroid Image System SE con un cartucho de película instantánea Impossible Project en blanco y negro. En estos días que vienen irán apareciendo en Instagram las fotografías del mismo. Con el tiempo las recopilaré todas ellas en estas páginas.

Pero también cogí un carrete de Fujifilm Superia XTra-400, aunque todavía no tenía los resultados de cómo habían quedado las fotografías de Loarre. En esta ocasión, cogí la veterana Canon EOS 650, con el EF 50/1,4 USM. Dejando del lado que se tratase una cámara de enfoque automático que apareció en el mercado 15 años después de la Pentax MX que me llevé a Loarre, la filosofía a la hora de realizar las fotografías es la misma. Paisaje sencillo, sin alaracas, con una focal normal, al estilo de Plossu, pero en color.

Os dejo por lo tanto en esta entrada el resultado de este planteamiento. La luz no estaba ideal, el cielo tenía una cierta cantidad de bruma, o más bien polvo en el ambiente. Había algo de viento, que más que limpiar la atmósfera lo que hacía era llenarla de polvo. El contraste estaba controlado porque la luz del sol empezaba a llegar ya desde una posición no demasiado elevada sobre el horizonte. Esto, y el polvo en suspensión, favorecían los tonos cálidos en la luz ambiental.

Había algunas nubes en altitudes medias, que no son ni las mejores ni las peores de cara a reflejar fotográficamente el paisaje de un lugar. Aunque salvo en un par o tres de tomas preferí ignorarlas.

En fin, espero que os haya parecido interesante la experiencia, y también la serie fotográfica del lugar.

Algunas consideraciones sobre fotografía infrarroja con cámaras digitales no adaptadas

El pasado domingo tuvimos el café tertulia fotográfica de Fotógrafos en Zaragoza (FeZ), habitualmente conocido el "CaFeZico". El segundo domingo de cada mes, aquellos que quieren y pueden se reúnen en un café del centro de Zaragoza a las 17:15 de la tarde y charran sobre cosas. Principalmente sobre fotografía. O no. Todo depende. A veces hemos rondado la treintena de personas, otras han estado dos. Este domingo pasado fue una cosa intermedia y animada.

Uno de los compañeros, Guillermo Lasheras (Wilhelm X Photography), sabiendo que hace unos meses hice algunas pruebas de fotografía infrarroja con las réflex digitales, me dijo que si podíamos hablar sobre el tema, en concreto a propósito de una fotografía que estaba procesando. Por mí, encantado. Y la estuvimos viendo, allí, con su ordenador portátil desplegado. Y la verdad es que me quedé un poco mohíno. Esa foto no parecía tener el aspecto que uno esperaría de una fotografía infrarroja.

Yo estaba un poco espeso esta tarde. Incluso cometí la tontería de poner en duda que realmente estuviese usando un filtro del tipo IR720 que son los más habituales y que en realidad usase un filtro rojo. Duda que no debí tener, porque las explicaciones de Guillermo eran muy claras. Había usado un IR720. Al final, lo único que se me ocurrió es pedirle que me enviase el archivo raw de la foto y que me dejara unos días para estudiar la cosa.

Aclaremos una serie de cuestiones sobre el equipo:

La auténtica fotografía infrarroja se hace sobre superficies sensibles, sea película tradicional o captores digitales, con sensibilidad exclusiva o extendida fuera del espectro visible, en la región del infrarrojo.

Las cámaras digitales que usamos habitualmente tienen captores sensibles al infrarrojo. Pero para evitar que la fotografía tenga colores poco naturales cuando esta radiación está muy presente, los fabricantes colocan filtros que la bloquean delante de los captores. Lo mismo ocurre con la radiación ultravioleta.

Si queremos hacer fotografía infrarroja con una cámara digital, hay que eliminar ese filtro de bloqueo y sustituirlo por otro sin efecto alguno. Pero si no queremos alterar nuestra única cámara digital, podemos intentar aprovechar que siempre se cuela algo de radiación infrarroja hasta el sensor. Cuando Leica sacó al mercado su primera telemétrica digital, la M8, tuvo problemas porque se colaba demasiada.

Para que se aprecie el efecto efecto hemos de colocar un filtro que bloquee toda la radiación del espectro visible y sólo deje pasar la infrarroja. En realidad es un rojo tan profundo tan profundo tan profundo, que nos parece opaco.

Y debemos aclarar también algunas cosas sobre nuestra percepción de los colores:

El ser humano es capaz de distinguir como colores las distintas radiaciones de onda de lo que llamamos espectro visible, que va desde el rojo profundo en las radiaciones de onda más larga, hasta el azul profundo en las de onda más corta. Lo del color violeta ya lo hablamos otro día. No todas las personas tienen la misma capacidad. Unos perciben un espectro más amplio que otros, pero por ahí va la cosa. En cualquier caso, los que perciben un espectro más limitado "fallan" habitualmente por el lado del rojo profundo. Es el color más difícil de percibir. El más fácil son las gamas de verdes.

Como no podemos percibir la radiación infrarroja, al reproducirla fotográficamente podemos hacer dos cosas. O lo hacemos en blanco y negro, o lo hacemos en colores falseados.

En blanco y negro, la cosa es fácil de reproducir. Aquellos objetos que emiten poca radiación infrarroja impresionan poco la superficie sensible y en la imagen final serán negros o muy oscuros. Los que emiten mucha, serán blancos o muy claros.

En color... las películas diapositivas infrarrojas llevan acoplados colorantes que hacen que adopten unos colores raros. Por ejemplo, las películas de Kodak, a veces vendidas por Lomography, reproducen los verdes del follaje de las plantas como morados, siendo esta una fuente de radiación infrarroja. Pero podrían acoplar otros colorantes y se vería distinta.

En color... en tomas digitales,... pues por ejemplo los astrónomos suelen tomar sus fotografías en blanco y negro colocando filtros que bloqueen distintos intervalos del espectro, y luego componen las imágenes en color superponiendo las obtenidas con distintos filtros, y otorgando unos colores no reales, pero que les ayudan a interpretar la imagen. Y que quedan bonitas.

Asímismo, cuando tomamos una imagen infrarroja de un captor digital, realizamos un proceso, en el que la clave es la inversión de valores de los canales rojo y azul, para asignarles unos colores arbitrarios pero que nos quedan bien. Pero que quede claro, no deja de ser una asignación más o menos arbitraria de tonos.

Pero vamos a la fotografía "problema" y veamos a ver lo que pasó. En primer lugar, veamos como queda sin procesar en absoluto.

Pues nos queda una imagen monocroma con tonos rojos. Evidentemente, si hemos bloqueado el espectro visible y colocamos un filtro de un rojo tan profundo que nos parece opaco, la imagen queda roja. Lo que esperamos, aunque no lo notemos, es que tras el procesado nos aparezca una imagen peculiar, distinta a lo habitual, debido a la radiación infrarroja.

Diremos que la fotografía se realizó con una Canon EOS 50D, una honesta cámara de gama media de Canon, de unos 15 megapíxeles, que salió el mercado en 2008. Si ignoramos el impulso del consumismo compulsivo, una cámara perfectamente disfrutable en estos momentos. El objetivo es un zoom 17-70 mm, supongo que Sigma, y fue usado a una distancia focal de 34 mm. Dado que es una cámara APS-C, equivalente a un 50 mm en formato completo, aproximadamente. El diafragma se cerró a f/11 y la exposición duró 30 segundos, a ISO 100. Lo normal dada la opacidad del filtro Polaroid IR720 al espectro visible.

No juguemos todavía con el color. Veamos como queda en blanco y negro, ajustando luminosidad y contraste.

Y aquí vino mi extrañeza. Porque el domingo, cuando vi por primera vez la foto, no la convertimos a blanco y negro, pero sí corregimos la dominante roja de color, y prácticamente quedó con un aspecto muy similar. Si a mí me preguntan a bote pronto, diría que es una fotografía en blanco y negro realizada con un filtro rojo o naranja, incluso un amarillo profundo, o simulando uno de estos filtros. Me faltan varias cosas. Sobretodo, la radiación infrarroja procedente de las plantas que hace que las hojas aparezcan de color blanco. Pero ahí me ofusqué y no se me ocurrió dar una explicación a por qué no parece una fotografía infrarroja.

Mi primer error fue no preguntar cuando fue hecha. Asumí que era reciente. Pero no. Una vez vista en casa me percaté de que los árboles que tienen hoja son de hoja perenne, y que los chopos o los olmos del fondo están limpios de hojas. Revisado el EXIF de la foto... es de febrero. Un mes bastante más frío que los de finales de primavera o principios de verano. Y aquí está un poco una de las claves del asunto. La radiación infrarroja es más abundante cuando las temperaturas son altas, cuando el sol es más intenso y se refleja en las hojas de las plantas de hoja caduca. De hecho, el calor, cuando se transmite por irradiación, lo hace en forma de radiación infrarroja. También la piel de las personas aparece más brillante en las fotos infrarrojas, por estar más caliente que el entorno que las rodea.

A partir de ahí, me he permitido hacer un tratamiento en color, haciendo la tradicional inversión de canales para obtener un cielo azul, tras ajustar el equilibrio de color, el contraste y la saturación.

No hay mucho de donde rascar, la verdad. La imagen es prácticamente monocroma, aunque se aprecia un poco de tono verdoso en los árboles y arbustos de hoja perenne.

Como quería investigar también el posible efecto del captor de la cámara, he hecho estos días en casa unas pruebas con dos cámaras. La primera es con la Canon EOS 5D Mark II. Esta cámara se anunció en noviembre de 2008, tres meses después de la EOS 50D. Por lo tanto, aunque es de gama superior y podemos aspirar a algunas diferencias, tecnológicamente son cámaras de generaciones similares. Desde el balcón de mi casa, en una calurosa tarde de verano, y con abundante follaje de hoja caduca, he aquí las dos versiones, en blanco y negro y color, obtenidas con ella.

Como veis, el aspecto del follaje de los árboles lo cambia todo. Aparte de que el calor de la tarde hace que los blancos sean muy blancos. Las fachadas están caldeadas por el sol de la tarde de verano. La fotografía está realizada con un EF 50/1,8 de primera generación, que tenía escala de distancias de enfoque y marca para corrección del foco para el infrarrojo, con un filtro Hoya IR72. La exposición fue de f/5,6 y 30 segundos a ISO 400. Es decir, cuatro pasos más de exposición sobre lo que usó Guillermo en su foto. Está bien expuesta. El histograma está de libro, con las altas luces y las sombras profundas respetadas y con sustancia.

Por lo tanto, el captor de la EOS 5D Mark II parece menos sensible al infrarrojo. Además, cosas de ser un captor de formato completo, produce un viñeteo con alteración de los colores muy notable que se puede observar en las esquinas de la versión en color.

Ya podemos empezar a concluir por lo tanto que los captores digitales no modificados y adaptados a la fotografía infrarroja tienen distintos comportamientos en estas situaciones, y no todos son aptos. Desde luego, salvo para efectos especiales, mi 5D Mark II no me acaba de convencer.

He comentado antes que Leica tuvo problemas por la excesiva sensibilidad al infrarrojo, que producía desviaciones del color, en la Leica M8. Yo tengo una Leica M-E, cámara de septiembre de 2012, que es una simplificación de la Leica M9, cámara de septiembre de 2009. Sólo un año posterior a las dos Canon vistas anteriormente. La foto está realizada con una Carl Zeiss Biogon-C 35/2,8 codificado en la cámara como un Summarit 35/2,4, para corregir los artefactos de color en las esquinas del fotograma. Como antes, blanco y negro y color.

Los datos de exposición son de f/11 y 2 segundos a ISO 400, lo que son dos pasos de exposición menos que la EOS 50D y seis pasos de exposición menos que la EOS 5D Mark II. Es decir, el sensor de la Leica es apreciablemente más sensible al infrarrojo que los de las Canon. Y además el resultado es uniforme en todo el fotograma. Con un tratamiento más cuidadoso que el improvisado que hice para este artículo... esta es la cámara que debería usar para la fotografía infrarroja. Se notan las diferencias ¿no? Y queda claro que los distintos captores influyen.

Tengo una Canon EOS 40D que no uso. Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de transformar el captor para fotografía infrarroja. Creo que lo haré. Es divertido.

Dobles exposiciones sobre película tradicional

Hoy tengo poco tiempo para escribir, pero quería aprovechar para comentar que estoy interesado en los últimos tiempos en las dobles exposiciones. Especialmente desde la charla organizada por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ) en la que Fernando Roldán nos habló mucho de ellas, y de lo que hacen en su grupo, The Tank. Nos enseño mucho de su trabajo y nos sirvió de inspiración.

Hasta ahora, había hecho pocas dobles exposiciones, muchas veces más fruto del azar, cuando uso cámaras antiguas que no tienen mecanismos de prevención para evitarlas. Y si se te olvida pasar el fotograma... Aunque alguna sí que es intencional. Casi siempre en blanco y negro.

Recientemente, por lo tanto, de forma muy tranquila y pensada, he empezado a hacer algunas dobles exposiciones pensándolas previamente. Para ello he "rescatado" la Canon EOS 100 que tiene un sistema relativamente sencillo para hacer exposiciones múltiples, hasta 9 sobre un mismo fotograma. Yo no he hecho más de dos. En principio, he hecho dobles exposiciones falsamente simétricas. En la que una misma escena aparece duplicada en el mismo fotograma, pero invertida. Ahora las veréis. Menos una que tiene una concepción totalmente distinta. Pero aquí ya no hay intervención del azar. La película utilizada es la sencilla, barata, pero eficaz, Fujicolor C200.

30 años de Canon EOS - La EOS 650, que lo empezó todo

Nos guste o no, para alegría de los partidarios de la marca o para cabreo de los de otras marcas o sistemas, la marca y sistema dominantes en la fotografía actual es Canon EOS. Descuento la fotografía con los teléfonos móviles, porque en la práctica, y aunque el destino de las fotos sea muy distinto a los de antaño, salvo unos cuantos, las cámaras incorporadas en estos son las cámaras de quienes no son aficionados a la fotografía. Son los que quieren una foto de recuerdo o un "estoy aquí" para sus redes sociales, y la fotografía como tal les importa un rábano. Sí, ya sé que hay quien se los toman en serio, y me parece legítimo, pero la realidad es como es.

En la actualidad, por este mismo fenómeno de la cámara del teléfono móvil, la cámara compacta y sencilla, la "cámara para tontos" que llamaban algunos, ocupa un segmento residual entre los fabricantes de cámara. Que conste que yo nunca he creído que hubiese cámaras para tontos, aunque he conocido algún que otro "tonto con cámara", independientemente del modelo que llevase. Incluso cámaras profesionales de alta gama. Una cámara automática y sencilla puede ser un instrumento capaz si se maneja adecuadamente. Cuanto menos "tonto" seas, mejores fotos tendrás. No importa el instrumento.

Pues a eso. Entre la gente que se toma o que se quiere tomar la fotografía mínimamente en serio, como aficionado o profesional, las cámaras más vendidas son las réflex digitales de Canon. Pero el sistema de cámaras EOS (Electro Optical System) con su montura para objetivos asociada EF (Electro-focus) tiene ya 30 años, y en aquel momento reinaba la película tradicional basada en las emulsiones de haluros de plata con o sin colorantes acoplados. Es decir, en color o en blanco y negro. Y la primera de todas las Canon EOS fue esta.

Se trata de la Canon EOS 650 que fue lanzada al mercado en marzo de 1987. Fue seguida poco tiempo después por la Canon EOS 620, modelo muy similar, con un obturador más competente y rápido, y con algunas funciones añadidas que alegrarían la vida de sus usuarios. Pero la EOS 650 era, y es como veremos, una cámara muy capaz. Si visitamos el Canon Camera Museum, en su apartado dedicado a la EOS 650, se nos informa que salió al mercado con un precio de 118.000 yenes con el EF 35-70/3,5-4,5, o de 88.000 yenes el cuerpo sólo. No sé cuál sería el cambio en aquel momento de la peseta con respecto al yen. Supongamos como aproximación que estuvieran 1:1, aunque probablemente los precios en España en aquel momento eran más caros en el país nipón. Si ajustamos 120.000 pesetas de entonces por la inflación de estos últimos 30 años (hay una calculadora en el INE que permite hacer ese cálculo), estaríamos hablando de una cámara de 300.000 pesetas o unos 1800 euros (voy redondeando constantemente las cifras para facilitar la lectura). No era nada barata; pensad lo que se puede comprar hoy en día por ese precio.

Por cierto, el modelo que tengo en mi poder me ha costado 20 euros más gastos de transporte, y está absolutamente impecable. Sólo le falta el protector de goma del ocular. Pero tan apenas parece usada. Ni una raya. Y se me olvidaba, es un modelo EOS 650 QD, con respaldo fechador. O sea que todavía sería más cara en su momento.

En algunos sitios se puede leer que fue la primera cámara de enfoque automático de Canon. Pero no es cierto. Dos años antes, en abril de 1985, sacó al mercado la Canon T80 con montura FD, pero que admitía tres objetivos especiales, serie AC 50/1,8, 35-75/3,5-4,5 y 75-200/4,5, que enfocaban automáticamente. Pero fue más un ensayo que otra cosa. Su precio estaba al nivel de la EOS 650, e incluso más cara con un objetivo. En cuanto al diseño de la cámara, tampoco era original, pues se basaba fuertemente en el de la Canon T90, cámara de gama profesional que salió al mercado un año antes, en febrero de 1986, y que tenía las formas y la disposición de mandos precursora de las EOS. Aunque estaba más sólidamente construida y tenía mejores prestaciones. Una excelente cámara, pero que quedaría obsoleta pronto por su montura FD. Pero capaz de hacer fotos como ninguna.

Así que en realidad, la gran novedad del sistema fue la montura EF. Mayor diámetro, permitiendo diseñar objetivos más luminosos con facilidad, y carente de sistemas mecánicos para comunicar el cuerpo y el objetivo. Toda la comunicación se realizaba mediante contactos eléctricos. Se dice que Canon estaba previendo ya la era digital. En ese mismo mes de marzo de 1987, salieron al mercado cuatro objetivos EF; el EF 35-70/3,5-4,5 que se proponía como objetivo de kit, un zoom más potente, EF 35-105/3,5-4,5, un telezoom complementario a los anteriores, EF 100-300/5,6 y el que aparece en la fotografía con mi cámara, el EF 50/1,8. Este objetivo, el famoso "nifty fifty", era un diseño nuevo, basado en el esquema tipo Planar de Carl Zeiss, con 6 lentes en 5 grupos, frente a las 6 lentes en 4 grupos de objetivos similares de montura FD. Fabricado en policarbonato de buena calidad, incluía una escala de distancias de enfoque, un modesta escala de profundidades de campo con indicación de corrección de enfoque para película infrarroja y montura metálica. Tres años más tarde fue sustituida por la versión II, de policarbonato de aspectos menos noble, sin las escalas de distancias ni profundidades de campo, con montura de plástico. Esta estuvo a la venta hasta el año 2015, nada menos y fue muy valorada por su calidad óptica combinada con un precio asequible. La fórmula óptica es exactamente igual que la versión de 1987.  Mucho más recomendable si se encuentra. Por ser más sólida y útil.

Veamos algunas cuestiones de la ergonomía de la EOS 650 que servirán para hablar de la evolución del sistema.

Vemos a la mi recientemente adquirida EOS 650 con el EF 50/1,8 sobre la EOS 100 que adquirí nueva en marzo de 1993, calzada con una Sigma 28/1,8. La cámara, que venía con un EF 28-80/3,-5,6 USM que no conservo por que lo cambié por un EF 28-135/3,5-5,6 IS USM estabilizado, me costó 105.000 pesetas. Ajustando por la inflación, hoy serían 190.000 pesetas o, mejor dicho 1140 euros. El precio en esos seis años no varió, pero en realidad era más barata en dinero constante, y las prestaciones eran superiores. Aunque el aspecto del policarbonato fuera "peor". Lo cierto es que mi Canon EOS 100 me ha acompañado en muchas aventuras sin queja sobre su rendimiento y fortaleza. Pero lo que más destacaría es que la disposición de los mandos es algo distinta. En la EOS 100, que había aparecido en agosto de 1991, ya aparece la rueda de modos de exposición en la parte izquierda de la cámara (en la derecha de la foto), y aunque no se ve, en la parte trasera tiene la segunda rueda de selección propia de modelos avanzados. Esta disposición se mantiene hoy en día, aunque las cámaras digitales tienen muchos más botoncitos para un monto de cosas que si tiras en RAW son más o menos superfluas. Y aquí viene una reflexión.

Canon, en 1987, fue una empresa rompedora, que aun a riesgo de cabrear a muchos dejó obsoleto tecnológicamente de la noche a la mañana todo lo que había fabricado hasta entonces, que innovó mucho, y que tuvo un objetivo muy claro, ser líder en fotografía profesional y de consumo. Acabar con el dominio que Nikon venía ejerciendo desde que en los años 60 alumbró las Nikon F. Y lo consiguió. Antes del año 1997 que se habían propuesto como meta. Tras la salida al mercado de la primera EOS-1 y con las prestigiosas ópticas de la serie L, con lentes de fluorita, a principios de los años 90 ya dominaba en las pistas de deporte y en el mundo del reportaje. Y avanzaba a pasos agigantados entre los aficionados con gamas extremadamente coherentes y consistentes. Sin embargo, hoy en día, es la marca conservadora por excelencia. Desde hace prácticamente una década va sacando cámaras que son todas iguales por segmentos, con algunas innovaciones incrementales, manteniendo su posición de dominio del mercado. Un mercado a la baja en muchos segmentos. La marca que hace 30 años era excitante y estaba en la mirada de todos, se ha vuelto aburrida de narices.

Ahora veamos algunas fotos realizadas estos días con la Canon EOS 650.

Si vas a probar una cámara, no puede ser que se lo pongas fácil. Eso no tendría gracia, ni conocerías sus límites. Así que salí una mañana de jueves con nubes y algún claro, y le calcé el EF 200/2,8 que utilicé con o sin el duplicador de focal. Convirtiéndolo a ratos por lo tanto en un 400/5,6. La película usada es un carrete de Kodak Portra 400. Advierto que la digitalización de los negativos realizada en el comercio resulta en imágenes un poco sosas, con poco contraste y saturación. Supongo que porque tienen perfilada la Portra 400, que da este rendimiento. Pero los objetos que fotografié necesitan más viveza, por lo que los he trabajado un poquito en el Adobe Photoshop Lightroom, aun a costa de hacer algo más manifiesto el grano. He de decir que los negativos están menos densos de lo que esperaba. ¿Subexpone la cámara? Habrá que probar más.

Otra cuestión es el sistema de enfoque. Tenemos que tener en cuenta que es la primera Canon EOS en 1987, cuando sólo Minolta se había adelantado a Canon en ofrecer un sistema consistente de cámaras y objetivos de enfoque automático, aunque varias marcas habían hecho sus pinitos, como lo había hecho Canon con la T80. La sensibilidad del sistema de enfoque automático es menor que lo que estamos acostumbrados, y cuando hay poca luz, el sistema duda. Como la cámara es compatible con todos los objetivos EF desde 1987 hasta hoy, no con los EF-S, los objetivos con motores tipos USM o STM enfocan más rápido que cuando pongo el EF 50/1,8 con un motor de enfoque más primitivo. Pero cuando enfoca, que suele ser las más de las veces, el enfoque es preciso. Hay que decir otra cosa. El visor óptico es un lujo. Aunque no abarca el 100 % de la imagen, es muy luminoso. En mi opinión, más que el de la Canon EOS 5D Mark II que tengo también. De hecho, con el EF 50/1,4 USM o con el EF 85/1,8 es más fácil enfocar manualmente que con la mucho más moderna cámara digital.

La ergonomía es buena. Mejor de lo que yo pensaba al ver que la disposición de mandos no es la que yo estoy acostumbrado, aunque hecho mucho de menos la rueda trasera, que he disfrutado desde 1983 con la Canon EOS 100, y con cualquier otra EOS para aficionados avanzados o profesionales. Pero bueno, te haces en seguida, y es productiva. Otra cosa que hecho en falta es que en el visor te ofrece la información de velocidad de obturación y diafragma, y un símbolo que indica que has introducido una compensación de la exposición. Pero no la cantidad de la misma. Que tienes que consultar en la pantalla LCD externa.

La gama de velocidades del obturador es un poco corta para los tiempos que corren. Con una velocidad máxima de 1/2000 s y una velocidad de sincronización de flash de 1/125 s, estaba bien para la época, pero se queda corta hoy en día para una cámara del segmento en que se situaba. También es cierto que en aquellos momentos era mucho más raro subir de 400 ISO de sensibilidad, y que las velocidades rápidas de obturación no se usaban con tanta frecuencia. Tampoco estaba de moda el fotografiar constantemente a plena apertura, lo que hacía también innecesario esas velocidades más rápidas. La Canon EOS 100 llegaba ya a 1/4000 s, aunque la sincronización de flash se mantenía en 1/125 s. Velocidades de sincronización más altas Canon las ha reservado tradicionalmente para las cámaras profesionales o semiprofesionales.

También he probado la cámara con un carrete en blanco y negro de Kodak Tri-X 400. Por ejemplo, en una sesión que organizamos en la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ) sobre fotografía analógica. Me despisté y no comprobé la velocidad de obturación que estaba usando con el EF 40/2,8 STM, un objetivo ligero y manejable que es un disfrute de usar con esta cámara. Por lo tanto, puede quedar una ligera trepidación residual en alguna de las fotos.

También mis orquídeas domésticas han sido objeto de atención por parte de la EOS 650, con distintas configuraciones de teleobjetivos más tubos de extensión para mejorar la distancia mínima de enfoque. La cámara ha funcionado sin problema alguno al incluirle estos accesorio. La montura EF es similar a la de cualquier otra cámara EOS posterior y funciona exactamente igual.

Y una de las virtudes más notables de la cámara me la encontré al día siguiente, en el que quedé con unos colegas y amigos aficionados a la fotografía para hablar de teleobjetivos Canon EF y trastear con ellos. Así, en algunos retratos, posados o robados, comprobé que incluso bajando la velocidad de obturación por debajo de lo recomendable, pude tomar alguna fotografía razonablemente nítida. El accionamiento del espejo en el momento de la obturación es claramente más suave que en modelos posteriores, está más amortiguado e introduce menos vibraciones, por lo que he podido observar. Eso está muy bien.

Las conclusiones que podemos sacar es que es una cámara perfectamente usable y eficaz para hacer fotografías con película tradicional. Sin ningún problema. Cualquier persona que disponga ya un sistema Canon EOS digital, especialmente con objetivos EF, no EF-S, incompatibles con esta cámara, puede decidir probar la fotografía argéntica comprando de segunda mano una de estas cámara por precios baratísimos. Quizá no sea fácil encontrarlas por 20 euros como yo, pero por poco más. Y si en lugar de la EOS 650, que es la que preferí yo por razón de su significado histórico, se hacen con una EOS 620, dispondrá de prestaciones todavía mejores. Un obturador algo más rápido, múltiples exposiciones, exposición en programa P desplazable, pantalla LCD iluminada,...

En fin... La usaré de vez en cuando. Creo que especialmente con el EF 85/1,8... Va muy bien con este objetivo. También con el "pancak" de 40 mm. Ya os contaré. Me faltan cosas por probar. Ponerle un flash... o utilizar el respaldo fechador... por ejemplo.

Antes de despedirme, os dejo con un vídeo que repasa visualmente la historia de las Canon EOS, que no empieza por la cámara adecuada, y una foto más, con fuerte sabor "canonista".