La fotografía como afición y otras artes visuales

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Paisaje en infrarrojo con Rollei Superpan 200 Pro de 35 mm

Durante el verano he ido realizando una serie de paisajes en blanco y negro en el espectro del infrarrojo recorriendo las riberas del río Ebro a su paso por Zaragoza. A un ritmo más lento de lo que yo pensaba. Mi idea era que el modesto proyecto de reflejar el conjunto de las mismas bajo esta forma de expresión fotográfica pudiese culminar antes de la llegada del otoño. Es importante la presencia de vegetación en abundancia y temperaturas cálidas para conseguir el mayor efecto con este tipo de material. Pero unas semanas hasta que repuse película, más el tiempo no siempre apropiado otras veces, han hecho que la cosa haya ido más despacio de lo que pensaba.

Hace un par de domingos... o tres, que el tiempo pasa muy deprisa, afronté una de las etapas de este proyecto, pero con una variante. Hasta ese momento había utilizado la Fujifilm GS645S Wide 60, formato medio de 6 x 4,5, y película Rollei en sus variantes Superpan 200 Pro y Retro 80S, con el consabido filtro Hoya IR72. Con buenos resultados. En esta ocasión, opté por un carrete de película de 35 mm de Superpan 200 Pro. Más del doble de oportunidades, menos tamaño disponible.

El entorno escogido para esta subserie fue el del azud del río Ebro, a ambas orillas, en una mañana de domingo muy luminosa, lo cual estaba muy bien para mis propósitos, pero con el hándicap de un viento quizá demasiado intenso. La abundancia de luz me permitió velocidades de obturación de entre 1/15 y 1/30 segundos. Pero el riesgo de imagen borrosa por el movimiento de las ramas de los árboles por el viento estaba ahí. Protegí la cámara con mi cuerpo, e intenté aprovechar los momentos en que el viento amainaba. Pero indudablemente, en algunas fotografías se nota ese movimiento de las ramas y las hojas.

Hubiese podido optar por cerrar el diafragma más allá del f/11 que fue mi apertura de trabajo, y buscar el efecto de movimiento de las nubes con velocidades aún más lentas. Pero aunque había alguna, que iba a destacar sobre el oscuro cielo que obtenemos en la fotografía en el espectro infrarrojo, era insuficientes para dedicarse a ello.

Tenía varias posibilidades para escoger una cámara de 35 mm con las que realizar la subserie de fotografías. La más obvia quizá fuera la Pentax MX, ya que los diámetros de filtro de 49 mm, como el de mi IR72, fueron un estándar en los objetivos Pentax de enfoque manual. Pero al final decidí usar la Canon EOS 650 con dos objetivos. En realidad, me llevé dos, pero prácticamente solo usé uno con el filtro infrarrojo; el Olympus Zuiko Auto-W 21 mm f/3,5 con la montura adaptada de forma permanente con una montura Canon EF. Muy adecuado por su focal para el paisaje, el único miedo que me producía es que el filtro, cuya montura no es excesivamente fina, provocase un viñeteado mecánico, obscureciendo las esquinas de los fotogramas. Aunque en alguno de ellos se aprecia algo de esto, no es un efecto preocupante, no siempre se nota, y cuando lo hace, no queda mal.

Digitalicé los negativos fotografiándolos contra una mesa de luz con la Pentax K-S1 calzada con el objetivo SMC-A 100 mm f/4 Macro. Con la ayuda de una lente de aproximación, podría haber conseguido un elevado nivel de ampliación, aprovechando buena parte de los 20 megapíxeles que ofrece esta cámara, pero decidí no incluir ese complemento, y conformarme con unos cuantos menos, entre 11 y 12 megapíxeles, pero de mejor calidad.

Como poco a poco he ido depurando esta forma de digitalizar los negativos, para este formato pequeño me da una apreciable mejor calidad que con el escáner de sobremesa, que reservo para los negativos de medio formato.

Dicho lo cual, he decir que estoy bastante satisfecho con el resultado, aunque es mucho más cómodo y se obtiene una información más nítida con el formato medio, al que he vuelto en un par de carretes que he expuesto con posterioridad, aunque todavía no he revelado. Olvida decir que el revelado fue en Rodinal 1+25, durante 8' a 20 ºC.

No expuse todo el carrete bajo el filtro infrarrojo. Como no había utilizado nunca esta película en formato pequeño, cuando emprendí el camino de vuelta hacia el autobús urbano que me devolvería a casa, quité el filtro, y calcé el EF 50/1,8. Podría haber usado este objetivo con el IR72, tiene una montura de filtro de 52 mm, aunque con un adaptador permite usar sin problemas los de 49 mm, pero no me surgió la ocasión.

Os muestro algunos ejemplos de las fotografías con las que terminé el carrete. Sin filtro alguno, olvidé el filtro amarillo en casa, que me hubiera venido bien para aumentar el contraste, obtuve unas fotografías con una gradación de grises muy agradable, y un contraste relativamente bajo para las condiciones de luz reinantes. Evidentemente, la sensibilidad extendida hasta el infrarrojo cercano de la película se nota, y no tiene el mismo rendimiento que otras películas más comunes. Que guste más o menos, es una cuestión muy personal, no obstante. Pero es una película cómoda de usar, y con un grano contenido para tener una sensibilidad nominal de ISO 200/24º. Sirvan también para comparar la diferencia de estética entre usar o no usar el filtro que bloquea la luz visible en todo su espectro salvo el rojo más profundo, y a menudo invisible a nuestros ojos, y el infrarrojo cercano.

Fujifilm Superia Venus 800 - las sensibilidades altas a la japonesa

No encuentro muy a menudo situaciones en las que utilizar película en color de alta sensibilidad. Entendiendo por tal aquellas superiores a los 400 ISO. He probado en alguna ocasión la Kodak Portra 800 en formato medio y he hecho mis pinitos con la Cinestil 800T en formato pequeño y en formato medio. También he forzado en alguna ocasión la Kodak Portra 400 un par de pasos con resultados que han sido entre normalitos y buenos. Hay que tener mucho cuidado con la medición de la luz cuando se experimentan estas alternativas. En fin, los resultados de estas experiencias son diversos. La Cinestil 800T está muy bien, pero es cara. Y su sensibilidad específica para luz de tungsteno y su origen cinematográfico la hacen más apta, desde mi punto de vista, para uso en interiores con luz continua muy controlada. Mi experiencia con su uso en museos lo muestra.

Hace unos meses, aprovechando un pedido que realicé de material sensible a Macodirect, me agencié unos rollos de Fujifilm Natura 1600 y Fujifilm Superia Venus 800. Son las versiones de alta sensibilidad de la familia de las Superia, que no son fáciles de encontrar fuera de Japón. De hecho, con las denominaciones que he mencionado, son carretes previstos para el mercado nipón traídos a Europa por el comercio especializado alemán. La Venus 800 sería la misma película que la Superia XTra 800. Esta última sin los bonitos caracteres en kanji en el envoltorio. No son baratos, aviso. Así que muy buenos resultados tenían que ofrecer para sustituir mi opción por defecto en estos momentos, que sería la Kodak Portra 400 con revelado forzado.

En cualquier caso, así como ya probé la Natura 1600 durante la excursión que realizamos en junio a Ejea de los Caballeros, no había encontrado todavía ocasión para probar la Venus 800. Hace unas semanas cargué un carrete en la Canon EOS 650 y empecé a buscar ocasiones para usarla. Con diversas condiciones de luz, he de decirlo.

Generalmente, se asocia el uso de las altas sensibilidades a las situaciones de luz escasa. Sin embargo, también están las situaciones de luz imprevisible, en las que lo mismo puedes necesitarlas en una misma sesión con luz normal o incluso buena, o con luz escasa. La fotografía callejera sería un caso. Aunque no son fotografía callejera, las imágenes que preceden a este párrafo en esta entrada, son ejemplos de fotografías realizadas con una diversidad de condiciones de luz en un par de paseos por zonas verdes de Zaragoza. Si en el momento de la exposición se da suficiente luz, el comportamiento de la Venus 800 es bastante bueno. Y el grano se nota pero no es intrusivo.

En ese mismo paseo, en un momento en el que el sol se ocultó tras unas oportunas o inoportunas nubes, según como se considere, y montado un teleobjetivo en la EOS 650, necesitado de velocidad de obturación alta, afronté la tarea de inmortalizar las últimas rosas de la temporada en la rosaleda del Parque Grande de la ciudad.

Todavía estoy decidiendo hasta qué punto me gusta, o más bien no, el rendimiento de los colores rojos en las fotografías. En cualquier caso, aunque la exposición es correcta, en el momento en el que aparecen zonas francamente oscuras y uniformes en la fotografía, el grano de la película se hace mucho más presente. No necesariamente desagradable, pero sí mucho más notorio que en las situaciones iniciales de luz abundante. Es un hecho. Incluso en materiales con sensibilidades alta, el material negativo en color siempre se lleva mejor con la luz en cantidad que con las sombras.

Pero, ¿qué pasa si nos adentramos en el terreno del macro? Al EF 200/2,8 USM con el que hice las fotografías anteriores, eventualmente le coloqué un duplicador de focal, convirtiéndolo en un 400/5,6, así como le intercalé entre el objetivo y el duplicador un tubo de extensión para entrar en el terreno de la macrofotografía. Puesto que no llevé trípode, obligatorias las velocidades de obturación elevadas.

La presencia de un grano apreciable hace que este material no sea el de elección para este tipo de fotografías. Pero a pesar de todo, no resulta desdeñable la cantidad de detalle que conservamos en las fotografías. La película sale más airosa de la difícil prueba de lo que yo había pensado. Por lo tanto, no sería un material de elección para la macrofotografía, pero si en el marco de una sesión de fotografía general surge la ocasión, tampoco desecharía la posibilidad de hacer la foto.

Pasemos a la siguiente situación. Vamos por el Parque Grande de Zaragoza un domingo por la mañana. Es verano todavía, aunque el tiempo ha empezado a mostrar termómetros muuuuuucho más moderados en sus temperaturas y las nubes empiezan a hacer presencia sobre la ciudad con más frecuencia. No obstante, es una mañana agradable y hay mucha gente practicando el deporte y otras actividades de esparcimiento. Vamos a usar el teleobjetivo con el duplicador para intentar obtener alguna fotografía de acción o algún retrato no posado.

Dos cuestiones a destacar. La primera en el ámbito de las limitaciones. La Canon EOS 650 es la cámara de enfoque automático de la gama EOS más antigua. Por lo tanto, su sistema de enfoque es más precario que las que le siguieron. Mas lento. Y con un único sensor de enfoque en el centro del fotograma. Así que hubo que tener cuidadito para enfocar correctamente con el modo de enfoque continuo. Salió airosa del trance, pero bueno... trabajando más con la idea de adelantarse a los acontecimientos que con la de confiar en los automatismos.

La segunda es positiva. Tiene que ver con el rendimiento con los tonos de piel de cara a su uso en retratos. Salvo una de las imágenes, que está un poco justa de luz, en general esta película ha producido unos tonos de piel bastante agradables y menos fríos de lo que esperaba para un producto Fujifilm. Así que no es desdeñable como material para retrato.

¿Cuáles son mis impresiones generales con esta película? Bien, es una película de alta sensibilidad, pero que claramente da mejores resultados cuando hay una buena luz en la escena.  Escenas con poca luz y poco contraste quedan muy apagadas. Probablemente, en ese caso habría que haber dado algún paso más de exposición. Esto hace que en estos momentos la vea más como una película adecuada para la acción, permitiendo velocidades de obturación más alta, que como una película para usar cuando la luz se agota.

Y eso sí, no acabo de ver la necesidad de ponerse a buscarla por el mundo, con precios altos, cuando una Portra 400 puede dar unos buenos resultados. Expuesta a IE 800 o 1600 con uno o dos pasos de forzado. No es barata, pero es más barata, mucho más fácil de encontrar, y da buenos resultados. Pero no tenéis por qué fiaros de mí. Probadlas y comprobad como se adaptan a vuestros estilos personales de fotografiar.

Por cierto, mientras escribía me he dado cuenta de que ya había probado esta película en el pasado, bajo el nombre de XTra 800, claro.

Saladas de Sástago - paisaje con película negativa en color

La semana pasada os hablaba de fotografiar paisaje con la película Fujifilm Superia XTra-400 en el castillo de Loarre. Os recuerdo que esta es una película negativa en color pensada para el mercado de consumo o aficionado. Realmente, no tiene mucho sentido hablar de mercado de consumo, puesto que la película fotográfica ha dejado de ser un bien comúnmente consumido por la población, desplazado por las tecnologías de captura electrónica digital de la imagen. Por lo tanto, más bien habrá que hablar de una película para el aficionado a la fotografía con película tradicional, que busque una película negativa en color capaz, polivante, y no excesivamente cara. Ese es el segmento al que está dirigida esta película.

Una semana después de nuestro paseo por Loarre, también un sábado por la tarde de calor, una petición de un conocido nos llevó a la población de Sástago, a llevar un objeto con el coche. Una vez hecho el recado, propuse pasarnos por las Saladas de Sástago, que mis acompañantes no conocía. Situadas entre Sástago y Bujaraloz, en un paisaje estepario que podemos considerar ya como propio de Los Monegros, aunque oficialmente no estén todas ellas en los límites de esa comarca, son unas cuencas endorreicas en las que se forman unas lagunas y humedales, que por la alta evaporación del agua tienen una elevada concentración en sales. Esto las ha dotado en tiempo de valor económico en la zona, por la posibilidad de extraer la sal de sus aguas, ya no, y también de valor ecológico por el peculiar ecosistema que soportan.

Con el calor y la sequía del estío, las lagunas de las saladas de Sástago estaban sin agua, salvo alguna piscina artificial. Ante nosotros aparecían por lo tanto como unas amplias llanuras blanquecinas, en las que si entrabas tus pies podían hundirse inopinadamente debido a la humedad residual en el subsuelo.

Aquí y allá, encontrábamos el lecho de charcos cubierto por las sales cristalizadas durante el proceso de evaporación del agua.

Previendo la posibilidad de acercarnos hasta este paraje, cogí una bolsa con algunas cámaras fotográficas. Entre ellas la Polaroid Image System SE con un cartucho de película instantánea Impossible Project en blanco y negro. En estos días que vienen irán apareciendo en Instagram las fotografías del mismo. Con el tiempo las recopilaré todas ellas en estas páginas.

Pero también cogí un carrete de Fujifilm Superia XTra-400, aunque todavía no tenía los resultados de cómo habían quedado las fotografías de Loarre. En esta ocasión, cogí la veterana Canon EOS 650, con el EF 50/1,4 USM. Dejando del lado que se tratase una cámara de enfoque automático que apareció en el mercado 15 años después de la Pentax MX que me llevé a Loarre, la filosofía a la hora de realizar las fotografías es la misma. Paisaje sencillo, sin alaracas, con una focal normal, al estilo de Plossu, pero en color.

Os dejo por lo tanto en esta entrada el resultado de este planteamiento. La luz no estaba ideal, el cielo tenía una cierta cantidad de bruma, o más bien polvo en el ambiente. Había algo de viento, que más que limpiar la atmósfera lo que hacía era llenarla de polvo. El contraste estaba controlado porque la luz del sol empezaba a llegar ya desde una posición no demasiado elevada sobre el horizonte. Esto, y el polvo en suspensión, favorecían los tonos cálidos en la luz ambiental.

Había algunas nubes en altitudes medias, que no son ni las mejores ni las peores de cara a reflejar fotográficamente el paisaje de un lugar. Aunque salvo en un par o tres de tomas preferí ignorarlas.

En fin, espero que os haya parecido interesante la experiencia, y también la serie fotográfica del lugar.

Algunas consideraciones sobre fotografía infrarroja con cámaras digitales no adaptadas

El pasado domingo tuvimos el café tertulia fotográfica de Fotógrafos en Zaragoza (FeZ), habitualmente conocido el "CaFeZico". El segundo domingo de cada mes, aquellos que quieren y pueden se reúnen en un café del centro de Zaragoza a las 17:15 de la tarde y charran sobre cosas. Principalmente sobre fotografía. O no. Todo depende. A veces hemos rondado la treintena de personas, otras han estado dos. Este domingo pasado fue una cosa intermedia y animada.

Uno de los compañeros, Guillermo Lasheras (Wilhelm X Photography), sabiendo que hace unos meses hice algunas pruebas de fotografía infrarroja con las réflex digitales, me dijo que si podíamos hablar sobre el tema, en concreto a propósito de una fotografía que estaba procesando. Por mí, encantado. Y la estuvimos viendo, allí, con su ordenador portátil desplegado. Y la verdad es que me quedé un poco mohíno. Esa foto no parecía tener el aspecto que uno esperaría de una fotografía infrarroja.

Yo estaba un poco espeso esta tarde. Incluso cometí la tontería de poner en duda que realmente estuviese usando un filtro del tipo IR720 que son los más habituales y que en realidad usase un filtro rojo. Duda que no debí tener, porque las explicaciones de Guillermo eran muy claras. Había usado un IR720. Al final, lo único que se me ocurrió es pedirle que me enviase el archivo raw de la foto y que me dejara unos días para estudiar la cosa.

Aclaremos una serie de cuestiones sobre el equipo:

La auténtica fotografía infrarroja se hace sobre superficies sensibles, sea película tradicional o captores digitales, con sensibilidad exclusiva o extendida fuera del espectro visible, en la región del infrarrojo.

Las cámaras digitales que usamos habitualmente tienen captores sensibles al infrarrojo. Pero para evitar que la fotografía tenga colores poco naturales cuando esta radiación está muy presente, los fabricantes colocan filtros que la bloquean delante de los captores. Lo mismo ocurre con la radiación ultravioleta.

Si queremos hacer fotografía infrarroja con una cámara digital, hay que eliminar ese filtro de bloqueo y sustituirlo por otro sin efecto alguno. Pero si no queremos alterar nuestra única cámara digital, podemos intentar aprovechar que siempre se cuela algo de radiación infrarroja hasta el sensor. Cuando Leica sacó al mercado su primera telemétrica digital, la M8, tuvo problemas porque se colaba demasiada.

Para que se aprecie el efecto efecto hemos de colocar un filtro que bloquee toda la radiación del espectro visible y sólo deje pasar la infrarroja. En realidad es un rojo tan profundo tan profundo tan profundo, que nos parece opaco.

Y debemos aclarar también algunas cosas sobre nuestra percepción de los colores:

El ser humano es capaz de distinguir como colores las distintas radiaciones de onda de lo que llamamos espectro visible, que va desde el rojo profundo en las radiaciones de onda más larga, hasta el azul profundo en las de onda más corta. Lo del color violeta ya lo hablamos otro día. No todas las personas tienen la misma capacidad. Unos perciben un espectro más amplio que otros, pero por ahí va la cosa. En cualquier caso, los que perciben un espectro más limitado "fallan" habitualmente por el lado del rojo profundo. Es el color más difícil de percibir. El más fácil son las gamas de verdes.

Como no podemos percibir la radiación infrarroja, al reproducirla fotográficamente podemos hacer dos cosas. O lo hacemos en blanco y negro, o lo hacemos en colores falseados.

En blanco y negro, la cosa es fácil de reproducir. Aquellos objetos que emiten poca radiación infrarroja impresionan poco la superficie sensible y en la imagen final serán negros o muy oscuros. Los que emiten mucha, serán blancos o muy claros.

En color... las películas diapositivas infrarrojas llevan acoplados colorantes que hacen que adopten unos colores raros. Por ejemplo, las películas de Kodak, a veces vendidas por Lomography, reproducen los verdes del follaje de las plantas como morados, siendo esta una fuente de radiación infrarroja. Pero podrían acoplar otros colorantes y se vería distinta.

En color... en tomas digitales,... pues por ejemplo los astrónomos suelen tomar sus fotografías en blanco y negro colocando filtros que bloqueen distintos intervalos del espectro, y luego componen las imágenes en color superponiendo las obtenidas con distintos filtros, y otorgando unos colores no reales, pero que les ayudan a interpretar la imagen. Y que quedan bonitas.

Asímismo, cuando tomamos una imagen infrarroja de un captor digital, realizamos un proceso, en el que la clave es la inversión de valores de los canales rojo y azul, para asignarles unos colores arbitrarios pero que nos quedan bien. Pero que quede claro, no deja de ser una asignación más o menos arbitraria de tonos.

Pero vamos a la fotografía "problema" y veamos a ver lo que pasó. En primer lugar, veamos como queda sin procesar en absoluto.

Pues nos queda una imagen monocroma con tonos rojos. Evidentemente, si hemos bloqueado el espectro visible y colocamos un filtro de un rojo tan profundo que nos parece opaco, la imagen queda roja. Lo que esperamos, aunque no lo notemos, es que tras el procesado nos aparezca una imagen peculiar, distinta a lo habitual, debido a la radiación infrarroja.

Diremos que la fotografía se realizó con una Canon EOS 50D, una honesta cámara de gama media de Canon, de unos 15 megapíxeles, que salió el mercado en 2008. Si ignoramos el impulso del consumismo compulsivo, una cámara perfectamente disfrutable en estos momentos. El objetivo es un zoom 17-70 mm, supongo que Sigma, y fue usado a una distancia focal de 34 mm. Dado que es una cámara APS-C, equivalente a un 50 mm en formato completo, aproximadamente. El diafragma se cerró a f/11 y la exposición duró 30 segundos, a ISO 100. Lo normal dada la opacidad del filtro Polaroid IR720 al espectro visible.

No juguemos todavía con el color. Veamos como queda en blanco y negro, ajustando luminosidad y contraste.

Y aquí vino mi extrañeza. Porque el domingo, cuando vi por primera vez la foto, no la convertimos a blanco y negro, pero sí corregimos la dominante roja de color, y prácticamente quedó con un aspecto muy similar. Si a mí me preguntan a bote pronto, diría que es una fotografía en blanco y negro realizada con un filtro rojo o naranja, incluso un amarillo profundo, o simulando uno de estos filtros. Me faltan varias cosas. Sobretodo, la radiación infrarroja procedente de las plantas que hace que las hojas aparezcan de color blanco. Pero ahí me ofusqué y no se me ocurrió dar una explicación a por qué no parece una fotografía infrarroja.

Mi primer error fue no preguntar cuando fue hecha. Asumí que era reciente. Pero no. Una vez vista en casa me percaté de que los árboles que tienen hoja son de hoja perenne, y que los chopos o los olmos del fondo están limpios de hojas. Revisado el EXIF de la foto... es de febrero. Un mes bastante más frío que los de finales de primavera o principios de verano. Y aquí está un poco una de las claves del asunto. La radiación infrarroja es más abundante cuando las temperaturas son altas, cuando el sol es más intenso y se refleja en las hojas de las plantas de hoja caduca. De hecho, el calor, cuando se transmite por irradiación, lo hace en forma de radiación infrarroja. También la piel de las personas aparece más brillante en las fotos infrarrojas, por estar más caliente que el entorno que las rodea.

A partir de ahí, me he permitido hacer un tratamiento en color, haciendo la tradicional inversión de canales para obtener un cielo azul, tras ajustar el equilibrio de color, el contraste y la saturación.

No hay mucho de donde rascar, la verdad. La imagen es prácticamente monocroma, aunque se aprecia un poco de tono verdoso en los árboles y arbustos de hoja perenne.

Como quería investigar también el posible efecto del captor de la cámara, he hecho estos días en casa unas pruebas con dos cámaras. La primera es con la Canon EOS 5D Mark II. Esta cámara se anunció en noviembre de 2008, tres meses después de la EOS 50D. Por lo tanto, aunque es de gama superior y podemos aspirar a algunas diferencias, tecnológicamente son cámaras de generaciones similares. Desde el balcón de mi casa, en una calurosa tarde de verano, y con abundante follaje de hoja caduca, he aquí las dos versiones, en blanco y negro y color, obtenidas con ella.

Como veis, el aspecto del follaje de los árboles lo cambia todo. Aparte de que el calor de la tarde hace que los blancos sean muy blancos. Las fachadas están caldeadas por el sol de la tarde de verano. La fotografía está realizada con un EF 50/1,8 de primera generación, que tenía escala de distancias de enfoque y marca para corrección del foco para el infrarrojo, con un filtro Hoya IR72. La exposición fue de f/5,6 y 30 segundos a ISO 400. Es decir, cuatro pasos más de exposición sobre lo que usó Guillermo en su foto. Está bien expuesta. El histograma está de libro, con las altas luces y las sombras profundas respetadas y con sustancia.

Por lo tanto, el captor de la EOS 5D Mark II parece menos sensible al infrarrojo. Además, cosas de ser un captor de formato completo, produce un viñeteo con alteración de los colores muy notable que se puede observar en las esquinas de la versión en color.

Ya podemos empezar a concluir por lo tanto que los captores digitales no modificados y adaptados a la fotografía infrarroja tienen distintos comportamientos en estas situaciones, y no todos son aptos. Desde luego, salvo para efectos especiales, mi 5D Mark II no me acaba de convencer.

He comentado antes que Leica tuvo problemas por la excesiva sensibilidad al infrarrojo, que producía desviaciones del color, en la Leica M8. Yo tengo una Leica M-E, cámara de septiembre de 2012, que es una simplificación de la Leica M9, cámara de septiembre de 2009. Sólo un año posterior a las dos Canon vistas anteriormente. La foto está realizada con una Carl Zeiss Biogon-C 35/2,8 codificado en la cámara como un Summarit 35/2,4, para corregir los artefactos de color en las esquinas del fotograma. Como antes, blanco y negro y color.

Los datos de exposición son de f/11 y 2 segundos a ISO 400, lo que son dos pasos de exposición menos que la EOS 50D y seis pasos de exposición menos que la EOS 5D Mark II. Es decir, el sensor de la Leica es apreciablemente más sensible al infrarrojo que los de las Canon. Y además el resultado es uniforme en todo el fotograma. Con un tratamiento más cuidadoso que el improvisado que hice para este artículo... esta es la cámara que debería usar para la fotografía infrarroja. Se notan las diferencias ¿no? Y queda claro que los distintos captores influyen.

Tengo una Canon EOS 40D que no uso. Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de transformar el captor para fotografía infrarroja. Creo que lo haré. Es divertido.

Dobles exposiciones sobre película tradicional

Hoy tengo poco tiempo para escribir, pero quería aprovechar para comentar que estoy interesado en los últimos tiempos en las dobles exposiciones. Especialmente desde la charla organizada por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ) en la que Fernando Roldán nos habló mucho de ellas, y de lo que hacen en su grupo, The Tank. Nos enseño mucho de su trabajo y nos sirvió de inspiración.

Hasta ahora, había hecho pocas dobles exposiciones, muchas veces más fruto del azar, cuando uso cámaras antiguas que no tienen mecanismos de prevención para evitarlas. Y si se te olvida pasar el fotograma... Aunque alguna sí que es intencional. Casi siempre en blanco y negro.

Recientemente, por lo tanto, de forma muy tranquila y pensada, he empezado a hacer algunas dobles exposiciones pensándolas previamente. Para ello he "rescatado" la Canon EOS 100 que tiene un sistema relativamente sencillo para hacer exposiciones múltiples, hasta 9 sobre un mismo fotograma. Yo no he hecho más de dos. En principio, he hecho dobles exposiciones falsamente simétricas. En la que una misma escena aparece duplicada en el mismo fotograma, pero invertida. Ahora las veréis. Menos una que tiene una concepción totalmente distinta. Pero aquí ya no hay intervención del azar. La película utilizada es la sencilla, barata, pero eficaz, Fujicolor C200.