La fotografía como afición y otras artes visuales

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La flor del azafrán, segundo año - macro con equipo micro cuatro tercios

El año pasado por estas fechas hacía un resumen de la jornada de práctica fotográfica en Monreal del Campo con motivo de la recogida de la flor del azafrán. En aquel momento, opté por usar mi modesta pero eficaz cámara digital Pentax K-S1 y el veterano Pentax SMC-A 100/4 Macro, con buenos resultados. Este objetivo ofrece una reproducción máxima a escala 1:2, que llega a 1:1 con la ayuda de una lente de aproximación de 10/3 dioptrías.

Como la experiencia fue muy buena, este año hemos vuelto a repetir. Incluso en más número. Nuestra expedición constó de 10 personas, muy motivadas a hacer fotos y a pasarlo bien. Yo hice algunos cambios en el equipo y en el planteamiento de la jornada fotográfica. Me llevé la Olympus OM-D E-M5 con el Panasonic Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8 ASPH como equipo principal para macrofotografía. Y la veterana Pentax MX, para película tradicional de 35 mm con doble perforación, con el SMC-M 50/1,7 para reportaje, y el SMC-A 100/4 Macro por si me apetecía probar el macro con soporte fotoquímico. No dispongo todavía de los carretes revelados expuestos con esta última. Así que aquí os traigo los resultados obtenidos con el macro digital.

El año pasado la máxima escala de reproducción que pude conseguir era 1:1, como ya he dicho. Puesto que el Macro-Elmarit de forma nativa llega a esta escala de reproducción, al añadir la lente de aproximación mencionada es posible llegar a una escala de reproducción 1,33:1, superior como vemos. Si además tenemos en cuenta que el formato hace que haya un recorte sobre APS-C de la cámara Pentax, en los 16 megapíxeles de la Olympus todavía encontramos un mayor nivel de detalle sobre los objetos fotografiados, aunque la imagen sean de menor tamaño. La Pentax tiene 20 megapíxeles, pero si recortásemos para tener un encuadre equivalente, perderíamos bastante información.

Además, la pantalla de la Olympus es orientable, lo cual supone una ventaja sobre la fija de la Pentax. De hecho, con esta última, el encuadre lo realicé fundamentalmente por el visor réflex. Sin embargo, con la pantalla de la Olympus tiene suficiente calidad como para permitirme enfocar con precisión, como se puede comprobar en las imágenes. Hice muchos menos disparos que el año pasado para un número de imágenes técnicamente aceptables similar.

Pero toda balanza tiene dos platos; en este caso, el de las ventajas y el de los inconvenientes. Entre los inconvenientes, el principal es que el enfoque manual del Macro-Elmarit, o cuando en enfoque automático corregimos el enfoque manualmente, no es mediante un accionamiento mecánico con topes en la distancia mínima de enfoque o en la máxima. El aro de enfoque sirve para accionar el motor de enfoque y no tiene fin. Con lo que es difícil saber cuándo has llegado a los extremos al enfocar manualmente. En macrofotografía, no me gusta confiar en el enfoque automático. Así que enfoco manualmente la escala de reproducción que prefiero, y luego ajusto el enfoque con pequeños movimientos del equipo hacia adelante o hacia atrás. No he utilizado trípode. Las flores del azafrán nacen a ras de suelo, así que la posición al fotografiar es cuerpo a tierra, dando estabilidad a la cámara con el cuerpo y los dos codos, que hacen de trípode. Los resultados son buenos, especialmente con los sistemas de estabilización de imagen de ambas cámaras, aunque el de 5 ejes de la Olympus es superior. Y se nota. Con un 45 mm que es equivalente a un 90 mm en formato completo, con escalas de reproducción de 1:1 o 1,33:1 he conseguido fotos nítidas disparando a 1/25 segundo. Con el 100 mm de la Pentax esto no es posible. De todas formas, especialmente cuando empezamos a fotografiar con las primeras luces del día, hubo que subir en algún momento la sensibilidad hasta ISO 1600, por lo que ha habido que esmerarse en el procesado, reduciendo el ruido pero sin afectar a los detalles finos.

El problema que ha aparecido con el equipo de este año procede de la utilización de la pantalla posterior como elemento para encuadrar y enfocar. En principio, el enfoque no ha sido problema. Especialmente porque el color rojo intenso de los estigmas del pistilo de la flor hacen fácil su visión en la pantalla y conseguir la nitidez necesaria, incluso sin aumentar en la pantalla la imagen. Pero puede haber detalles interesantes en el cuadro que no se ven. Yo tengo ya un cierto grado de presbicia por lo que pierdo detalles en la visión cercana. Por ejemplo, en la mayor parte de las fotografías no era consciente de las microgotas que cubrían los elementos de la flor. Era consciente de que había algunas gotas de rocío, pero no tenía claro que prácticamente todas las imágenes iban a estar cubiertas por estas gotas. El año pasado no estaban, a pesar de que había llovido por la noche.

Me he sentido especialmente frustrado con la siguiente imagen que presento, en la que había un pequeño insecto, de unos pocos milímetros, en el extremo de los estigmas, que hubiera querido sacar nítido... si lo hubiera visto. No lo vi. Ha sido un hallazgo al revisar las fotografías. Lo que aparece nítido es uno de los estigmas, el que elegí en la pantalla, pero la profundidad de campo con estas escalas de reproducción no es lo suficiente amplia como para incluir al insecto. Una pena.

Cada uno de los equipos utilizados, el año pasado o este, tiene sus ventajas y sus incovenientes. Creo que en la evaluación de los mismos hay un factor importante que ya he mencionado. El número de fotografías técnicamente aceptables es mayor con la cámara Olympus y el Macro-Elmarit que con la Pentax. Otra cosa es la calidad estética, que ahí entran otros factores.

Ahora queda recibir los carretes de Kodak Portra 400 que usé con la Pentax MX. Así que habrá una segunda parte de esta crónica sobre nuestra jornada en Monreal del campo. De momento me despido con una imagen más de las bonitas rosas del azafrán, así como de mi ejemplar de estampa con los pigmentos de la flor que realicé en el taller que se organizó con posterioridad, de lo que os hablaré más ampliamente en su momento.

Fotografiando el patrimonio de la humanidad - Corea del Sur

Entre el día 2 y el 11 de octubre he estado recorriendo una parte de la República de Corea, país más popularmente conocido como Corea del Sur, para distinguirlo con su precisión de su incómodo vecino la República Democrática Popular de Corea o Corea del Norte. El día 1 salí de España y me lo pasé viajando, y el 12 hice el recorrido en sentido inverso, en ambas ocasiones vía Amsterdam, usando vuelos de KLM y Korean Air. El avión de esta última, un Airbus 3algo0 entre Schiphol e Incheon, uno de los más cómodos y agradables que jamás haya volado. Tomo nota.

El país no es muy grande. Toda la península de Corea tiene el tamaño aproximadamente de la isla de Gran Bretaña. Pero tiene casi 50 millones de habitantes, así que está muy poblado. Y tiene una historia y una cultura muy rica aunque muy desconocidas en comparación con las potencias locales, china y japonesa. Esta última, además, ha puesto bastante empeño en diversos momentos de la historia, el más reciente en la primera mitad del siglo XX, en destruir y reducir a la nada a la cultura coreana, con una actitud que tiene un tufo racista considerable. Los nipones son muy cultos, honorables y educados... salvo cuando no lo son.

A pesar de estos avatares, Corea tiene una serie de lugares reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultura de la Humanidad, algunos de los cuales he visitado en todo o en parte, y os traigo aquí.

Palacio de Changdeokgung en Seúl

En Seúl hay varios palacios, cinco creo, de la época Joseon (pronúnciese algo así como "choson"), de los cuales he visitado cuatro. De ellos, el más vistoso es el de Changdeokgung, que además incluye un jardín que probablemente motiva la inclusión del palacio en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. He de decir que la visita al palacio por sí mismo merece la pena. Parece mentira en un momento dado, que recorriendo sus estancias entre arboledas y jardines, estés en medio de una de las mayores metrópolis asiáticas, que es lo mismo que decir del mundo.

Desgraciadamente, coincidió la visita con la víspera de una fiesta nacional coreana, y en unos días en los que los monumentos nacionales eran gratuitos para todos los visitantes. Por lo tanto, aunque pocos turistas, había muchos coreanos disfrutando de sus fiestas en familia. Y la visita a los jardines es en números reducidos. Ante la avalancha de visitantes, me quedé sin poder acceder. Pero como digo, la visita en sí mismo, está muy bien.

Y a cambio, pude observar a la diversidad de gentes del país, así como ver numerosos ejemplos de personas vestidas con el tradicional hanbok, especialmente chicas y mujeres.

Santuario de Jongmyo en Seúl

Situado no lejos del palacio del Changdeokgung, este santuario es el más antiguo de los santuarios confucianos reales del reino de Joseon. En el se llevaban a cabo las más importante ceremonias de estado. Grande pero austero, tiene gran valor cultural. Y está situado en un gran parque, también en medio de la ciudad de Seúl.

Fortaleza Hwaseong en Suwon

Suwon está cerca de Seúl. A 30 km en tren o poco más. 30 minutos de recorrido, que se deben más a las paradas que a lo que está en movimiento el convoy. Pero visitar la fortaleza de Hwaseong en Suwon, así como otros lugares de interés en la ciudad lleva su rato. No es una pequeña ciudad periférica ni nada de eso. Es una capital de provincia con un millón de habitantes largos. De hecho, prácticamente hay una continuidad urbana entre la capital y Suwon. Pero la orografía de la península de Corea es compleja, y por todos lados surgen colinas y pequeñas montañas, que motean de verde la geografía urbana. Pequeños o grandes parques naturales que hace que los más urbanitas de los coreanos puedan vestir sus galas montañeras los días de fiesta y dedicarse a hacer senderismo desplazándose hasta el punto de partida en el metro o en el autobús urbano.

Por las colinas que rodean parte del núcleo urbano de Suwon se extienden las fortificaciones de Hwaseong, convirtiéndose en un recorrido sobre la muralla de casi seis kilómetros de longitud. En la muralla van a aparecer puertas, torres de vigilancia, puestos de arqueros, puertas secretas y pabellones. Hay que ir bien calzado y bien hidratado para hacer el recorrido completo, que puede llevar buena parte del día. Y que luego se puede complementar con una visita al palacio real de Hwaseong Haengung, en el interior de la zona fortificada. Muy nutrido también en el día de fiesta nacional.

Gruta de Seokguram y templo de Bulguksa

Situados en la laderas de unos montes a unos 15 o 20 kilómetros al sur de Gyeongju, antigua capital del reino de Silla, son dos de los monumentos más notables del arte y arquitectura religiosa de Corea, especialmente del budismo, religión abrazada por la clase dominante durante siglos en los reinos que se sucedieron en esta península del extremo oriente, hasta que el confucianismo procedente de China fue tomando fuerza en los mismos. No es que el budismo carezca de influencia, siendo como es una de las religiones con mayor poder político del mundo, aunque formalmente prediquen su desapego a las cuestiones terrenas.

En la gruta de Seokguram hubo que lidiar con la sorprendente incoherencia que observo en los templos budistas. En teoría el budismo es una religión no vinculada a dios de ningún tipo. Sin embargo, observo que los fieles y guardianes de estos templos observan una notable idolatría hacia las imágenes de sus budas y boddishattvas, que suele llevar implícita la prohibición de fotografiar, con más intensidad en unos casos que en otros. En la mencionada gruta, la vigilancia era estrecha, pero conseguí llevarme alguna imagen para ilustrar el lugar.

Más relajado era el ambiente en el armonioso templo de Bulguksa, donde todo era más tranquilo y amable. Lo cual se agradece. Sobretodo porque me había quitado de encima las aglomeraciones de gente de los días anteriores. Para los coreanos era día de labor, y los turistas extranjeros son pocos en estas fechas. A pesar de que por temperatura y escasez de lluvias hacen de ellas una época ideal.

Zonas históricas de Gyeongju

Como ya he dicho, Gyeongju fue la capital del reino de Silla, un reino que unificó políticamente la península de Corea durante buena parte del primer milenio de nuestra era y los tres siglos iniciales del segundo. Dicen que en su momento de mayor esplendor llegó a tener un millón de habitantes. Buena parte del patrimonio cultural se perdió en la invasión japonesa del siglo XVI que causó estragos en la península. Pero todavía se conservan restos interesantes. Planificar la visita a esta zona es complejo. Todavía no sé si como lo hice estuvo bien o mal. Además de Bulguksa y Seokguram, visité en el núcleo urbano de Gyeongju los túmulos funerarios de la antigua Silla y la pagoda de Bunhwangsa. Haber visto más cosas hubiera obligado a dedicar más días, y perder otras experiencias. En los viajes hay que tener claro el coste de oportunidad de tu tiempo. En fin. No estoy descontento, aunque hubiera otras formas de planificar el viaje que también hubiesen tenido sus ventajas... e inconvenientes.

Material fotográfico utilizado

Hace tiempo que viajo ligero por el mundo. Con cámaras de formato micro cuatro tercios, que son ligeras y competentes, hace tiempo que digo que un angular moderado y teleobjetivo corto son suficientes. Siempre llevo algo más como redundancia. En esta ocasión dos cámaras y cuatro objetivos, que abultan muy poquito. La Panasonic Lumix GM5 ha ido casi siempre unida a al Panasonic Leica DG Summilux 15/1,7 ASPH o al Panasonic G 20/1,7 ASPH. Dos objetivos con una diferencia de focal suficiente para que, aunque pudiera haber elegido sólo por uno de ellos, me adaptase al entorno en que me moviese. La Olympus OM-D E-M5, que está empezando a dar señales de estar mayor, solía ir unida siempre al Olympus Micro Zuiko Digital 45/1,8. De esta forma, no tenía que cambiar de objetivo en la cámara. Según la focal necesitada, usaba una u otra cámara, fácilmente accesibles en la bolsa de bandolera. La E-M5 también era la cámara principal cuando la luz era escasa y necesitaba el estabilizador de imagen. Pero he usado más la GM5 porque su capacidad de conexión inalámbrica con el teléfono móvil permite usarlo para compartir imágenes durante el viaje.

También he llevado el pequeñísimo Pansonic G Vario 12-32/3,5-5,6, que venía de kit con la GM5. Es un objetivo sorprendentemente nítido para sus características, que además me ha permitido extender mi capacidad de gran angular y aporta estabilización a la GM5 aunque perdiendo luminosidad. Pero no lo uso de continuo porque, a pesar de las correcciones por firmware que hace la cámara, tiene unos niveles de distorsión muy notables, y molestos en la fotografía de arquitectura. Pero no está mal, y algún uso le he dado. Y es muy pequeñito. Se pierde en un bolsillo.

Espero que este resumen os haya resultado interesante. Así que os dejo con este retorcido árbol que ha crecido en uno de los túmulos funerarios de la ciudad de Gyeongju, y que está tomado con el pequeño zoom, con una de sus focales intermedias, menos habituales para mí.

Paisaje en infrarrojo con Rollei Superpan 200 Pro de 35 mm

Durante el verano he ido realizando una serie de paisajes en blanco y negro en el espectro del infrarrojo recorriendo las riberas del río Ebro a su paso por Zaragoza. A un ritmo más lento de lo que yo pensaba. Mi idea era que el modesto proyecto de reflejar el conjunto de las mismas bajo esta forma de expresión fotográfica pudiese culminar antes de la llegada del otoño. Es importante la presencia de vegetación en abundancia y temperaturas cálidas para conseguir el mayor efecto con este tipo de material. Pero unas semanas hasta que repuse película, más el tiempo no siempre apropiado otras veces, han hecho que la cosa haya ido más despacio de lo que pensaba.

Hace un par de domingos... o tres, que el tiempo pasa muy deprisa, afronté una de las etapas de este proyecto, pero con una variante. Hasta ese momento había utilizado la Fujifilm GS645S Wide 60, formato medio de 6 x 4,5, y película Rollei en sus variantes Superpan 200 Pro y Retro 80S, con el consabido filtro Hoya IR72. Con buenos resultados. En esta ocasión, opté por un carrete de película de 35 mm de Superpan 200 Pro. Más del doble de oportunidades, menos tamaño disponible.

El entorno escogido para esta subserie fue el del azud del río Ebro, a ambas orillas, en una mañana de domingo muy luminosa, lo cual estaba muy bien para mis propósitos, pero con el hándicap de un viento quizá demasiado intenso. La abundancia de luz me permitió velocidades de obturación de entre 1/15 y 1/30 segundos. Pero el riesgo de imagen borrosa por el movimiento de las ramas de los árboles por el viento estaba ahí. Protegí la cámara con mi cuerpo, e intenté aprovechar los momentos en que el viento amainaba. Pero indudablemente, en algunas fotografías se nota ese movimiento de las ramas y las hojas.

Hubiese podido optar por cerrar el diafragma más allá del f/11 que fue mi apertura de trabajo, y buscar el efecto de movimiento de las nubes con velocidades aún más lentas. Pero aunque había alguna, que iba a destacar sobre el oscuro cielo que obtenemos en la fotografía en el espectro infrarrojo, era insuficientes para dedicarse a ello.

Tenía varias posibilidades para escoger una cámara de 35 mm con las que realizar la subserie de fotografías. La más obvia quizá fuera la Pentax MX, ya que los diámetros de filtro de 49 mm, como el de mi IR72, fueron un estándar en los objetivos Pentax de enfoque manual. Pero al final decidí usar la Canon EOS 650 con dos objetivos. En realidad, me llevé dos, pero prácticamente solo usé uno con el filtro infrarrojo; el Olympus Zuiko Auto-W 21 mm f/3,5 con la montura adaptada de forma permanente con una montura Canon EF. Muy adecuado por su focal para el paisaje, el único miedo que me producía es que el filtro, cuya montura no es excesivamente fina, provocase un viñeteado mecánico, obscureciendo las esquinas de los fotogramas. Aunque en alguno de ellos se aprecia algo de esto, no es un efecto preocupante, no siempre se nota, y cuando lo hace, no queda mal.

Digitalicé los negativos fotografiándolos contra una mesa de luz con la Pentax K-S1 calzada con el objetivo SMC-A 100 mm f/4 Macro. Con la ayuda de una lente de aproximación, podría haber conseguido un elevado nivel de ampliación, aprovechando buena parte de los 20 megapíxeles que ofrece esta cámara, pero decidí no incluir ese complemento, y conformarme con unos cuantos menos, entre 11 y 12 megapíxeles, pero de mejor calidad.

Como poco a poco he ido depurando esta forma de digitalizar los negativos, para este formato pequeño me da una apreciable mejor calidad que con el escáner de sobremesa, que reservo para los negativos de medio formato.

Dicho lo cual, he decir que estoy bastante satisfecho con el resultado, aunque es mucho más cómodo y se obtiene una información más nítida con el formato medio, al que he vuelto en un par de carretes que he expuesto con posterioridad, aunque todavía no he revelado. Olvida decir que el revelado fue en Rodinal 1+25, durante 8' a 20 ºC.

No expuse todo el carrete bajo el filtro infrarrojo. Como no había utilizado nunca esta película en formato pequeño, cuando emprendí el camino de vuelta hacia el autobús urbano que me devolvería a casa, quité el filtro, y calcé el EF 50/1,8. Podría haber usado este objetivo con el IR72, tiene una montura de filtro de 52 mm, aunque con un adaptador permite usar sin problemas los de 49 mm, pero no me surgió la ocasión.

Os muestro algunos ejemplos de las fotografías con las que terminé el carrete. Sin filtro alguno, olvidé el filtro amarillo en casa, que me hubiera venido bien para aumentar el contraste, obtuve unas fotografías con una gradación de grises muy agradable, y un contraste relativamente bajo para las condiciones de luz reinantes. Evidentemente, la sensibilidad extendida hasta el infrarrojo cercano de la película se nota, y no tiene el mismo rendimiento que otras películas más comunes. Que guste más o menos, es una cuestión muy personal, no obstante. Pero es una película cómoda de usar, y con un grano contenido para tener una sensibilidad nominal de ISO 200/24º. Sirvan también para comparar la diferencia de estética entre usar o no usar el filtro que bloquea la luz visible en todo su espectro salvo el rojo más profundo, y a menudo invisible a nuestros ojos, y el infrarrojo cercano.

Excursión argéntica a Ejea de los Caballeros con AFZ

Surgió la idea como consecuencia de las actividades del III Encuentro Analógico, cuya excursión a Muel os conté en tres partes (1, 23), y que se realizaron esta primavera en la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ). Durante las mismas se habló con Laura (Lura Photos), una simpática y animada aficionada a la fotografía de Ejea de los Caballeros, que de vez en cuando tenemos la suerte que nos acompañe en nuestras actividades en Zaragoza. En esta ocasión, tocaba devolver visita y acudir nosotros a Ejea, hacer fotos y, de paso, conocer mejor la capital de las Cinco Villas, sus calles, sus fiestas y su iniciativas culturales.

Como el contenido principal de esta entrada estará orientada a lo fotográfico, diré simplemente que por la mañana recorrimos las calles de la ciudad, y estuvimos en las actividades del mercado y la recreación medieval que se organizan para las fiestas de San Juan. Visitamos también dos centros culturales y de exposiciones, La Espiral y el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea. Después de comer, con una visita guiada, conocimos las dos iglesias románicas, San Salvador y Santa María de la Corona, así como otros edificios e historias de la ciudad. Tuvimos la suerte de que el calor no fue tan agobiante como en los días anteriores, e incluso disfrutamos de una cierta brisa.

Comienzo obligado de la visita con una foto de grupo que hizo Ana.
Y momentos de relax y buen humor durante la comida.

Tenía ganas de experimentar durante esta excursión, así que me llevé una variedad de cámaras y materiales. Eso sí, que las cámaras no ocupasen ni pesasen mucho. Veámoslo en un cierto orden.

Olympus mju-II con Fujicolor Superia XTra 400

Nunca he utilizado mucho las películas negativas en color de Fujifilm, así como en tiempos, prácticamente sólo utilizaba las diapositivas de esta marca. Pero tras la experiencia con la cámara de un solo que me llevé a Muel, he empezado a usarlas. Y especialmente tenía ganas de usar la Fujicolor Superia Xtra 400, una todoterreno muy respetada, con una cámara que tuviera una óptica de mejor calidad. Así que cargué un carrete de esta película en la Olympus mju-II. Sobretodo la usé por la mañana, callejeando la ciudad y durante la recreación histórica medieval.

Unos colores vivos, un grano muy muy muy contenido y una amplia latitud de exposición la hicieron ideal para un día de sol radiante, no importando si el objeto de interés estuviera al sol o en la sombra, ya que la generosa sensibilidad nominal de ISO 400 así como la luminosidad del 35 mm f/2,8 de la Olympus, permitían un amplio abanico de posibilidades.

Película para todo uso muy recomendable, aunque para trabajos donde se exija una mayor matización de los tonos de color, y especialmente en retrato, creo que sigue siendo preferible la familia de las Kodak Portra, especialmente las 160 y 400. Pero está muy bien esta película. A tener siempre una reserva en el frigorífico.

Leica CL con Summicron-C 40/2 y película Fujicolor Natura 1600

La película Fujicolor Natura 1600 está reservada en principio por la marca japonesa a su mercado interno, en el País del Sol Naciente. Pero es posible adquirirla en Europa a través de algunas de las tiendas alemanas más especializadas en la fotografía argéntica, como Macodirect, donde compré hace unas semanas algunos carretes. No son baratas, aviso. Pero me apetecía probarla.

Puesto que parte de una sensibilidad nativa de ISO 1600, la usé con una óptica también razonablemente luminosa, reservada para interiores con menos luz. Los dos museo que visitamos y que mencionado anteriormente fueron los mejores lugares para usarla.

En la Espiral, atendiendo las explicaciones de la guía, y con una reproducción del bronce de Ascoli.

Siendo una película de tan elevada sensibilidad, el grano está muy presente, como no podía ser de otra forma. Como sucede en tantas y tantas otras películas negativas en color, conviene no subexponerla, para evitar tener desviaciones desagradables en los colores así como un contraste y tonos armoniosos.

En los negativos en los que la luz llegó en cantidades generosas, probablemente expuestos a un índice de exposición de 800, los colores fueron todavía más saturados y agradables y el grano se hizo notar mucho menos. Así que no sería de extrañar que su sensibilidad real se acercase a esos ISO 800 aunque con margen para exponerla a 1600. Donde más se nota es en las fotografías realizadas en el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea. Podréis deducir fácilmente qué negativo iban más sobrados de exposición y cuales iban más justos.

Leica M2 con Summicron 35/2 ASPH y película Kodak Tri-X 400

Mi intención original fue llevar la Leica M2 con el 35 mm todo el día cargada con película en blanco y negro de todo uso, como es la todoterreno Tri-X 400. Y así lo hice durante buena parte de la mañana. Con el margen que da además para hacer alguna fotografía en interiores si la luz es suficiente y con la buena luminosidad del Summicron.

Por lo tanto, fue la película que utilicé durante buena parte del paseo por la mañana, asistiendo a la recreación medieval e incluso sirviendo para alguna foto arquitectónica en el interior de La Espiral, como veréis a continuación.

Como de costumbre, la Tri-X ofrece una estructura de grano bien marcada y unos negativos contrastados. Es cierto que tendí a la sobrexposición, como explicaré más adelante, pero se compensó en el revelado... debido a mi vagancia. Cuando consulté los tiempos de revelado para Rodinal a 1:50 y 20 ºC, que es lo que estoy utilizando en estos momentos, vi que la Tri-X tenía un tiempo revelado recomendado de 13 minutos. Y la ADOX que comentaré a continuación de 12 minutos. Así que decidí que en tiempos relativamente largos como estos, me iba a contentar con sacar la media, dejarlo en 12'5 minutos y confiar en los márgenes que ofrecen estos materiales para obtener buenos resultados. Con la Tri-X, sin problema.

Quiero avisar que no estoy usando el Rodinal habitual, sino el que ofrece ADOX bajo la denominación APH 09. Esta es la fórmula usada a principios del siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial, y que siguió usándose tras el telón de acero, mientras que Agfa modificaba ligeramente al fórmula de su Rodinal, el único que podía llevar esa denominación. Dicen que daría algo más de grano, aunque su uso es exactamente igual. Yo no estoy encontrando diferencias.

Leica M2 con Summicron 35/2 ASPH y película ADOX Supermax 100

La Tri-X es cómoda de usar,... pero yo no estaba suficientemente cómoda con ella. Básicamente, con un día de luz radiante como ese sábado, me obligaba a utilizar un diafragma de f/16 y una velocidad de obturación de 1/500 segundo, o su equivalente de f/11 y 1/1000 segundo. Pero nunca me gusta usar una diafragma tan cerrado por el efecto de la difracción, ni aun con una óptica excelente como el Sumicron asférico, ni me gusta llegar a velocidades de 1/1000 en cámaras mecánicas, ya que los márgenes de precisión a estas velocidades son menores. Por ello, prácticamente todos los negativos, salvo los de interiores, de Tri-X esta sobrexpuestos un punto, para exponer de f/11 y 1/500 hacia abajo.

Y también por ello, cuando terminé el primer carrete de Tri-X, decidí usar el de ADOX Supermax 100 que llevaba en el estuche. Aunque eso me iba a limitar la posibilidad de usar el blanco y negro en interiores. Pero una foto en color siempre se puede convertir a blanco y negro, y al revés, no.

De entrada, he de decir que esta película de ADOX se caracteriza por su elevado contenido en plata, lo que junto a su sensibilidad media, garantiza un grano mucho más contenido. La diferencia con la Tri-X es muy notoria, ofreciendo unos tonos más continuos y menos estructura de fondo. También tiene un contraste más suave que he tenido que corregir en el digitalizado de los negativos.

No me gusta tanto como la Fujifilm Neopan 100 Acros, y no es necesariamente superior a la mucho más accesible y probada Ilford FP4 Plus. Sí mejora el nivel de grano que ofrece la Fomapan 100 Classic, que se puede encontrar fácilmente también como Lomography Earl Grey 100. Por lo tanto, no creo que después de haberla probado vaya a usarla con frecuencia. Pero es una película muy razonable.

Aún me atreví a usarla en un momento dado en interiores, en el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea, más iluminado que La Espiral.

Y tuve un desliz después de comer. Durante la mayor parte del día, con la película en blanco y negro estuve estimando la exposición a ojo, partiendo de la famosa regla "soleado f/16", que encontrábamos antaño, quizá también ahora, en los carretes de película para aficionado de Kodak o en algunas cámaras antiguas que no disponen de fotómetro. No suelo errar. Pero después de comer, debió de ser por la digestión, sí que hice unas cuantas tomas que resultaron subexpuestas.

Algo compensaría este error el hecho de que he revelado el negativo durante medio minuto más de lo aconsejado, debido al ataque de vagancia que he comentado antes. El tiempo recomendado era 12 minutos y lo usé con la Tri-X a 12'5 minutos. Pero por mucho que aumentes los tiempos de revelado, si en unas sombras no hay plata... pues negro se quedará. Aun a costa del incremento del contraste, que podéis apreciar en la imagen anterior.

Por lo demás, a la luz del día, me sentí más cómodo con esta sensibilidad que con la de la Tri-X.

Y un defecto...

Los más observadores verán que algunos negativos en blanco y negro presentan una larga raya recta transversal a la dimensión más larga, de color negro, que afecta a todos los negativos de Tri-X y a bastante de Silvermax. No sé a qué se debe. Se parece mucho a una que aparece en los dos negativos de largas exposiciones nocturnas que hice hace unas semanas. Pero entonces era otra cámara, la Hasselblad 503CX, y otra película, la Fujifilm Neopan 100 Acros. No sé a qué se debe. Y es una lata eliminarla tras su digitalización. Todavía no he comprobado si está en el negativo, o se produce por algún motivo al digitalizarlos. Por su coincidencia con su aparición con los de la Hasselblad. Esperemos que desaparezca del todo.

En la siguiente foto se ve muy claramente.

Mirando la cielo - Introduciéndome en la astrofotografía sin telescopio

Primero, un poco de historia personal. Yo soy un chico de ciencias. Muy de ciencias. El pensamiento y el método científico, sus dosis de sano escepticismo y su necesidad de un proceso ordenado de creatividad y razonamiento, siempre se han adaptado bien a mi forma de ser. Me orientaron en mis elecciones académicas y profesionales, me ayudan a una toma de decisiones rápida y sensata y me resuelven un porcentaje alto de situaciones cotidianas. No desdeño, sin embargo, muy al contrario, las ideas y las formas de trabajar que surgen de las humanidades, de las letras o de las artes. Frente a quienes tienden a contraponer, yo las veo como disciplinas complementarias. Pero voy a ser muy duro. A lo largo de mi vida, me he encontrado con muchos más dogmáticos e intransigentes entre las personas del mundo de las letras y las humanidades que desprecian las ciencias, que en el caso contrario. El escepticismo inherente al pensamiento científico es una vacuna eficaz contra los dogmas y las intolerancias.

Como consecuencia, todo tema relacionado con las ciencias siempre me ha interesado. Y uno de los que más, es inevitable si te planteas la clásica pregunta del ¿qué hago yo aquí?, es mirar al universo e intentar descubrir que es y como funciona. Y para mirar al universo, sólo tenemos que hacer algo. En una noche sin luna, lejos de las ciudades, mirar hacia arriba. Al cielo. Y eso es algo que empecé a hacer muy joven. Tengo un razonable conocimiento del paisaje del cielo nocturno en el hemisferio boreal. A ver cuando encuentro la ocasión para ir a disfrutar del austral.

Curiosamente, a pesar de la afición por la afición que me surge en un momento dado en los años 80 del siglo XX, me costó tiempo asociar ambos centros de interés. Y nunca los he conseguido acomodar juntos; han discurrido de modo paralelo. Con algunos jalones por el camino... por ejemplo, la visita del cometa Hale-Bopp.

El cielo del hemisferio boreal en la primavera de 1997 fue un espectáculo impresionante, con aquel gran competa, el Hale-Bopp, que nos visita cada 2537 años. Con sus dos colas visibles, una azulada, apuntando al sol, otra amarilla, más curvada, y una tercera no visible a simple vista, es uno de los cometas más llamativos de los que se tiene constancia, si no el que más. Tras observarlo en varias ocasiones, me armé de mi Pentax MX, el SMC-M 50/1,7 y un carrete de Fujicolor 1600 y me fui a fotografiarlo en las cercanías de Castejón de Valdejasa. Hoy hubiera elegido un equipo muy distintos y hubiera obtenido mejores resultados, pero el que no sabe... hace lo que puede. Además, el núcleo del cometa estaba muy cercano en apariencia a la constelación de Casiopea, y eso lo hacía más bonito. ¿No lo veis claro? Os lo remarco.

Esto despertó en mi las ganas de hacer fotografía astronómica. Aunque mis conceptos no estaban muy centrados. Lo reconozco. Durante un tiempo acudí con la Agrupación Astronómica Aragonesa a observar en sus salidas nocturnas a Monegrillo. No hice fotos. Me recomendaron que antes de ponerme a acoplar la cámara de una forma u otra a un telescopio, me tenia que acostumbrar a observar con estos instrumentos, y a moverme ágilmente por el cielo. Cuando ya me estaba animando, mi madre cayo enferma y dejé de acudir. A lo que falleció me madre, en 2003, yo estaba con la cabeza en otras cosas. Y la fotografía empezaba a avanzar por caminos muy distintos. De ese año es también mi primera cámara digital.

El caso es que durante más de diez años volvieron a ser dos centros de interés que caminaron por caminos distintos no convergentes.

Hace unos días, José Miguel Aznar (Masjota), un amigo y excelente aficionado a la fotografía, especialmente de naturaleza, propuso en el grupo Fotógrafos en Zaragoza una salida nocturna para la noche del sábado 27 al domingo 28 de mayo. El objetivo era, aprovechando la luna nueva, ligeramente creciente, que iba a aparecer muy tarde en el cielo, ya de madrugada, hacer fotografías de la Vía Láctea.

Vayamos con la primera que hice que me servirá para comentar las circunstancias de la noche.

Tomada poco después de la medianoche en algún lugar de Los Monegros elegido por el elegante pitón rocoso que permitía tener un buen primer plano en el paisaje nocturno, nos muestra que tuvimos un problema de presencia de nubes durante toda la noche. Que además reflejaban la luz de los núcleos de población y hacía que tuviéramos más contaminación lumínica de la esperada.

En cuanto al equipo digital, también me llevé una cámara para película tradicional de la que hablaré después, opté por uno ligero. Que fuese adecuado al trípode de viaje, porque el más grande iba a estar ocupado con la otra cámara. La Olympus OM-D E-M5 era la opción más razonable. Estuve pensando en llevar o el zoom Olympus 12-40/2,8 que me daba más ángulo de visión a 12 mm (equivalente a un 24 mm en formato de 24 x 36 mm) o el PanaLeica 15/1,7, más cerrado (equivalente a un 30 mm en formato de 24 x 36 mm), pero un paso y un tercio más luminoso que el anterior. Al final opté por este. Ambos son buenas ópticas. Pero los 30 segundos que di en esa primera exposición fueron excesivos, y las estrellas no eran puntuales. Pasé a usar durante el resto de la noche una exposición de 15 segundos con el objetivo a f/1,7. Una de las ventajas del micro cuatro tercios es que la profundidad de campo es mayor, y es más fácil conseguir el conjunto enfocado. El inconveniente, más con mi ya veterana cámara, que va a cumplir 5 años, es que el ruido electrónico es más aparente que con otros sistemas de captores de imagen más grandes.

En mi segunda exposición,...

Las cosas mejoraron. Las estrellas aparecían genuinamente puntuales, elegí una porción del cielo que me parecía más limpia de nubes, y la vía láctea estaba ahí presente. Manteniendo cierto interés el suelo del paisaje, gracias a las siluetas de los montes y a las luces de la civilización en la distancia.

Además, me aparecieron dos estelas, que en estos momentos no me siento capacitado para decir si son satélites artificiales o si por ventura alguna de ellas pudo ser un meteorito entrando en la atmósfera terrestre. ¿Quizá la más débil?

A partir de ahí, todo fue ir haciendo pruebas toda la noche.

Poco a poco, con una reflexión razonada de hacia donde apuntar, pero manteniendo los ajustes de enfoque y exposición, fui consiguiendo imágenes de la Vía Láctea en la que esta se veía más claramente. Es cierto que poco a poco comprendí hasta que punto un angular más amplio es interesante para conseguir una visión más espectacular de la misma. Pero ahí estaba. Se diferencian claramente las nubes terrestres, de tono amarillento por la contaminación lumínica de las poblaciones, de las acumulaciones de gases y polvo que se acumulan cuando miramos hacia la regiones centrales de nuestra galaxia, de tonos más azulados.

Por supuesto, es clave para conseguir estas imágenes el procesado posterior, que yo he realizado en Adobe Photoshop Lightroom. Hay que jugar con cuidado y habilidad con los controles de exposición, contraste, claridad y la herramienta "neblina (dehaze)" para ir resaltando la galaxia en la que vivimos sobre el fondo del cielo. Mi versión de Lightroom, que no es la de suscripción, no tiene la herramienta "neblina (dehaze)". Pero conseguí hace tiempo unos preajustes que la replican muy bien. También se puede conseguir con combinaciones de las herramientas "contraste" y "claridad", de los que tengo que tirar en caso de ajustes zonales, que no afecten a todo el conjunto de la imagen. Pero en cualquier caso, este es un ámbito en el que tengo mucho margen de aprendizaje todavía. Y también en el de corregir el color, tema que en cualquier género de fotografía siempre me genera muchos dolores de cabeza.

Esta última imagen tomada con el 15 mm podría haber estado muy bien si no fuera por la impertinente nube que me tapa lo más interesante de la galaxia. Una pena.

Como curiosidad, también llevaba encima mi ojo de pez/tapa de cuerpo de cámara de 9 mm de focal y f/8 de apertura fija. Hice un par de fotos con él, aumentando la exposición a 30 segundos y la sensibilidad a 3200 ISO en lugar de 1600 ISO, para compensar la mucha menor luminosidad. Pero no lo neguemos. Aunque me ha funcionado en algunas ocasiones en modo reportaje, el objetivo es una calamidad óptica y causa unos destrozos en la delicada imagen del cielo nocturno que no te quiero ni contar. Estos es lo más razonable que he conseguido a partir de esta óptica.

Pero como os he contado, hubo otra cámara en juego. Una para película tradicional. Me llevé la Hasselblad 503CX con el Distagon 50/4, un gran angular equivalente a un 28 mm por decir algo en el formato de 24 x 36 mm, y algún rollo de Fujifilm Neopan 100 Acros. Esta película me pareció especialmente adecuada para mis fines por los siguientes motivos. Ofrece unos negros profundos, es de grano muy fino, y se ve muy poco afectada por los fallos en la ley de la reprocidad. Hasta 2 minutos de exposición no se ve afectada, y a partir de ahí sólo hay que corregir el equivalente a un paso de exposición.

El objetivo era obtener paisajes nocturnos de largas exposiciones, con las estelas de las estrellas girando sobre nuestras cabezas. En realidad somos nosotros los que damos vueltas, bajo un cielo relativamente estático, pero estamos hablando de movimientos aparentes. De entrada intenté una circumpolar, apuntando a la Estrella Polar, en la Osa Menor. Tiempo de exposición, 30 minutos. Apertura, f/4. Enfoque, a la hiperfocal, usando la escala de la que dispone el objetivo a tal fin.

Revelada en Kodak HC-110 durante 7 minutos a 20 ºC en una dilución E (1:48), después de digitalizar el negativo he ajustado el contraste un poco. Dejando aparte que al encuadrar a oscuras el horizonte me ha salido más alto de lo que me apetecía, para ser mi primera circumpolar, con un tiempo modesto de exposición, no está mal. Hay una misteriosa línea negra que va de arriba a abajo en el negativo y que desconozco a qué se debe. Sólo aparece en los dos negativos que expuse esa noche.

El siguiente lo hice apuntando aproximadamente al ecuador celeste. En dirección opuesta a la anterior. Idénticos parámetros salvo un tiempo de exposición de 20 minutos en lugar de media hora. Aquí he eliminado esa línea negra con el pincel corrector en Affinity Photo, que es el programa de tratamiento de imagen donde he realizado el procesado posterior a la digitalización. El ecuador estaba un poco más alto de lo que yo pensaba y las estrellas que aparecen son ya del hemisferio austral celeste por lo que la curvatura es inversa a las de la circumpolar.

En líneas generales, teniendo en cuenta que es mi primera noche en serio con este tipo de fotografía, me encuentro bastante satisfecho. Obviamente, me queda mucho margen de aprendizaje. Pero no está mal.

Terminaré con flores. El carrete de Fuji Acros admitía doce exposiciones y sólo hice dos en esa noche. Por lo que el resto lo disparé a mis orquídeas en casa. Os dejo con una de las fotos.