La fotografía como afición y otras artes visuales

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Excursión argéntica a Ejea de los Caballeros con AFZ

Surgió la idea como consecuencia de las actividades del III Encuentro Analógico, cuya excursión a Muel os conté en tres partes (1, 23), y que se realizaron esta primavera en la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ). Durante las mismas se habló con Laura (Lura Photos), una simpática y animada aficionada a la fotografía de Ejea de los Caballeros, que de vez en cuando tenemos la suerte que nos acompañe en nuestras actividades en Zaragoza. En esta ocasión, tocaba devolver visita y acudir nosotros a Ejea, hacer fotos y, de paso, conocer mejor la capital de las Cinco Villas, sus calles, sus fiestas y su iniciativas culturales.

Como el contenido principal de esta entrada estará orientada a lo fotográfico, diré simplemente que por la mañana recorrimos las calles de la ciudad, y estuvimos en las actividades del mercado y la recreación medieval que se organizan para las fiestas de San Juan. Visitamos también dos centros culturales y de exposiciones, La Espiral y el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea. Después de comer, con una visita guiada, conocimos las dos iglesias románicas, San Salvador y Santa María de la Corona, así como otros edificios e historias de la ciudad. Tuvimos la suerte de que el calor no fue tan agobiante como en los días anteriores, e incluso disfrutamos de una cierta brisa.

Comienzo obligado de la visita con una foto de grupo que hizo Ana.
Y momentos de relax y buen humor durante la comida.

Tenía ganas de experimentar durante esta excursión, así que me llevé una variedad de cámaras y materiales. Eso sí, que las cámaras no ocupasen ni pesasen mucho. Veámoslo en un cierto orden.

Olympus mju-II con Fujicolor Superia XTra 400

Nunca he utilizado mucho las películas negativas en color de Fujifilm, así como en tiempos, prácticamente sólo utilizaba las diapositivas de esta marca. Pero tras la experiencia con la cámara de un solo que me llevé a Muel, he empezado a usarlas. Y especialmente tenía ganas de usar la Fujicolor Superia Xtra 400, una todoterreno muy respetada, con una cámara que tuviera una óptica de mejor calidad. Así que cargué un carrete de esta película en la Olympus mju-II. Sobretodo la usé por la mañana, callejeando la ciudad y durante la recreación histórica medieval.

Unos colores vivos, un grano muy muy muy contenido y una amplia latitud de exposición la hicieron ideal para un día de sol radiante, no importando si el objeto de interés estuviera al sol o en la sombra, ya que la generosa sensibilidad nominal de ISO 400 así como la luminosidad del 35 mm f/2,8 de la Olympus, permitían un amplio abanico de posibilidades.

Película para todo uso muy recomendable, aunque para trabajos donde se exija una mayor matización de los tonos de color, y especialmente en retrato, creo que sigue siendo preferible la familia de las Kodak Portra, especialmente las 160 y 400. Pero está muy bien esta película. A tener siempre una reserva en el frigorífico.

Leica CL con Summicron-C 40/2 y película Fujicolor Natura 1600

La película Fujicolor Natura 1600 está reservada en principio por la marca japonesa a su mercado interno, en el País del Sol Naciente. Pero es posible adquirirla en Europa a través de algunas de las tiendas alemanas más especializadas en la fotografía argéntica, como Macodirect, donde compré hace unas semanas algunos carretes. No son baratas, aviso. Pero me apetecía probarla.

Puesto que parte de una sensibilidad nativa de ISO 1600, la usé con una óptica también razonablemente luminosa, reservada para interiores con menos luz. Los dos museo que visitamos y que mencionado anteriormente fueron los mejores lugares para usarla.

En la Espiral, atendiendo las explicaciones de la guía, y con una reproducción del bronce de Ascoli.

Siendo una película de tan elevada sensibilidad, el grano está muy presente, como no podía ser de otra forma. Como sucede en tantas y tantas otras películas negativas en color, conviene no subexponerla, para evitar tener desviaciones desagradables en los colores así como un contraste y tonos armoniosos.

En los negativos en los que la luz llegó en cantidades generosas, probablemente expuestos a un índice de exposición de 800, los colores fueron todavía más saturados y agradables y el grano se hizo notar mucho menos. Así que no sería de extrañar que su sensibilidad real se acercase a esos ISO 800 aunque con margen para exponerla a 1600. Donde más se nota es en las fotografías realizadas en el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea. Podréis deducir fácilmente qué negativo iban más sobrados de exposición y cuales iban más justos.

Leica M2 con Summicron 35/2 ASPH y película Kodak Tri-X 400

Mi intención original fue llevar la Leica M2 con el 35 mm todo el día cargada con película en blanco y negro de todo uso, como es la todoterreno Tri-X 400. Y así lo hice durante buena parte de la mañana. Con el margen que da además para hacer alguna fotografía en interiores si la luz es suficiente y con la buena luminosidad del Summicron.

Por lo tanto, fue la película que utilicé durante buena parte del paseo por la mañana, asistiendo a la recreación medieval e incluso sirviendo para alguna foto arquitectónica en el interior de La Espiral, como veréis a continuación.

Como de costumbre, la Tri-X ofrece una estructura de grano bien marcada y unos negativos contrastados. Es cierto que tendí a la sobrexposición, como explicaré más adelante, pero se compensó en el revelado... debido a mi vagancia. Cuando consulté los tiempos de revelado para Rodinal a 1:50 y 20 ºC, que es lo que estoy utilizando en estos momentos, vi que la Tri-X tenía un tiempo revelado recomendado de 13 minutos. Y la ADOX que comentaré a continuación de 12 minutos. Así que decidí que en tiempos relativamente largos como estos, me iba a contentar con sacar la media, dejarlo en 12'5 minutos y confiar en los márgenes que ofrecen estos materiales para obtener buenos resultados. Con la Tri-X, sin problema.

Quiero avisar que no estoy usando el Rodinal habitual, sino el que ofrece ADOX bajo la denominación APH 09. Esta es la fórmula usada a principios del siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial, y que siguió usándose tras el telón de acero, mientras que Agfa modificaba ligeramente al fórmula de su Rodinal, el único que podía llevar esa denominación. Dicen que daría algo más de grano, aunque su uso es exactamente igual. Yo no estoy encontrando diferencias.

Leica M2 con Summicron 35/2 ASPH y película ADOX Supermax 100

La Tri-X es cómoda de usar,... pero yo no estaba suficientemente cómoda con ella. Básicamente, con un día de luz radiante como ese sábado, me obligaba a utilizar un diafragma de f/16 y una velocidad de obturación de 1/500 segundo, o su equivalente de f/11 y 1/1000 segundo. Pero nunca me gusta usar una diafragma tan cerrado por el efecto de la difracción, ni aun con una óptica excelente como el Sumicron asférico, ni me gusta llegar a velocidades de 1/1000 en cámaras mecánicas, ya que los márgenes de precisión a estas velocidades son menores. Por ello, prácticamente todos los negativos, salvo los de interiores, de Tri-X esta sobrexpuestos un punto, para exponer de f/11 y 1/500 hacia abajo.

Y también por ello, cuando terminé el primer carrete de Tri-X, decidí usar el de ADOX Supermax 100 que llevaba en el estuche. Aunque eso me iba a limitar la posibilidad de usar el blanco y negro en interiores. Pero una foto en color siempre se puede convertir a blanco y negro, y al revés, no.

De entrada, he de decir que esta película de ADOX se caracteriza por su elevado contenido en plata, lo que junto a su sensibilidad media, garantiza un grano mucho más contenido. La diferencia con la Tri-X es muy notoria, ofreciendo unos tonos más continuos y menos estructura de fondo. También tiene un contraste más suave que he tenido que corregir en el digitalizado de los negativos.

No me gusta tanto como la Fujifilm Neopan 100 Acros, y no es necesariamente superior a la mucho más accesible y probada Ilford FP4 Plus. Sí mejora el nivel de grano que ofrece la Fomapan 100 Classic, que se puede encontrar fácilmente también como Lomography Earl Grey 100. Por lo tanto, no creo que después de haberla probado vaya a usarla con frecuencia. Pero es una película muy razonable.

Aún me atreví a usarla en un momento dado en interiores, en el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea, más iluminado que La Espiral.

Y tuve un desliz después de comer. Durante la mayor parte del día, con la película en blanco y negro estuve estimando la exposición a ojo, partiendo de la famosa regla "soleado f/16", que encontrábamos antaño, quizá también ahora, en los carretes de película para aficionado de Kodak o en algunas cámaras antiguas que no disponen de fotómetro. No suelo errar. Pero después de comer, debió de ser por la digestión, sí que hice unas cuantas tomas que resultaron subexpuestas.

Algo compensaría este error el hecho de que he revelado el negativo durante medio minuto más de lo aconsejado, debido al ataque de vagancia que he comentado antes. El tiempo recomendado era 12 minutos y lo usé con la Tri-X a 12'5 minutos. Pero por mucho que aumentes los tiempos de revelado, si en unas sombras no hay plata... pues negro se quedará. Aun a costa del incremento del contraste, que podéis apreciar en la imagen anterior.

Por lo demás, a la luz del día, me sentí más cómodo con esta sensibilidad que con la de la Tri-X.

Y un defecto...

Los más observadores verán que algunos negativos en blanco y negro presentan una larga raya recta transversal a la dimensión más larga, de color negro, que afecta a todos los negativos de Tri-X y a bastante de Silvermax. No sé a qué se debe. Se parece mucho a una que aparece en los dos negativos de largas exposiciones nocturnas que hice hace unas semanas. Pero entonces era otra cámara, la Hasselblad 503CX, y otra película, la Fujifilm Neopan 100 Acros. No sé a qué se debe. Y es una lata eliminarla tras su digitalización. Todavía no he comprobado si está en el negativo, o se produce por algún motivo al digitalizarlos. Por su coincidencia con su aparición con los de la Hasselblad. Esperemos que desaparezca del todo.

En la siguiente foto se ve muy claramente.

Nueva película Bergger Pancro 400 (2) - Mi colección de cámaras para película tradicional (en funcionamiento)

Hace unos días os hablaba de mi primer rollo de la nueva película del fabricante francés Bergger, la Pancro 400. Una película de la que me sentía muy satisfecho, y que de hecho estoy pensando en que sea mi película de elección para trabajos de interés. Para un uso más casual, tengo pensado tirar de Fomapan. Pero de eso hablaré otro día. Más adelante.

Esta nueva película, como su nombre indica, es pancromática. Es decir, es teóricamente sensible a todo el espectro de luz visible, como la mayor parte de las películas modernas. Pero eso es algo cierto en parte. Voy a ponerme un poco técnico y voy a poner aquí la curva de sensibilidad espectral de la película, que no es muy distinta a la de otras películas pancromáticas. Está obtenida directamente de la versión en francés de la ficha técnica de la película ofrecida por el fabricante a fecha de enero de 2017.

Como vemos, la película es sensible entre las longitudes de onda de 400 nanometros y aproximadamente los 660 nanometros aproximadamente donde comienza un brusco descenso de sensibilidad para que esta sea nula a partir de los 680 nanometros. El espectro visible, aunque hay variaciones entre individuos va entre el violeta, que comienza e los 380 nanometros y los 780 nanometros del rojo más profundo. Ciertamente los valores más extremos están sujetos como digo a cierta variabilidad personal, y hay muchas personas que no llegan a ser sensibles a los rojos más profundos, por lo que en la práctica no es infrecuente ver mucho textos donde redondean y nos dicen que el espectro visible esta entre 400 y 700 nm.

El caso es que incluso en las películas pancromáticas como esta Pancro 400, siempre hay una menor sensibilidad, aunque sea ligera, a los tonos cálidos que a los tonos fríos. Normalmente, en escenas tomadas con luz de día, no tiene mayor importancia. Pero cuando fotografías en interiores con luz artificial, especialmente luz de tungsteno o aquellas que la imitan, hay predominio de tonos cálidos y las películas se pueden quedar cortas de sensibilidad. Algún fabricante, no muchos, lo avisan, y te dicen que la sensibilidad de la película para esas situaciones es menor. Por ejemplo, 320 ISO en lugar de 400 ISO. No es el caso de la Pancro 400. Pero yo decidí probarla con luz artificial.

Para ello, cargué la Hasselblad 503CX con un carrete de Pancro 400, la iluminé con mis lámpara habituales del salón, halógenas o de LED con tonos cálidos, e hice un pase de modelos de mi colección de cámaras para película tradicional, aunque solamente aquellas que están en funcionamiento, aunque sea con alguna limitación.

Estas son las dos primeras que fotografié, la Canon EOS 100 (1992) y la Leica CL (1973) (Entre paréntesis el año de fabricación aproximado para el modelo del que dispongo). Van juntas porque entre 1993 y 2004 fueron las responsables de ir de viaje conmigo. La primera hasta el año 2001, la segunda con posterioridad. El buen resultado de la Leica CL y su mayor ligereza me condicionaron para ser de los primeros en adoptar las cámaras micro cuatro tercios, comparables en tamaño, como cámaras viajeras por excelencia.

Desde el punto de vista del rendimiento de la película, creo que ciertamente su sensibilidad real cuando la fuente de iluminación es luz artificial cálida es algo inferior. Los negros del cuerpo de la Leica CL tendrían que tener algo más de materia. No obstante, la película, como ya comenté, se comporta muy bien y se traga los pasos de contraste sin ningún problema.

Sigo con el pase de modelos. Ahora ya sin interrupciones sobre las características de la película.

Además de la Leica CL ya vista, dos telemétricas de la marca alemana más, la Leica M2 (1961) con montura de bayoneta para los objetivos y la Leica IIIf (1951) con montura de rosca.

Otras dos telemétricas, pero de formato medio, y por lo tanto bastante más grandes. La Fuji GS645S Wide (1983) es una telemétrica para rollos de película de 120 y 220 sobre los que se obtienen 15 o 30 negativos de 6 x 4,5. Mientras que la Plaubel Makina 67 (1985) con su objetivo Nikkor 80/2,8 fabricado por Nikon, retráctil, tiene un cuerpo metálico, es más consistente, y admite sobre los mismos formatos de película 10 o 20 negativos de 6 x 7. Ambas hacen fotos sin problema, con elevada calidad, pero la Makina 67 necesita pasar por taller por filtraciones de luz en el fuelle del objetivo retráctil.

Dos cámaras réflex, una Pentax MX (1977) y una Praktica MTL 5 (1985). La primera con su popular montura K de bayoneta, la segunda con una montura de rosca M42 que Pentax había abandonado ya diez años antes de que saliera al mercado este modelo de Praktica. Mi primera cámara réflex, de 1989, fue una Pentax P30N que no conservo. La vendí para comprar la Pentax MX que usa todos aquellos objetivos de focal fija de Pentax que fui comprando de segunda mano poco a poco y que van muy bien. Por ello, le tengo un cariño especial. Además va estupendamente, es una de las cámaras más agradables de usar, siendo además muy compacta de tamaño.

Vámonos hacia atrás en el tiempo con estas dos Agfas. La primera, la Agfa Jgestar 8,8 (1928, posteriormente conocida como Agfa Billy, bajo cuyo nombre se declinaron muchas cámaras similares de iniciación) es una cámara de objetivo retráctil con fuelle, sencilla, con un objetivo de tres elementos que no ofrece mucho contraste y moderada nitidez, pero que con sus negativos de 6 x 9 sobre película de formato 120 da información de sobras para disfrutar de la fotografía. También tiene alguna filtración de luz, y hay que protegerla de la luz directa en el momento de hacer la foto. La Agfa Synchro Box (1953) representa a las populares cámaras de cajón cuyo concepto básico no varió desde la primera Brownie de Kodak de 1900. Admite también película de 120 produciendo negativos de 6 x 9, pero su objetivo muy sencillo, un simple menisco, acarrea todo tipo de aberraciones ópticas. Para ampliar con muuuuuuucha moderación. Pero divertidas de usar, ambas.

Dos nuevas cámaras de objetivo retráctil para película de formato 120, produciendo ambas negativos cuadrados de 6 x 6. Conceptualmente muy similares, aunque la primera, la Zeiss Ikon Ikonta modelo 521/16 (1948) es algo más latosa de usar que la Adox Golf 63 (1955). Curiosamente, la primera no sufre de las filtraciones de luz en el fuelle de las que sufre la segunda, que hay que proteger de la luz directa al usarla para evitar luces parásitas en exceso.

Un recuerdo especial para las cámaras que originalmente no fueron mía sino de mi familia. desde la Viking (1964) que usaba mayormente mi padre durante mi infancia, pasando por la Kodak Pocket A-1 (1977), que yo usaba cuando me iba de campamento cuando era un adolescente y que usa cartuchos de película de formato 110 con sus minúsculos negativo, hasta la Olympus μ(mju:)-1 (1993) que compré para mi familia con el fin de que tuvieran una cámara de cierta calidad pero sencilla de usar, una vez que yo ya me había aficionado a la fotografía.

Unos años más tarde, me compré para mí mismo esta Olympus μ(mju:)-2 (1997), descendiente de la anterior, más compacta, con un objetivo más luminoso y protegida contra las inclemencias del tiempo. La pongo en comparación con la Olympus Pen EE3 (1973), una de las populares compactas de medio formato, la mitad del tradicional formato popularizado por Leica, que hacían que los carretes de 36 exposiciones ofrecieran cerca de 80 si las cargabas con cuidado para aprovechar al máximo la longitud de la película.

Mezcla de estilos en esta ocasión. En el centro, una noble Yashica Mat 124G (1970), reflex binocular con un objetivo tipo Tessar que hace unas fotografías excelentes, pero que tengo con una funcionalidad algo "estorbada" porque como consecuencia de una caída, la lente de enfoque no se sujeta correctamente. Por lo demás va muy bien. A reparar en cuanto tenga ocasión. Y con las otras dos entramos en el terreno de lo lúdico. De las cámaras-juguete. Pero que hace fotos. Por dos euros en un mercadillo conseguí la Cámara Safari de Indiana Jones (1987), que es una variante de la Werlisa Club Color B, una cámara que se fabricó en España como churros desde los años 70. Es muy elemental en su uso, pero hace fotos. Conceptualmente similar es la Vivitar Ultra Wide & Slim (2001), pero con la peculiaridad de que tiene un objetivo gran angular de 21 mm. También se puede conseguir por pocos euros. Su ergonomía puede producir algún dolor de cabea que otro, pero las fotos que se hacen con ella pueden ser muy simpáticas. Pasad de las Lomography, y buscad este tipo de cámaras si queréis diversión.

Diversión que también se puede conseguir con las chinas Holga, de las que yo tengo dos. Una Holga 120W PC y una Holga 120N. Ambas son fabricadas en 2015. El PC de la primera viene de Pinhole Camera, y es efectivamente una estenopeica. Ambas son para formato medio, rollo de formato 120. La estenopeica puede hacer fotografías de 6 x 9 y 6 x 12, la 120N de 6 x 6 y 6 x 4,5. La calidad en la estenopeica es la esperable en este tipo de cámaras. La de la 120N es simpáticamente lamentable.

Y dos estenopeicas más... La Camara Pinhole Automontable (2015) comprada en la librería del CaixaForum de Zaragoza. Tengo pendiente sustituir la lámina del estenopo por otra más fina. El estenopo me salió con un diámetro excesivo y la nitidez que ofrece es demasiado baja. Aunque no deja de ser curiosa de usar. Se vendía en piezas, y te la montas tú mismo. Admite carretes de 35 mm normales y corrientes, pero el avance es muy aproximativo. La otras es una Ondu 6x12 Multiformat (2016), que con un sistema de tabiques móviles permite usar sobre película en rollo tipo 120 los formatos de 6 x 6, 6 x 9 y 6 x 12. Está hecha artesanalmente de madera, las piezas se mantienen en su sitio con imanes de vanadio, y es muy bonita.

Llevo 11 fotografías con 24 cámaras presentadas hasta el momento. Normalmente la idea es que todas menos una cámara cupiesen en los 12 fotogramas que permite la Hasselblad en un respaldo tipo A12. Pero un error en el primer fotograma hizo que hasta aquí llegáramos. La siguiente fotografía está realizada con la Leica M-E, digital, calzada con el Elmar-C 90/4 para suplir esa carencia.

A pesar de que parecía que esta tecnología iba a desaparecer, la fotografía instantánea esta viviendo un simpático resurgir. Hay quien tira de los nuevos productos desarrollados por Fujifilm. Pero otros preferimos rescatar las viejas Polaroid y usar la (carísima) película instantánea de Impossible Project. Yo dispongo de una Polaroid Image System SE y una Polaroid Supercolor 635. Esta última es un modelo muy sencillito, que ofrece las típicas fotos cuadradas de Polaroid. La primera ofrece mucha mayor calidad y posibilidades, pero hay que usar el formato especial tipo Spectra, algo más alargado.

Y queda una cámara... la que ha hecho la mayor parte de estas fotos...

Y aquí tenemos la reina de las cámaras, una Hasselblad de la serie V, en concreto una Hasselblad 503CX (1989), con su clásico Carl Zeiss Planar 80/2,8, fotografiada con la Polaroid Image System SE. En realidad este modelo no salió tal y como se ve de fábrica, ni se vendió tal cual, ya que está montado a partir de distintas piezas. Las Hasselblad para película eran fundamentalemente un concepto modular. La 503CX el cubo central, pero el respaldo vino por otro lado, el objetivo por otro, y el visor que se ve... no es Hasselblad. Es Kiev, soviético. Pero funciona correctamente.

Y este es mi repaso a mi colección de cámaras para película tradicional en funcionamiento, aprovechando mis pruebas con la Bergger Pancro 400.

Adox Golf 63 en el Valle de Tena

El día de San Valero, fiesta local en Zaragoza, como es costumbre salimos a dar un paseo y tomar un aperitivo, antes de acudir yo a la comida familiar habitual en esta fecha. Ya comentaba hace unos días que, si sale buen día, es un día propicio para probar cosas nuevas fotográficamente hablando, y de ahí mi prueba de la Rolei Superpan 200.

El caso es que nuestro paseo nos llevó a la plaza de San Bruno, detrás de La Seo. La catedral de Zaragoza para quienes no conozcan la ciudad. Es redundante e inadecuado referirse a ella como "catedral de La Seo". Los zaragozanos la conocemos simplemente como La Seo, su nombre formal es La Seo de San Salvador, y puede ser correcto denominarla Catedral de San Salvador, pero nunca "catedral de La Seo". En Zaragoza, nadie la llama simplemente "la catedral". Es La Seo. Pero retomo el hilo. En esta plaza de San Bruno, los días de fiesta se forma un mercadillo de trastos viejos. Llamarlo "anticuarios" me parece excesivo, aunque alguno de los puestos puede merecer el nombre de "puesto de antigüedades". Y eventualmente se encuentran cámaras fotográficas. Alguna he comprado por allí.

Quizá por ser día de fiesta especial, a pesar de coincidir en domingo, hubo más comerciantes que en otras ocasiones y con más variedad de artículos. También de cámaras fotográficas. He de hacer una advertencia. No son comerciantes especializados, y nunca garantizan el funcionamiento de la cámara. De hecho, muchos las venden a quienes quieren utilizar cámaras antiguas para ornamento en sus comercios, café o negocios cara al público del tipo que sea. Te dejan echarle un vistazo, accionarlas, y a partir de ahí... tú te arriesgas. Como ya digo, ese domingo de San Valero había cámaras notables. Uno de ellos tenía una Leica III (c o f), con un Summitar 50/2, que no tenía mala pinta, aunque supongo que precisaba una limpieza, ajuste y lubricado. No tenía mal precio, aunque no se podía asegurar que el Summitar estuviese en buena condición interna. Si hubiera garantía de ello, sería un chollo.

Pero a mí, que estoy un poco mohíno desde que el obturador de mi Voigtländer Perkeo II se estropeó, me llamo la atención una cámara similar, ligeramente más grande, con prestaciones menores de obturador y objetivo, pero que podía ser una sustituta económica de la Perkeo II, porque sólo me costaba 30 euros. Una cámara de formato medio con fotográma de 6x6, por una fracción del precio que las plasticosas y deficientes Lomography tienen. El aspecto general se veía bien, aunque siempre te entra la duda de que, siendo una cámara de objetivo retráctil, el fuelle pueda tener alguna fuga de luz que provoque veladuras o luces parásitas en los fotogramas. La compré.

Esta es la cámara. Con estuche incluido y sin él. Ante la iglesia románica mozárabe de San Juan de Busa en el Serrablo, Alto Aragón.

La cámara no tiene mucho misterio. Un objetivo retráctil Adoxar 75 mm f/6,3. Apertura modesta que da nombre al modelo de la cámara, Adox Golf 63, fabricada en la Alemania Occidental en algún momento entre 1954 y 1957. El objetivo cierra hasta f/22. El obturador Pronto, de tipo central incorporado en el objetivo, tiene como velocidad máxima una modesta 1/200 s.  Está pensada para utilizarla con luz relativamente abundante, teniendo en cuentas las sensibilidades habituales en las películas para aficionados de su época. Con las sensibilidades altas que se encuentran hoy, se estiran un poco más sus posibilidades. Se enfoca por estimación, disponiendo de una escala de profundidad de campo, con dos marcas que señalan los puntos adecuados para el retrao y el paisaje, cuando cierras el diafragma a un punto intermedio entre f/8 y f/11.

Dispone de rosca para cable disparador, posición B y un temporizador de disparo, para quien quiera apuntarse al selfi. Rosca para trípode, por supuesto. Zapata para accesorios sin contactos para el flash, que habrá que conectar con el cable adecuado al zócalo correspondiente.

Pero veamos fotos. El día 30 de enero nos subimos tres amigos de excursión al valle de Tena y al Serrablo en el Alto Aragón. Por la mañana estaba nublado, pero no muy cerrado. Paramos en los embalses de Búbal y Lanuza a contemplar el paisaje y hacer unas fotos.

El rendimiento general de las fotografías obtenidas es bastante bueno, dadas las modestas características de la cámara. Al fin y al cabo, el objetivo no pasará de ser un triplete, sin las correcciones que aportan los diseños tipo Tessa, con cuatro lentes, por ejemplo. La cámara aprovecha bien la anchura de la película, y el cuadro de imagen está más cerca de los 56 x 56 mm que de los 54 x 54 de otros modelos.

Aunque alguna de estas imágenes me hizo sospechar que no todo iba a ser felicidad.

Cogimos de nuevo el coche y nos llegamos hasta el paso fronterizo de Portalé, donde estaba totalmente nublado y lloviendo. Estuvimos un poquito y nos bajamos a comer en las cercanías de Formigal, donde llovía intermitente. Seguí haciendo algunas fotos más.

Empezaba a confirmarse que en ocasiones se apreciaba una luz parásita, especialmente en el cuarto superior izquierdo de la imagen, probablemente debido a alguna fuga de luz en el fuelle. No siempre, y no siempre con la misma intensidad. Hasta ese momento, había dispuesto de luz muy suave por los nublados.

Al continuar el viaje paramos en Búbal de nuevo, donde las nubes se habrían, y en los contraluces, empecé a observar que las luces parásitas eran más frecuentes e intensas.

Tras abandonar el valle de Tena, siguiendo hacia Sabiñánigo, decidimos entrar a visitar alguna de las iglesias románicas mozárabes del Serrablo. En concreto, la más sencilla y aislada, que es mi favorita. San Juan de Busa.

Allí tomé varias fotografías. Algunas de las cuales quedaron bien, y otras sin embargo acusaron el problema de luces parásitas. Casi siempre asociado a luces intensas, especialmente a contraluz.

Como veis, esta última fotografía es un follón de luces de mucho cuidado. Es posible que la cámara, sin usar durante mucho tiempo, estuviera en un equilibro inestable, y al "obligarla" al zarandeo de la excursión y a exponer tres rollos, 36 exposiciones, en un día, haya ido haciendo agua, perdón "luces", progresivamente más abundantes. Aunque siempre asociadas a contraluces y a la presencia de algún foco de luz intenso en el encuadre en las peores situaciones.

Volvimo a seguir nuestro viaje de regreso hacia el sur, y paramos en las proximidades de Arto, a tres kilómetros del Hostal de Ipiés. Arto es el pueblo de nacimiento de mi abuela materna. No llegamos hasta el pueblo. Nos quedamos en un caserío en ruinas que hay 500 metros antes de llegar. El día se había vuelto a nublar.

Como veis, sin luces intensas presentes, las fotografías vuelven a tener un aspecto bastante respetable, dejan de aparecer las fugas. También puede ayudar el desplegar el objetivo en el momento de hacer la fotografía, y mantenerlo recogido el resto del tiempo.

El caso es que aun con los contratiempos mencionados, me parece que es una cámara más interesante que las Holgas, Dianas, y otros zarrios lomográficos, donde tambien pueden aparecer luces parásitas, y son al menos el doble de caros. En esta cámara tienes que realizar el esfuezo de estimar la distancia de enfoque, aunque es bien cierto que con diafragmas cerrados y enfocando por zonas, no es nada difícil conseguir la fotografía nítida. También tienes que aprender a medir la luz, seleccionando por tí mismo diafragma y velocidad de obturación. Dado que se usará fundamentalmente en exteriores, aplicar la regla de "soleado f/16" hace sencillo su uso. Yo tendí a sobrexponer y los negativos me han quedado densos, pero perfectamente explotables, y con mucha reserva de detalle en las luces y en las sombras. Utilicé película Kodak Tri-X 400 revelada en HC-110 en la dilución 1+47 (o 1:48), lo que da un tiempo de revelado de 6 minutos 30 segundos. Podría haber acortado el tiempo de revelado un poco, para obtener negativos menos densos, pero me hubieran quedado más planos de contraste, lo que con objetivos de este tipo no me convence. Así que me doy por contento con las elecciones tomadas.

Dista mucho de la perfección, pero por el precio que tiene, es utilizable como entretenimiento. E incluso como iniciación y aprendizaje de las bases del formato medio.