La fotografía como afición y otras artes visuales

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Recomendaciones semanales - del 20 al 27 de agosto de 2017

Últimas recomendaciones del mes de agosto de este 2017 en una semana en la que la red, por la enorme influencia que tiene Estado Unidos en los contenidos de la misma, ha estado preocupado más por las fotos del eclipse total de sol que ha habido en aquel país que por otras cosas. Bien es cierto que durante el mes de agosto el nivel de novedades o propuestas que han surgido en cuestión de fotografía ha sido más flojo cuantitativamente hablando. Pero bueno... cosas hay. Y además me ha salido una recopilación muy japonesa. Debe ser que como en estas semanas estoy leyendo ficción procedente de ese país, estoy más receptivo.

Las fotografías acompañantes no son nuevas. Son de este invierno pasado, realizadas con la Olympus Pen EE-3 sobre película negativa en blanco y negro Ilford FP4+ revelada en su momento con HC-110. El porqué del rescate ahora de estas imágenes es porque he estado probando un nuevo sistema de procesado de los archivos resultantes de la digitalización de estos negativos con una cámara digital y un objetivo macro. He buscado una combinación de pasos entre Adobe Photoshop Lightroom y Affinity Photo que me hicieran ser más eficiente e ir más rápido en el procesado de los mismos. Y creo que lo he conseguido.

En Cultura Fotográfica han dado un buen repaso a la vida y obra del fotógrafo norteamericano de la agencia Magnum Photos David Alan Harvey. Fotógrafo muy veterano que lleva más de medio siglo en la brechas, y sigue bastante fiel a la fotografía con película tradicional prefiriendo las emulsiones de sensibilidad media o baja, y las ópticas fijas tradicionales del reportero, el 35 y el 50 mm. Es un fotógrafo con una vocación fundamentalmente documental que tan magistral se muestra con el blanco y negro como con el color. A mí, su obra en color especialmente, me gusta bastante.

Otro repaso a la obra global de un fotógrafo viene de la mano de Oscar Colorado. Mejor dicho, de una fotógrafa, la alemana Rut Blees Luxemburg. Y se le nota que es una fotógrafa contemporánea y muy alemana, porque está dotada de esa capacidad de documentar sistemáticamente, de forma casi obstinada y persistente, el objeto de su trabajo que no es otro que el entorno urbano contemporáneo. Obra de carácter muy etnográfica, que sin embargo no me resulta tan fría como la de algunos de sus compatriota que recorren senderos similares, especialmente los discípulos de la escuela de Düsseldorf. Es una pena, pero su página web no parece funcionar muy allá. Por lo menos con los navegadores que uso yo en casa.

Seguimos con la serie On the Road de la agencia Magnum Photos, y en esta ocasión acompañaremos al francés Raymond Depardon, que también se sintió atraído como muchos fotógrafos europeos por la inmensidad del oeste y el sur de los Estados Unidos. Han pasado ya tres décadas y media desde sus periplos por los desiertos de California, Arizona o Nuevo Méjico, con su mezcla de fotografía documental y paisaje, con una mirada curiosa y a veces divertida, al mismo tiempo que asombrada por la inmensidad de los espacios naturales y humanos. A mí, Depardon, es un tipo que me cae bien. Y también empieza a hacerse mayor...

Cambiamos totalmente de tercio, y me resulta interesante el artículo en Creative Boom sobre las relaciones de los jóvenes en los clubs... bares/discotecas les llamaríamos nosotros, creo,... que ha ido buscando el fotógrafo Ewen Spencer. La adolescencia es una época de la vida que atrae con frecuencia a los fotógrafos. En esta ocasión, podemos observar en las ásperas fotografías de Spencer esa mezcla de autafirmación y vulnerabilidad simultáneas que se produce en esta edad, la osadía en las relaciones entre el romance y el puro hedonismo, que se mezcla con la inseguridad ante las mismas, cuando no con el fracaso a la hora de establecerlas. No veremos fotos bonitas, con su flash directo sobre los chicos y chicas que bailan, beben, conversan o se enrollan, pero sí que nos meteremos un poquito en sus vidas.

Ya he dicho que iba a haber mucho contenido procedente del País del Sol Naciente, y empiezo con una historia que engarza con la anterior. En la revista digital de Lomography, que cada vez mejora más sus contenidos yendo a historias más sustanciales que sus fotos espontáneas casí convertidas en un cliché, aparece un artículo abundantemente ilustrado con fotografías de la época del fenómeno de las sukeban. A finales de los años 60 y sobretodo en los 70, surgió en Japón un movimiento contracultural de chicas jóvenes se agrupaban en bandas y que rompían, o al menos lo intentaban, con los estereotipos y papeles preasignados a las jóvenes y a las mujeres en ese país. Aun hoy todavía se orienta a las chicas japonesas al matrimonio y a un papel secundario tras el varón, siendo la cultura dominante la de las chicas monas, kawai, que buscan atraer con su feminidad tópica al chico, que aparece más fuerte e inteligente. Estas jóvenes se opusieron a este hecho. Tengo la sensación que con poco éxito, y que su imagen se subvirtió posteriormente, especialmente hipersexualizándola a beneficio de los machos dominantes. Pero aun deben quedar restos de esta subcultura. El artículo remite a otro de hace más tiempo en Dazed Digital, con menos imágenes pero más profundidad en el texto.

En LensCulture tenemos un artículo del fotógrafo Kenji Chiga, fotógrafo japonés natural de Shiga, que lleva ocho años viviendo en la capital Tokio. Chiga reflexiona sobre el hecho de que a pesar de ser una ciudad extraordinariamente populosa, los círculos de relaciones son pequeños. Es difícil establecer relaciones, hay mucha soledad, y se puede considerar a la capital nipona como el hogar de nueve millones de extraños. El fotógrafo, en un momento dado, utilizó una aplicación de contactos del teléfono móvil para conocer a algunos de esos extraños, no con intenciones románticas, sino para saber quienes son algunos de esos extraños con los que se encuentra habitualmente. Sus fotos se encuentran a caballo entre lo documental y lo conceptual y hacen hincapié en el aislamiento de las personas o en los extraños objetos o situaciones que esconden historias que sólo podemos imaginar.

Otro fotógrafo nipón que me interesó esta semana es Toru Ukai. No recuerdo, no señale correctamente la dirección de la página, dónde encontré la referencia a este fotógrafo. Aunque mucho más irregular en su obra, quizá porque no selecciona con cuidado las fotografías limitando los porfolios a las más significativas, algo muy difícil de hacer, también es un fotógrafo que dirige su mirada a estructuras ocultas de la sociedad moderna. También dirige su mirada hacia la soledad y la separación entre las personas de las grandes ciudades. Pero quizá sean más interesantes sus miradas hacia las estructuras e inaparentes que hacen funcionar, bien o mal, estas ciudades, estas sociedades. Ya digo que me parece más irregular, pero tiene algunas fotografías que me resultan muy sugerentes.

Y termino con una última recomendación colectiva que nos viene también de LensCulture. En uno de sus artículos nos proponen repasar la obra de nada menos que doce fotógrafas japonesas contemporáneas, con una diversidad de estilos e influencias, que hacen plantearse la preguntar sobre si podemos hablar realmente de una mirada femenina, asociada o no a un origen común, o si cada individuo es una mirada propia, indiferente o no al género al que se asigne. En cualquier caso, no he tenido todavía ocasión de repasar a todas estas autoras individualmente. Intentaré hacerlo estos días, y quizá os traiga a estas páginas un comentario sobre las que me han parecido más interesantes.

Saladas de Sástago - paisaje con película negativa en color

La semana pasada os hablaba de fotografiar paisaje con la película Fujifilm Superia XTra-400 en el castillo de Loarre. Os recuerdo que esta es una película negativa en color pensada para el mercado de consumo o aficionado. Realmente, no tiene mucho sentido hablar de mercado de consumo, puesto que la película fotográfica ha dejado de ser un bien comúnmente consumido por la población, desplazado por las tecnologías de captura electrónica digital de la imagen. Por lo tanto, más bien habrá que hablar de una película para el aficionado a la fotografía con película tradicional, que busque una película negativa en color capaz, polivante, y no excesivamente cara. Ese es el segmento al que está dirigida esta película.

Una semana después de nuestro paseo por Loarre, también un sábado por la tarde de calor, una petición de un conocido nos llevó a la población de Sástago, a llevar un objeto con el coche. Una vez hecho el recado, propuse pasarnos por las Saladas de Sástago, que mis acompañantes no conocía. Situadas entre Sástago y Bujaraloz, en un paisaje estepario que podemos considerar ya como propio de Los Monegros, aunque oficialmente no estén todas ellas en los límites de esa comarca, son unas cuencas endorreicas en las que se forman unas lagunas y humedales, que por la alta evaporación del agua tienen una elevada concentración en sales. Esto las ha dotado en tiempo de valor económico en la zona, por la posibilidad de extraer la sal de sus aguas, ya no, y también de valor ecológico por el peculiar ecosistema que soportan.

Con el calor y la sequía del estío, las lagunas de las saladas de Sástago estaban sin agua, salvo alguna piscina artificial. Ante nosotros aparecían por lo tanto como unas amplias llanuras blanquecinas, en las que si entrabas tus pies podían hundirse inopinadamente debido a la humedad residual en el subsuelo.

Aquí y allá, encontrábamos el lecho de charcos cubierto por las sales cristalizadas durante el proceso de evaporación del agua.

Previendo la posibilidad de acercarnos hasta este paraje, cogí una bolsa con algunas cámaras fotográficas. Entre ellas la Polaroid Image System SE con un cartucho de película instantánea Impossible Project en blanco y negro. En estos días que vienen irán apareciendo en Instagram las fotografías del mismo. Con el tiempo las recopilaré todas ellas en estas páginas.

Pero también cogí un carrete de Fujifilm Superia XTra-400, aunque todavía no tenía los resultados de cómo habían quedado las fotografías de Loarre. En esta ocasión, cogí la veterana Canon EOS 650, con el EF 50/1,4 USM. Dejando del lado que se tratase una cámara de enfoque automático que apareció en el mercado 15 años después de la Pentax MX que me llevé a Loarre, la filosofía a la hora de realizar las fotografías es la misma. Paisaje sencillo, sin alaracas, con una focal normal, al estilo de Plossu, pero en color.

Os dejo por lo tanto en esta entrada el resultado de este planteamiento. La luz no estaba ideal, el cielo tenía una cierta cantidad de bruma, o más bien polvo en el ambiente. Había algo de viento, que más que limpiar la atmósfera lo que hacía era llenarla de polvo. El contraste estaba controlado porque la luz del sol empezaba a llegar ya desde una posición no demasiado elevada sobre el horizonte. Esto, y el polvo en suspensión, favorecían los tonos cálidos en la luz ambiental.

Había algunas nubes en altitudes medias, que no son ni las mejores ni las peores de cara a reflejar fotográficamente el paisaje de un lugar. Aunque salvo en un par o tres de tomas preferí ignorarlas.

En fin, espero que os haya parecido interesante la experiencia, y también la serie fotográfica del lugar.

Paisaje en infrarrojo con Rollei Retro 80S

En los últimos meses he dedicado un cierto tiempo y esfuerzo a mejorar mi técnica de fotografía en blanco y negro en el espectro del infrarrojo, practicando fundamentalmente el paisaje con película pancromática con sensibilidad extendida al infrarrojo cercano, la Rollei Superpan 200 Pro. Esta película me ha estado dando buenos resultados, siendo cómoda de utilizar y, en lo que creo que es todavía una experiencia limitada, con buena consistencia en los mismos de una toma a otra. Siendo su sensibilidad nominal de ISO 200/24º, con el filtro Hoya IR72 sobre el objetivo de 60 mm f/4 de la Fujifilm GS645S Wide 60, he obtenido sistemáticamente buenos resultados exponiendo con ayuda de una fotómetro externo a un IE 6. Es decir, la pérdida de sensibilidad atribuible al filtro es de 5 pasos. El grano de la película es moderado pero perceptible, y la nitidez general obtenida buena. Habiéndome quedado sin existencias y preparándome a pedir un nuevo stock de rollos de formato 120, comprobé la existencia de la Rollei Retro 80S, una película con una sensibilidad nominal de ISO 80/20º, que se anuncia como de grano fino o muy fino, y con un espectro de sensibilidad también pancromática extendida al infrarrojo cercano, hasta los 750 nm. Decidí encargar un par de rollos para probarla.

La cámara la misma. El primer rollo expuesto como película normal, en las últimas horas de la tarde un jueves de verano, con un filtro amarillo para mejorar el contraste, especialmente el tono del cielo, con un IE 50 en el fotómetro externo para compensar la pérdida de luz del filtro.

Para mantener la consistencia, utilicé el revelador que últimamente estoy utilizando de forma sistemática, el Rodinal o fórmulas equivalentes, en este caso a la dilución recomendada de 1+25, con tiempo de revelado de 8' a 20ºC. Quizá debiera haber utilizado una dilución más elevada para conseguir el efecto compensador de este revelador, 1+50 o 1+100, pero decidí tirar por la recomendada en la documentación a la accedí, que además me proporcionaba un tiempo de revelado muy razonable, no excesivamente prolongado.

Lo primero que he de decir es que el grano, con película de formato medio, resulta imperceptible. Uno de los más finos de los que tengo experiencia. Otra cuestión que he de decir es que el contraste es más marcado que con la Rollei Superpan 200 Pro, pero sin que en ningún momento me haya resultado difícil la digitalización de los negativos que con mi modesto Epson V600 se ha realizado sin mayor problema.

El único pero que le puedo encontrar a la experiencia es que encuentro que al usar esta película a su sensibilidad nominal de ISO 80 me da la impresión analizando los negativos y los resultados de que me he quedado un poquito corto de exposición. Empiezo a sospechar de que un IE 64 o 50, menos lo que se queda el filtro amarillo, hubieran permitido obtener algo más de detalle en las sombras.

No obstante, el resultado obtenido no me resulta desagradable. Imágenes que aparecen claras, bien definidas, con profundidad en las sombras y grises medios conservados. Ninguna de las altas luces ha estado en riesgo de empastarse en ningún momento. Me planteo usarla sin reservas habitualmente como película de grano fino, sustituyendo a otros productos más conocidos de Ilford, e incluso a mi favorita, la Fujifilm Neopan 100 Acros, notablamente más cara.

Dos días más tarde, en el mediodía de un sábado también veraniego, totalmente despejado, cálido pero no exceso gracias a un cierto viento que, sin ser excesivo, me preocupaba un poco porque iba a someter a la película a la prueba de exponerla a través del filtro Hoya IR72, lo que implica tiempos de exposición largos, de entre 1/4 y 1 segundo, y la pérdida de nitidez por el movimiento de las ramas y hojas de los árboles. Pero bueno... íbamos a ver que pasaba.

Decidí que iba a usar también el fotómetro externo con un IE 3, lo que suponía casi 5 pasos de exposición por debajo de la sensibilidad nominal, acorde con la experiencia que tenía con la Superpan 200.

Con un revelado exactamente igual que el anterior, de hecho los revelé en el mismo tanque y al mismo tiempo, lo primero que me llamó la atención es que mientras que el anterior rollo tenía las sombras muy transparentes, ya he comentado que los ISO 80 me parecen un poco optimistas, el rollo expuesto con el filtro para infrarrojos me quedó bastante más denso de lo que esperaba. Evidentemente, para las condiciones detalladas, hay un sobreexposición sistemática de al menos un paso. Dado que la técnica para medir la exposición, el revelado, la cámara y casi todos los parámetros son idénticos, lo único que se me ocurre es que la elevada sensibilidad de esta película a los rojos y al infrarrojo cercano haga recomendable compensar con un paso menos la pérdida de luz debida al filtro. He de decir que tanto con el filtro amarillo como con el infrarrojo, cuando no puedo ajustar la exposición recomendada por el fotómetro, me desvío entre 1/3 y 1/2 de paso en el sentido de la sobreexposición. Si me indica f/11 y 1/3 de segundo, ajustaré en la cámara 1/2 de segundo, que es el que me permite, y no 1/4, que me lleva a una cierta subexposición. Pero esto también lo hice con la Superpan 200, por lo que los sesgos son sistemáticos y en el mismo sentido por mi parte.

He de decir que me ha costado más procesar y ajustar los valores de exposición y contraste en el rollo de Rollei 80S con el filtro IR que con cualquiera de las otras situaciones, pero debido a condiciones ambientales. El paisaje al que me dirigí, las riberas del río Ebro a su paso por Zaragoza, no estaban en las condiciones que me son más familiares. Hacía mucho que no bajaba por allí y no era consciente que la sequía había afectado tanto a las condiciones del cauce y la vegetación. El cauce contiene mucha menos agua de lo habitual, con la que esperaba crear contraste en relación con las construcciones de los puentes y los tonos blancos de la vegetación por la reflexión del infrarrojo en la clorofila de las hojas. Por lo tanto, aparecen grandes masas de altas luces entre esta vegetación, las construcciones de los puentes, y la tierra y las piedras de los cauces secos. También, un cierto eutrofismo en el cauce, con masas de algas verdes en el agua, provocaban la aparición de grandes extensiones de tonos claros por las mismas en los cursos de agua. A la hora de digitalizar los negativos, como he dicho sobreexpuestos, me ha costado dejar con una textura adecuada las altas luces.

Por supuesto, por el viento, aparecen ramas movidas, pero no quedan mal necesariamente.

También he acusado con más intensidad que en otras ocasiones la diferencia entre los fotogramas expuestos con el sol a mis expaldas y aquellos realizados en moderado contraluz, con el sol casi delante de mí. Estos últimos no me han quedado bien, con menor contraste general, no debido en principio a pérdidas por estar el sol en el encuadre con las reflexiones internas que podrían producirse en ese caso. La mayor parte de estos fotogramas no me gusta como han quedado y sólo hay uno que aparece en esta serie, identificable por aparecer con el cielo menos oscuro.

En cualquier caso, necesitaría algo más de experiencia para familiarizarme con esta película. Lo cierto es que dado que la diferencia en sensibilidad nominal entre la Superpan 200 y la 80S es de sólo un paso y un tercio, y que esta última parece que no necesita tanta compensación al exponer con el filtro infrarrojo, la realidad es que los parámetros de exposición para ambas películas serían muy similares. En las horas del mediodía, ambas quedarían bien expuestas a f/11 y con tiempos de exposición entre 1/8 y 1/2 de segundo. Dado que la 80S tiene el grano mucho menos aparente, y además me serviría bien como película de uso general de sensibilidad media-baja, empiezo a pensar si tiene sentido para mi el uso de la Superpan 200, para la que en caso de uso general, no infrarrojo, tengo alternativas de fácil acceso que me gustan más. Pensaré en ello. Aunque de momento tengo varios carretes de Superpan 200 en la nevera.

Recomendaciones semanales - del 13 al 20 de agosto de 2017

A poco más de un día de que nos empecemos a hartar de ver fotos de un eclipse de sol, que nos van a inundar hasta más allá de lo que queremos imaginar, y un día después del denominado Día Internacional de la Fotografía que, sinceramente, ha pasado más bien desapercibido, vengo aquí con mis recomendaciones semanales, diversas y más abundantes de lo que yo pensaba, y marcadas de entrada por una visita que hemos hecho esta mañana mismo al Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) "Pablo Serrano". Un centro que parecía que iba a significar el embrión de un museo de arte moderno en Zaragoza, pero que la contracción económica y financiera han dejado en un quiero y no puedo enmarcado en un edificio que despierta sensaciones muy ambivalentes en cuanto a su diseño exterior. El interior es estupendo.

En cualquier caso, mi primera recomendación esta semana sería que todos aquellos aficionados al cine y a la fotografía que residen en Zaragoza y alrededores, o aquellos que nos visitan, se pasasen a ver la exposición de fotografías de Ramón Masats documentando los dos días de rodaje de la película Viridiana de Luis Buñuel, durante la visita que hizo al mismo acompañando a los hermanos Antonio y Carlos Saura. Dos días en los que se centró en fotografiar, más que el rodaje mismo de la película, las actitudes y acciones del director de Calanda, el propio Buñuel. Merece la pena.

No nos hemos limitado a esta exposición. Como hacía tiempo que no visitábamos el museo, hemos recorrido todas sus salas de exposiciones, incluida la exposición permanente que ha variado su organización. Hemos visitado la exposición de obras de la colección del museo titulada De las artes y las letras, en la que se exponen obras que relacionan las artes plásticas con la literatura y la palabra escrita en cualquiera de sus formas, y donde también hemos encontrado alguna fotografía de Man Ray o Pablo Genovés, que recuerde a bote pronto. Y también la exposición Contra Acción, dedicada al artista aragonés Javier Joven, que también incluye alguna obra basada en la fotografía.

Dejando ya a un lado esta visita al IAACC, el International Center of Photography decidía dedicar una entrada de su blog a la fotógrafa alemana Lotte Jacobi en el aniversario de su nacimiento. Nacida alemana en territorios de lo que actualmente es Polonia, su familia tenía un larga tradición en la fotografía, habiéndose dedicado a la misma desde casi su invención. Su especialidad fueron los retratos, aunque también hizo reportaje. Experimentó las técnicas fotográficas sin cámara. La persecución nazi hizo que se refugiase en EE.UU. donde se interesó por otras artes. Como muchos de los fotógrafos e intelectuales del periodo de entreguerras fue una artista inquieta, experimentadora e imaginativa, que merece la pena conocer.

Otra recomendación que llega desde el International Center of Photography, aunque la noticia me llega a través de Camerafilia, que ha dedicado unas cuantas entradas en su blog a Roman Vishniac. Judio ruso que tuvo que refugiarse en Alemania tras la revolución bolchevique por el ambiente de antisemitismo, fue un eterno refugiado en esa época de turbulencias en la historia de Europa y el mundo. Una importante parte de su trabajo fue documentar la vida de los refugiados judíos en Europa desde antes hasta después de la guerra. Lo cuál centra buena parte de la exposición que le dedica el ICP.

Por algún motivo, la Primavera de Praga de 1968 fue una revolución fallida tras el telón de acero que fue ampliamente documentada en fotografías mientras que la gente se ha olvidado un poco más de su antecesora 12 años antes, la revolución húngara de 1956 contra la presencia soviética en el país. Esta revolución fue mucho más dura y violenta, tanto en su desarrollo como en su represión, con muertos por ambos bandos. Y en Magnum Photos nos muestran cómo se desarrolló este hechos histórico gracias a las fotografías de Erich Lessing, uno de los primeros miembros de la agencia. Lessing, todavía vivo, fue otro judío, austriaco, que hubo de refugiarse del nazismo, aunque la actualidad reside en su Viena natal.

Y hablando de Viena, desde que hace casi dos años visité una exposición de Joel Meyerowitz en la capital austriaca, no he dejado de interesarme por la obra de este fotógrafo americano. Especialmente por la que comenzó ha realizar en los años 70 en color, que me parece muy inspiradora. En Creative Boom han dedicado un artículo a su serie Between the Dog and the Wolf, expresión popular tomada del francés (entre chien et loup) para referirse al crepúsculo. O lo que los modernos de la fotografía llaman constante y tontamente la hora azul. Pues eso, el crepúsculo, desde que se pone el sol hasta que llega la noche cerrada. Eso es el crepúsculo, y no una tonta novela de vampiros para adolescentes.

Fotografías crepusculares, aunque también de otras horas del día, hay en una de los trabajos fotográficos de la serie On The Road, que desde hace unas cuantas semanas nos viene ofreciendo Magnum Photos. Se trata del trabajo de Carolyn Drake dedicado a las áreas de descanso de las autopistas y carreteras principales (highways) norteamericanas. Auténtico retrato de la sociedad americana, de sus valores y de sus miserias, lugares por donde pasan las numerosas personas que atraviesan los estados americanos de norte a sur y de este a oeste.

En el blog de Absolution-V (y 2), siempre más preocupados por la estética de las obras fotográficas y cinematográficas que por el fondo, han dedicado un par de artículo al francés Jean-François Jonvelle. Jonvelle fue un fotógrafo francés, prematuramente malogrado cuando le llegó la muerte con 58 o 59 años, que se dedicó fundamentalmente a retratar a la mujer, siempre desde una perspectiva sensual o del desnudo, en un blanco y negro estéticamente muy cuidado. En los años noventa del año pasado era una presencia constante en la prensa especializada en fotografía del país vecino. Mujeres muy guapas y muy sensuales, pero sin artificios. Aunque a veces me pregunto si estos vecinos no lo sobrevaloraron un tanto.

Lo comenté recientemente. En lo que llevo de año me he dedicado de vez en cuando a la fotografía instantánea, tanto con antiguas cámaras Polaroid con película de The Impossible Project como cogiéndoles prestada la Fujifilm Instax Mini 8 de mi sobrino Diego. Creo que este es un medio de expresión fotográfica interesante. Yo estoy particularmente encantado con las películas en blanco y negro. Y estoy dedicando en exclusiva mi cuenta en Instagram a este tipo de fotografía. Pero para que comprobéis que no soy el único que piensa que es un medio fotográfico interesante y no un medio menor, no hay más que ver la lista de fotógrafos prestigiosos que usaron las polaroids como medio para componer su obra. En Photolari lo contaron en enero, pero nos lo han recordado en su twitter: Ansel Adams, Walker Evans, David Hockney (no es fotógrafo estrictamente hablando), Christopher Makos, Andy Warhol (no es fotógrafo estrictamente hablando), Helmut Newton, Miles Aldridge, Andréi Trakovsky (director de cine antes que fotógrafo), Philip-Lorca diCorcia y Robert Mapplethorpe. Y hay más, seguro.

Castillo de Loarre - paisaje con película negativa en color

Hace unas poquitas semanas, en mis recomendaciones semanales del domingo, mostraba algunas fotografías instantáneas realizadas con la Polaroid Imagen System SE y película Impossible Project en blanco y negro en el castillo de Loarre. Fue una visita improvisada al lugar, a la caída de la tarde, con unos amigos que venían de fuera de España. Me llevé algunas cámaras, claro. La ya mencionada Polaroid, un cámara digital, que no pude usar porque olvidé la tarjeta, y la veterana pero fiable Pentax MX. Que sí llevaba película.

Hace unos años, en mayo de 2009, en una época en la que trabajaba en Huesca, después de una comida con los compañeros de trabajo, me acerqué al Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), un lugar que podría ser muy interesante como dinamizador de la cultura y el arte contemporáneo en la comunidad, pero que no sé si le sacan todo el partido que podrían en la capital altoaragonesa, entre otras cosas por su situación excesivamente apartada del casco urbano. Allí había una exposición de uno de mis fotógrafos favoritos, Bernard Plossu, en el que se mostraban sus fotografías realizadas en la provincia de Huesca, especialmente en los somontanos y las sierras prepirenaicas de la misma. Fotografías realizadas en blanco y negro, como es costumbre en él con su Nikkormat y su 50 mm como cámara básica. Me resultó inspirador. Fotografías sencillas, carentes de artificio, poco espectaculares, pero muy auténticas a la hora de recoger el ambiente físico, humano, cultural e histórico de estos paisajes, que a algunos nos resultan muy familiares por haberlos visitado con frecuencia.

El castillo de Loarre, uno de los monumentos más emblemáticos del antiguo reino de Aragón, ejemplar magnífico de arquitectura militar románica, tenía su presencia en aquella exposición, como no podía ser de otra forma.

El caso es que aquella exposición me resultó inspiradora. Aquellas fotografías me transmitían más que las fotografías de paisajes que vemos con frecuencia hoy en día, realizados con cámaras digitales más o menos avanzadas, que suelen resultar en colores sobresaturados, y correcciones y ajustes de la luminosidad y el contraste que se perciben en no pocas ocasiones artificiales. Imposibles. El uso de película tradicional nos puede devolver con facilidad las sensaciones de autenticidad del paisaje. Incluso si sabemos que el propio material sensible tradicional basado en los haluros de plata tiene sus propias limitaciones y que la presunta fidelidad de tonos y colores con los que antaño se promocionaban los fabricantes tampoco son tales. Pero a pesar de todo, son capaces de trasmitirnos esa autenticidad que con frecuencia se pierde en ciertos estilos de trabajar el paisaje en fotografía digital.

Soy consciente de que, influenciado por aquella exposición, en una mayoría de situaciones he utilizado película negativa en blanco y negro para estos paisajes familiares. Pero, ¿por qué no intentar de recuperar el espíritu que transmiten esas fotografías utilizando película negativa en color? En algún caso he utilizado las películas de Kodak con este fin. Las de la familia Portra, que proporcionan unos colores más sutiles y un contraste muuuuuuy controlado, o la Ektar 100, con más pegada, con contraste más acusado y colores más saturados. Pero sin pasarse.

Recientemente, sin embargo, he empezado a utilizar con más frecuencia las películas de la gama de aficionados de Fufifilm, especialmente cuando uso cámaras para la tradicional película de 35 mm de doble perforación. Y una película que he utilizado en los últimos tiempos con éxito para algún reportaje e incluso algún retrato es la Fujifilm Superia X-Tra 400.

Así que los dos carretes que me quedaban de un lote de cuatro que adquirí hace unos meses, decidí que los utilizaría para fotografiar paisajes en cuanto se me presentase la ocasión. Y esta fue la primera. La segunda no tardó mucho en llegar y os la contaré próximamente.

Así que la Pentax MX llevaba cargado un carrete de Superia X-Tra 400. Y tras una tarde de sol de justicia y luz dura, justo cuando nos acercábamos al castillo llegando desde Ayerbe, unas nubes comenzaron a matizar la luz de cara a la caída de la tarde, adelantando casi una hora las buenas condiciones que se suelen asociar a la llamada "hora dorada" por el tono cálido de la luz del atardecer antes de la puesta de sol.

He de reconocer que la X-Tra 400 se portó muy bien. En primer lugar, conservando el tono cálido de los tonos de ese atardecer. Alguna vez he leído que las películas Fujifilm en color son más frías que otras marcas, especialmente que Kodak. Y así me había parecido en tiempos con las película diapositivas. Aunque más tuve la sensación siempre que las Ektachrome eran excesivamente "amarillas" y que las Fujichrome, especialmente las Sensia, Provia y Astia, eran más neutras en su rendimiento. No tengo quejas de cómo reproduce el color esta película en distintas situaciones.

Hay una cosa que he decir al respecto. En muchos casos, trabajando con digital, existe la tendencia de compensar en exceso las dominantes de color que la luz presenta. Si estas en interiores, y eliminas por completo la dominante rojiza debida a la iluminación artificial, puedes acabar teniendo unos interiores de aspecto frío y sin alma. O puedes acabar teniendo unos amaneceres o unos atardeceres excesivamente fríos, demasiado corregidos. Últimamente he leído varias recomendaciones que sugieren disparar en digital usando archivos RAW con el equilibrio de blancos en modo luz de día. Y luego, a partir de ahí corregir en el procesado de los archivos, no buscando una corrección total sino un rendimiento del color agradable y ajustado a las sensaciones que nos despierten los lugares que fotografiamos.

Lo cierto es que la película negativa en color equilibrada para luz de día, siempre y cuando las dominantes de color no sean extremas, te pueden llevar de forma natural a esa situación con poco esfuerzo. Aunque siempre será necesario un operador con buen ojo para el color, bien sea al digitalizar los negativos o al copiarlos y ampliarlos por mecanismos tradicionales.

Está también la cuestión de la latitud de exposición y la dinámica de la película, muy elevada en las emulsiones modernas, que en el caso de la película negativa en color toleran muy bien la sobreexposición, conservando en ese caso el detalle tanto en las sombras como en las luces. En las fotografías de esta serie, con frecuencia el motivo principal se encontraba a contraluz. El visitante estaciona el coche al norte del castillo y se acerca a sus murallas y puerta principal caminando desde el este, por lo que al atardecer, el sol se encuentra justamente en el lado opuesto de la mole del complejo arquitectónico militar medieval. Ge podido comprobar que últimamente está muy denostada la medición de la luz global ponderada con predominio central. Los "sabios" de hoy en día dicen que, a) hay que confiar en los sistemas de medición matricial de las cámaras modernas o, b) que para ser finos, hay que medir con una medición puntual. Bueno... con las cámaras sin espejo, hace tiempo que medimos usando el histograma. Con las réflex, usando el visor tradicional, personalmente obtengo mayor porcentaje de aciertos con una la medición ponderada al centro siempre que el fotómetro esté bien calibrado. O si tiene algún sesgo, que sea constante y conocido. Mi Pentax MX tiene el fotómetro bien calibrado. Mi Canon EOS 5D Mark II está sesgado produciendo subexposición. Por poner un ejemplo. En cualquier caso, en este caso, la medición se hizo lo más precisa posible, pero siempre midiendo para las sombras, para garantizar que estas conservaban bien sus características de color y detalle. Y las luces que caigan como puedan. Ya se sabe lo que decían los maestros del pasado, "expón para las sombras y revela para las luces".

De esta forma, incluso los contraluces más exagerado han conseguido buenos tonos y buen detalle con esta Superia X-Tra 400, que definitivamente se está convirtiendo en una de mis películas favoritas. De hecho, en estos momentos lo que lamento es que, estando clasificada como película para el consumidor aficionado, no se fabrica en rollos de formato medio, por lo que me obliga a restringir su uso en cámaras de formato pequeño, de 35 mm. Una pena. Porque algo que hay que decir es que hay diferencias de precio notables, si se sabe dónde buscar. En algunos casos, la diferencia de precio entre la Portra 400 y la Superia X-Tra 400 puede llevar a que la primera cueste el doble de precio o más que la segunda. La diferencia de calidades no es tan grande, a la vista de los resultados.

He quedado contento con los resultados obtenidos con esta película. En estos días, desde que recibí los negativos digitalizados, he impreso alguna copia a un tamaño de DIN A3 con buenos resultados. Es en la copia en papel más que en la pantalla del ordenador, donde hay que juzgar la bondad de la copia final de la fotografía tal y como la previsualizamos antes de disparador de la cámara. Ya tengo encargados unos cuantos carretes más para tener una temporada. Es fácil encontrarla en el comercio... en el poco que queda que venden película fotográfica. Pero aun así, puede resultar más barata comprarla por internet a poco que consigas deshacerte de los gastos de envío de una forma u otra.

En fin, espero que os hayan gustado las fotos. Nos despediremos del castillo de Loarre, de las sierras del Prepirineo aragonés y de la comarca de la Hoya de Huesca, no sin antes parar a recoger los minutos próximos al ocaso entre los cerezos de Bolea.