La fotografía como afición y otras artes visuales

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Cinestill 800T 120 - Una película "de cine" para las cámaras de medio formato

En febrero del año pasado, febrero de 2016, decidí respaldar la campaña de financiación colectiva en Indiegogo de CineStill para traer al mercado una película fotográfica en rollos de formato medio, formato 120, con características similares a las de la CineStill 800Tungsten que ya se puede conseguir desde hace unos años en formato 135, y de la que ya os hablé en su momento.

Con la opción de ayuda a la financiación por la que opté, a cambio de la misma recibiría siete rollos de película en formato 120, un estuche para cinco rollos de película de Japan Camera Hunter, que siempre vienen bien, y varios simpáticos adhesivos con diferentes cámaras clásicas. Si la campaña terminó en marzo de 2016, estaba previsto que los lotes llegasen en julio de ese mismo año. Pero ha habido inconvenientes e imprevistos en el proceso de fabricación, ahora hablaremos dos palabras de él, y hasta febrero de 2017 no me llegó el mío a casa.

Al igual que hice con el carrete de 35 mm, aprovechando la jornada de puertas abiertas del Museo Pablo Gargallo en la fiesta local de Zaragoza de la Cincomarzada, cogí algunos rollos de la nueva película, usé dos de ellos, y me fui allí para probarla.

Este museo es ideal para probar este tipo de película. Además de ser tranquilo, y más si vas pronto un domingo por la mañana, la iluminación del mismo es mixta de luz artificial de tungsteno o similar en temperatura de color y la luz del día que se cuela por el patio del palacio renacentista en el que se encuentra isntalado el museo. Os recuerdo que esta película está calibrada para luz de tungsteno, dando unos matices muy fríos usada a la luz natural del día, que es una mezcla de la luz blanca del sol y la azulada procedente de la bóveda celeste cuando no hay nubes cubriéndola.

Por lo demás, los "modelos", las esculturas de Pablo Gargallo, tienen una paciencia infinita a la hora de posar, no se mueven, y con una técnica mínimamente cuidadosa dan lugar a composiciones fotográficas agradables.

Como ya os conté en su momento, la Cinestill 800T de 35 mm procede de las bovinas de película cinematográfica, en concreto de la Kodak Vision3 500T, a las que la gente de Cinestill elimina la capa antihalo que lleva este tipo de película con el fin de hacerla con el proceso C-41, habitual para el negativo color fotográfico. Si no se elimina esta capa, el material de la misma contamina las químicas y los resultados son malos.

Por lo que nos cuentan, los primeros ensayos de Cinestill procedían de bovinas de película similar pero de 65 mm de ancho. Esta tiene algunas diferencias con la película del formato 120. En primer lugar, es 5 mm más ancha, 65 mm frente a los 60 mm del formato 120, y en segundo lugar, lleva sendas hileras de peforaciones para el avance de la película en sus dos bordes, mientras que la película de formato 120 carece de ellas. Por lo tanto, al contrario que los carretes de 35 mm, los rollos de 120 son un encargo especial en el formato adecuado para las cámaras de formato medio. Supongo que sin la capa antihalo, para luego no tener que eliminarla.

Las condiciones de utilización en el museo son razonablemente cómodas, pero sin muchos márgenes para la alegría. Utilizando la Hasselblad 503CX con el Carl Zeiss Planar 80/2,8 CF T*, la exposición requerida para la mayor parte de las tomas realizadas en las galerías en torno al patio central del palacio renacentista, para un índice de exposición de 800, igual a la sensibilidad nominal de 800 ISO anunciada por el fabricante, es de f/4 y 1/60 segundos. En las salas adyacentes o en los rincones más oscuros de estas galerías, donde sólo domina la luz artificial y no apoya la luz natural que entra por el patio, hay que usar f/2,8 y 1/60 segundos. Es arriesgado utilizar velocidades de obturación más bajas, por riesgo de trepidación, y cuando se usa un diafragma de f/2,8 el enfoque tiene que ser muy cuidadoso, porque no andamos sobrados de profundidad de campo. Especialmente con las esculturas más chiquitas en las que hay que acercarse más.

Había otro miedo. Algunos comentarios en los grupos de usuarios de la película hablaban de una sensibilidad más cercana a los 500 ISO que a los 800 ISO anunciados.

Lo cierto es que no me parece que la película vaya corta de sensibilidad, y parece que ofrecen los 800 ISO que promete. El revelado, como la mayor parte de los que he realizado en los últimos tiempos, lo encomendé a Carmencita Film Lab, que me han hecho un excelente trabajo. Aun manteniendo un cierto tono cálido en las fotografías digitalizadas que no les sienta nada mal. Teóricamente, al ser una película calibrada para tungsteno, los matices tendrían que ser más fríos. O bien, la temperatura de color de las fuentes de luz artificial del museo son excesivamente rojizas y no las absorbe del todo. Dado que las fotografías en las que se mezclan la luz artificial con la natural no presentan tonos fríos, creo que han optado por mantener unos tonos cálidos contra los que no voy a protestar porque me agradan mucho. Ya lo hicieron así con el carrete de 35 mm del mismo tipo de película.

En algún lugar, la gente de CineStill publicita la posibilidad de exponer con índices de exposición entre 200 (+ 2 pasos de sobrexposición) y 1600 (- 1 paso de subexposición), sin modificar los tiempos de revelado previstos en el proceso estándar. Hay un par de tomas, en la sala dón encontramos el busto de Kiki de Montparnasse, donde hay una clara subexposición de 1 paso. La calidad de la imagen se resiente un poco, pero es utilizable. El grano, muy contenido en las copias finales dado el gran tamaño del negativo de 55 x 55,5 mm, se hace más aparente en estas fotografías subexpuestas.

La película viene empaquetada en su envoltura opaca a la luz, muy bien protegida, aunque absolutamente escueta en indicaciones. Totalmente blanca. Si no anotas con un rotulador el tipo de película que es, más vale que no tengas ninguna otra empaquetada de modo similar, porque no sabrás a qué película corresponde. El papel protector del rollo de película es sólido y perfectamente opaco, sin ningún problema.

Pero sí que me he encontrado con una desagradable sorpresa. Evidentemente, el rollo de película es más corto que los habituales de Kodak o Ilford, y de los doce negativos previstos en el respaldo A12 de la Hasselblad, el duodécimo aparece cortado. En los dos rollos que he usado. En eso, la gente de CineStill se ha mostrado un poco tacaña. Lo puse en conocimiento de ellos a través del grupo de Facebook montado para publicar pruebas y comentar los resultados, y recibí unos comentarios interesándose por el tema de los hermanos Wright. Los creadores de CineStill no los inventores del avión, que hace tiempo que andan criando malvas. Pushing daisies según los angloparlantes.

Esta roñosería en la longitud del carrete es tanto más llamativa en la medida en que la versión comercial de la película, que ya se ha anunciado y se puede encargar, no parece que vaya a ser especialmente barata. Es el problema de los productos de bajo consumo, que los lotes limitados son más caros que la fabricación masiva continuada. Se anuncia un precio de unos 12 dólares en Estados Unidos, más los gastos de envío. Pero en Europa, en algún comercio en internet se propone a más de 14 euros. Creo que me voy a proponer repetir la experiencia con Kodak Portra 400, con un filtro de corrección del color para luz de tungsteno, y forzando la película a 1600 ISO para comparar los resultados. Por precio igual merece la pena. Otra opción es tirar de Portra 800, pero tampoco es una película barata, también sale por 10 u 11 euros. Y está calibrada para luz de día, por lo que al filtrar en azul para luz de tungsteno pierde luz y sensibilidad.

Otra posibilidad es no utilizar filtros, y corregir la dominante de color en el procesado digital de la película. Cosa que no sé si me gusta mucho la idea, salvo correcciones moderadas.

La película me gusta. Me siento cómodo con ella. Los tonos obtenidos me agradan y para tener los 800 ISO prometidos, el grano no es ni intrusivo ni desagradable. Me quedan rollos todavía para probarla en otras circunstancias. Tengo uno expuesto ya, pendiente de mandarlo a revelar, en tomas callejeras al atardecer por Zaragoza, donde se mezclan las fuentes de luz, natural y artificial. Quiero hacer alguno más en estas condiciones. Y bodegones en casa iluminados con luz artificial, quizá sobrexponiendo un paso para conseguir un grano más fino.

Tampoco me importaría hacer algún rollo en luz de día, con y sin filtro corrector. Para comprobar diversos rendimientos. Hay quien ha expuesto la película con luz de día, sin filtro corrector a unos índices de exposición de 400-500 y ha obtenido buenos resultados corrigiendo el color en el procesado. Pero para estos viajes no hacen falta estas alforjas. Con una Kodak Portra 400 consigues lo mismo a mejor precio y con una excelente calida. En fin... ya os iré contando. De momento, espero que disfrutéis de las fotografías que os dejo hoy en esta entrada.

Una tarde en los sotos de Utebo con la Leica ME

Utebo es un pueblo de la provincia de Zaragoza (España) a unos 13 kilómetros por carretera del centro de la capital de la provincia, algo menos en línea recta, cuyo término municipal está casi rodeado por completo por el enorme término municipal de la capital, y que con el desarrollo urbanístico de las últimas décadas poco a poco se ha convertido en una pequeña ciudad dormitorio que poco a poco se acerca a los 20.000 habitantes. No obstante, aun conserva lugares característicos de su origen rural con más personalidad, como la estupenda torre octogonal de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señor de estilo mudéjar aragonés, aunque en contra de lo que yo pensaba no está incluida en el catálogo de monumentos que constituyen la Arquitectura mudéjar en Aragón como Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Pero es el estilo. Quizá demasiado moderna como para estar incluida en dicho catálogo.

Pero no vamos a hablar de la población sino de su patrimonio natural. Y es que en las proximidades se conserva alguno de los escasos sotos naturales, bosques de ribera, que antaño flanqueaban de forma mucho más abundante las orillas del río Ebro. Y allí nos fuimos guiados por un residente de la población unos cuantos aficionados a la fotografía a pasar la tarde del pasado domingo.

Fui poco previsor. Y me encontré con la mayor parte de las cámaras de objetivos intercambiables con las baterías agotadas o a punto de ello. La única que tenía reservas energéticas suficientes para pasar la tarde con garantía era la Leica ME. Sin embargo, esta cámara que ofrece una elevada nitidez, especialmente con los objetivos Leitz que le son propios, no es nada apropiada para naturaleza por estar poco adaptada a la utilización de teleobjetivos, y especialmente cuando hay que enfocar de cerca. El sistema de telémetro no permite distancias de enfoque muy cortas. Paisajes con grandes angulares sin problema, pero macro o fotografía de aproximación... chungo, chungo.

Aun así me llevé tres objetivos: el habitual de la cámara, un Summicron 35/2 Asph, un teleobjtivo ya veterano, el Elmar-C 90/4 pensado para la Leica CL, y un gran angular más amplio, un Voigtländer Color-Skopar 25/4, que aunque está un escalón por debajo en calidad de los Leitz, ofrece unos resultados más que dignos con la Leica digitales, si tienes un poco de cuidado al usarlo.

Primero recorrimos un poco el interior del soto.

Como veis, ahí usé fundamentalmente el Elmar-C 90/4. No dispongo todavía de las fotos, pero me llevé también la Fujifilm GS645S Wide Professional, por lo que las fotografías con un angular moderado las hice con película tradicional.

Después, nos desplazamos por un camino rural hacía otro punto a orillas del Ebro. Algunos campos de cultivo y algunos árboles frutales fueron los objetos fotográficos de preferencia en este trayecto, usando tanto el 90/4 como el Summicron 35/2 Asph.

De este modo llegamos al mirador sobre el Ebro, donde tomé ya plena conciencia que este soto y este mirador son lugares que yo visitaba con frecuencia en mi adolescencia, cuando venía con mis padrinos y sus amigos a pescar. Yo pensaba que aquellos sotos habían desaparecido, pero no. Son estos. Y me alegré de reencontrarme con ellos, y con la idea de volver a menudo con un equipo más adecuado para la fotografía de naturaleza.

En cualquier caso, para el atardecer y la puesta de sol opté por el Color-Skopar 25/4, con un ángulo de visión mucho más amplio, y que sólo baja de nivel cuando el sol entra de lleno en el objetivo, momento en el que las imágenes sufren una notable pérdida de contraste. Por lo demás, sin problemas.

Aunque la tarde estuvo muy luminosa, la calidad de la luz sin ser mala no fue la mejor para paisajes espectaculares, con un sol muy intenso hasta el momento de su ocultación, y con una casi total ausencia de nubes en el cielo. Vamos, que no serán paisajes que pasarán a la historia de la fotografía.

Pero sí que fue una tarde muy agradable, con una buena compañía, que se cerró tomando unas cervezas en el pueblo ya al anochecer. Para repetir en más ocasiones.

Recomendaciones semanales - del 11 al 19 de marzo de 2017

Aunque formalmente no estamos en primavera todavía, no hemos llegado al equinoccio astronómico que será mañana día 20 de marzo a las 10 horas y 29 minutos de la mañana, el tiempo ya es primaveral en Zaragoza. Por ello, cuando este sábado por la mañana decidí dar un paseo relajante que me llevó por el Parque de Grande de Zaragoza, opté por coger un equipo para macrofotografía. Para empezar a acercarme fotográficamente a las pequeñas plantas y flores que aparecen ya en estas fechas.

Además del habitual Pentax SMC-A Macro 100/4 que suelo llevar con la Pentax X-S1, y que me ha dado ya varias satisfacciones, llevé otro objeto y objetivo. Hace unos días hice reordenación de equipos fotográficos, especialmente del más antiguo y del dedicado a la película tradicional, como ya os mostré. Y me apareció por ahí un anillo inversor para montura Pentax K. Esto es, un anillo que por una cara tiene la montura de bayoneta de Pentax y por el otro una rosca de filtro, en este caso de 49 mm. Esto sirve para montar un objetivo del diámetro de filtro adecuado de forma invertida, y de ese modo alcanzar notables ratios de aumento en fotografía macro. Para usarlo me llevé el Pentax SMC-A 35/2,8. No tenía muy claro cómo me saldrían las fotografías con este último montaje, y además la cámara me hacía cosas raras a la hora de medir la luz. Pero creo que al final me hice con ella. Os iré poniendo fotos mientras os hablo de las recomendaciones de hoy.

Porque os hagáis una idea de la ampliación, el sensor APS-C de las Pentax digitales tiene unas dimensiones de 23,5 x 15,7 mm. Pues bien, en eso 23,5 mm podemos encajar un objeto de unos 19 mm. Es decir, la escala de reproducción es aproximadamente de x 1,24. Con el 100/4 macro y la lente de aproximación de Cosina que uso con el mismo llego a x 1. Eso sí, el 35 mm con el anillo inversor tiene una distancia mínima de enfoque minúscula. Estás a unos cuantos centímetros del objeto. Mucho más favorable la del 100/4.

Vamos ya con las recomendaciones. En Iconic Photos nos han mostrado algunas de las fotografías de la llamada masacre de Pančevo en la antigua Yugoslavia, tomadas por Gerhard Gronefeld (traducción en Google Translate de la página de la Wikipedia en alemán sobre el fotógrafo), que tomaba fotografías para un periódico del ejército alemán, y que ocultó durante más de 20 años. Los alemanes siempre han defendido que los criminales fueron los nazis y no todo el pueblo alemán. Y que el ejército alemán, la Wehrmacht, no cometía crímenes de guerra, que eso era cosa de las SS. Pero estas fotografías mostraron al mundo que eso no fue así. Aun hoy en día, estas fotografías levantan ampollas entre los veteranos del ejército alemán, sus familias, y los actuales militares alemanes. Pero ahí está el documento. 18 hombres, civiles, fusilados, y otros 17 hombres y una mujer ahorcados. Fue una represalia contra la población civil por la muerte el día anterior de un soldado alemán en combate contra los partisanos.

Más amable es la noticia de L'Oeil de la Photographie que nos permite conocer la colección de Marcel Thomas. Este fue un fotógrafo aficionado, cuyo principal interés era ir a la caza de famosos. Y se hizo con una notable colección de retratos de gentes del mundo del cine sobre todo, que luego ampliaba en las modestas copias de 6 x 9 cm en blanco y negro. Las delicias de los fotógrafos aficionados y a veces desconocidos.

Hace ya unos años compré un libro del holandes Ed van der Elsken, Love on the Left Bank, sobre la bohemia de la orilla izquierda del Sena a su paso por París. Pero lo tenía relativamente olvidado. Hace unos días, en Lomography Magazine publicaron un artículo que recordaba su obra, y quedé especialmente prendado de la fotografía de la muchacha en el metro de Tokio. Ya la conocía, pero últimamente no se me va de la cabeza.

Organizada la actividad por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ) de la que soy formalmente socio desde hace un mes, aunque mantenía relación con algunos de sus integrantes desde hacía un tiempo, asistimos unos cuantos a la exposición en la galería Spectrum Sotos del fotógrafo Eduard Olivella, bajo el título Imatges Cosides (Imágenes cosidas). Grandes transparencias realizadas con imágenes apareadas, los retales de los carretes de diapositivas que quedan en los extremos cuando se revelan, y que se montan para que el espectador imagine una historia a partir de las mismas. Guiada y comentada por Julio Álvarez, dueño de la galería. Un placer.

Hace unos días os hablaba del documental Refugee que había podido ver unos días antes en Netflix. Uno de los fotógrafos participantes en la iniciativa es el senegalés Omar Victor Diop. Pues bien, casualmente esta semana hemos tenido oportunidad de ver en L'Oeil de la Photographie algunas de sus fotografía de su Project Diaspora. En ella critica los tópicos con los que se ve en occidente a las personas originarias de África, a través de unos retratos coloridos, vestidos con indumentarias imposibles.

A principios de enero, comentando una serie de libros, mencionaba de pasada que un tiempo atrás adquirí un pequeño librito de una editorial independiente y muy modesta. Se trataba de Føroyar del belga Kevin Faingnaert, un fotógrafo que ha aparecido ya varias veces por estas páginas sin ser muy conocido. Pues bien, este trabajo en el que Faingnaert nos mostraba el paisaje y las condiciones de vida en las remotas islas Faroe ha merecido el premio de fotografía Zeiss 2017. Lo cual me parece muy bien, porque la verdad es que me parece un trabajo que me gusta mucho. Con una forma de entender el paisaje, el retrato y el reportaje documental que se aleja de las modas actuales que se difunden por internet, pero con virtudes estéticas y éticas notables.

En un tono de fotografía también contemporánea, me han interesado los retratos de Alexandra Polina en nos han mostrado en Creative Boom, y que también intentan luchar contras los prejuicios existentes en una sociedad occidental como la de Alemania sobre la imagen y las forma de ser de las minorías, de las personas que se han instalado en el país procedente de otras culturas. Retratos conceptuales, muy dignos, en un elegante formato cuadrado.

También muy curiosas e interesantes las fotografías de la taiwanesa Cielo Yu (es su página en Flickr, donde también hay mucho relleno sin interés, como en su Instagram; también podéis seguirla en Facebook). Nos las han mostrado en Artnau, y son retratos nada convencionales en lugares por otro lado sumamente convencionales. Modelos siempre o casi siempre femeninos, siempre parcialmente ocultos.

No me acordé, o no me dio tiempo, ya no me acuerdo, de comentar la semana pasada el número 96 de marzo de 2017 de Fraction Magazine. Pues vamos hoy, destacando tres de los cuatro porfolios habituales.

El trabajo Hamara Ghar (Our Home) del nortemericano de origen indio musulman Saleem Ahmed, reflexionando sobre el concepto de hogar, el desarraigo y la aculturación.

Con un estilo distinto, pero con reflexiones no muy distantes está el trabajo A Form of View de Yoav Friedlander, que se define como israelí americanizado.

Y por último el trabajo An Aesthetic del japonés Junya Suzuki, que reflexiona sobre el sentido estético conocido como wabi-sabi, en el que se prefiere en general las cosas mundanas e imperfectas frente a lo espectacular, el silencio frente a la elocuencia y el gritería, y la quietud frente al movimiento. Él lo considera como un sentido estético más profundo que el entorno eternamente cambiante en el que vivimos.

Terminaré con algo que no es fotografía,... aunque maneja un concepto relacionado. No recuerdo la fuente, pero llegué hace unos días a un cortometraje de animación en Vimeo que se titula Astigmatismo. El astigmatismo es una de las aberraciones ópticas primarias, monocromática, que afecta a los sistemas ópticos, entre ellos nuestro ojo y los objetivos de nuestras cámaras fotográficas. Supone una pérdida de la nitidez en el objeto enfocado, por una deformación de los puntos que se enfocan, que se reproducen como pequeños segmentos lineales. En este corto de animación juegan con la idea de un niño con astigmatismo que pierde sus gafas y tiene que explorar un mundo borroso que se le hace desconocido y poblado de caracteres extraños. Os lo dejo puesto.

Refugee - Documental sobre cinco fotógrafos trabajando con refugiados

El problema de los refugiados, personas desplazadas de sus hogares por motivos bélicos o políticos, también por causa de la pobreza o el hambre, ha sido una de las costantes de la historia del siglo XX y en estos principios del XXI, probablemente en escalas mucho más importantes que en otros tiempos de la historia, aunque los desplazamientos más o menos masivos de poblaciones se han registrado a lo largo de toda la historia.

Han sido muchos los fotógrafos que han trabajado y documentado el tema, creando imágenes que en muchas ocasiones se han considerado un icono de una época, un conflicto o una situación. La actual situación de conflictos en el mundo, especialmente, aunque no sólo, en el mundo islámico, sumado al reforzamiento de las derechas populistas, generalmente racistas o xenófobas, la crisis financiera de 2007/2008 cuyas consecuencias todavía se arrastran y otros factores han hecho que en los últimos años las noticias sobre los problemas de los refugiados encabecen con frecencia los programas de noticias de los medios de comunicación.

Para ilustrar la entrada de hoy, algunos lugares de la Europa actual, que hoy se muestran reticentes a la solidaridad con los refugiados y cuyas poblaciones lo fueron en su momento. Potsdamer Platz en Berlín.

Recientemente se estrenó en la cadena de vídeo bajo demanda Netflix un corto documental, Refugee, de 23 minutos de duración, que se realizó con motivo de una exposición colectiva en The Annenberg Space for Photography en la ciudad de Los Ángeles, que se celebró entre el 23 de abril y el 21 de agosto de 2016.

Traduzco a continuación libremente la nota de prensa que se publicó con motivo de la misma, y que servirá para comentar el contenido del documental. El cortometraje sigue las andanzas de cinco fotógrafos de fama internacional que fueron encargados por la Fundación Annenberg para realizar fotografías de personas desplazadas en los cinco continentes de cara a la exposición que hemos mencionado.

Trincheras de la guerra civil española en la sierra de Alcubierre.

Lynsey Addario, de quien os hablé hace unos días a propósito de su libro autobiográfico, cubre los problemas de los musulmanes rohinyá, minoría religiosa desplazada de sus hogares en Birmania, país de mayoría budista. ¿No habíamos quedado que los budistas eran buena gente y muy pacíficos y tolerantes? ¿No es eso lo que nos vende el dalai lama?

Omar Victor Diop, fotógrafo de moda senegalés, ha fotografiado retratos de mujeres de la República Centroafricana que han huido con sus bebés al vecino Camerún.

La mejicana Graciela Iturbide, una de las más destacadas continuadoras de la excelente tradición de fotógrafos documentalistas de ese país, con obra en muchos de los museos de arte moderno más conocidos en el continente americano, ha documentado las familias de desplaciados internos de colompia, que huyen de la violencia de los conflictos con las guerrillas y con los cárteles de la droga.

Cementerio de judío de Praga.

Martin Schoeller, conocido por sus intensos retratos en primer plano de destacados líderes políticos y otras figuras destacadas del mundo de la cultura y de las artes, retrata a los refugiados reasentados recientemente en los Estados Unidos.

Y el británico Tom Stoddart sigue los pasos de los refugiados de Oriente Medio que a través de Turquía llegan a Europa a través de las islas griegas del Egeo, pasan por el infierno de los Balcanes, donde quedan frecuentamente en tierra de nadie, para finalmente llegar a Berlín.

Estación de ferrocarril de Budapest Keleti.

Como narradora actúa la actriz australiana Cate Blanchett, que entre otras actividades filantrópicas, desde 2016 es embajadora de buena volunta de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.

El documental, como ya he dicho antes, tiene una duración de sólo 23 minutos, en los cuales poco se puede profundizar en el tema. Y evidentemente tiene un tono complementario a unas fotografías de las cuales aparecen algunos ejemplos, pero que como conjunto expositivo suponemos más ricas. Pero nos da una idea, aunque sea somera, de la forma de trabajar de estos fotógrafos. Es además dinámico, y con imágenes que no dejan indiferente, aunque la imaginería del problema de los refugiados y poblaciones desplazadas en general haya empezado a saturar las sensibilidad, por otra parte lábiles, de la población privilegiada del mundo occidental. Que tampoco hace tantas décadas que sufrieron en sus propias carnes las sensaciones de ser refugiados. Por lo tanto, es un documental recomendable, tanto para el aficionado a la fotografía como al que no. Que nunca sobran este tipo de producciones.

Esta fotografía no es actual, es de la ciudad de Zagreb en 1993, en plena guerra de los Balcanes, donde las mujeres rezan en las capillas por sus hijos, hermanos o maridos en el frente o desaparecidos.

Recomendaciones semanales - del 5 al 11 de marzo de 2017

Aunque haré pública esta entrada de recomendaciones fotográficas el domingo 12 de marzo, el lector más observador y avispado observará en el título de la misma que estas recomendaciones sólo abarcan el período de tiempo hasta el sábado 11. Bien... digamos que estoy publicando esta entrada "en diferido". Que sé que este domingo no voy a tener tiempo para redactarla y que me he adelantado un poquito.

Ha sido una semana entretenida. Normalmente, entre semana publico de promedio una entrada fotográfica. Y en estos días atrás han sido tres. Y en el mismo período de tiempo he mandado a revelar varios rollos de película a Carmencita Film Lab... Entre ellos varios dedicados a los paisajes de las choperas de cultivo en la Ribera Alta del Ebro, cerca de Alagón. También hice algún rollo en blanco y negro con el respaldo A16S de la Hasselblad. Es decir, ese que en lugar de 12 exposiciones de 56 x 56 mm ofrece 16 exposiciones de 42 x 42 mm. Y aquí os dejo algunas de esas fotografías.

No es que esté enfadado al hacer la fotografía... es que la pera neumática del disparador a distancia va muy dura... cuesta que el disparador de la Hasselblad se accion. Tengo que conseguir otro mejor.

Hoy empezaré por el siglo XIX, en concreto por las interesantes fotografías coloreadas a mano de Suzuki Shin'ichi, uno de los dos fotógrafos de ese nombre que hubo, y que mantuvo un estudio de fotografía que nos ha dejado importantes testimonios etnológicos de cómo eran las gentes, la vida y los paisajes en el Japón de la época. Y a mí me parecen unas fotografía bellísimas en ocasiones e interesantes siempre. Me priva la del gran buda de Kamakura. Nos lo contaron en Timeline.

Si hace unas semanas repasábamos cómo había quedado reflejada en las fotografías la vida y el estilo de la pintora Georgia O'Keefe, hoy, por gentileza de L'Oeil de la Photographie, haremos lo mismo con la de Frida Kahlo, también pintora, pero del vecino del sur, de Méjico. Un personaje muy atractivo por el que el interés ha ido en aumento conforme ha pasado el tiempo, especialmente como icono feminista en el mundo de la cultura. Encontramos fotografías de la suiza Lucienne Bloch y, quizá las más interesantes, de Nickolas Muray, que fue amante de la artista.

La holandesa Rineke Dijkstra ha sido la merecedora en este 2017 del Premio Internacional de Fotografía Hasselblad.  Es uno de los premios más importantes del mundo de la fotografía. Dotado con un buen pellizco económico. Su especialidad es el retrato, especialmente observando a niños y adolescentes, reflejando la especial vulnerabilidad de estas edades, la inseguridad ante los cambios corporales. También ha seguido a algunos de sus sujetos durante años, observando sus cambios vitales. A mí me resulta un poco fría su fotografía, técnicamente irreprochable y con el dominio habitual de la luz y el color que les viene a los artistas de los Países Bajos desde el renacimiento, pero un poco fría. Me pasa con cierta frecuencia con fotógrafos de esta nacionalidad. Y no digamos con algunos alemanes de la escuela de Duseldorf. Nos lo contaron en muchos sitios, pero me quedo con el artículo que le dedicaron en Clavoardiendo Magazine.

Y seguiré con un fotógrafo holandés que tiene un estilo distinto, pero un tema emparentado con los de la anterior. Se trata de Hendrik Kerstens, un fotógrafo que lleva fotografiando a su hija desde 1995, buscando también reflexionar sobre los cambios asociados con la transición a la adolescencia. Pero luego siguió con ella imitando los retratos de la pintura holandesa del siglo XVIII. Lo que pasa es que cuando nos fijamos bien, las ropas y complementos de Paula, la chica, no son los propios de esa época, sino objetos cotidianos, como bolsas de plástico, servilletas, manteles de papel, papeleras... Lo cual da una extraña sensación a tan elegantes retratos. Nos lo contó Rafael Roa, y podemos ver un vídeo del artista y su hija Paula en Youtube.

Supongo que padre e hija se llevan estupendamente y se lo pasan mejor todavía. Aunque las fotos tienen aspecto de gravedad y seriedad.

Hablemos ahora de una fotógrafa de 24 años en la que se han fijado en el MoMA. Por algo será, digo yo. Se trata de la canadiense Petra Collins, de ascendencia magiar, actualmente viviendo en la gran manzana. En el blog Creative New York del famoso museo de arte moderno en el que se fijan en la vida cultural de la ciudad entrevista a la joven fotógrafa, que se plantea extender su ámbito creativo, pero que de momento realiza todo su trabajo con película tradicional fundamentalmente en color. Sus sujetos de preferencia, sus raíces familiares, la gente de su generación que la rodea, retratos en general. Muy intimista, pero no rechaza los encargos comerciales y editoriales. Menos intimistas. Ya ha trabajado para marcas de moda muy importantes.

Y si mezclamos fotografía y performance, nos encontramos a la artista Ana Esmith, un chica que representa para sus fotografías el papel de Miss Beige, un color anodino propio de atuendos anodinos, y que usa para denunciar la hipersexualización de la mujer o los excesos de la sociedad de consumo. En Yorokubo nos muestran algunas de sus fotografías y le han entrevistado.

Cine y fotografía siempre están relacionados... Y no es frecuente que ambos artes se influyan mutuamente. La directora española Isabel Coixet también se ha apuntado a llevarse la cámara de fotos a los rodajes, y a retratar a la gente con la que rueda. Lo cual me parece muy bien, aunque últimamente sus películas me digan poco. Ha salido la noticia en varios sitios, pero donde más completa en imágenes en L'Oeil de la Photographie.

Y hay otra cuestión... una película, sea corto o largometraje, no deja de ser una sucesión de fotografías que se proyectan sucesivamente a una velocidad de 24 por segundo. Y si extraemos algunos de esos fotogramas, son verdaderas maravillas de fotografías. Así lo han entendido en Cultura Fotográfica, que le han dedicado un artículo a Raoul Coutard, que aunque empezó de fotoperiodista, acabó de director de fotografía para gente tan significativa como Demy, Godard o Truffaut. Algunas imágenes significativas no sólo cinematográficamente hablando sino también como iconos fotográfico vienen de películas como Bande à part (Banda aparte), Jules et Jim (Jules y Jim), À bout de souffle (Al final de la escapada), Alphaville,... por decir algunas.

Hace unos días dedicaron una entrada en L'Oeil de la Photographie dedicada a tres maestros de la fotografía erótica, siendo estos Sam HaskinsFrancis Giacobetti (¿culpable del uso de las persianas venecianas en el desnudo hasta la saciedad?) y Kishin Shinoyama. Interesantes los tres, pero a mí dejadme que prefiera la obra del japonés. Que por cierto, en alguno de sus más interesantes fotografías manda a freir churros la moda actual de las mínimas profundidades de campo, consiguiendo resultados mucho más interesantes con su nitidez extendida desde el primer plano hasta el horizonte.

Ha habido mucha presencia femenina en esta semana. Y además fue el día internacional de la mujer, parece que ya sin "trabajadora" como originalmente. Por ello en Lens Culture nos proponen treinta nombres de mujeres fotógrafas para descubrir este año. Vamos... que hay para un rato.