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De la montaña a los circuitos de carreras con una Leica M2 + Ilford XP2 Super 400

Para aquellos que sigan estas páginas directamente o a través de los enlaces a las mismas que aparecen en mi Cuaderno de ruta, en Twitter o en Facebook no será ningún secreto que últimamente la película Ilford XP2 Super 400 ha vuelto a ser, ya lo fue durante algún tiempo hace 20 años, mi preferida como película todo terreno. Sea en forma de cámara de un solo uso, con una prestigiosa Leica o con una compacta Olympus, siempre obtengo buenos resultados.

Recientemente volvía a cargar uno de estos carretes en la Leica M2, calzada esta con el Summicron 35 mm f/2 ASPH, objetivo de gran nitidez, probablemente uno de los mejores si no el mejor 35 mm para el formato 24 x 36 mm.

Hace unas semanas me la llevé a un paseo por los Pirineos aragoneses, caminando desde Zuriza hasta el paraje de Taxeras, al pie de la sierra de los Alanos. Uno de mis rincones favoritos de la cadena montañosa que une España y Francia. El día estaba muy luminoso y el contraste podría ser relativamente elevado. No tanto como en verano, ya se empieza a apreciar que el sol va más tumbado sobre el horizonte. Pero el día estaba relativamente radiante.

No importa. Como ya he comentado en otras ocasiones, la XP2 tiene una gran latitud de exposición, y digiere muy bien los contrastes, manteniendo la textura tanto en las luces como en las sombras. Quizá me faltó el filtro amarillo, para mejorar el contraste de los cielos. Aunque es una película bastante pancromática.

De todos modos, no hice muchas fotografías ese día con la M2. Por lo que, con el carrete bastante entero todavía, volvió a viajar al domingo de la semana siguiente. En esta ocasión al circuito de motocross de Motorland Aragón, donde se celebraban algunas pruebas del campeonato de España de esta disciplina del motociclismo.

He de recordar de nuevo que esta película de Ilford es única en estos momentos por ser una película en blanco y negro cromogénica, que se revela en cualquier laboratorio comercial con proceso C-41, que es el habitual para las películas negativas en color. Por lo tanto, es relativamente fácil encontrar un sitio para revelarla. También se puede revelar con química tradicional en blanco y negro con buenos resultados. Pero su gran latitud de exposición y su fino grano se consiguen especialmente con el proceso C-41. Este carrete me lo han revelado en Revelatum Revelado Analógico.

Como decía, la película tiene una latitud muy amplia, y el fabricante nos dice que se puede exponer a índices de exposición entre 50 y 800 sin problemas, con su óptimo en su sensibilidad nominal ISO 400. Eso sí, son muchos los que opinan que su óptimo está más bien en un índice de exposición de 200, puesto que manteniendo la nitidez global, el grano es más fino. Cuando se expone a IE 400 u 800, los resultados son buenos, pero en las sombras se aprecia el incremento del grano, mientras que en las luces apenas se nota. El grano no es feo, pero el desequilibrio en la estructura entre luces y sombras no siempre es lo mejor.

Por ello, yo suelo usarla exponiendo a un IE 200, sabiendo que si falta la luz puedo subir un tanto. En exteriores, esto supone que si le pones un diafragma de f/11 y una velocidad de exposición de 1/250, puedes tirar sin problemas a la hiperfocal y siempre que haya algo de sol, intenso o flojito. Si se nubla, todavía aguanta, aunque es mejor bajar un paso la exposición. Es casi como usar una cámara desechable, pero con una calidad de imagen de primer nivel. No te preocupas del enfoque, ni de medir la luz, sólo de conseguir el mejor encuadre.

Por supuesto, si es necesario, puedes corregir estos parámetros, afinar el enfoque con el telémetro de la Leica, e incluso hacer alguna foto en determinados interiores relativamente bien iluminados. Se puede usar sin problemas la cámara a f/2 y 1/30, sin que trepide. Por lo que considerando un IE de 400 u 800, hay mucho margen. No se dio el caso en estas excursiones.

En fin... que seguiré usando esta película durante mucho tiempo. Especialmente en excursiones y viajes. Muy polivalente.

Fotografía deportiva - Campeonato de España de Motocross en Motorland Aragón

Estaba programado desde hace dos meses. En la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ se fletó un autobús para este pasado domingo 11 de noviembre, y nos fuimos a Motorland Aragón en Alcañiz para hacer un poco de manos y ojos en fotografía deportiva, aprovechando la celebración de algunas pruebas del calendario del Campeonato de España de Motocross. Sinceramente, a mí el mundo del deporte del motor no me atrae gran cosa. Me aburre bastante, incluso en la comodidad de la televisión en el salón de casa. Pero todo aquello que suponga un desafío fotográfico puede bastar para tenernos toda una mañana de lo más entretenido, poniendo a prueba nuestras capacidades y habilidades como fotógrafos, y los límites de los equipos.

Aquí no voy a entrar a describir las pruebas que se celebraron, ni voy a dar nombres de corredores, ni nada de eso. Por internet es posible encontrar el listado de participantes con sus dorsales para identificar a aquellos que aparecen en las fotos. Pero a mí no me interesan. Sólo los aspectos fotográficos. Pero diré que hubo pruebas diversas de jóvenes y adultos masculinos,...

También hubo una categoría femenina, bastante competitiva, aunque por coincidir con la hora en que decidimos comer algo, tan apenas puede ver ni fotografiar algo de la prueba,...

Y una categoría de críos con unas motillos diminutas que zumbaban como abejorros y que se curraban las carreras como desesperados, como si les fuese la vida en ello.

Hablemos del equipo. Me llevé una cámara de película, la Leica M2, con el Summilux 35/2 ASPH y algún carrete de Ilford XP2. No tengo revelado este carrete todavía, cuando esté, ya os contaré. Pero bueno, fue un poco el capricho de llevarme algo de película tradicional.

Lo que más utilicé fue mi equipo Canon EOS. Que últimamente sale poco de casa. De hecho, tengo pocas tarjetas Compact Flash disponibles, y como en fotografía deportiva se dispara mucho, tenía algo de miedo de quedarme corto. Al final tuve suficiente. La cámara es la ya veterana Canon EOS 5D Mark II que, presentada en 2008, yo adquirí en enero de 2010. Para los ritmos de vida del material digital, antediluviana. Pero nunca he sentido la menor necesidad de cambiarla. Me basta y de sobra para difrutar del formato completo, el 24 x 36 mm, lo que en tiempos de la película tradicional se llegó a llamar formato miniatura... qué cosas. Además del EF 40/2,8 STM,que no usé, sólo sirvió para montarlo en la cámara durante el transporte... abulta muy poco, llevé el EF 24-105/4 IS USM, su primera versión, que compré allá por el año 2006, nuevo, y el EF 200/2,8L II USM, que compré también por aquel entonces de segunda mano por un precio muy ventajoso. Y va de maravilla. Desde hace un par de años, este objetivo suele ir acompañado de cerca por el Extender EF 2x, la primera versión de hace casi treinta años, que va muy bien y está a muy buen precio de segunda mano. Así puedo disponer de un 400 mm f/5,6, que en estas lides conviene.

Sin duda alguna, fue el 200 mm, con o sin duplicador de focal el que más utilicé. Las zonas donde teníamos permitido permanecer los espectadores estaban separadas de la pista por una pista de servicio, que también ejerce de cinturón de seguridad. Por lo tanto, era impensable utilizar focales cortas para tomas dinámicas de la carrera. Especialmente barridos. Estos hubo que hacerlos con teleobjetivo, lo cual hizo que fuera bastante complejo obtener tomas nítidas del corredor, ya que es más difícil controlar el ritmo y velocidad de desplazamiento del teleobjetivo, y además, en una prueba de motocross, la velocidad de los corredores no suele ser constante por lo agreste del terreno, por lo que es difícil seguirlos de forma uniforme. Alguno se intentó, obteniéndose algún efecto "impresionista" curioso.

Quizá por su potencial espectacularidad, son los saltos que ejecutan los pilotos en distintos puntos del circuito lo que más atrae al público, especialmente a quienes llevan una cámara fotográfica con ellos. Obviamente, los más espectaculares son aquellos ejecutados por las categorías con vehículos más potentes. Pero incluso los más pequeños se lanzan a vencer los obstáculos con elevaciones que intentan resolver con la mayor gracia y eficiencia posibles.

En algunos puntos del circuito, la alineación de obstáculos permitía poder ver simultáneamente a varios pilotos volando alineados.

En cualquier caso, no hay que desdeñar las tomas en las que los competidores entraban en terreno más irregular, más blando, con surcos más profundos, y especialmente en las curvas. En esos lugares, la velocidad desciende y el fotógrafo puede centrarse en obtener imágenes que muestren el detalle de la indumentaria y la máquina, que en otras fotografías a más velocidad quedan en un segundo plano.

También pueden ser emocionantes las persecuciones; unos pilotos tratando de alcanzar a los que les preceden, y estos luchando por mantener o aumentar la ventaja que han adquirido.

Finalmente, también recorremos las zonas de boxes. Que no son tremendamente espectaculares. Pequeños pabellones en los que protegidos del sol, que lució con intensidad en este domingo de noviembre, trabajan en la limpieza y el mantenimiento de las máquinas. Y también sirven de exposición para los curiosos que deambulan entre ellos. Algunos con miradas de envidia por no poder montarlas.

Este es el momento de cambiar de objetivo. Dejar a un lado el largo teleobjetivo que hemos venido utilizando casi todo el día y colocar delante de la cámara el versátil objetivo de focal variable, 24-105 mm f/4, que permite ampliar el ángulo de visión y nos introduce más en el ambiente.

Las carreras van llegando a su fin, y debemos regresar. Vemos regresar el autobús que nos trajo a primera hora de la mañana, y nos vamos reagrupando para la vuelta mientras comentamos la jornada.

Yo me quedo pensando con algunas reflexiones personales sobre el equipo fotográfico necesario para estos eventos. Especialmente en estos meses en los que hemos escuchado tantas novedades en el mercado de las cámaras, y escuchamos tantos comentarios sobre las bondades de unas marcas frente a otras. El caso es que yo he disfrutado del día con un equipo que muchos considerarían desfasado e incluso poco apropiado para un evento de este tipo. La 5D Mk II nunca fue vista como una cámara para la fotografía de acción. Más atracción recibió de otros fotógrafos que practican géneros más tranquilos. Su número de sensores de enfoque puede resultar ridículo con respecto a los de hoy en día. Y su velocidad de disparo muy inferior a la de algunas ametralladoras fotográficas actuales. No digamos ya lo de funcionar con un 200 mm y un duplicador para improvisar un 400 mm f/5,6.

Pero el caso es que el número de fallos que tengo entre los disparos realizados debidos a la arreactividad de la cámara son muy escasos. Hay que tener en cuenta que no es mi primera vez en un circuito de este tipo, y no tengo los reflejos adquiridos, ni el conocimiento adecuado para anticiparme adecuadamente a la acción. Aunque... se aprende rápido. Y si conoces las bases de la técnica fotográfica, tampoco es tan complicado lo que pide técnicamente el objeto. El enfoque en modo AI Servo me ha servido bien. Las fotos están nítidas y, sin duda, admiten ampliaciones respetables. Muchas de las fotos presentadas aquí podrían ir en un tamaño DIN A-2 sin mayor problema. Es cierto que el 200 mm con el duplicador de focal viñetea un poco más de la cuenta a su apertura máxima, pero nada que no se pueda corregir en el procesado. Y si realmente disminuye su nitidez en las esquinas... importa poco, puesto que la escasa profundidad de campo con la que se trabaja hace que aparezcan desenfocadas en la mayoría de las ocasiones. Y estoy seguro que, a pesar de todo, es muy superior a las cámaras que se utilizaban con antelación a su aparición en 2008, salvo algún cuerpo ultraprofesional mucho más caro. Y la gente lleva fotografiando acontecimientos deportivos durante décadas. Así que, poco añoro nuevos cuerpos de cámara con sensores grandes; cuerpos pesados, caros, que uso de vez en cuando, y que ya no me llevo nunca de viaje. Que me dure muchos años.