La fotografía como afición y otras artes visuales

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Felices y fotográficas fiestas de fin de año y un muy feliz 2018 para todos

Faltan todavía unos días para el comienzo de las fiestas de fin de año. Y como es lógico, unos poquitos días más para la llega de 2018. No obstante, quiero felicitar ya estos días para todos los aficionados a la fotografía, a cualquier nivel. Qué mejor excusa que el Chocoencuentro que anualmente celebra Fotógrafos en Zaragoza, grupo de aficionados a la fotografía (des)organizado en torno a las redes sociales. Inicialmente Flickr, ahora también con presencia en Facebook o en Instagram, por poner unos ejemplos.

En la edición de este año no estuve presente más que un ratito. Lo justo para la fotografía colectiva del año y un paseo por la plaza del Pilar de Zaragoza. No me quedé a la chocolatada posterior. Ya lo sentí,... pero hubo que hacer equilibrios entre la devoción, la obligación,... y la necesidad de descansar un poco de una ajetreada semana. Pero bueno, por lo menos sirvió para saludar y conversar con algunos habituales y con otros que nos vemos de ciento a viento.

Es cierto que en estos encuentros se habla más que se fotografía, lo cual en ocasiones es muy sano. Pero también se hacen algunas fotos. Generalmente con la idea de que sean simpáticas y festivas. En esta ocasión me llevé la cámara de las ocasiones. Cogí la Leica ME y el Zeiss Planar 50/2 ZM e hice una docena de disparos de los que he seleccionado unos cuantos para ilustrar esta entrada. Sigo pensando que a pesar de que esta cámara tiene un diseño que se remonta ya a casi una década, es la que presenta un mejor equilibrio de nitidez y color de todas las que tengo. Aun cuando sea poco competente con luz escasa, ya que no oso subir de ISO 1250 la sensibilidad del captor. Particularmente, con el Planar, me parece la mejor de mis combinaciones de cámara y objetivo, sólo igualada o superada cuando le coloco el Summicron 35/2 ASPH.

En fin, no me enrollo más. Simplemente, aprovechar la ocasión y las imágenes festivas para felicitar las fiestas y el año nuevo a todos los amantes de la fotografía. Y en general a todas las personas que alcancen a leer estas líneas.

Y por supuesto, aunque ayer fuese un día para charrar más que para fotografiar,... no os olvidéis que la mejor forma de celebrar la afición o el amor por la fotografía es viendo y haciendo fotos.

Kodak T-Max 400 a IE 800 en el Taller Escuela de Cerámica de Muel

Comenté ya hace unos días que íbamos a realizar esta excursión, al Taller Escuela de Cerámica de Muel, en el ámbito de los aficionados a la fotografía con película tradicional de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Este taller escuela pertenece a la Diputación Provincial de Zaragoza y tiene como misión el mantener la tradición del trabajo de la cerámica en esta población cercana a la ciudad de Zaragoza en el valle del río Huerva, así como promover la investigación y la docencia en estas materias. El pasado día 6 de diciembre, día festivo a nivel nacional, era día de puertas abiertas de esta institución y pudimos pasar la mañana dedicados a nuestra actividad preferida, la fotografía con película fotoquímica tradicional; pero también, quienes se animaron, probando sus habilidades como artesanos alfareros.

Aquí me centraré en las cuestiones fotográficas. Llevamos para todos los participantes en la excursión una buen número de carretes reciclados con película Kodak T-Max 400 procedente de un par de rollos de 30,5 metros enajenados de una escuela de formación profesional que ya no enseña los procesos fotoquímicos en sus titulaciones de imagen y sonido. Todo se centra ya en el electrónica digital.

A la entrada del taller escuela nos recibe un amplio vestíbulo que ejerce también como sala de exposiciones.

Dado que una buena parte de la visita se iba a desarrollar en interiores, la mayor parte de nosotros decidimos exponer la película a un índice de exposición IE superior a la sensibilidad nominal de la película. En mi caso, tras una evaluación inicial de las condiciones del lugar, decidí que un IE 800 sería suficiente. Sólo un paso por encima de la sensibilidad nominal de la T-Max 400.

No lo he dicho, pero el equipo que llevé fue la Pentax MX, una cámara que es muy fiable en su funcionamiento así como en la precisión de su fotómetro incorporado, con tres objetivos; SMC-M 28/3,5, SMC-A 50/2 y SMC-A Macro 100/4. La sensibilidad nominal hubiese sido suficiente para exponer todo el reportaje salvo para la utilización del 100 mm, que por su escasa luminosidad máxima y por la necesidad de mantener una velocidad de obturación de al menos 1/125 para evitar fotos trepidadas. Con los otros dos objetivos la combinación de f/4 y 1/60 s, o f/5,6 y 1/60 s fueron las habituales. En caso de necesidad, con un IE 400 hubiese podido usar el 50 mm a f/2,8 y 1/60 s, y el 28 mm a f/3,5 y 1/30 s.

Taller con el torno, donde el artesano da forma a la pieza antes de proceder al secado y a su horneado a altas temperaturas.

Así pues, con índices de exposición que oscilaban entre el 800 y el 1600, la consecuencia inmediata es que el revelado había de ser forzado, con el fin de resituar en su densidad correcta al menos las luces y los tonos medios de la escena. Es difícil que los negros profundos, si se subexponen, se recuperen con el revelado forzado. Recordamos que denominamos revelado forzado al incremento en la duración del tiempo de revelado para una combinación dada de película y revelador y para una determinada temperatura de revelado con el fin de aumentar el contraste final del negativo, lo que nos permite usar la película con una exposición inferior a la recomendable para su sensibilidad nominal.

Yo había probado previamente el forzado de la película con Rodinal (o similar), y no presentaba mucho problema, aunque había que tener mucho cuidado de proteger las sombras y darles suficiente exposición, si estas ocupaban una parte importante de la escena.

Sin embargo, para esta ocasión, iba a usar un revelador que para mí era un incógnita, porque nunca lo había usado. Se trata del Kodak T-Max Developer, desarrollado por la marca de Rochester como solución para estas películas modernas de grano tabular. Lo de modernas es un decir, puesto que llevan en el mercado más de 30 años... Yo nunca fui aficionado a las T-Max en los años 90 cuando usaba con frecuencia la película en blanco y negro, porque eran engorrosas de usar. Había que tener más cuidado al revelarlas, necesitaban de un fijado prolongado, y de un lavado también prolongado con el fin de eliminar todo tipo de sustancias que podían comprometer la calidad o la durabilidad del negativo. Por ello, en caso de preferir películas de grano tabular optaba por las Delta de Ilford que, gozando de ventajas similares, se podían procesar con la misma comodidad que las películas convencionales de grano cúbico.

El T-Max Developer que tengo fue un regalo de alguien que no lo iba a usar. Me llegó en botella cerrada herméticamente y dentro del periodo recomendado de utilización. No está caducado. Después de leer la documentación me encontré con que Kodak recomienda revelar con los mismo tiempos la T-Max 400 tanto si se expone a su sensibilidad nominal como si se expone a un IE 800. Afirma Kodak que la película tiene latitud suficiente para admitir este tratamiento, y que el resultado a IE 800 son negativo algo menos contrastados que a su sensibilidad nominal. Pero me encontré discrepancias... pequeña pero existentes. En algún caso se hablaba de 6' 45" para una dilución de 1+4 a 20 ºC, y en otros de 7' a igual concentración y temperatura. Al mismo tiempo, pude leer algún comentario que consideraban estos tiempos insuficientes.

Después de mucho pensar, decidí aceptar el procesado a 1+4 durante 7' a 20 ºC.

Los resultados, que es lo que importa,... Andaba yo muy despistado sobre la naturaleza de estas películas. Y más después de la prueba con Rodinal. Esperaba una gradación de tonos más suave y progresiva. Las imágenes ciertamente tienen una buena gradación de los grises, pero el contraste es alto. Incluso si Kodak afirma que con una subexposición de un paso este es menor. Supongo que el Rodinal, al ser un revelador compensador, amortigua el contraste. Pero bueno... La conclusión a la que llego es que a esta película le sientan mejor los interiores con luz suave o los motivos a la sombra, uniformemente iluminados, que los exteriores soleados o las iluminaciones intempestivas, duras.

Por otro lado, la subexposición de un paso con el revelado normal provoca que en las situaciones de más contraste las sombras se empasten con cierta facilidad. Si su relevancia en la escena no es notable, no pasa nada. Pero en pleno invierno, con la gente vistiendo ropas oscuras,... mal rollo. Y si luego intentas resolverlo en al digitalizar el negativo... pues el grano que es muy moderado para la sensibilidad, se hace muy presente. Una vez más insistir en el concepto. Si las sombras y los tonos más oscuros son relevantes en la foto, hay que protegerlos dándoles una exposición suficiente.

Y ya que menciono la digitalización, como he dispuesto de poco tiempo estos días, los negativos los he escaneado en el Epson V600 Perfection Photo. Aunque el tiempo de digitalización por fotograma es mayor que con la cámara digital y el macro, cierto es que al digitalizar por lotes, puedes hacer otras cosas mientras tanto. Y sale a cuenta. A cambio, la resolución conseguida es mucho menor. Y la T-Max 400 me ha recordado por qué prefiero Ilford u otras marcas... la estabilidad dimensional de las películas de Kodak es lamentable, y en algún caso entrán en contacto la superficie curva de la película con el cristal del escáner produciéndose el patrón de interferencia conocido como anillos de Newton. Más adelante, con tranquilidad, digitalizaré las mejores con la cámara digital.

Sin más os dejo con algunas fotos de los participantes. Tanto los del club de las Canon A-1, como quienes se animaron a colgar la cámara y dedicarse un rato a la cerámica.

La flor del azafrán, segundo año - reportaje con Kodak Portra 400

Os mostraba la semana pasada las macrofotografías realizadas en Monreal del Campo hace unos días en el ámbito de la recogida de la flor del azafrán. Es el segundo año en que asistimos a las jornadas que celebran la cultura de este cultivo en esta localidad turolense. Y en este segundo año separé funciones por cámaras. Si como vimos dediqué un equipo digital a la macrofotografía, para las fotografías de entorno y reportaje me llevé mi fiel Pentax MX con dos objetivos. Para uso general, el SMC-M 50/1,7 es un objetivo que tiene ya unos cuantos años, pero que es muy agradable de usar y ofrece muy buenos resultados. Quizá para reportaje tenga una focal un poco larga, pero a cambio su máxima apertura permite separar muy bien los sujetos principales del fondo de la fotografía.

Veamos como se desenvuelve en el paisaje que nos acogió a primera hora de la mañana.

El otro objetivo que me llevé con montura Pentax K es otro de mis favoritos. Se trata del SMC-A 100/4 Macro. Es el que el año pasado me sirvió principalmente para realizar las macrofotografías, aunque este año fuera desplazado a tal fin por el Pana-Leica 45 mm. Pero aún hice alguna fotografía de aproximación con este objetivo y la MX.

No obstante, aparte de llevar un respaldo por si fallaba el equipo micro cuatro-tercios, mi intención era usarlo eventualmente para retratos. Fundamentalmente retratos de situación, con las personas que participaban en la jornada estaban absortas en sus tareas, de forma que la longitud focal me permitiera una posición no intrusiva. Cierto es que el 50 mm, para este fin, permite obtener una mejor idea del ambiente que rodea a la persona.

Veamos a mis compañeros fotógrafos en acción.

Las fotografías que hemos visto hasta aquí representan la primera parte de la jornada. Cuando más nos dedicamos a la macrofotografía. La película que utilicé durante todo el día es la excelente Kodak Portra 400. Si bien es cierto que en las tomas de paisaje carece de la fortaleza y saturación de otras películas negativas en color, para el reportaje con personas es ideal por la fidelidad en la reproducción de los tonos de piel y por la suavidad de los tonos en general.

El siguiente paso del día, después de almorzar algo en el pueblo, fue acompañar a los participantes no fotógrafos de la jornada a la recolecta de la flor del azafrán en un campo cedido por un vecino del pueblo al ayuntamiento de Monreal del Campo para este fin. El final de esta actividad también fue el momento que aprovechamos para realizar algunas fotografías de grupo.

Tras la recogida de las flores, nos dirigimos al patio junto al Museo del Azafrán para realizar las labores de esbrinado, en la que se separan los estigmas del pistilo de la flor, de donde se obtiene el cotizado condimento culinario y pigmento natural.

Este año, en paralelo a esta actividad, se programaron una serie de actividades de carácter artesano o artístico. En especial, la estampa a partir de grabados en metal y, más relacionada con la actividad del día, la obtención de estampas a partir de los pigmentos de la propia flor. En esta última actividad participamos varias personas del grupo de fotógrafos que habíamos acudido.

En esta última fotografía aparezco yo. Lo que quiere decir que, aunque con mi cámara, fue realizada por otra persona. En concreto por la simpática Pili Rubio, siempre dispuesta a colaborar en que todos lo pasemos bien, al mismo tiempo que se toma realmente en serio lo de la fotografía.

Después de estas actividades artesanales, nos introdujimos en el Museo del Azafrán para visitar la exposición de fotografías del concurso realizado el año pasado. Antes de irnos a Calamocha a comer.

Una de las expectativas que llevábamos es que los árboles de hoja caduca del valle del Jiloca estuvieran ya con los colores dorados u ocres del otoño. Y con una luz suave, como la que dominó el día, poder obtener alguna imagen de paisaje otoñal que estuviera bien. Se intentó,... pero el otoño llega un poco retrasado. Y las hojas estaban todavía muy verdes. Pero se intentó.

El último objetivo del día, muy productivo como podéis ver, fue parar antes del ocaso y de vuelta a Zaragoza en los viñedos de Cariñena. También con la esperanza de que hubieran tomado los colores otoñales característicos de la época. Nuevamente nos encontramos con muchos viñedos mucho más verdes de lo que esperábamos para la época. Aún nos encontramos algún racimo en las vides.

En fin, con esto cerramos fotográficamente el viaje. Muy productivo, muy divertido, con muchas ganas de volver en años futuros.

XI Maratón de Zaragoza - A por los teleobjetivos...

Este domingo pasado se ha celebrado el XI Maratón de Zaragoza, carrera de fondo que se complementaba por una más popular de 10 kilómetros de recorrido. Con este motivo, la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ) organizó una actividad para permitir ensayar, trabajar o conocer la fotografía de eventos deportivos. Siendo una carrera de este tipo probablemente uno de los más sencillos. Colorido, rostros esforzados, detalles simpáticos en los corredores y entre el públicos, estos eventos pueden ser fuente de un entretenido reportaje.

Desde el punto de vista técnico, son diversos los materiales que se pueden utilizar para cubrir una prueba de estas características, desde los grandes angulares, con efectos gráficos y composiciones dinámicas, hasta el teleobjetivo que comprime los planos y se centra en el corredor.

Como yo no soy especialmente aficionado a utilizar los teleobjetivos, decidí que esta podía ser una buena ocación justamente para usarlos. Así que cargué en la mochila la Canon EOS 5D Mark II, con el EF 200/2,8 L USM y el Tele-Converter EF x2. Había otros objetivos en la mochila por si acaso, el fiel EF 24-105/4 L USM y el compacto EF 40/2,8 STM para los desplazamientos o los momentos de paseo de circunstancias.

La cita era a las diez de la mañana, pero como madrugué de forma espontánea, comencé casi una hora antes a cubrir el evento, con los corredores de la carrera de 10 km que venían por el paseo Echegaray y Caballero para cruzar el Ebro por el puente de Piedra.

Como vemos, no sólo gente atlética se prepara para estos eventos. Y hay mucha gente que reivindica su condición o realiza esfuerzos por superarse a sí mismo. La señora de la foto anterior fue la última, pero muy meritoria, clasificada en la carrera de los 10 km.

Conforme fueron llegando los compañeros de quedada, fuimos apuntando las cámaras de nuevo hacia el paseo Echegaray y Caballero, pero en sentido opuesto, con los corredores que girando hacia la calle Don Jaime I se disponían a cubrir las últimas etapas de la carrera corta.

Prioridad al diafragma, abierto a tope; f/2,8 con el 200 mm en solitario, f/5,6 cuando se convierte en un 400 mm con el duplicador. Enfoque continuo, AF-Servo le llama Canon, para seguir a los sujetos en movimiento. No es la cámara más pensada para la acción, y tuve fallos de enfoque, pero en general se portó. ISOs moderadamente altos para permitir velocidades de obturación de 1/1000 s o superiores.

Una vez todos reunidos, nos apostamos en el puente del Pilar, más comúnmente conocido por los zaragozanos como el puente de Hierro, para ver pasar y fotografiar a los participantes de la maratón. Cuando llegamos vimos pasar al primer y segundo clasificados, pero no nos dio tiempo a situarnos en posición para fotografiarlos. Eso sucedió a partir del tercero.

Mayoría aplastante de cámaras réflex digitales, con la honrosa y animosa excepción de Marco Evangelisti que sigue fiel en toda ocasión a las cámaras para película tradicional, en este caso con una curiosa y pequeña réflex Pentax de enfoque automático, uno de los últimos modelos de este tipo de la casa nipona.

En este punto, los corredores que vimos pasar, especialmente al principio, son aquellos más competidores, más concentrados, más intensos.

Por lo tanto, también exigía mayor concentración para los fotógrafos para captar esa intensidad y esa concentración. También hubo momentos para jugar con el grafismo. O ensayar los barridos, que nos dan sensación de velocidad.

Si nos habíamos perdido el paso del primer clasificado de la maratón masculina, sí que estuvimos atentos al paso de la líder de la femenina, Alicia Pérez, que a la postre ganaría la prueba. Acompañada de un varón que podría ser un compañero de equipo, su liebre, o el armario que le cortaba el viento,... o todo a la vez, apareció por el puente corriendo a ritmo y muy concentrada.

Conforme fueron pasando los corredores, entramos en la sección de ellos que vienen a correr más como una empresa personal, que como una competición para los demás. De forma individual o colectiva. A veces incluso con un componente lúdico, que no viene mal. Así pudimos ver pasar a muchos corredores.

Algunos grupos, liderados por una liebre con un gran globo amarillo que marcaba el objetivo en tiempo, realizaban un esfuerzo colectivo y solidario.

A esas alturas de la carrera, había quienes necesitaban la asistencia de los voluntarios. Algunos solicitaban bebida o algo de alimento energético para no desfallecer. Otros, aliviar sus músculos con esprais "mágicos" con olor a alcanfor y presuntas cualidades analgésicas, que cuando menos aportan un calor aliviador a sus tensos músculos.

Sin embargo, aquí y allá, ves cómo algún corredor o corredora mantiene un paso firme y elegante, a sur propio ritmo. Casi sin despeinarse.

Poco a poco fuimos regresando hacia la plaza del Pilar, donde terminaba la prueba. Por el camino tuvimos ocasión de ver cómo los corredores iban acusando el esfuerzo, pero también cómo los espectadores se agrupaban con un ambiente festivo a animar a los corredores.

Nuestra penúltima etapa fue como digo la plaza del Pilar. La recta de meta. Desde luego no llegamos a ver la llegada de los líderes, pero pudimos observar la alegría de aquellos que pelean contra sí mismos. Que muestran tanta alegría o más que los competitivos, porque han alcanzado un sueño, han superado un desafío personal, han realizado una aventura con sus familiares o con sus amigos, o puede decir que tratan de ser un modelo positivo para quienes viene detrás en edad y juventud.

Creí reconocer incluso a algún conocido en las fotografías...

En un momento dado, a mí sólo me quedaba capacidad en la tarjeta de memoria para 10 exposiciones. Nunca había rellenado esa tarjeta con tantas fotografías. De hecho, ni siquiera me había planteado el traer otra tarjeta. Pero fue entonces cuando alguien dijo... "es la hora del café o las cervezas, que nos lo hemos merecido". Y así acabamos la jornada. Contentos, algo cansados, y con mucho trabajo por delante para seleccionar y editar aquellas fotografías más significativas.