La fotografía como afición y otras artes visuales

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Leitz Summicron 50/2 retractil - Por qué sí, pero por qué no

En estos momentos, Leica es una marca que se identifica con el alto nivel de calidad de sus productos, especialmente por sus reputadas ópticas, pero también con cierto esnobismo, con el capricho de tener un objeto caro, muy caro. Sus cámara duplican el precio de otras de similares características básica, sus objetivos duplican, triplican o cuadruplican los precios de la competencia. Arrastra una historia prestigiosa, en la que numerosos reporteros gráficos usaron sus leicas como herramienta de trabajo discreta y eficaz, aunque también tuvo momentos en los que estuvo a punto de desparrecer como consecuencia del reinado absoluto de las cámaras réflex entre los profesionales.

Hoy en día vive una segunda edad de oro, con una gama de productos muy amplia, como nunca la había tenido, sintiéndose al mismo tiempo orgullosa de mantener sus tradiciones. Y con muchos de sus usuarios como principales voceros de las presuntas cualidades de las cámaras del punto rojo. Pero ¿realmente mantienen sus tradiciones tan fielmente como dicen? Hagamos un repaso.

Yo tengo una Leica IIIf de 1951, una cámara que básicamente responde al diseño original de Oskar Barnack, aun siendo probablemente el modelo más avanzado de los que son evolución directa de aquella “Ur-Leica” de 1914.

Barnack era ingeniero de la empresa Leitz, que en aquellos momentos se dedicaba a hacer microscopios. A Barnack le gustaba el aire libre, los paseos por el campo y por el monte. Y hacer fotografías de los paisajes que visitaba. Pero tenía algún problema de salud, probablemente de tipo asmático, que hacía que le resultase penoso cargar con mucho peso. Con sus conocimientos de óptica y de mecánica, decidió aplicarse al diseño y construcción de una cámara ligera, que aprovechase como material sensible la película en rollos de 35 mm de ancho con doble perforación que se usaba para la filmación de pelìculas cinematográficas, concibiendo un fotograma horizontal con el doble de superficie que los fotogramas de cine. Frente a los 24 x 18 mm de estos, tendríamos un fotograma de 36 x 24 mm. Pequeño para lo que se llevaba en aquellos momentos. Necesitaría una notable ampliación para conseguir una copia de un tamaño razonable; por lo tanto, para conseguir una definición razonable la óptica tendría que ser de muy buena calidad, y usar la películas con el grano más fino posible. No es una cámara que fuesen a usar los profesionales, pero un aficionado la usaría por su portabilidad, ya que dotada de un objetivo retráctil, podría llevarse sin muchos problemas en el bolsillo de un abrigo, chaquetón o chaqueta. Sería algo más pequeña que el modelo que he mostrado anteriormente, ya que en un principio no llevaban visor con el telémetro de coincidencia usado para enfocar. Utilizaban visores más sencillos, y se enfocaba por estimación de la distancia a la que se encontraba el sujeto.

La guerra mundial dejó aparcadas la posibilidad de comercializar un aparato de estas características, cosa que sucedería a mitad de la década de los años 20, con un objetivo estándar de 5 cm de focal, y una formulación óptica que recordaba a los Tessar de Carl Zeiss, aunque se argumentó que no era tal ya que el diafragma estaba situado en otra posición. El Elmar 5 cm 1:3,5 que aparece retraído en la fotografía es básicamente un objetivo con esta formulación, aunque fabricado 25 años más tardes con recubrimientos antirreflejos en las lentes, que además usaban mejores vidrios ópticos. Pero la misma fórmula de 4 elementos en tres grupos.

El caso es que, aunque concebidas para el mercado aficionado como cámaras de calidad, su discreción y portabilidad atrajo a algunos profesionales, especialmente reporteros gráficos y fotógrafos documentalistas que veían en estas cámaras un instrumento ligero y poco llamativo en tiempos y lugares turbulentos. Eso sí, pronto empezaron a echar de menos ópticas más luminosas, especialmente cuando la competencia, Carl Zeiss, empezó a sacar a la luz esos diseños Sonnar, y luego, con los modernos revestimientos antirreflejos, las variantes de los Planar, que ofrecían calidad con aberturas máximas más luminosas que ese 1:3,5 de los Elmar de Leica.

Leitz comenzó a comercializar algunos Summar y Summitar a 1:2, e incluso algunos Xenon y Summarit a 1:1,5. Eso sí. Los profesionales tenían que elegir. Entre las buenas prestaciones en todo el rango de aberturas, con una abertura máxima modesta, u objetivos más luminosos pero con prestaciones ópticas más flojas. Hasta que llegaron los primeros Summicron, nombre que se quedaría establecido ya para siempre para las luminosidades de 1:2, y que sería y es sinónimo de altos niveles de calidad.

El primer Summicron, que es el objetivo que en este artículo nos interesa, era también un objetivo retráctil, como el Elmar. Más voluminoso claro. Y se fabricó tanto en la montura tradicional de rosca como en la novedosa montura de bayoneta M que surgió en los años 50. A continuación vemos un ejemplar que he estado probando estas semanas atrás montado sobre mi Leica M2.

La leicas de la serie M eran cámaras mucho más agradecidas de manejar que las de generaciones anteriores. Su accionamiento era mucho más rápido, su telémetro más cómo, su precisión elevada. Pero a cambio tenían un problema. Ya no eran tan pequeñas como sus antecesoras. Ya no eran tan sencillas de llevar en el bolsillo del chaquetón. Todavía podían ser transportadas con discreción, pero habían crecido de tamaño.

Veamos una comparación entre las dos anteriores.

Se nota la diferencia, ¿no?. Quizá el diseño básico sea el mismo, pero con un tratamiento a base de esteroides. Sin embargo, que la óptica fuera retráctil seguía siendo una ventaja a la hora de mantener un equipo compacto durante el traslado del mismo. Realmente, en la concepción inicial de Barnack estaba que los objetivos de las leicas fueran retráctiles para que mantuvieran al máximo su tamaño compacto. Sin embargo, el Summicron pronto recibió mejoras en sus características ópticas. Y dado que las cámaras habían aumentado de tamaño,... también en sus características mecánicas, y todas las generaciones posteriores de los 50 1:2 de Leica han sido objetivos no retráctiles, más voluminosos. De una calidad estupenda, en algún caso casi podríamos decir que insuperada durante mucho tiempo para el formato de película de 35 mm. Pero alejándose del concepto original de la Leitz Camera.

Conociendo la existencia de este objetivo, y que sus prestaciones, aunque inferiores a las de posteriores generaciones, son más que dignas, siempre me ha apetecido tener uno, por la polivalencia y la transportabilidad del equipo. Incluso montado sobre un modelo digital, todavía más voluminoso y pesado.

La introducción de la electrónica necesaria para mantener la toma digital han hecho que las leicas de la serie M digitales hayan engordado. A continuación podemos ver una de ellas, con un objetivo Carl Zeiss Biogon-C 35 1:2,8 ZM, que es de lo más compacto que podemos poner en estos días. Si lo comparamos con la fotografía anterior, vemos que sigue el proceso de aumento de tamaño. Ya no estamos hablando de un equipo compacto, aunque sea mucho menos voluminoso que un sistema réflex digital de similares características.

Poco antes de mi reciente viaje a Suiza, una persona a quien conocí no hace mucho me propuso venderme uno de estos Summicron retráctiles. La verdad es que el aspecto cosmético del objetivo es excelente. No se ven prácticamente defectos ni en las lentes ni en los componentes mecánicos. El único pero que se le podría poner desde el punto de vista cosmético es que la escala de distancias estaba en pies y no en metros. Era un objetivo que había sido destinado a su venta en Estados Unidos, que fue comprado por un español caprichoso allí, utilizado escasamente, y ahora un descendiente que no se interesa por la fotografía dispuesto a venderlo.

Con otro modelo, y con una buena oferta económica, me hubiera decidido de inmediato. Pero había leído lo suficiente sobre este objetivo para ser cauto. De hecho, la recomendación de los conocedores es universal. O lo compras en un sitio de absoluta confianza que describa con precisión sus características, o exiges poder probarlo previamente. ¿Por qué? Ahora lo explico.

El objetivo tenía unas características envidiables desde el punto de vista óptico y mecánico. Pero también tenía dos puntos débiles que han hecho que este modelo en concreto de Summicron no envejezca bien. Por un lado, las lentes frontales, las más expuestas, están fabricadas con un vidrio óptico muy blando, que se raya con facilidad. El acúmulo de rayas de limpiado, que pueden ser incluso poco apreciadas, da lugar a una pérdida de contraste en la imagen. Por otro lado, al igual que otros modelos de la época, los cementos y los lubricantes usados en aquel momento se van evaporando poco a poco y depositándose sobre la superficie de las lentes, produciéndose lo que los anglófonos llaman un aspecto “hazy” o “foggy”. Es decir, brumoso o neblinoso. Se pierde contraste y definición cuando se llega a determinados niveles. Y esto puede suceder incluso con un objetivo de aspecto inmaculado. Es uno de esos motivos por los que se recomienda conservar el material fotográfico en lugar seco y a temperatura constante no extrema.

Produciéndose la oferta en vísperas de mi viaje a Suiza, sugerí la posibilidad de probarlo durante el mismo… negociamos las condiciones,... se aceptaron las propuestas,... y he aquí algunos resultados.

No sé si se aprecia del todo bien. Creo que sí. Las fotografías están tomadas con la Leica M2 calzada con el Sumicron 5 cm 1:2 retráctil en pruebas. La película es Kodak Tri-X expuesta a su sensibilidad nominal, revelada en Tetenal Ultrafin a 20 ºC a una solución 1+4 durante 7 minutos. Las condiciones son las mismas que para las fotografías de mis últimas recomendaciones semanales, salvo que en las de esa entrada usé el Carl Zeiss Biogon-C 35 mm 1:2,8 ZM.

Existe una diferencia fundamental. Las fotografías realizadas con el Summicron tienen un contraste menor que las del Biogon-C, incluso cuando las condiciones de la toma era de más contraste, y se aprecia en torno a las altas luces una sensación de difuminado, la famosa neblina o bruma de la que antes hablaba, que se puede aplicar tanto al aspecto de las lentes, como a las de las fotografías tomadas con ellas. Es decir, a pesar del buen aspecto cosmético del objetivo, este no está en las mejores condiciones para ser un buen útil fotográfico, salvo como objetivo de efectos especiales. Y para eso no me interesa.

El mismo efecto lo he observado a la vuelta con algunas fotografías realizadas con la Leica M-E digital. Quizá incluso de forma más marcada. Por lo tanto la conclusión es clara. Es un tipo de objetivo que por su concepción y diseño me encantaría tener, pero con estas prestaciones ópticas, no. Y menos a los precios que se suelen ver cuando están en buen estado cosmético. Una pena… ¿verdad? El potencial vendedor se sintió muy decepcionado. Pero ha visto los resultados brutos de las fotografías realizadas y ha comprendido la situación…

Me despido con esta fotografía tomada con la Leica M-E digital, en la que el contraste está corregido, pero que no se puede evitar apreciarse la sensación de bruma en las altas luces, efecto que nunca he observado por ejemplo en el Carl Zeiss Planar 50 1:2 ZM, y sí en el Industar-22, el 50 mm 1:3,5 de fabricación soviética, muy inferior de partida a todo lo que estamos hablando aquí. 

Fotografía nocturna y de interiores con una Leica M2

Un objetivo razonablemente luminoso, un carrete de negativo color ISO 400, y experiencia en velocidades de obturación bajas es todo lo que hace falta.

Siempre me ha maravillado una cosa. Hoy en día, suspiramos por cámaras fotográficas digitales con capacidad de ajustar la sensibilidad del sensor a índices de exposición (IE) bien altos. Recientemente, el mundillo de los tecnófilos fotográficos saludaban la llegada al mercado de la Nikon Df, cámara digital de aspecto retro, de la que se dice que puede ser disparada a un IE de 204.800. Como alguien dijo, diríase que el principal motivo de interés de los fotógrafos modernos son los gatos negros que rondan de noche por las carboneras con las ventanas cerradas.

El caso es que si retrocedemos en el tiempo, podemos ver fotografías realizadas por fotógrafos documentalistas en condiciones de luz realmente limitadas, a mano alzada, y en épocas donde la sensibilidad de las películas rondaba los 320 — 400 ASA (ISO en la actualidad), y que en caso de necesidad se exponían a IE uno o dos pasos por encima, forzando el revelado posterior. Es decir, prolongando el tiempo de revelado.

Una de las ventajas que se han otorgado a las cámaras telemétricas sobre las cámaras réflex es su aptitud para se disparadas a velocidades de obturación inferiores a las de estas últimas. Al no disponer de un mecanismo de espejo que puede producir trepidación de la imagen, en lugar de seguir la regla de seguridad de disparar como mínimo al inverso en segundos de la distancia focal en milímetros del objetivo, se podría disparar a velocidades más lentas. Lo anterior referido al formato estándar de película perforada de 35 mm. Así por ejemplo, con una focal de 50 mm, se recomendaría no bajar de una velocidad de obturación de 1/50 segundos en una cámara réflex, pero un fotógrafo entrenado podría obtener resultados aceptables, no trepidados, con velocidades de 1/30 a 1/15 segundos. Incluso menos para los más mañosos. Con las cámara digitales esta regla no se considera válida. Los sensores digitales perdonan menos las ligeras trepidaciones de la cámara, y habría que multiplicar por dos los valores anteriores, para todos los casos. Por tres en el caso de los sensores con más resolución espacial. Pueden bajar los valores, cuando se dispone de un mecanismo de estabilización de la imagen, bien sea acoplado en el objetivo, bien en el sensor de la cámara.

Una de mis cámaras favoritas, aunque aun no hace un año que me hice con ella, es la Leica M2. Una telemétrica fabricada en el año 1961 que es sumamente agradable de utilizar, muy precisa en su enfoque por telémetro, e idónea para entrenarse en las técnicas de nuestros ancestros para hacer fotografía documental en condiciones de luz escasa. Os cuento una experiencia con fotos.

En primer lugar os presento la cámara. Como digo, según su número de serie, está fabricada en 1961, tiene más de 50 años, pero está en un estado impecable. El objetivo que lleva habitualmente es un Carl Zeiss C Biogon 35/2,8 ZM, moderno de fabricación pero con una concepción clásica, con el que me hice para acompañar por defecto el aparato. El visor de la cámara presenta marcos para encuadrar las focales de 35, 50 y 90 mm, lo cual me conviene a mi parque de objetivos compatible con esta Leica totalmente mecánica.

Vista desde arriba se observa todo lo que se necesita para hacer fotografías. En el objetivo, una rueda para seleccionar la apertura del diafragma en tercios de paso, y una rueda de enfoque con una generosa escala de profundidades de campo, muy útil para no perder el tiempo enfocando. En el cuerpo, una rueda de selección de velocidades de obturación entre 1 y 1/1000 segundo, más posición B y la velocidad de sincronización del flash de 1/50 segundo, simbolizada por un rayito rojo. No tiene fotómetro. O se usa un fotómetro externo o se estima la exposición. Más clásico, imposible.

Aunque muchos consideran el mando de rebobinado un “coñazo” por su lentitud, a mí me parece una monada. En la actualidad se puede encontrar en la Leica MP, cámara que se puede comprar nueva, y que es básicamente como la M2, pero con fotómetro y algún refinamiento cosmético más. Su visor también admite objetivos de 28 mm de longitud focal. Pero eso puede considerarse como una ventaja o un inconveniente, según gustos. Se usa básicamente igual, pero cuesta casi siete veces más de lo que me costó a mí la M2.

Levantando la tapa trasera podemos ver las entrañas de la cámara. Esta tapa permite un enhebrado de la película más cómodo que con las cámaras de montura de rosca anteriores.

Como la experiencia que narro tiene que ver con la fotografía con luz escasa, va a llevar montado un objetivo Canon S 50/1,8 de segunda generación. Objetivos para montura de rosca M39, compatibles con las Leicas de rosca, y también con las de la serie M con tal de incluir el adaptador correspondiente. Su mecanismo de enfoque se acopla con el telémetro de coincidencia, por lo que la funcionalidad de la cámara es total.

Su calidad óptica no es tan reputada como los Leitz de su época, pero no funciona nada mal. Desde luego tiene buen rendimiento a diafragmas medios de f/5,6 y f/8, pero también se puede usar a plena abertura salvo con el sol de frente. Y tiene algunas ventajas sobre los Leitz. Por ejemplo, el ajuste del diafragma no está en la parte superior del objetivo, sino a 45º en dirección a la ventana del visor. Eso hace que cuando encuadras, por la ventana del visor puedas ver qué abertura estás usando. Con muchos Leitz, eso no pasa.

Para esta prueba de fotografía con luz ambiente escasa, bien nocturna, bien en interiores, opté por cargar la Leica M2 con un carrete de Kodak Portra 400. A partir de ahí, y puesto que sistemáticamente íbamos a encontrarnos en situaciones de luz escasa, situamos los parámetros de exposición en el diafragma más abierto, f/1,8, y con la velocidad de obturación mínima de 1/30 segundo. Si se apreciaba algo más de luminosidad, a 1/60 segundo para evitar trepidaciones. Claro que una velocidad tan lenta no puede fijar el movimiento de una persona al caminar.

La película Kodak Portra 400 tiene mucha latitud de exposición. Dejando más o menos fijos los parámetros podemos asumir que en determinados momentos estamos con una exposición correcta para un IE 400, su sensibilidad nominal, pero en ocasiones sobrexpondremos y en otras subexpondremos.

En lo que se refiere a escenas nocturnas el resultado ha sido razonablemente bueno en lo que se refiere al contraste y los colores. Sin embargo, ha habido un cierto número de imágenes trepidadas. Yo no me puedo considerar un fotógrafo ducho a la hora de disparar a mano alzada con velocidades lentas. Tampoco muy torpe, pero no puedo evitar tomas movidas, salvo si tengo tiempo para preparar el disparo.

Si las fotografías anteriores corresponden a un sábado por la tarde-noche, al día siguiente domingo fuimos a las tiendas de libros y arte del entorno del patio de las Armas, coincidiendo con el mercadillo que se celebra el segundo domingo de cada mes. Aquí, asumiendo mejor iluminación la exposición fue de f/2 y 1/60 segundo. En general, también quedaron correctamente expuestas, siendo aceptables los resultados incluso cuando se detecta que el IE fue mayor que la sensibilidad nominal de 400 ISO.

Con un poquito de entrenamiento, se pueden afinar mejor la combinación de valores de diafragma y velocidad de obturación para mejor rendimiento de la película y con menor número de tomas trepidadas. En cualquier caso, queda demostrado que no hay que tener tanta ansiedad por los IE elevados, si bien es cierto que con cámaras digitales, al necesitar velocidades de obturación más rápidas, el ISO a ajustar en la cámara necesitará ser uno o dos valores más elevados. En cualquier caso, no más de 1600 o como mucho 3200 ISO. Que ya es bastante. ¿Para qué 204.800?

Leitz Summarit 5 cm 1:1,5 - uno de los objetivos "malos" de Leica

Una de las características de los fotógrafos de reportaje de mediados o finales de los años 30 es que se habían empezado a acostumbrar a la ligereza y discreción de las cámaras telemétricas Contax o Leica para película de 35 mm con doble perforación. Inicialmente considerada como un tipo de película con un formato excesivamente pequeño para un uso profesional, la realidad del día a día hizo que poco a poco fuera ganando terreno y alcanzaran un estatus de respetabilidad profesional con fotógrafos como Cartier-Bresson o Robert Capa.

Estas cámara nacieron acompañadas de objetivos también ligeros y eficaces, del tipo Tessar para las de Carl Zeiss, o Elmar para las Leica. Objetivos con cuatro lentes, muy similares entre sí, pero con una luminosidad moderada. Escasa para los tiempos actuales. Con una abertura máxima de f/3,5 y la limitada sensibilidad de las películas de aquella época, era complicado hacer fotografías en condiciones de luz escasa. Para colmo, en 1935 sale al mercado el primer proceso exitoso comercialmente de fotografía en color, las diapositivas Kodachrome, pero la sensibilidad de aquel material sensible se limitaba a unos pobres 10 ASA (10 ISO en la actualdad). Por todo ello, había gran presión entre los fabricantes de ópticas fotográficas para conseguir modelos de objetivos más luminosos y de calidad suficiente. Los primeros fueron con abertura máxima f/2, que no estaba nada mal para la época. Hay que considerar que los costes de fabricación de los objetivos no aumentaban de forma lineal sino de forma exponencial a los diámetros de las lentes, por lo que ganar un paso de luminosidad podía suponer multiplicar por cuatro el coste del objetivo. El caso es que a pesar de todo, Carl Zeiss metió un gol por toda la escuadra a su rival Leitz al comercializar el 50 mm Sonnar con una abertura máxima de f/1,5. Muy impresionante.

En Leitz, los fabricantes de las famosas Leica, esto les pilló a contrapié. Y como preferían ir a su marcha con el desarrollo de su coherente línea de objetivos, decidieron no obstante ofrecer un objetivo luminoso a sus clientes, y se lo encargaron a otro fabricante de ópticas de prestigio, Schneider Kreuznach. Y así nació el Leitz Xenon 5 cm 1:1,5. Considerado siempre muy flojo a grandes aberturas, especialmente a f/1,5, no obstante era una opción cuando la necesidad apretaba.

Después de la guerra, con la rápida recuperación de la industria alemana, se empezaron a aplicar los revestimientos a las lentes de los objetivos que disminuían las reflexiones internas y aumentaban la transmisibilidad de la luz y el contraste de la imagen. Cuando estos revestimientos se aplicaron al Xenon 5 cm 1:1,5, nació el Leica Summarit 5 cm 1:1,5. Como vemos, a pesar de que la fórmula óptica era la misma, hubo un cambio en la denominación comercial del objetivo, abandonándose la denominación propia de Schneider Kreuznach, Xenon, a favor de una más propia de Leitz, Summarit. Hay que decir que fue la única ocasión en que esta denominación se usó para un objetivo tan luminoso. En la actualidad, la denominación Summarit se reserva para objetivos con una abertura máxima de f/2,4 o f/2,5. Este objetivo se fabricó principalmente con montura de rosca, y es conocido que el fotógrafo William Eggleston lo uso en su juventud con una Leica IIIf. Pero a partir del momento en que salieron al mercado las cámaras con bayoneta M, también se fabricó con esta montura hasta que en 1961 fue sustituido por los mucho más prestigiosos Summilux 50 mm 1:1,4.

Pues bien, recientemente han llegado a mi posesión dos objetivos que podemos considerar particulares. De uno de ellos hablaré otro día, aunque adelanto que las dos fotografías que veréis a continuación están tomadas con él, y que tienen una estética peculiar. El otro es uno de estos Leitz Summarit 5 cm 1:1,5, en muy buen estado. Lo vemos montado en la Leica IIIf, junto al actual Zeiss Biogon-C 35/2,8, y montado con una adaptador a bayoneta M en la Leica M-E digital.

De los objetivos fabricados por o para Leica, este es uno de los que tiene una reputación más dudosa, aunque no faltan usuarios que se dejarían cortar un miembro antes que abandonar a su Summarit. Básicamente los defectos que se le atribuyen son:

1) Flojo comportamiento ante contraluces e iluminaciones directas a pesar del revestimiento que recibió la versión Summarit (la versión Xenon no lo tenía). En las pruebas que he hecho hasta el momento, parece que se confirma este hecho. Veremos a continuación una fotografía realizada a contraluz en la que hay un artefacto de color en el centro del fotograma. Habrá que conseguirle un parasol y evitar ciertas tomas.

2) Rendimiento en las esquinas muy muy flojo a grandes aberturas con escasa definición. Esto me importa más bien poquito, porque no soy aficionado a fotografiar paredes de ladrillo. Y con esas aberturas lo normal es que lo que hay en las esquinas esté desenfocado. Un ejemplo.

3) Problemas con la curvatura de campo que pueden provocar desplazamiento del punto de enfoque en el centro a aberturas amplias. Algo que a partir de f/2,8 no se notaría por el aumento de la profundidad de campo. No lo he observado en mi ejemplar de momento.

4) Sobre la calidad del desenfoque, el famoso bokeh, hay quien la considera un defecto y hay quien la considera una virtud. A mí, de momento, aunque se me hace algo rara, no me molesta. Véase la anterior fotografía, o en la siguiente con una distancia de enfoque más alejada y un efecto menos pronunciado.

5) Aunque la nitidez global progresa conforme se cierra el diafragma, como se dice por ahí, cualquiera sabe hacer un buen 50 mm a f/8, se dice que el contraste permanece un poquito blando en su conjunto. De momento sólo lo he probado con cámara digital, que es mucho más exigente que con película. Los ajustes de luminosidad y contraste en las fotografías que os muestro son mínimos.

6) Rendimiento del color mejorable. Nunca sé evaluar con precisión si los colores que proporciona un sistema óptico son fieles o no. Pero mi sensación subjetiva es que no me resultan desagradables y tienen una saturación adecuada. En la siguiente fotografía está un poco reforzada porque me lo pedía el motivo.

En resumen, es absurdo pretender que un diseño de los años 30 mejorado en vísperas de los años 50 del siglo XX tenga rendimientos equivalentes a los objetivos modernos de hoy en día. No me he hecho con el por ese motivo, sino porque me resulta divertido y motivante usar material fotográfico clásico. El chisme está en muy buen estado. Mientras que el Elmar 5 cm 1:3,5 se quedará a vivir de forma estable con la Leica IIIf, y la Leica M-E va servida habitualmente con mis dos objetivos Zeiss, el Biogon-C 35/2,8 y el Planar 50/2, este Summarit 5 cm 1:1,5 se quedará instalado de forma también estable en la Leica M2 con el adaptador oportuno a la bayoneta M. Y no dudaré en usarlo en situaciones de luz escasa si se presenta la ocasión.

Como dijo Cartier-Bresson, la nitidez es un concepto burgués, y la calidad de la foto no depende sólo de las métricas de la óptica. Fundamentalmente depende de la capacidad del fotógrafo para sacarle todo el rendimiento posible.

La gran avenida del Ebro a finales de febrero y principios de marzo de 2015, con la Hasselblad, Fujifilm Neopan 100 Acros y un vídeo

Había dos cosas que quería hacer. Y aproveché el pasado domingo, cuando todavía la gran avenida del Ebro que ha afectado a las comarcas ribereñas de este río en la provincia de Zaragoza estaba todavía en crecida, para hacerlo.

La primera era comprobar hasta que punto el Carl Zeiss Planar 80/2,8 está limitado. Este objetivo es el único que no me costó nada. Había sufrido previamente un accidente, fue arreglado, pero la sensación es que no acababa de ir bien. Así que tenía que comprobar sus auténticas limitaciones.

La segunda era utilizar la versión para formato medio de la película Fujifilm Neopan 100 Acros, de la que se dice que es la mejor película negativa en blanco y negro para una sensibilidad de 100 ISO que hay. Grano muy fino, gama de grises muy amplia, fácil de revelar, excelentes resultados en diversas circunstancias. Ya la había probado en formato 135.

Efectivamente, el Planar 80/2,8 está limitado, y la naturaleza de su limitación está mucho más clara de lo que pensaba por lo que me habían contado. No enfoca a infinito. Cuando la rueda de enfoque llega a su tope y marca enfoque a infinito, en realidad está enfocando a una distancia de unos 7 metros, he calculado a ojo. La hiperfocal a f/16 según la DOF Calculator estaría casi a 9 metros. A f/22, la apertura mínima del objetivo, estaría alrededor de 6 metros y 35 centímetros. Realmente sigue siendo útil para retratos o para fotografiar objetos relativamente cercanos, siempre que no nos importe o nos venga bien sacrificar la nitidez del fondo lejano de la imagen. Hasta ahora sólo lo había probado en alguna naturaleza muerta en casa, donde no hay problema. Pero definitivamente está limitado. Tendré que buscar una solución. O lo intento arreglar... o me compró un objetivo estándar para la Hasselblad.

En cuanto a la Acros, realmente es una película excelente que me hace lamentar tener un escáner que limita la resolución final que la imagen puede alcanzar. Revelado con HC-110, a 20 ºC durante 7 minutos a la dilución E (1+47 a partir del jarabe concentrado), da unos resultados excelentes, siendo una combinación muy cómoda de utilizar para quien no se pega el tiempo revelando carretes fotográficos. Una favorita. La única pega que le encuentro es que su estabilidad dimensional no es muy buena, se comba bastante, por lo que cuesta colocarla en el portanegativos del escáner lo suficientemente plana para optimizar la resolución. Pero con un poco de cuidado y dedicación, se escanea muy bien. A 3200 pixeles por pulgada, obtenemos un archivo de casi 50 megapíxeles, a partir del cual recomiendo usar imágenes para imprimir no mayores de los 35 x 35 cms o 40 x 40 cms como mucho. Con este escáner. No me puedo ni imaginar lo que sería poderse permitir el lujo de escanearlo con un escáner de tambor... ríete tu de los millones de píxeles de algunas cámaras modernas y de los miles de euros que cuestan.

Os dejo un pase de fotografías con los ejemplos del domingo pasado.

Ese mismo día, además de la Hasselblad 503CX me llevé como complemento la compacta Leica D-Lux (Typ 109), que usé para tomar algunos pequeños clips de vídeo. Que he montado en un vídeo de algo más de tres minutos que podéis ver a continuación. Como no me llevé trípode, los clips de vídeo fueron tomados a pulso, por lo que quedaron un poco trepidados. He utilizado la opción de Youtube para estabilizarlos, y no quedan mal, aunque en alguna escena se ve algún artifacto. Especialmente en la base de los troncos anegados por la inundación.

Para despedirme, os dejo el vídeo.

Leica D-Lux (Typ 109) - Una nueva compacta, competente viajera

Desde hace más de 20 años he tenido cámaras compactas complementarias de los sistemas de cámara de objetivos intercambiables que consideraba mi equipo principal en mis proyectos fotográficos. Con carácter general, disponer de una cámara compacta es la mejor forma de tener siempre una cámara a mano si surge la oportunidad fotográfica. Especialmente en los viajes, la cámara compacta ha cumplido un doble papel. Por un lado, es una cámara de respaldo, que te permite seguir haciendo fotografías incluso si tienes algún problema. Esto me ha pasado en alguna ocasión. Así que no hay que tomarlo a broma.

En 2007, de viaje por Finlandia, el obturador de mi Canon EOS D60 entregó su alma, y durante unos días seguí el viaje con una modesta compacta Fujifilm Finepix F10; como en esta fotografía tomada en Porvoo.

Desde hace unos años, mis cámaras compactas de respaldo han sido de la serie de las PANASONIC LX/LEICA D-LUX. Estás compactas para usuarios exigentes estaban desarrolladas conjuntamente por la marca japonesa y la casa alemana. La primera se encargaba de la parte electrónica y la segunda diseñaba la óptica, aunque esta se fabricase también en tierras niponas. El resultado eran unas pequeñas cámaras, con objetivos luminosos, con una gama de focales contenida pero suficiente, y buena calidad de imagen a sensibilidades bajas. Durante los últimos años, he venido usando una LEICA D-LUX 4, que usaba con sensibilidades de hasta ISO 200 gracias a su competente estabilizador de imagen. Por encima de aquí, la calidad de la imagen se resentía por el pequeño tamaño del sensor de imagen, de 1/1,7". Pero he realizado algunos viajes donde una cámara de este tipo ha sido mi cámara principal, en los que necesitaba o quería ir muy ligero de equipaje. Por ejemplo, en PARÍS en 2008 o en BERLÍN en 2009, viajes en los que llevé una PANASONIC LUMIX LX3 como cámara principal, y una CANON POWERSHOT IXUS 860 como cámara de respaldo. Dos compactas, una en cada bolsillo.

Esta fotografía de unos niños jugando en el memorial a Marx y Engels de Berlín está hecha con una Panasonic Lumix LX3.

Durante el viaje a JAPÓN en el mes de septiembre de 2014, detecté que en el centro de la imagen de las fotografías tomadas con la D-LUX 5 aparecía una mancha oscura, no muy visible en algunas de ellas, pero sí en aquellas en las que un color uniforme, como el cielo, ocupase esa zona. Un aburrimiento el ir corrigiendo las fotografías. Por otra parte, es una cámara que había llevado una vida agitada y se notaba en algunas cuestiones. Así que decidí que había que buscarle una sucesora.

Coincidiendo con tal hecho, resultó que el tándem PANASONIC/LEICA sacó una sucesora con unas características un poco especiales. Se trata de la PANASONIC LUMIX LX100, o en su versión germanizada la LEICA D-LUX (TYP 109). Con elementos heredados de su estirpe anterior, la cámara venía con una serie de novedades muy importantes:

un sensor de tamaño 4/3" de cerca de 13 megapíxeles; en realidad es un sensor de 16 megapíxles, en el que no se aprovecha todo su tamaño para conseguir que los formatos de imagen de 4:3, 3:2 y 16:9 tengan todos la misma longitud en su diagonal, y por lo tanto el objetivo conserve su ángulo de visión para una focal dada, no importa el formato de la imagen;

un objetivo de focal variable, equivalente a un 24-75 mm en formato 24 x 36 mm, con una luminosidad de f/1,7 en su posición gran angular y f/2,8 en su posición tele;

un visor electrónico a la altura del ojo de gran calidad de visión;

unos mandos más clásicos, con selector de diafragma en el objetivo, con rueda de enfoque/focal en el objetivo también y con dos ruedas para la selección de velocidades de obturación y para la compensación de la exposición.

A cambio, presentaba un inconveniente que podía ser importante; un aumento notable del tamaño. Sigue siendo una compacta, pero ya sólo cabe en bolsillos de abrigos, chaquetones, cazadoras o similares. Nunca más en el del pantalón. Eso sí, con la promesa de una mejora en la calidad de imagen, que se pondría a la altura de la de las cámaras micro cuatro tercias, muy superior a los sensores pequeñitos que hasta ahora llevaban las compactas. También perdía el flash incorporado, aunque se suministra con un pequeño flash accesorio, a montar en la zapata prevista a tal efecto.

Después de mucho pensarlo, decidí asumir las desventajas a cambio de la mejora de la calidad de imagen. Opté por la versión LEICA, algo más cara que la PANASONIC, aunque la diferencia no es tan acusada como en el pasado, pero que viene con una licencia oficial para ADOBE PHOTOSHOP LIGHTROOM. Y ha sido mi cámara principal en mi viaje reciente a PARÍS. En otra entrada ya os hablaré de la que ha sido mi "cámara de respaldo".

Este autorretrato en el Centro Pompidou da una idea del compacto tamaño de la Leica D-Lux (typ 109).

Aunque no quepa en el bolsillo de un pantalón, sigue siendo una cámara muy compacta. Tan compacta que en algún momento su ergonomía se resiente. El tamaño de su objetivo y la disposición de sus mandos hace que esté bien para usar modos manuales o con prioridad al diafragma, pero hace más complicada la posibilidad de usarla con una sola mano. Cosa que hacía con su antecesora. Bien es verdad que con el pequeño tamaño del sensor de la D-LUX 5, dada su enorme profundidad de campo, la usaba siempre en modo PROGRAM, y sólo usaba la rueda para compensar la exposición. En esta hay que trabajar más.

En posición gran angular, no hay mucho problema en la gestión de la profundidad de campo, pero hay que cuidar donde se enfoca a diafragmas muy abiertos.
La focal mas angular es muy conveniente para practicar el paisaje. No conviene cerrar del todo el diafragma a f/16 para evitar el efecto de la difracción; salvo que queramos que este sea evidente como en esta puesta de sol.

En su posición teleobjetivo, algunos encontrarán los 75 mm un poco justos. Yo estaba acostumbrado a una focal un poco más larga, los 90 mm. La diferencia no es muy aparente. En cualquier caso, es suficiente para hacer retratos. Su apertura máxima de f/2,8 no va a permitir desenfoques espectaculares, pero es suficiente para aislar al motivo principal del fondo.

La cámara es muy discreta y totalmente silenciosa, especialmente si entra en funcionamiento su obturador electrónico.
Así que funciona muy bien en modo reportaje, para realizar retratos inadvertidos. Aunque los 75 mm obligan a acercarse más a la "presa" de lo que mucha gente considera cómodo.

Acostumbrado al rendimiento de mi sensor micro cuatro tercios OLYMPUS, esperaba que con una cámara con un sensor del mismo sistema y casi tres años más nueva, el resultado fuera similar. Pero me he llevado una pequeña decepción. Los sensores de las PANASONIC/LEICA siguen estando un paso por detrás con respecto a otras marcas. Desde luego, una sensibilidad utilizable de ISO 1600, combinada con un objetivo luminoso y un sistema de estabilización óptica muy conveniente da mucho de sí. Pero espera algo más.

A pesar de su rendimiento mejorable a ISO alto, se puede usar la cámara sin mucho problema en condiciones de luz escasa.
La fidelidad del color me parece bastante buena, aunque es algo que nunca me ha importado mucho. Siempre revelo los RAW más de acuerdo a mis sensaciones y percepciones que buscando una absoluta fidelidad. Determinadas desviaciones cromáticas me gustan.

El balance de estas primeras semanas de uso intenso de mi nueva cámara es que va a ser un aparato que podré disfrutar en múltiples ocasiones, aunque tendré que acostumbrarme a algunas idiosincrasias específicas para sacarle el mejor rendimiento. Durante mi estancia en PARíS, en el CENTRO POMPIDOU donde están tomadas la mayor parte de las fotografías de este artículo, coincidí con una chica japonesa que llevaba la versión de PANASONIC de la cámara. He de decir que quizá sea más recomendable que la versión LEICA. Esta tiene un diseño externo más limpio y cuidado, es más bonita. Pero la LX100 tiene mejor agarre. En estos momentos, yo optaría por ésta sin lugar a dudas. Aunque no me arrepiento de la compra.

Es más, en el último Choco-encuentro de FOTÓGRAF@S EN ZARAGOZA del que ya os he hablado la usé y una de las imágenes, muy simpática ha entrado en el EXPLORE del día 14 de diciembre de FLICKR... Todo un éxito. Para quien valore estas cosas. A ver quien la encuentra en el enlace anterior...