La fotografía como afición y otras artes visuales

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Mirando la cielo - Introduciéndome en la astrofotografía sin telescopio

Primero, un poco de historia personal. Yo soy un chico de ciencias. Muy de ciencias. El pensamiento y el método científico, sus dosis de sano escepticismo y su necesidad de un proceso ordenado de creatividad y razonamiento, siempre se han adaptado bien a mi forma de ser. Me orientaron en mis elecciones académicas y profesionales, me ayudan a una toma de decisiones rápida y sensata y me resuelven un porcentaje alto de situaciones cotidianas. No desdeño, sin embargo, muy al contrario, las ideas y las formas de trabajar que surgen de las humanidades, de las letras o de las artes. Frente a quienes tienden a contraponer, yo las veo como disciplinas complementarias. Pero voy a ser muy duro. A lo largo de mi vida, me he encontrado con muchos más dogmáticos e intransigentes entre las personas del mundo de las letras y las humanidades que desprecian las ciencias, que en el caso contrario. El escepticismo inherente al pensamiento científico es una vacuna eficaz contra los dogmas y las intolerancias.

Como consecuencia, todo tema relacionado con las ciencias siempre me ha interesado. Y uno de los que más, es inevitable si te planteas la clásica pregunta del ¿qué hago yo aquí?, es mirar al universo e intentar descubrir que es y como funciona. Y para mirar al universo, sólo tenemos que hacer algo. En una noche sin luna, lejos de las ciudades, mirar hacia arriba. Al cielo. Y eso es algo que empecé a hacer muy joven. Tengo un razonable conocimiento del paisaje del cielo nocturno en el hemisferio boreal. A ver cuando encuentro la ocasión para ir a disfrutar del austral.

Curiosamente, a pesar de la afición por la afición que me surge en un momento dado en los años 80 del siglo XX, me costó tiempo asociar ambos centros de interés. Y nunca los he conseguido acomodar juntos; han discurrido de modo paralelo. Con algunos jalones por el camino... por ejemplo, la visita del cometa Hale-Bopp.

El cielo del hemisferio boreal en la primavera de 1997 fue un espectáculo impresionante, con aquel gran competa, el Hale-Bopp, que nos visita cada 2537 años. Con sus dos colas visibles, una azulada, apuntando al sol, otra amarilla, más curvada, y una tercera no visible a simple vista, es uno de los cometas más llamativos de los que se tiene constancia, si no el que más. Tras observarlo en varias ocasiones, me armé de mi Pentax MX, el SMC-M 50/1,7 y un carrete de Fujicolor 1600 y me fui a fotografiarlo en las cercanías de Castejón de Valdejasa. Hoy hubiera elegido un equipo muy distintos y hubiera obtenido mejores resultados, pero el que no sabe... hace lo que puede. Además, el núcleo del cometa estaba muy cercano en apariencia a la constelación de Casiopea, y eso lo hacía más bonito. ¿No lo veis claro? Os lo remarco.

Esto despertó en mi las ganas de hacer fotografía astronómica. Aunque mis conceptos no estaban muy centrados. Lo reconozco. Durante un tiempo acudí con la Agrupación Astronómica Aragonesa a observar en sus salidas nocturnas a Monegrillo. No hice fotos. Me recomendaron que antes de ponerme a acoplar la cámara de una forma u otra a un telescopio, me tenia que acostumbrar a observar con estos instrumentos, y a moverme ágilmente por el cielo. Cuando ya me estaba animando, mi madre cayo enferma y dejé de acudir. A lo que falleció me madre, en 2003, yo estaba con la cabeza en otras cosas. Y la fotografía empezaba a avanzar por caminos muy distintos. De ese año es también mi primera cámara digital.

El caso es que durante más de diez años volvieron a ser dos centros de interés que caminaron por caminos distintos no convergentes.

Hace unos días, José Miguel Aznar (Masjota), un amigo y excelente aficionado a la fotografía, especialmente de naturaleza, propuso en el grupo Fotógrafos en Zaragoza una salida nocturna para la noche del sábado 27 al domingo 28 de mayo. El objetivo era, aprovechando la luna nueva, ligeramente creciente, que iba a aparecer muy tarde en el cielo, ya de madrugada, hacer fotografías de la Vía Láctea.

Vayamos con la primera que hice que me servirá para comentar las circunstancias de la noche.

Tomada poco después de la medianoche en algún lugar de Los Monegros elegido por el elegante pitón rocoso que permitía tener un buen primer plano en el paisaje nocturno, nos muestra que tuvimos un problema de presencia de nubes durante toda la noche. Que además reflejaban la luz de los núcleos de población y hacía que tuviéramos más contaminación lumínica de la esperada.

En cuanto al equipo digital, también me llevé una cámara para película tradicional de la que hablaré después, opté por uno ligero. Que fuese adecuado al trípode de viaje, porque el más grande iba a estar ocupado con la otra cámara. La Olympus OM-D E-M5 era la opción más razonable. Estuve pensando en llevar o el zoom Olympus 12-40/2,8 que me daba más ángulo de visión a 12 mm (equivalente a un 24 mm en formato de 24 x 36 mm) o el PanaLeica 15/1,7, más cerrado (equivalente a un 30 mm en formato de 24 x 36 mm), pero un paso y un tercio más luminoso que el anterior. Al final opté por este. Ambos son buenas ópticas. Pero los 30 segundos que di en esa primera exposición fueron excesivos, y las estrellas no eran puntuales. Pasé a usar durante el resto de la noche una exposición de 15 segundos con el objetivo a f/1,7. Una de las ventajas del micro cuatro tercios es que la profundidad de campo es mayor, y es más fácil conseguir el conjunto enfocado. El inconveniente, más con mi ya veterana cámara, que va a cumplir 5 años, es que el ruido electrónico es más aparente que con otros sistemas de captores de imagen más grandes.

En mi segunda exposición,...

Las cosas mejoraron. Las estrellas aparecían genuinamente puntuales, elegí una porción del cielo que me parecía más limpia de nubes, y la vía láctea estaba ahí presente. Manteniendo cierto interés el suelo del paisaje, gracias a las siluetas de los montes y a las luces de la civilización en la distancia.

Además, me aparecieron dos estelas, que en estos momentos no me siento capacitado para decir si son satélites artificiales o si por ventura alguna de ellas pudo ser un meteorito entrando en la atmósfera terrestre. ¿Quizá la más débil?

A partir de ahí, todo fue ir haciendo pruebas toda la noche.

Poco a poco, con una reflexión razonada de hacia donde apuntar, pero manteniendo los ajustes de enfoque y exposición, fui consiguiendo imágenes de la Vía Láctea en la que esta se veía más claramente. Es cierto que poco a poco comprendí hasta que punto un angular más amplio es interesante para conseguir una visión más espectacular de la misma. Pero ahí estaba. Se diferencian claramente las nubes terrestres, de tono amarillento por la contaminación lumínica de las poblaciones, de las acumulaciones de gases y polvo que se acumulan cuando miramos hacia la regiones centrales de nuestra galaxia, de tonos más azulados.

Por supuesto, es clave para conseguir estas imágenes el procesado posterior, que yo he realizado en Adobe Photoshop Lightroom. Hay que jugar con cuidado y habilidad con los controles de exposición, contraste, claridad y la herramienta "neblina (dehaze)" para ir resaltando la galaxia en la que vivimos sobre el fondo del cielo. Mi versión de Lightroom, que no es la de suscripción, no tiene la herramienta "neblina (dehaze)". Pero conseguí hace tiempo unos preajustes que la replican muy bien. También se puede conseguir con combinaciones de las herramientas "contraste" y "claridad", de los que tengo que tirar en caso de ajustes zonales, que no afecten a todo el conjunto de la imagen. Pero en cualquier caso, este es un ámbito en el que tengo mucho margen de aprendizaje todavía. Y también en el de corregir el color, tema que en cualquier género de fotografía siempre me genera muchos dolores de cabeza.

Esta última imagen tomada con el 15 mm podría haber estado muy bien si no fuera por la impertinente nube que me tapa lo más interesante de la galaxia. Una pena.

Como curiosidad, también llevaba encima mi ojo de pez/tapa de cuerpo de cámara de 9 mm de focal y f/8 de apertura fija. Hice un par de fotos con él, aumentando la exposición a 30 segundos y la sensibilidad a 3200 ISO en lugar de 1600 ISO, para compensar la mucha menor luminosidad. Pero no lo neguemos. Aunque me ha funcionado en algunas ocasiones en modo reportaje, el objetivo es una calamidad óptica y causa unos destrozos en la delicada imagen del cielo nocturno que no te quiero ni contar. Estos es lo más razonable que he conseguido a partir de esta óptica.

Pero como os he contado, hubo otra cámara en juego. Una para película tradicional. Me llevé la Hasselblad 503CX con el Distagon 50/4, un gran angular equivalente a un 28 mm por decir algo en el formato de 24 x 36 mm, y algún rollo de Fujifilm Neopan 100 Acros. Esta película me pareció especialmente adecuada para mis fines por los siguientes motivos. Ofrece unos negros profundos, es de grano muy fino, y se ve muy poco afectada por los fallos en la ley de la reprocidad. Hasta 2 minutos de exposición no se ve afectada, y a partir de ahí sólo hay que corregir el equivalente a un paso de exposición.

El objetivo era obtener paisajes nocturnos de largas exposiciones, con las estelas de las estrellas girando sobre nuestras cabezas. En realidad somos nosotros los que damos vueltas, bajo un cielo relativamente estático, pero estamos hablando de movimientos aparentes. De entrada intenté una circumpolar, apuntando a la Estrella Polar, en la Osa Menor. Tiempo de exposición, 30 minutos. Apertura, f/4. Enfoque, a la hiperfocal, usando la escala de la que dispone el objetivo a tal fin.

Revelada en Kodak HC-110 durante 7 minutos a 20 ºC en una dilución E (1:48), después de digitalizar el negativo he ajustado el contraste un poco. Dejando aparte que al encuadrar a oscuras el horizonte me ha salido más alto de lo que me apetecía, para ser mi primera circumpolar, con un tiempo modesto de exposición, no está mal. Hay una misteriosa línea negra que va de arriba a abajo en el negativo y que desconozco a qué se debe. Sólo aparece en los dos negativos que expuse esa noche.

El siguiente lo hice apuntando aproximadamente al ecuador celeste. En dirección opuesta a la anterior. Idénticos parámetros salvo un tiempo de exposición de 20 minutos en lugar de media hora. Aquí he eliminado esa línea negra con el pincel corrector en Affinity Photo, que es el programa de tratamiento de imagen donde he realizado el procesado posterior a la digitalización. El ecuador estaba un poco más alto de lo que yo pensaba y las estrellas que aparecen son ya del hemisferio austral celeste por lo que la curvatura es inversa a las de la circumpolar.

En líneas generales, teniendo en cuenta que es mi primera noche en serio con este tipo de fotografía, me encuentro bastante satisfecho. Obviamente, me queda mucho margen de aprendizaje. Pero no está mal.

Terminaré con flores. El carrete de Fuji Acros admitía doce exposiciones y sólo hice dos en esa noche. Por lo que el resto lo disparé a mis orquídeas en casa. Os dejo con una de las fotos.

Primeros carretes de prueba con la Hasselblad 500C/M

Os contaba ayer las características de mi nuevo equipo de formato medio para película tradicional, basado en una HASSELBLAD 500C/M.

Hoy os muestro algunos ejemplos de las fotografías realizadas con los dos carretes de prueba que el pasado jueves disparé con el nuevo equipo. No son nada de especial. Un paseo por mi circuito tradicional de pruebas de material fotográfico por la ribera del CANAL IMPERIAL DE ARAGÓN y por el PARQUE GRANDE de ZARAGOZA.

Os recuerdo que tengo dos respaldos, el A12 y el A16S, que permiten obtener respectivamente 12 exposiciones de 56 x 56 mm, y 16 exposiciones de 41 x 41 mm. Aquí los vemos secándose, para poder comparar la diferencia de tamaños.

La diferencia es notable, pero aun así, el más pequeño, el de 41 x 41 mm, tiene una superficie total que es aproximadamente el doble que el del formato tradicional de 24 x 36 mm.

Los dos carretes son de película en blanco y negro KODAK TRI-X 400, una película clásica por excelencia, que yo expongo a un índice de exposición de 200 en lugar del ISO 400 nominal, aplicando luego un revelado en Rodinal 1+50 de 9 minutos, más corto que el recomendado para ISO 400, con el fin de controlar mejor el grano y el contraste. A mí, en los días soleados de primavera y verano en ZARAGOZA me funciona muy bien esta fórmula.

Ya adelanto que la cámara y el conjunto del sistema funcionan sin problemas, y creo que el potencial es muy alto. Por lo tanto, los defectos encontrados son achacables al fotógrafo. Y los aciertos, si los hay, también, claro.

De forma cronológica, primero expuse los negativos del respaldo A12, de los que dejo a continuación unos ejemplos.

Después vinieron los negativos del respaldo A16S, que en su conjunto creo que quedaron mejor. Lo cual tiene varias explicaciones. Una, que es más difícil utilizar los formatos más grandes que los más pequeños y que la focal equivalente del DISTAGON 50/4 con el A16S, aproximadamente 38 mm, es más fácil de usar que los 28 mm del A12. Otra, que la tarde estaba más avanzada y la luz era de mejor calidad. Y finalmente, que el entorno en el que hice las fotos era más interesante. En cualquier caso os dejo los ejemplo del segundo carrete y vosotros diréis.

Finalmente, una Hasselblad 500C/M

Hace unos meses os conté mis experiencias con una HASSELBLAD 503CX, cámara de formato medio que me dejaron para ver qué tal me sentía y me desenvolvía con ella. Era un préstamo con opción a compra. El aparato estaba en estupendas condiciones. El precio, aunque dentro de mis posibilidades, era respetable dado su buen estado tanto de funcionamiento como cosmético. Como había confianza y no había compromisos, estuve investigando un poco "el mercado", y llegué a la conclusión de que con un poco de paciencia e investigación podría hacerme con un equipo HASSELBLAD para formato medio que fuera divertido, que funcionara bien, y que tuviese un precio más ajustado. Aunque tuviese que sacrificar el aspecto cosmético aunque nunca el funcionamiento. Al final, desde ayer, dispongo de un equipo funcional completo. Sobre la base de una HASSELBLAD 500C/M, aparato más antiguo que la 503CX, pero esencialmente idéntico en funcionamiento.

El equipo con el que ayer estuve haciendo mis primeras fotografías, que todavía no tengo reveladas queda como sigue.

No voy a explicar todas las características del equipo. Esencialmente son las mismas que describía en el artículo cuyo enlace podéis encontrar al principio de este. Sólo voy a mencionar las diferencias.

En primer lugar decir que compré por un lado el cuerpo con el visor de cintura. El precio era el habitual para estos chismes, pero venía de regalo con un respaldo para película de tipo A16S en lugar del habitual A12. Con este último lo normal es que saliese algo más caro. Luego, conseguí un respaldo A12 por un cantidad muy ajustada. El conjunto me salió más barato de lo que el cuerpo con el respaldo suele costar habitualmente dado el buen estado de este.

El respaldo A12 es el más normal para estas cámaras, y permite obtener un total de 12 exposiciones en formato cuadrado con un tamaño de aproximadamente 56 x 56 mm sobre un carrete de película de tipo 120. El A16S usa el mismo tipo de película, pero puedes obtener hasta 16 exposiciones, en formato cuadrado también, de aproximadamente 41 x 41 mm. Fotogramas más pequeño, pero más exposiciones. La S del modelo A16S viene de "square" (cuadrado), ya que existe un modelo A16, con el mismo número de exposiciones, pero de formato rectangular en tamaño aproximado de 41 x 56 mm. Veamos la diferencia de tamaño de los fotogramas de ambos respaldos, y las diferencias en los mismos para diferenciar los modelos.

Como podréis ver en las fotografías, el respaldo A12 muestra más signos de uso que el A16S. Curiosamente, es el A12, que adquirí aparte, el que hace juego con el cuerpo de la cámara. Ambos negros en su conjunto, mientras que el A16S que venía con el cuerpo es negro y cromado. Ya digo; si no te preocupas demasiado por los detalles cosméticos, acabas encontrando soluciones más económicas.

La cuestión más peliaguda venía a continuación. Sin un objetivo al menos, la cámara no sirve de nada. Me ofrecían de regalo un PLANAR 80/2,8 CF T*, objetivo estándar del sistema, similar al que os mostré hace unos meses, pero estropeado. Lo he llevado a un mecánico, y me lo arregla. Si queda bien, que espero que sí, me habrá costado menos de la mitad de lo que suelen costar estas ópticas. Pero también encontré la posibilidad de adquirir un objetivo que me pareció que tenía un coste razonable, y así lo hice.

Se trata de un DISTAGON 50/4 C T*. De color plateado. Un objetivo de transición.

Vamos a analizar las características de esta óptica. En primer lugar, es un DISTAGON; en la jerga de CARL ZEISS esta denominación se suele aplicar a los objetivos grandes angulares con diseño de tipo retrofoco o teleobjetivo invertido. Si fuese de diseño simétrico o casi simétrico sería un BIOGON, pero dado que tiene que salvar la distancia necesaria para el movimiento del gran espejo del sistema réflex de la cámara, este último diseño no es práctico.

Una focal de 50 mm implica que, usando el respaldo A12, el ángulo de visión del objetivo en su diagonal es similar al de un 28 mm en el formato pequeño para negativos de 24 x 36 mm. Pero en realidad, al estar hablando de un formato cuadrado, el ángulo de visión horizontal es equivalente a una focal algo mayor, y el vertical al de una focal al menor. Ya digo que no he revelado todavía el primer carrete con este objetivo y este respaldo, pero mi sensación es que es una focal cómoda de usar y agradable.

Con el respaldo A16S, teniendo en cuenta el recorte que sufre el tamaño del fotograma, el 50 mm sería equivalente a un 38 mm en formato pequeño.

Al ser de la serie C, quiere decir que corresponde a la gama de objetivos que se empezaron a fabricar a partir de 1957. Pero también vemos que está marcado con una T* roja. Por lo tanto, tiene las superficies de las lentes multirrevestidas para mejorar el contraste y la resistencia a las luces parásitas. Estos objetivos se construyeron entre 1974 y 1982, pero poco a poco según he leído fueron pasando de ser plateados a negros. Así que como este es plateado, asumiremos que es de mitad de la década de los años 70.

Como vemos en la fotografía anterior, son objetivos con un obturador central incorporado SYNCRO-COMPUR, y para ajustar la exposición basta con leer el valor de exposición propuesto por el fotómetro externo y ajustarlo. Es la escala de números rojos. Esto nos dará una serie de combinaciones equivalentes de apertura de diafragma y velocidad de obturación, de las cuales seleccionaremos la que más nos convenga.

En la fotografía anterior vemos los valores que nos ofrece para un valor de exposición de 15, típico de un día soleado en las horas centrales del día y para una película de sensibilidad 100-125 ISO.

Como vemos aparecen dos pestañas móviles de color rojo encima de la escala de distancias de enfoque que es muy amplia y muy progresiva. Abarca de algo menos de 0,5 m hasta infinito, con lo que yo creo que son más de 200º de giro. Estas dos pestañas móviles se desplazan con el diafragma seleccionado, informándonos del intervalo de profundidad de campo del que disponemos. Como vemos. para el valor de exposición de 15, con una apertura de diafragma de f/16, enfocando a 3 metros estamos prácticamente en la hiperfocal. En las especificaciones que ofrece CARL ZEISS para este objetivo (PDF), nos informa que el círculo de confusión utilizado para el cálculo es de 0,06 mm. En algún lugar, como en ONLINE DEPTH OF FIELD CALCULATOR, para este formato utilizan un círculo de confusión de 0,045 mm, y la hiperfocal la sitúan en 3,5 metros. Bueno, ser más o menos conservador con estas herramientas depende del tamaño de la ampliación final de la fotografía y de la distancia de observación. En cualquier caso, las diferencias no son enormes. Evidentemente, como buen gran angular, invita a su uso para paisajes.

Veamos lo que pasa si escogemos otra valor equivalente de exposición, pero con el diafragma más abierto.

Sí, bueno, a f/8 hemos reducido notablemente la profundidad de campo. Y las pestañas rojas nos lo indican claramente. Un gozada el uso de estos objetivos mecánicos. Algo que se ha perdido con los objetivos electrónicos de enfoque automático.

En cualquier caso, esto es lo que os tengo que contar de momento. Por el precio que hubiera pagado por la 503 CX, tengo la 500 CM, con dos objetivos en lugar de uno, y dos respaldos para película en lugar de uno. Algo he salido ganando, renunciando a algún sacrificio en el lado de la cosmética y la modernidad. En cuanto tenga reveladas y escaneadas las primeras fotografías, subiré alguna muestra de las fotografías tomadas.