La fotografía como afición y otras artes visuales

CARLOSCARRETER.ES

Home / Essays / 50mm

Castillo de Zafra - paisaje con película negativa en color

Tercera excursión de sábado por la tarde, en mi función de este verano de ser un buen anfitrión para unos huéspedes de otro país. Y en esta ocasión nos pusimos en plan fans de Game of Thrones (Juego de tronos) y nos acercamos al castillo de Zafra, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, pero a escasos kilómetros de la de Aragón, yendo por Monreal del Campo en dirección a Molina de Aragón.

El castillo se haya sobre un promontorio rocoso en la llamada sierra de Caldereros, un lugar que me pareció de gran belleza paisajística, tanto en la rocosa sierra como en las dehesas que se extienden a ambos lados de la misma. Un lugar que merece la pena seguir explorando fotográficamente.

Al igual que en las excursiones similares de sábado por la tarde que hemos realizado desde finales de julio hasta la fecha, he usado, como elementos en común, la película negativa en color Fujifilm Superia XTra 400 y un objetivo de 50 mm. Si en el castillo de Loarre fue con una cámara Pentax y en las saladas de Sástago con una Canon EOS, en esta ocasión me llevé la Nikomat FTn con el Nikkor-S Auto 50/1,4.

La cámara, más allá de las peculiaridades ergonómicas de cada una, no es un elemento excesivamente determinante del resultado final, las ópticas sí lo son. Bueno,... creo que la Nikomat sí que presenta alguna característica que puede alterar el resultado. Me explico.

En general, fotografiando con película tradicional, mi técnica fotográfica es tal que soy fiel a la vieja regla de que la velocidad de obturación segura cuando se fotografía a mano alzada con una cámara réflex de 35 mm es el inverso de la focal usada en milímetros. Para evitar pérdidas de nitidez por pequeños movimientos en el momento de realizar la toma. Estoy suponiendo equipos de cierta antigüedad que no disponen sistemas de estabilización óptica incorporados, ni en el objetivo ni en la cámara. Así, utilizando un 50 mm, la velocidad de obturación segura para mí es de 1/50 segundo. En las cámaras mecánicas, uso la más próxima disponible, 1/60 segundo. Con cámaras telemétricas, las Leica principalmente, bajo a la mitad de velocidad, 1/30 segundo. Con réflex digitales, sin estabilizador óptico, al doble de velocidad, 1/125 segundo. Y me suele ir bien. Pero por algún motivo, con la Nikomat... no. Desde ahora en adelante tengo que tener en cuenta que con esta cámara, mejor que no baje de 1/125 segundo usando el único objetivo que tengo para ella, el 50 mm.

Este objetivo también viene penalizado por el hecho de que es un diseño de 1959 o 1960, creo yo. Aunque he calculado que mi ejemplar puede estar fabricado entre 1967 y 1969. Siendo un objetivo con una apertura máxima de f/1,4 y con las técnicas de fabricación y de revestimiento de las ópticas de la época, aunque bastante nítido, tiende a las pérdidas de contraste. Las copias digitalizadas que presento aquí están procesadas un poquito más que las de las excursiones anteriores con el fin de mejorar el contraste final de la imagen.

Así pues, no seamos absurdamente fanáticos de las marcas. Nikon han realizado excelentes ópticas a lo largo de su historia, pero no podemos pretender que el paso del tiempo no se note, y este 50 mm es inferior en varios aspectos al modesto SMC-A 50/2 de Pentax y al moderno EF 50/1,4 USM de Canon. Aunque es superior a ambos en robustez estructural. Cuando publique unos resultados en blanco y negro en el espectro infrarrojo que estoy trabajando ahora, realizaré algunas observaciones sobre el mencionado 50/1,4 de Canon, ahora un poquito despreciado por su rendimiento en cámaras digitales, pero que me parece a mí que es bastante respetable.

Otro problema con el que nos enfrentamos esa tarde de sábado fue que los accesos al castillo no están demasiado bien señalizados. Como ninguno habíamos estado allí previamente, dimos varias vueltas por las carreteras y caminos del lugar hasta que atinamos con uno que nos llevó hasta el bello paraje. Eso hizo que desde que llegamos hasta que se puso el sol, dispusiéramos de menos tiempo del que hubiésemos deseado. Y por lo tanto, que para realizar las 37 fotografías que obtuve del carrete de película fuese un poco apresurado. Y eso puede afectar, y afecta, negativamente a la calidad final de las películas. Algunos encuadres del paisaje circundante no me quedaron tan "finos" como yo pensaba.

El castillo queda muy bien porque es muy vistoso. Pero el paisaje es una disciplina más compleja de lo que solemos pensar. Hay que pensar bien el encuadre y la composición, y la disposición de elementos en los mismos. Y si vas con prisa, mal. Salvé la papeleta, pero menos satisfecho que en otras ocasiones.

Las fotografías estaban bien expuestas. El laboratorio que las reveló me hizo algunos comentarios al respecto y me dijo que no había tenido problemas para trabajar con ellas, incluso en alguno de los fuertes contrastes de algunos fotogramas, incluidos los contraluces. Pero el contraste un poco escaso de algunas de las fotografías, y que como ya he dicho atribuyo a la veteranía de la óptica, ha hecho que las haya trabajado un poco más de lo habitual en estos casos digitalmente. Y una consecuencia negativa habitual de esto es que el grano de la película se ha hecho más aparente.

No nos olvidemos que estamos hablando de una película de 400 ISO. Que es cierto que las modernas películas de esta sensibilidad tienen un grano muy contenido y, por lo tanto, son auténticas todoterrenos. Pero cuando las meneas mucho, acaban poniendo de manifiesto su sensibilidad.

No estoy descontento, pero me apetece volver en otras condiciones. Probablemente con unas ópticas más modernas, con un trípode y con película de sensibilidad más contenida. Probablemente con algún carrete de Kodak Ektar 100, que da resultados más saturados además. Quizá en formato medio. Ya os lo contaré si sucede. O cuando suceda.

Mirando la cielo - Introduciéndome en la astrofotografía sin telescopio

Primero, un poco de historia personal. Yo soy un chico de ciencias. Muy de ciencias. El pensamiento y el método científico, sus dosis de sano escepticismo y su necesidad de un proceso ordenado de creatividad y razonamiento, siempre se han adaptado bien a mi forma de ser. Me orientaron en mis elecciones académicas y profesionales, me ayudan a una toma de decisiones rápida y sensata y me resuelven un porcentaje alto de situaciones cotidianas. No desdeño, sin embargo, muy al contrario, las ideas y las formas de trabajar que surgen de las humanidades, de las letras o de las artes. Frente a quienes tienden a contraponer, yo las veo como disciplinas complementarias. Pero voy a ser muy duro. A lo largo de mi vida, me he encontrado con muchos más dogmáticos e intransigentes entre las personas del mundo de las letras y las humanidades que desprecian las ciencias, que en el caso contrario. El escepticismo inherente al pensamiento científico es una vacuna eficaz contra los dogmas y las intolerancias.

Como consecuencia, todo tema relacionado con las ciencias siempre me ha interesado. Y uno de los que más, es inevitable si te planteas la clásica pregunta del ¿qué hago yo aquí?, es mirar al universo e intentar descubrir que es y como funciona. Y para mirar al universo, sólo tenemos que hacer algo. En una noche sin luna, lejos de las ciudades, mirar hacia arriba. Al cielo. Y eso es algo que empecé a hacer muy joven. Tengo un razonable conocimiento del paisaje del cielo nocturno en el hemisferio boreal. A ver cuando encuentro la ocasión para ir a disfrutar del austral.

Curiosamente, a pesar de la afición por la afición que me surge en un momento dado en los años 80 del siglo XX, me costó tiempo asociar ambos centros de interés. Y nunca los he conseguido acomodar juntos; han discurrido de modo paralelo. Con algunos jalones por el camino... por ejemplo, la visita del cometa Hale-Bopp.

El cielo del hemisferio boreal en la primavera de 1997 fue un espectáculo impresionante, con aquel gran competa, el Hale-Bopp, que nos visita cada 2537 años. Con sus dos colas visibles, una azulada, apuntando al sol, otra amarilla, más curvada, y una tercera no visible a simple vista, es uno de los cometas más llamativos de los que se tiene constancia, si no el que más. Tras observarlo en varias ocasiones, me armé de mi Pentax MX, el SMC-M 50/1,7 y un carrete de Fujicolor 1600 y me fui a fotografiarlo en las cercanías de Castejón de Valdejasa. Hoy hubiera elegido un equipo muy distintos y hubiera obtenido mejores resultados, pero el que no sabe... hace lo que puede. Además, el núcleo del cometa estaba muy cercano en apariencia a la constelación de Casiopea, y eso lo hacía más bonito. ¿No lo veis claro? Os lo remarco.

Esto despertó en mi las ganas de hacer fotografía astronómica. Aunque mis conceptos no estaban muy centrados. Lo reconozco. Durante un tiempo acudí con la Agrupación Astronómica Aragonesa a observar en sus salidas nocturnas a Monegrillo. No hice fotos. Me recomendaron que antes de ponerme a acoplar la cámara de una forma u otra a un telescopio, me tenia que acostumbrar a observar con estos instrumentos, y a moverme ágilmente por el cielo. Cuando ya me estaba animando, mi madre cayo enferma y dejé de acudir. A lo que falleció me madre, en 2003, yo estaba con la cabeza en otras cosas. Y la fotografía empezaba a avanzar por caminos muy distintos. De ese año es también mi primera cámara digital.

El caso es que durante más de diez años volvieron a ser dos centros de interés que caminaron por caminos distintos no convergentes.

Hace unos días, José Miguel Aznar (Masjota), un amigo y excelente aficionado a la fotografía, especialmente de naturaleza, propuso en el grupo Fotógrafos en Zaragoza una salida nocturna para la noche del sábado 27 al domingo 28 de mayo. El objetivo era, aprovechando la luna nueva, ligeramente creciente, que iba a aparecer muy tarde en el cielo, ya de madrugada, hacer fotografías de la Vía Láctea.

Vayamos con la primera que hice que me servirá para comentar las circunstancias de la noche.

Tomada poco después de la medianoche en algún lugar de Los Monegros elegido por el elegante pitón rocoso que permitía tener un buen primer plano en el paisaje nocturno, nos muestra que tuvimos un problema de presencia de nubes durante toda la noche. Que además reflejaban la luz de los núcleos de población y hacía que tuviéramos más contaminación lumínica de la esperada.

En cuanto al equipo digital, también me llevé una cámara para película tradicional de la que hablaré después, opté por uno ligero. Que fuese adecuado al trípode de viaje, porque el más grande iba a estar ocupado con la otra cámara. La Olympus OM-D E-M5 era la opción más razonable. Estuve pensando en llevar o el zoom Olympus 12-40/2,8 que me daba más ángulo de visión a 12 mm (equivalente a un 24 mm en formato de 24 x 36 mm) o el PanaLeica 15/1,7, más cerrado (equivalente a un 30 mm en formato de 24 x 36 mm), pero un paso y un tercio más luminoso que el anterior. Al final opté por este. Ambos son buenas ópticas. Pero los 30 segundos que di en esa primera exposición fueron excesivos, y las estrellas no eran puntuales. Pasé a usar durante el resto de la noche una exposición de 15 segundos con el objetivo a f/1,7. Una de las ventajas del micro cuatro tercios es que la profundidad de campo es mayor, y es más fácil conseguir el conjunto enfocado. El inconveniente, más con mi ya veterana cámara, que va a cumplir 5 años, es que el ruido electrónico es más aparente que con otros sistemas de captores de imagen más grandes.

En mi segunda exposición,...

Las cosas mejoraron. Las estrellas aparecían genuinamente puntuales, elegí una porción del cielo que me parecía más limpia de nubes, y la vía láctea estaba ahí presente. Manteniendo cierto interés el suelo del paisaje, gracias a las siluetas de los montes y a las luces de la civilización en la distancia.

Además, me aparecieron dos estelas, que en estos momentos no me siento capacitado para decir si son satélites artificiales o si por ventura alguna de ellas pudo ser un meteorito entrando en la atmósfera terrestre. ¿Quizá la más débil?

A partir de ahí, todo fue ir haciendo pruebas toda la noche.

Poco a poco, con una reflexión razonada de hacia donde apuntar, pero manteniendo los ajustes de enfoque y exposición, fui consiguiendo imágenes de la Vía Láctea en la que esta se veía más claramente. Es cierto que poco a poco comprendí hasta que punto un angular más amplio es interesante para conseguir una visión más espectacular de la misma. Pero ahí estaba. Se diferencian claramente las nubes terrestres, de tono amarillento por la contaminación lumínica de las poblaciones, de las acumulaciones de gases y polvo que se acumulan cuando miramos hacia la regiones centrales de nuestra galaxia, de tonos más azulados.

Por supuesto, es clave para conseguir estas imágenes el procesado posterior, que yo he realizado en Adobe Photoshop Lightroom. Hay que jugar con cuidado y habilidad con los controles de exposición, contraste, claridad y la herramienta "neblina (dehaze)" para ir resaltando la galaxia en la que vivimos sobre el fondo del cielo. Mi versión de Lightroom, que no es la de suscripción, no tiene la herramienta "neblina (dehaze)". Pero conseguí hace tiempo unos preajustes que la replican muy bien. También se puede conseguir con combinaciones de las herramientas "contraste" y "claridad", de los que tengo que tirar en caso de ajustes zonales, que no afecten a todo el conjunto de la imagen. Pero en cualquier caso, este es un ámbito en el que tengo mucho margen de aprendizaje todavía. Y también en el de corregir el color, tema que en cualquier género de fotografía siempre me genera muchos dolores de cabeza.

Esta última imagen tomada con el 15 mm podría haber estado muy bien si no fuera por la impertinente nube que me tapa lo más interesante de la galaxia. Una pena.

Como curiosidad, también llevaba encima mi ojo de pez/tapa de cuerpo de cámara de 9 mm de focal y f/8 de apertura fija. Hice un par de fotos con él, aumentando la exposición a 30 segundos y la sensibilidad a 3200 ISO en lugar de 1600 ISO, para compensar la mucha menor luminosidad. Pero no lo neguemos. Aunque me ha funcionado en algunas ocasiones en modo reportaje, el objetivo es una calamidad óptica y causa unos destrozos en la delicada imagen del cielo nocturno que no te quiero ni contar. Estos es lo más razonable que he conseguido a partir de esta óptica.

Pero como os he contado, hubo otra cámara en juego. Una para película tradicional. Me llevé la Hasselblad 503CX con el Distagon 50/4, un gran angular equivalente a un 28 mm por decir algo en el formato de 24 x 36 mm, y algún rollo de Fujifilm Neopan 100 Acros. Esta película me pareció especialmente adecuada para mis fines por los siguientes motivos. Ofrece unos negros profundos, es de grano muy fino, y se ve muy poco afectada por los fallos en la ley de la reprocidad. Hasta 2 minutos de exposición no se ve afectada, y a partir de ahí sólo hay que corregir el equivalente a un paso de exposición.

El objetivo era obtener paisajes nocturnos de largas exposiciones, con las estelas de las estrellas girando sobre nuestras cabezas. En realidad somos nosotros los que damos vueltas, bajo un cielo relativamente estático, pero estamos hablando de movimientos aparentes. De entrada intenté una circumpolar, apuntando a la Estrella Polar, en la Osa Menor. Tiempo de exposición, 30 minutos. Apertura, f/4. Enfoque, a la hiperfocal, usando la escala de la que dispone el objetivo a tal fin.

Revelada en Kodak HC-110 durante 7 minutos a 20 ºC en una dilución E (1:48), después de digitalizar el negativo he ajustado el contraste un poco. Dejando aparte que al encuadrar a oscuras el horizonte me ha salido más alto de lo que me apetecía, para ser mi primera circumpolar, con un tiempo modesto de exposición, no está mal. Hay una misteriosa línea negra que va de arriba a abajo en el negativo y que desconozco a qué se debe. Sólo aparece en los dos negativos que expuse esa noche.

El siguiente lo hice apuntando aproximadamente al ecuador celeste. En dirección opuesta a la anterior. Idénticos parámetros salvo un tiempo de exposición de 20 minutos en lugar de media hora. Aquí he eliminado esa línea negra con el pincel corrector en Affinity Photo, que es el programa de tratamiento de imagen donde he realizado el procesado posterior a la digitalización. El ecuador estaba un poco más alto de lo que yo pensaba y las estrellas que aparecen son ya del hemisferio austral celeste por lo que la curvatura es inversa a las de la circumpolar.

En líneas generales, teniendo en cuenta que es mi primera noche en serio con este tipo de fotografía, me encuentro bastante satisfecho. Obviamente, me queda mucho margen de aprendizaje. Pero no está mal.

Terminaré con flores. El carrete de Fuji Acros admitía doce exposiciones y sólo hice dos en esa noche. Por lo que el resto lo disparé a mis orquídeas en casa. Os dejo con una de las fotos.

Algunos carretes - Mju-II + Portra 400; Pentax MX + HP5Plus; Pentax MX + Kodacolor 200

Ayer recibí, de una forma un poco accidentada, los últimos carretes que mandé a revelar a Carmencita Film Lab. Son una miscelánea... así que haré un breve comentario de cada uno y os pondré unas fotografías.

Olympus mju-II + Kodak Portra 400 en el Encuentro Analógico

Al encuentro analógico que celebramos hace algo más de un mes ya, además de las cámaras con carretes en blanco y negro llevé también un cámara con un carrete en color, un Kodak Portra 400. La cámara es la Olympus Mju-II, una pequeña joya de los años 90, con un objetivo excelente 35mm f/2,8, muy compacta y con protección contra el polvo y las salpicaduras. Era mi cámara de ir a esquiar. Pero te la podías llevar a cualquier parte. Desde el advenimiento de la tecnología digital la uso poco, pero debería usarla más.

Me la llevé a Nueva York,... y le estoy dando vueltas a llevármela dentro de poco menos de un mes a mis próximas vacaciones.

Os dejo algunos ejemplos

Lo cierto es que la Portra 400 se deja usar en las "malas condiciones" de luz diurna excesivamente contrastada. El único problema, que podéis ver en algún fotograma, es que la lente más externa del objetivo queda muy expuesta y sin posibilidad de poner un parasol, por lo que alguna vez se cuela alguna luz parásita si no está perfectamente limpia.

Un Ilford HP5 Plus que compré en Lucerna

Pues sí. El año pasado, en agosto, me escapé a Suiza, a Lucerna concretamente, unos días. Me llevé la Leica M2 para hacer algo de blanco y negro. Pero tuve la impresión de que iba a hacer corto con los Kodak Tri-X que me llevé de casa, y compre en Lucerna un par de carretes de Ilford HP5 Plus. No tenían Tri-X. Expuse uno. Y el otro se quedó en la nevera a la vuelta, olvidado.

Reordenando la nevera hace unas semanas me lo encontré. Así que calce la Pentax MX con el Industar-22 50/3,5 con el adaptador correspondiente, y me fui a hacer fotos el día del 1º de Mayo. Me di un paseo por el domesticado soto de La Almozara.

A falta de unas nubecillas que hiceran menos soso el cielo de un día totalmente despejado con sol y viento, la HP5 Plus agradeció que usase un filtro naranja que impidió que esos sosos cielos quedaran totalmente blanquecinos.

Lo terminé al día siguiente entre las escaleras del IAACC Pablo Serrano.

La primitiva fórmula óptica del Industar-22, una copia de un Tessar primitivo con una apertura máxima de sólo f/3,5, puso en apuros a la HP5 Plus en interiores. Pero salimos con vida del apuro.

Kodak ColorPlus 200 - la opción barata de Kodak

Salvo que busques alguna aplicación o un rendimiento muy específicos, en estos momentos la reina de las película negativas en color es la Kodak Portra 400. Podemos decir que la Portra 160 y la Ektar de Kodak pueden ofrecer mejores resultados en retrato y paisaje respectivamente. Y que la gama de Fuji también merece la pena un vistazo. Pero la versatilidad de la Portra 400, que se puede exponer sin mayores problemas con unos índices de exposición entre 50 y 800, e incluso hay quien la fuerza a 1600 alterando el tiempo de revelado, no tiene parangón. Entre 50 y 400 ofrece una calidad excelente, y usarla por defecto a IE 200 es una garantía. Pero tiene un problema. Se está poniendo muy, muy cara. E incluso está habiendo rupturas de stock que hacen que su disponibilidad sea baja. En estos momentos se encuentra a precios entre 8 y 10 euros el carrete con 36 exposiciones.

Hice un encargo a Foto-R3 hace unas semanas de químicos para revelado en blanco y negro, y cotilleé su oferta de películas en color. Y encontré la Kodak ColorPlus 200 por 2,68 euros el carrete con 36 exposiciones. La tercera parte del premio de su prima más lista. Probablemente es muy similar, si no es la misma, que la que en otras ocasiones se vende o vendía como Kodak Gold 200.

Decidí coger unos cuantos carretes, y probé el primero con la Pentax MX calzada con el "pancake" de la marca, el SMC-M 40 mm 1:2,8. Un objetivo este que uso poco, porque está claramente por debajo de cualquiera de los dos 50 mm de la marca que tengo, el SMC-A 50/2 o el SMC-M 50/1,7, o del SMC-A 35/2,8. Este objetivo se encuentra en medio de estas posibilidades... pero como estos otros objetivos son claramente mejores y más cómodos de usar... De hecho, mi opción para ir ligero suele ser el 50/2, que aunque sobresale más que el 40 mm es poco menos ligero.

Pero cuando un objetivo de su época se usa a sus aperturas óptimas, f/8 - f/11, tampoco supone mayor problema. Y me apetecía llevar poco bulto en la bolsa que uso entre semana.

Resultados...

En primer lugar, decir que más bien está expuesto a un IE de 125 que a su sensibilidad nominal de 200 ISO. Aproximadamente. Cuando los pasos de diafragma se ajustan por medios pasos, y las velocidades de obturación por pasos enteros, lo cierto es que tiene poco sentido decir si hay diferencias entre un IE 125 o 160,... o un IE 160 o 200. El error que cometemos al exponer puede comerse esa diferencia en sensibilidad. Pues nada. Aproximadamente, casi un paso de sobreexposición para este primer carrete.

No me disgusta el color que ha quedado, y eso que he la situación era de luz de sol en horas centrales del día, con algún que otro contraluz. Sin embargo, esta película tiene más grano que la Kodak Portra 400 expuesta a IE 200. Y quien sabe si también a su sensibilidad nominal de 400 ISO. Pero diablos,... cuesta la tercera parte.

Bueno. Seguiremos buscando un compromiso entre calidad y precio.

Meyer-Optik Görlitz Trioplan 1:2,9/50 V - Pequeño alemán oriental que vuelve a estar de moda

Hace unos días surgió la noticia de que la firma Meyer-Optik Görlitz había iniciado una campaña en Kickstarter para devolver a la vida el modelo que bajo esta marca se fabricó hace mas de medio siglo con la denominación Trioplan 1:2,9/50 V. Su meta era conseguir 50 000 euros para financiar la fabricación de este pequeño objetivo... pero a estas alturas han conseguido ya más de 540 000 euros.

Hace un tiempo lanzaron una campaña similar para devolver a la vida el Trioplan 1:2,8/100, un teleobjetivo de diseño óptico relativamente simple que en estos momentos se vende por 1400 euros... siempre y cuando lo solicites de encargo. Si no, más adelante serán 1500 euros. Desconozco cuál será el precio final del Trioplan 50 mm, pero durante la campaña de financiación ha oscilado según lo rápido que haya sido el personal en adherirse entre 500 y 800 euros. Hablo de memoria, podría ser una horquilla de precios un poco diferente, pero no mucho.

Yo me he hecho con un Trioplan de época, que de acuerdo a su número de serie parece construido en algún momento entre 1955 y 1960. Pero hagamos un poco de historia.

El Trioplan 1:2,9/50 V tiene un tamaño muy compacto, como se puede comprobar al montarlo sobre la masiva Praktica MTL5, cámara con la que comparte la montura M42.

Lo que hoy es Meyer-Optik-Görlitz no tiene nada que ver con lo que fue la empresa Meyer Optik de la ciudad de Görlitz. Aquella fue una empresa instalada en una ciudad que hoy en día está dividida entre los países de Alemania y Polonia, por estar atravesada por el río Neisse, frontera impuesta por los aliados entre estos países al final de la Segunda Guerra Mundial. Tras la misma, cayó completamente dentro del área de influencia soviética y en lo que fue la República Democrática de Alemania, que la nacionalizó y la integró en el grupo VEB Pentacon a finales de los años 60. Desde 1970 desapareció como marca aunque sus diseños pudieran seguir comercializándose como Pentacon. Durante un tiempo pareció jugar el rol de marca de calidad del grupo. Lo cierto es que su calidad de construcción parece bastante razonable, pero hay que tener en cuenta que sus diseños son bastante simples en muchos casos. Por ejemplo, los trioplanes.

Con prácticamente 300º de giro en la rueda de enfoque, la escala de profundidades de campo es muy generosa y muy utilizable.

La fórmula óptica de un Trioplan es la de un triplete de Cooke, fórmula que fue patentada ya a principios de los años 90 del siglo XIX para la empresa T. Cook & Sons de Nueva York.

Si analizamos el nombre del objetivo veremos que se mantiene la denominación de la empresa original, Meyer-Optik de Görlitz. Trioplan es la denominación para referirse a los diseños basados en el triplete de Cooke, y es muy básica. Se dice que es la fórmula más sencilla para eliminar buena parte de las aberraciones ópticas en los bordes del campo, aunque no se puede esperar una nitidez tan elevada como los Tessar de Carl Zeiss y similares, que al desdoblar uno de los elementos del triplete en un grupo de dos elementos cementados, mejora mucho la cosa. Tampoco permite grandes luminosidades, y ese 1:2,9 que muestra el nombre sería un límite. Tiene 50 mm de focal, un estándar como muchos, y aparece una V roja en su denominación, que quiere decir que esta revestido para protegernos de los reflejos y luces parásitas indeseados.

Uno de los hechos más notables de los objetivos de Meyer-Optik es su elevado número de palas de diafragma, que daban un desenfoque muy característicos.

Las 12 palas de diafragma en su construcción, además de indicar la minuciosidad de su construcción, ofrecen una calidad muy particular en las zonas desenfocadas. Los puntos luminosos desenfocados se convierten en esferas con un aspecto como pompas de jabón, en el que los bordes son más densos. Por este motivo, las ópticas de Meyer-Optik están siendo muy demandadas. Más por que por su calidad intrínseca, por sus "efectos especiales".

Estrené el objetivo el día de San Jorge. Si no lo he dicho, lo digo ahora, tiene una montura de rosca M42, por lo que es fácil de usar con cámaras modernas con el adaptador adecuado. Ya sabéis, se enfoca con el diafragma a plena apertura o usando la escala de profundidades de campo, y se mide y encuadra con el diafragma cerrado a la apertura de trabajo, lo cual permite también comprobar lo que sale enfocado y lo que no. Lo usé con mi veterana Canon EOS 40D en la que, al tener un captor de tipo APS-C, se comporta como un teleobjetivo corto. Equivalente a un 80 mm en formato completo de 24 x 36 mm.

Venta de libros el dái de San Jorge.

A plena apertura comprobamos que en las zonas de más luminosidad se produce un efecto de cierta aura, que recuerda a los objetivos "soft-focus". Y desde luego, la caída de la nitidez en los bordes y en las esquinas del campo es muy notable. En cuanto, se cierra el diafragma, con aperturas de trabajo de f/8, por ejemplo, la mayor parte de estos problemas han desaparecido, y sin tener una nitidez para tirar de cohetes, es bastante usable.

En la medida de lo posible, con las aperturas más abiertas, es mejor dedicarlo al retrato, donde la nitidez es menos crítica, especialmente fuera de lo que es el objeto de interés, que en paisajes donde se sufre demasiado.

Me acerqué a la plaza de San Felipe donde lo probé con una variedad de motivos que más o menos confirmaban lo dicho anteriormente, incluido su uso en el interior del museo Pablo Gargallo, donde dota a las obras escultóricas de un aspecto que no me disgusta, lejos de la clínica nitidez de los objetivos más modernos.

Al día siguiente, el domingo 24 de abril, celebramos el encuentro analógico del que ya os hablé hace unos días. Por lo tanto, fue la ocasión adecuada para usarlo con película tradicional. Como ya conté, lo puse en una Pentax MX con el adaptador adecuado, y utilicé una exigente Fujifilm Neopan 100 Across.

Lo cierto es que con las condiciones de luz que hubo, muy abundante, durante la mayor parte del tiempo fue usado con el diafragma cerrado a f/8 o f/11, para velocidades de obturación de 1/125 o 1/250 s. El resultado fue en general muy bueno en todas las ocasiones con alguna excepción que veremos, aunque el contraste global de las imágenes no es muy alto. El objetivo Color-Skopar, tipo Tessar, de la Voigtländer Perkeo II ofreció un contraste más elevado durante toda la mañana.

A pesar de no someterlo en ningún momento a la tortura de usarlo en fuertes contraluces, y menos aún con el sol en el campo de visión, en algún fotograma apareció alguna luz parásita en situaciones en las que no me lo hubiera esperado, indicando que el revestimiento de las lentes no funciona lo bien que debería, o que en su interior se producen reflejos indeseados de alguna forma.

En la siguiente fotografía se aprecia muy claramente.

Algo que hubiera venido muy bien durante esa mañana hubiese sido llevar filtros de colores, probablemente amarillos o naranjas, o incluso rojos para efectos intensos, que aumentasen el contraste, especialmente oscureciendo el azul de los cielos. Encargué un conjunto de filtros a muy buen precio fabricados por la soviética KMZ. Tienen un diámetro de filtro de 35,5 mm y están pensados para el Industar-50-2 del que ya os he hablado previamente. Pero no llegaron a tiempo. El juego de filtros está formado por dos filtros amarillos de distinta intensidad, un filtro de algo parecido al color naranja, un filtro gris de densidad neutra y dos lentes de aproximación de distinta potencia.

Todavía estoy desentrañando lo que significan las denominaciones de los filtros. Cuál es la potencia real de las lentes de aproximación y la corrección que hay que introducir si no se mide la luz a través del objetivo. Por ejemplo, el filtro naranja, O-6, que estoy usando ahora con el Industar-50-2, parece tener una pérdida de luz de dos pasos de diafragma. Pero el filtro gris está marcado como 4x, que no sé si quiere decir que la exposición hay que multiplicarla por 4, equivalente a dos pasos de diafragma, o si es de 4 pasos de diafragma. Y dudas parecidas tengo con los amarillos, Y-1,4x y Y-2x. Iré probando y midiendo.

En cualquier caso, sí he jugado con las lentes de aproximación. Hay descubrí que, aunque la rosca del filtro del Trioplan es también de 35,5 mm, el paso de rosca debe ser distinto porque no encajan bien. Se pueden usar, pero con cuidado. Me fui este sábado 30 de abril al Parque Grande de Zaragoza y lo probé.

En estas imágenes previas tomadas con la Panasonic Lumix GM5 y los correspondientes adaptadores, donde el objetivo se comporta como un 100 mm en formato completo de 24x36 mm, vemos el efecto de pompas de jabón a plena apertura.

Sin embargo, cuando usamos las lentes de aproximación...

Con las lentes de aproximación, el círculo de confusión se hace mucho más grande y difuminado y desaparece el efecto de pompas de jabón. Afortunadamente, porque desde mi punto de vista, este efecto puede resultar cansino si se abusa de él en exceso. Como mucho de los efectos especiales que se están poniendo de moda últimamente en fotografía.

Pude comprobar también cómo en determinadas ocasiones, como me pasó con la película el día del encuentro, con la cámara en vertical e incluso con contrastes moderados, aparecía una luz parásita que se corregía colocando la mano como parasol. Tendré que conseguir un parasol para este objetivo.

Es divertido usar este tipo de objetivos. Y si se utilizan con cabeza y conociendo sus debilidades, se pueden obtener resultados muy agradables, como habréis podido comprobar. Pero de ahí al interés por pagar más de 600-800 euros por un Trioplan actual, que efectivamente estará mejor construido, pero que no puede corregir las limitaciones intrínsecas al diseño, no sé si tiene sentido. Han mejorado la distancia mínima de enfoque, que de los 60 cm del antiguo se pasa a unos 30 o 35 cm que lo meten casi casi en el mundo del macro. Y lo publicitan como "objetivo artístico"... ¿¿¿!!! Sinceramente, el arte está en la creatividad del fotógrafo. Pero bueno. Si es una herramienta que os conviene y estáis dispuesto a pagara por ella... Igual podrías hacer como yo. Buscaros a buen precio un ejemplar clásico. Que están más caros de lo que correspondería por su naturaleza... pero que siguen estando mucho más baratos.

Por cierto, la actual Meyer-Optik-Görlitz es una marca de una empresa cuyo negocio fundamental es la gestión de marcas, fundamentalmente de software para tratamiento de imágenes... Ni idea de quién les fabrica los objetivos... aunque aseguran que son "made in Germany".

Pruebas con película tradicional - Praktica MTL5, SMC Takumar 1:2/35, Zeiss Jena Tessar 2,8/50, Industar-50-2 3,5/50

En los dos últimos meses habéis podido comprobar que he estado probando y usando cámaras y objetivos de antaño, con algunos elementos en común. O bien están fabricados durante la Guerra Fría en los país del bloque europeo oriental, o en el caso de los objetivos, tienen montura de rosca M42.

Veamos los presuntos implicados en este comentario de hoy.

Como vemos tenemos la cámara fabricada en la antigua República Democrática Alemana Praktica MTL5, con su objetivo acompañante, un Zeiss Jena Tessar 2,8/50. También tenemos un SMC Takumar 1:2/35 fabricado por Asahi Pentax, que he utilizado en las fotografías que presento hoy bien unido a la Praktica, bien a una Pentax MX, con el adaptador correspondiente. Este objetivo es japonés; es el único no originado tras el Telón de Acero. Y tenemos el minúsculo Industar-50-2 3,5/50, de fabricación soviética, en origen acompañado de la Zenit E que ya os comenté que había dejado de funcionar, y que en las fotos de hoy he usado sobre la Pentax MX con el adaptador correspondiente.

Los enlaces anteriores dirigen a los artículos en los que mostraba los resultados de los objetivos montados mediante los adaptadores correspondientes sobre cámaras digitales.

Praktica MTL5 + Takumar 35/2; todas las fotos del artículo realizadas con película Kodak Portra 400 expuesta a IE 200 o 400, según las condiciones de luz.
Praktica MTL5 + Takumar 35/2

Mientras preparaba el artículo tras la llegada de los archivos digitalizados tras el revelado, como tengo por costumbre, por Carmencita Film Lab, tuve la ocasión de leer un artículo en Petapixel que, además de hacerme gracia, me hizo pensar en los criterios actuales para comprar material fotográfico, y dentro de él los objetivos, y los criterios de antaño para ello. En esas 11 tonterías que los fotógrafos dicen sobre su material, hay varias que afectan a las ópticas que me parecen interesantes como reflexión:

La gente se fija más en el "bokeh" que en el sujeto de interés, el que está enfocado... Una tontería como un piano de grande. Por "ideal" que sea el carácter de las áreas desenfocadas de la fotografía, si el sujeto principal es banal o malo, la fotografía será banal o mala. No digamos ya cuando la gente se "enchocha" con un objetivo por su capacidad para producir un "bokeh" con "efectos especiales"... que tan cansinos pueden llegar a ser si se abusa de ellos. Sean por grandes aperturas, como las "pompas de jabón" o "los remolinos de la zona desenfocada", o por estrechas aperturas, como las "estrellitas" debidas a la difracción.

El mito de determinadas focales en la actualidad. Véase el 85 mm, siempre con una apertura de f/1,4 o mayor. La mayor parte de las fotos importantes de la historia de la fotografía se han hecho con focales distintas de estas y con diafragmas mucho más cerrados. Retratos incluidos. De verdad.

Praktica MTL5 + Tessar 50/2,8
Praktica MTL5 + Tessar 50/2,8

El famoso "punto dulce" de los objetivos, que empieza a ser tan mítico como el "punto G" de la anatomía femenina. Mira. Si los objetivos estuvieran pensados para ser usados en su "punto dulce", no tendrían una apertura variable. La apertura variable sirve para dos cosas; para gestionar la profundidad de campo y la estética de nuestra foto, o para aumentar o disminuir la cantidad de luz que le llega a la superficie sensible, si es necesario. Si necesitamos aislar el sujeto principal del fondo, abriremos todo lo que necesitemos el diafragma, sea como sea la nitidez a esas aperturas. Si necesitamos toda la profundidad de campo posible al realizar un paisaje, cerraremos el diafragma lo que necesitemos y que la difracción se las apañe sola.

El objetivo está "desfasado" u "obsoleto"... Pues no. Los objetivos son como son. Y salvo que se deterioren o se estropeen, lo más probable es que cumplan la misión para la que fueron fabricados de por vida. Mucho más duraderos que las cámaras. Y si estaban bien cuando se compraron, y cumplieron bien con su tarea, seguirán haciéndolo. No importa que hayan salido al mercado otros más avanzados con mejor solución a las aberraciones ópticas y mayor nitidez. Como decía Cartier-Bresson, la nitidez es un concepto burgués, y no define la calidad global de una fotografía.

Pentax MX + Takumar 35/2
Pentax MX + Takumar 35/2

Se podrían hacer más comentarios, pero estos que he señalado me parecen los más interesantes. Todo el material utilizado en las fotografías de este artículo está mejorado por productos posteriores, e incluso por productos comentarios fabricados con más rigor. Esto último aplicable al material de la antigua Europa Oriental de forma casi universal. Pero con todo este material, ha habido personas, fotógrafos o aficionados a la fotografía, que han sido capaces de realizar fotografías artísticas, interesantes documentalmente, emortivas o entrañables. Muchas de las fotografías tomadas por gente que arriesgaba su integridad física durante la invasión de Budapest por los soviéticos en 1956 o cuando se machacó la primavera de Praga en 1968, usaron este tipo de material. Y hoy nos parecen documentos fotográficos imprescindibles. A mí me gusta mantener una memoria histórica. En el concepto noble e interesante del término, no en el manido y desprestigiado por los políticos.

En cada una de las fotografías que muestro en este artículo se indica la combinación de cámara y objetivo que se ha utilizado. De entrada decir una cosa. Las fotografías más interesantes que he obtenido usando esta cámara y estos objetivos son aquellas en las que la luz era más idónea o el motivo encontrado era más interesante y mejor encuadrado. Y no tiene nada que ver con el material que estaba usando en ese momento. Por ejemplo, es mucho más cómodo, sencillo y ágil de usar cualquiera de estos objetivos con la Pentax MX que con el talabarte de de la Praktica MTL5. Pero las fotografías tomadas con la Praktica y el Takumar 35 mm a la caída de la tarde probablemente son más interesantes que las tomadas con la Pentax MX y el Takumar 35 mm en las horas centrales del día.

Pentax MX + Takumar 35/2
Pentax MX + Takumar 35/2

Otro ejemplo, el Industar-50-2 y el Tessar 50/2,8 de Zeiss Jena son ambos similares en su diseño óptico; cuatro elementos en tres grupos, copiando la fórmula de los Tessar de Carl Zeiss. El fabricado en Jena es dos tercios de paso más luminoso y su distancia mínima de enfoque es la mitad que el Industar. Pero si haces las fotos en la rosaleda del Parque Grande a la caída de la tarde, con unas bonitas rosas, probablemente habrá más partidarios de esas fotografías realizadas con el objetivo soviético, que de las modestas flores obtenidas con la óptica alemana al mediodía. ¿Me estoy explicando?

Dicho todo lo cual, una inspección crítica de las fotografías realizadas nos hace ver un hecho que ya podíamos suponer. El Takumar 35 mm es mucho mejor objetivo que cualquiera de los otros dos. Es mucho más sólido, con una fórmula óptica más compleja y mejor corregida y muy utilizable, incluso con cámaras modernas, aunque a grades aperturas, con las réflex digitales, las esquinas sufren en exceso por el viñeteado y otras cuestiones.

No es este el único articulo sobre estas cuestiones que tengo pendiente... Y en los próximas días, seguramente durante este fin de semana largo que disfrutamos en Zaragoza, veremos más ejemplos de fotografías realizadas con material antiguo sobre película tradicional.

Pentax MX + Industar 50/3,5
Pentax MX + Industar 50/3,5