La fotografía como afición y otras artes visuales

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Castillo de Loarre - paisaje con película negativa en color

Hace unas poquitas semanas, en mis recomendaciones semanales del domingo, mostraba algunas fotografías instantáneas realizadas con la Polaroid Imagen System SE y película Impossible Project en blanco y negro en el castillo de Loarre. Fue una visita improvisada al lugar, a la caída de la tarde, con unos amigos que venían de fuera de España. Me llevé algunas cámaras, claro. La ya mencionada Polaroid, un cámara digital, que no pude usar porque olvidé la tarjeta, y la veterana pero fiable Pentax MX. Que sí llevaba película.

Hace unos años, en mayo de 2009, en una época en la que trabajaba en Huesca, después de una comida con los compañeros de trabajo, me acerqué al Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), un lugar que podría ser muy interesante como dinamizador de la cultura y el arte contemporáneo en la comunidad, pero que no sé si le sacan todo el partido que podrían en la capital altoaragonesa, entre otras cosas por su situación excesivamente apartada del casco urbano. Allí había una exposición de uno de mis fotógrafos favoritos, Bernard Plossu, en el que se mostraban sus fotografías realizadas en la provincia de Huesca, especialmente en los somontanos y las sierras prepirenaicas de la misma. Fotografías realizadas en blanco y negro, como es costumbre en él con su Nikkormat y su 50 mm como cámara básica. Me resultó inspirador. Fotografías sencillas, carentes de artificio, poco espectaculares, pero muy auténticas a la hora de recoger el ambiente físico, humano, cultural e histórico de estos paisajes, que a algunos nos resultan muy familiares por haberlos visitado con frecuencia.

El castillo de Loarre, uno de los monumentos más emblemáticos del antiguo reino de Aragón, ejemplar magnífico de arquitectura militar románica, tenía su presencia en aquella exposición, como no podía ser de otra forma.

El caso es que aquella exposición me resultó inspiradora. Aquellas fotografías me transmitían más que las fotografías de paisajes que vemos con frecuencia hoy en día, realizados con cámaras digitales más o menos avanzadas, que suelen resultar en colores sobresaturados, y correcciones y ajustes de la luminosidad y el contraste que se perciben en no pocas ocasiones artificiales. Imposibles. El uso de película tradicional nos puede devolver con facilidad las sensaciones de autenticidad del paisaje. Incluso si sabemos que el propio material sensible tradicional basado en los haluros de plata tiene sus propias limitaciones y que la presunta fidelidad de tonos y colores con los que antaño se promocionaban los fabricantes tampoco son tales. Pero a pesar de todo, son capaces de trasmitirnos esa autenticidad que con frecuencia se pierde en ciertos estilos de trabajar el paisaje en fotografía digital.

Soy consciente de que, influenciado por aquella exposición, en una mayoría de situaciones he utilizado película negativa en blanco y negro para estos paisajes familiares. Pero, ¿por qué no intentar de recuperar el espíritu que transmiten esas fotografías utilizando película negativa en color? En algún caso he utilizado las películas de Kodak con este fin. Las de la familia Portra, que proporcionan unos colores más sutiles y un contraste muuuuuuy controlado, o la Ektar 100, con más pegada, con contraste más acusado y colores más saturados. Pero sin pasarse.

Recientemente, sin embargo, he empezado a utilizar con más frecuencia las películas de la gama de aficionados de Fufifilm, especialmente cuando uso cámaras para la tradicional película de 35 mm de doble perforación. Y una película que he utilizado en los últimos tiempos con éxito para algún reportaje e incluso algún retrato es la Fujifilm Superia X-Tra 400.

Así que los dos carretes que me quedaban de un lote de cuatro que adquirí hace unos meses, decidí que los utilizaría para fotografiar paisajes en cuanto se me presentase la ocasión. Y esta fue la primera. La segunda no tardó mucho en llegar y os la contaré próximamente.

Así que la Pentax MX llevaba cargado un carrete de Superia X-Tra 400. Y tras una tarde de sol de justicia y luz dura, justo cuando nos acercábamos al castillo llegando desde Ayerbe, unas nubes comenzaron a matizar la luz de cara a la caída de la tarde, adelantando casi una hora las buenas condiciones que se suelen asociar a la llamada "hora dorada" por el tono cálido de la luz del atardecer antes de la puesta de sol.

He de reconocer que la X-Tra 400 se portó muy bien. En primer lugar, conservando el tono cálido de los tonos de ese atardecer. Alguna vez he leído que las películas Fujifilm en color son más frías que otras marcas, especialmente que Kodak. Y así me había parecido en tiempos con las película diapositivas. Aunque más tuve la sensación siempre que las Ektachrome eran excesivamente "amarillas" y que las Fujichrome, especialmente las Sensia, Provia y Astia, eran más neutras en su rendimiento. No tengo quejas de cómo reproduce el color esta película en distintas situaciones.

Hay una cosa que he decir al respecto. En muchos casos, trabajando con digital, existe la tendencia de compensar en exceso las dominantes de color que la luz presenta. Si estas en interiores, y eliminas por completo la dominante rojiza debida a la iluminación artificial, puedes acabar teniendo unos interiores de aspecto frío y sin alma. O puedes acabar teniendo unos amaneceres o unos atardeceres excesivamente fríos, demasiado corregidos. Últimamente he leído varias recomendaciones que sugieren disparar en digital usando archivos RAW con el equilibrio de blancos en modo luz de día. Y luego, a partir de ahí corregir en el procesado de los archivos, no buscando una corrección total sino un rendimiento del color agradable y ajustado a las sensaciones que nos despierten los lugares que fotografiamos.

Lo cierto es que la película negativa en color equilibrada para luz de día, siempre y cuando las dominantes de color no sean extremas, te pueden llevar de forma natural a esa situación con poco esfuerzo. Aunque siempre será necesario un operador con buen ojo para el color, bien sea al digitalizar los negativos o al copiarlos y ampliarlos por mecanismos tradicionales.

Está también la cuestión de la latitud de exposición y la dinámica de la película, muy elevada en las emulsiones modernas, que en el caso de la película negativa en color toleran muy bien la sobreexposición, conservando en ese caso el detalle tanto en las sombras como en las luces. En las fotografías de esta serie, con frecuencia el motivo principal se encontraba a contraluz. El visitante estaciona el coche al norte del castillo y se acerca a sus murallas y puerta principal caminando desde el este, por lo que al atardecer, el sol se encuentra justamente en el lado opuesto de la mole del complejo arquitectónico militar medieval. Ge podido comprobar que últimamente está muy denostada la medición de la luz global ponderada con predominio central. Los "sabios" de hoy en día dicen que, a) hay que confiar en los sistemas de medición matricial de las cámaras modernas o, b) que para ser finos, hay que medir con una medición puntual. Bueno... con las cámaras sin espejo, hace tiempo que medimos usando el histograma. Con las réflex, usando el visor tradicional, personalmente obtengo mayor porcentaje de aciertos con una la medición ponderada al centro siempre que el fotómetro esté bien calibrado. O si tiene algún sesgo, que sea constante y conocido. Mi Pentax MX tiene el fotómetro bien calibrado. Mi Canon EOS 5D Mark II está sesgado produciendo subexposición. Por poner un ejemplo. En cualquier caso, en este caso, la medición se hizo lo más precisa posible, pero siempre midiendo para las sombras, para garantizar que estas conservaban bien sus características de color y detalle. Y las luces que caigan como puedan. Ya se sabe lo que decían los maestros del pasado, "expón para las sombras y revela para las luces".

De esta forma, incluso los contraluces más exagerado han conseguido buenos tonos y buen detalle con esta Superia X-Tra 400, que definitivamente se está convirtiendo en una de mis películas favoritas. De hecho, en estos momentos lo que lamento es que, estando clasificada como película para el consumidor aficionado, no se fabrica en rollos de formato medio, por lo que me obliga a restringir su uso en cámaras de formato pequeño, de 35 mm. Una pena. Porque algo que hay que decir es que hay diferencias de precio notables, si se sabe dónde buscar. En algunos casos, la diferencia de precio entre la Portra 400 y la Superia X-Tra 400 puede llevar a que la primera cueste el doble de precio o más que la segunda. La diferencia de calidades no es tan grande, a la vista de los resultados.

He quedado contento con los resultados obtenidos con esta película. En estos días, desde que recibí los negativos digitalizados, he impreso alguna copia a un tamaño de DIN A3 con buenos resultados. Es en la copia en papel más que en la pantalla del ordenador, donde hay que juzgar la bondad de la copia final de la fotografía tal y como la previsualizamos antes de disparador de la cámara. Ya tengo encargados unos cuantos carretes más para tener una temporada. Es fácil encontrarla en el comercio... en el poco que queda que venden película fotográfica. Pero aun así, puede resultar más barata comprarla por internet a poco que consigas deshacerte de los gastos de envío de una forma u otra.

En fin, espero que os hayan gustado las fotos. Nos despediremos del castillo de Loarre, de las sierras del Prepirineo aragonés y de la comarca de la Hoya de Huesca, no sin antes parar a recoger los minutos próximos al ocaso entre los cerezos de Bolea.

Adaptadores para película de 35 mm en cámaras de formato medio

Hace unos pocos meses os contaba cómo hice un experimento para usar una carrete de 35 mm en la Agfa Synchro Box, y de ese modo obtener fotografías de formato panorámico con una cámara de formato medio. El resultado no estuvo mal, aunque desperdicié bastante película porque no conté adecuadamente el número de vueltas que tenía que dar a la manivela de avance de la película. En cualquier caso, todo el invento a base de cinta aislante tuvo siempre una sensación de precariedad horrible.

Hace unas semanas encontré en algún sitio un enlace a una página en la que hablaba de unos adaptadores realizados con impresión en 3D para utilizar carretes de 35 mm en cámaras de formato medio. Y de alguien que a través de eBay y desde Viana do Castelo en Portugal te los mandaba ya impresos por un precio que sin ser barato para lo que son, un pedazos de plástico moldeado, es perfectamente asumible. Quizá lo único que le faltaba es vender también la pieza adaptada para recoger el rollo de película conforme se va exponiendo, aunque usar uno de los habituales de un rollo de formato 120 tampoco supone mayor problema. Si tenéis acceso a una impresora 3D, en los enlaces anteriores se pueden conseguir los datos para introducir en la misma y hacéroslo vosotros mismos.

Veámoslos...

Así como el experimento que hice hace unos meses fue con una cámara supersimple, en esta ocasión pensé, o se me ocurrió, que podría utilizar cámaras más sofisticadas, con las cuales podría controlar mejor el avance de la película y aprovecharla mejor. De hecho, como la longitud de un carrete de 35 mm es aproximadamente el doble de un rollo de formato 120, es decir, muy similar a la de los extintos rollos de formato 220, lo primero que se me ocurrió fue usarla con la Fujifilm GS645S Wide 60, que tiene posición para este último tipo de rollo de película.

Es cierto que por la disposición de la cámara, que favorece las tomas verticales en el avance de la película, no iba a conseguir fotogramas panorámicos ni mucho más grandes que los de 35 mm. Pero se trataba de probar. Y algunas cosas interesantes conseguí dando un paseo por el Parque Pignatelli de Zaragoza.

Las fotografías están realizadas sobre un carrete de Kodak Tri-X 400, expuesta a través de un filtro rojo Heliopan Rot 25, equivalente a un Wratten nº 25, revelada en Rodinal 1:50, 13 minutos a 20 ºC. Y la verdad es que no están mal, tienen su gracia,... pero... Pero. El sistema de avance y disparo de la Fujifilm GS645S no se lleva bien con este tipo de carretes. Y desperdicié una cantidad ingente de película. De hecho, sólo conseguí seis fotogramas, cada uno con nueve perforaciones de extensión. Lo normal en los negativos de 24 x 36 mm son las ocho perforaciones. Por lo tanto, nunca hubiera conseguido las 36 exposiciones habituales, pero sí unas 28 o 30. Mala suerte. No es una buena solución para esta cámara.

Al día siguiente volvía a repetir el experimento, pero esta vez con la Hasselblad 503CX y el Carl Zeiss Planar 80/2,8 T* CF, con una respaldo A12. Los respaldos A12 son para rollos de formato 120, en los que proporcionan 12 exposiciones. Trampeando un poquito algunas cosas, conseguí que sobre el carrete de 35 mm pudiese exponer un total de 16 negativos. Pero no encontré forma de engañar a la cámara para que siguiera disparando tras llegar al círculo negro en el contador del respaldo, sin arriesgarme a velar la película. Con un respaldo A24, para rollos de 220, podría estirarme más, pero no lo tengo,... y no lo voy a comprar. No me merece la pena el desembolso.

En esta ocasión, el paseo fotográfico fue por el vecindario de mi casa, el Parque de la Memoria y el barrio de Santa Gema en Zaragoza. La película fue la misma, de hecho las revelé al mismo tiempo, pero a través de un filtro amarillo Tiffen nº 8, también para mejorar el contraste de los negativos en las mañanas de calor tórrido y luz ofensiva del verano en Zaragoza.

Como ya habréis podido deducir de lo que he escrito con anterioridad, la cosa fue mucho mejor que con la Fuji. Es cierto que el avance del fotograma no es regular como con la película de formato 120. Y algunos de ellos quedaron muy juntos unos con otros, incluso superponiéndose en finas bandas de menos de 1 mm de anchura, por lo que no impide su utilización. Como el avance de la película en los respaldos de la Hasselblad es vertical, también es mucho más cómodo este formato del negativo que el horizontal y más panorámico. Aunque dispongo de un pentaprisma para más comodidad en la composición que con el visor de capuchón básico, al tener un ángulo de 45 º, hay que adoptar posturas raras para fotografiar en horizontal. Pero como podéis comprobar, con un poco de paciencia, lo hice.

Supongo que este tipo de opciones a la hora de fotografiar con una cámara de formato medio no es para usarlas todos los días. Pero algún que otro carrete de vez en cuando, con motivos seleccionados, sí que haré. Quizá por que no pueda evitar complicarme la vida de vez en cuando, en parte por optar por estéticas distintas, de esas que te sacan de tu zona de comodidad. En fin... que para lo que cuestan estos chismes, no te vas a privar de tener una opción más en tu arsenal fotográfico.

Paisaje suburbano en infrarrojo

Hoy no me voy a enrollar mucho. En los pasados meses, en distintas ocasiones he ido ensayando las posibilidades de la fotografía en el espectro del infrarrojo. Hice algunas pruebas a principio de año con cámaras digitales, sobre las que luego profundicé, e hice mis pruebas también con una película tradicional con sensibilidad extendida al infrarrojo. Pero ya vale de hablar. Estamos en verano, un largo y cálido verano. Y es la época del año adecuada para este tipo de fotografía. Así que el pasado fin de semana, cogí dos cámaras, una digital y otra para película tradicional de formato medio. Y me fui a las inmediaciones del soto de Cantalobos y de la huerta de las Fuentes, en el entorno suburbano de Zaragoza y me fui a hacer unos paisajes. En su mayor parte con tecnología argéntica, aunque también hice alguno con la cámara digital. Cuando los resultados de esta superen a los de la primera, lo cual sucede en alguna ocasión, los mostraré.

Para los interesados:

Fotografía digital: Leica ME + Summicron 50/2 ASPH + Hoya IR72.

Fotografía argéntica: Fujifilm GS645S Wide 60 + Hoya IR72 + Rollei Superpan 200 en Rodinal 1:50, 17' a 20 ºC.

Nikomat FTn con Nikkor-S Auto 1:1,4 50 mm - En color y en blanco y negro

Si ayer comentaba la llegada a la colección de la Nikomat FTn, hoy quiero mostraros algunas fotografía de los primeros carretes que he expuesto con ella. Ayer no comenté un hecho. La cámara usaba las malditas pilas PX625 de mercurio que ya no se fabrican. Sus equivalentes en pilas alcalinas no tienen el mismo voltaje, ni entregan su carga de la misma forma, por lo que es sabido que hace que el fotómetro de las cámaras, único motivo para usarlas, no sea fiable. Además de una diversidad de soluciones caseras, la mejor solución para sustituirlas son las pilas de zinc-aire que WeinCell fabrica compatibles con las PX625. Pedí unas cuantas, pero han tardado en llegar y los dos primeros carretes un Kodak Portra 400 y un Eastman Double-X 200 han sido expuestos estimando la exposición en condiciones de fotografía al aire libre, y con la ayuda de un aplicación que permite usar el teléfono móvil como fotómetro.

Normalmente, se me da bien estimar la exposición a ojo, partiendo de que un día nublado la exposición correcta es f/8 y el inverso del índice de exposición en ISO como velocidad de obturación. Si hay sol, vamos aumentando el número f o la velocidad de obturación. Si estamos en sombra o se pone a llover, vamos a la inversa.

Sin embargo, por algún motivo mis negativos en color, especialmente los realizados al aire libre han pecado de una ligera subexposición muchos de ellos. Nada grave, pero prefiero equivocarme en sentido opuesto. Las fotografías en interiores, con medición con el teléfono móvil, han quedado sin problemas.

En general, aunque más pesada de lo que estoy acostumbrado a usar, la cámara se maneja con comodidad, aunque no me he acostumbrado todavía a la posición en la montura del objetivo del selector de la velocidad de obturación. Que además va un poquito duro.

En el lado positivo, y a pesar de la amplia luminosidad de Nikkor-S Auto 1:1,4 50 mm, el enfoque parece preciso. Desde luego la rueda de enfoque tiene un tacto y una suavidad envidiables para los objetivos de hoy en día, mucho menos agradables de usar.

El contraste la nitidez que ofrece el objetivo es muy buena en cuanto cierras unos cuantos pasos el diafragma. Pero a plena apertura, el contrasta es bajo y la nitidez es la justa para ser usable en el centro del diafragma. Supongo que la tecnología de los años, este es un objetivo cuyo diseño viene de principios de los años 60, hace que las limitaciones se noten. Pero su robustez y agradable uso te hacen comprender que fuera apreciado por los profesionales de la época. Que lo usarían más bien con la Nikon F, pero que no desmerece montado en la Nikomat.

También le he puesto una lente de aproximación de 3 1/3 dioptrías. La distancia mínima de enfoque del objetivo no es tan favorable como la de objetivos similares en la actualidad. Si estamos habituados a una distancia mínima de enfoque de 45 cm en los objetivos de 50 mm de focal, nos tenemos que conformar con unos 55 o 56 cm de distancia mínima de enfoque, calculo yo. Algo menos de 60 cm. Con la lente de aproximación nos permite escalas de rerproducción de aproximadamente 1:3. No está mal. Ninguna catástrofe sucede, si diafragmamos unos pasos a la hora de hacer la foto.

Para el blanco y negro, tiré del último carrete que me quedaba de un pequeño lote que adquirí de la película cinematográfica de Kodak, la Eastman Double-X, con una sensibilidad nominal de ISO 200. Hay mucha gente que habla maravillas de esta película, pero yo no he alcanzado la felicidad con ella. Ni con los primeros carretes que usé revelados con Kodak HC-110, tanto a su sensibilidad nominal como forzada un paso, ni con este que he usado con la Nikomat, a su sensibilidad nominal, pero revelada en Rodinal. Puesto que expuse generosamente y en situaciones de potencial contraste fuerte, decidí usar un revelado compensador, un revelado desatendido con una concentración de 1:100 durante una hora a 20 ºC.

He de decir que sigo sin enamorarme de esta película. No me acaba de convencer. Su sensibilidad de ISO 200 está un poco en tierra de nadie. No obtengo grano tan fino como con las de ISO 100-125. De hecho, tampoco obtengo grano más fino que con algunas películas de más sensibilidad. Por lo que no le acabo de ver la ventaja.

En cualquier caso, decir que en esta ocasión sí que pequé de cierta sobreexposición, ya he dicho que dejé entrar la luz con generosidad. Siempre he oído decir que a esta película le gustan las condiciones de luz abundante. Desde luego, la latitud de exposición de la película con este revelado me parece muy buena, pero el aspecto general de las fotos finales no acaba de convencerme.

Pero a lo que vamos es a la cámara y el objetivo. Lo cierto es que conforme te vas acostumbrando a su volumen y peso, se hacen muy agradables de usar. Y quizá el Nikkor-S 50/1,4 no brilla a plena apertura como los objetivos actuales, pero tiene posibilidades claras para retratos. Eso sí... cuidado que f/1,4 ofrece muy poca profundidad de campo. No vale echarle la culpa al objetivo de lo que son errores de enfoque. Que eso se ve mucho.

Kodacolor-X 620 - Un viaje en el tiempo de más de 43 años

Os contaba la semana pasada cómo estuvimos disfrutando una estupenda jornada fotográfica en Ejea de los Caballeros los aficionados a las sales de plata de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ). Pero además de una estupenda experiencia y cuatro carretes de fotografías me traje algo más. Me traje un carrete de Kodacolor-X en formato 620 que como mínimo tiene más de 43 años.

Me explicaré. Aunque dejadme que os presente una cámara por gentileza de Laura (Lura Photos), quien es quien la posee en estos momentos. La fotografía es suya, como todas las que veréis del aparato.

La que nos interesa es la Kodak Duaflex II, una cámara que fue fabricada entre 1950 y 1954 en Estados Unidos, y entre 1955 y 1960 en el Reino Unido. Puesto que en el frontal de la que dispone Laura se lee claramente "Made in England by KODAK LIMITED LONDON", podemos decir que es una cámara que tiene alrededor de 60 años, un par de años abajo, tres años arriba.

Es una cámara muy simple, a pesar de su aspecto de réflex binocular. Falsa réflex binocular. Construida en baquelita, lo que indica su intención de cámara económica, el objetivo principal es un 75 mm f/15. El diafragma es fijo. Como veis, muy poco luminoso. El obturador sólo tiene dos posiciones. "I", de "instantánea", que probablemente será una modesta velocidad de obturación de entre 1/30 y 1/60 segundo, que se ha podido volver aun más lenta con el tiempo. En cualquier caso, habrá que tener cuidado al accionarlo para que no trepide la imagen. La otra posición, "B" de "bulb", es para exposiciones prolongadas.

Como se puede ver en las fotos anteriores, el selector del obturador está en el lado izquierdo de la cámara, mientras que el accionador del mismo está en el derecho. Dispone de un par de engarces para una correa de sujeción, y una rueda de avance de la película en el lado de la derecho.

Utiliza rollos de formato medio de tipo 620, ya descatalogados. De cada uno de los rollos se pueden obtener 12 exposiciones de 6 x 6. En realidad, unos 56 x 56 mm. Esta película es en todo de similares características a la de tipo 120, pero los ejes sobre los que se enrollan las películas son más delgados, de menor diámetro, por lo que no son compatibles unos con otros. Para poder utilizarla, hay dos alternativas. O te gastas un pastón en los carretes que venden alguna gente que se dedica a rebobinar la película de carretes de tipo 120 en ejes de 620, o a partir de un carrete de 120, a oscuras, lo haces tú mismo. También hay quien ha conseguido buenos resultados recortando con un corta uñas los topes de los carretes de 120 para que se ajusten al espacio adecuado de la cámara.

Como he dicho, es una falsa réflex binocular. Aunque vista de frente da el pego, lo cierto es que el objetivo superior no lleva a un sistema de espejos que dirige la imagen a un cristal de enfoque, como pueda suceder en una Rolleiflex, Rolleicord, Minoltacord, Yashicamat o similares. En realidad es una prisma, de las misma características que los de las cámaras de cajón o "box cameras" con las que está emparentada, pero mucho más grande, lo que le da un mucho mayor confort de utilización. Precisamente, por el gran tamaño de este prisma, para mantener un tamaño similar, el negativo que ofrece es de 6 x 6 en lugar del típico 6 x 9 de las Kodak Brownies de la época, las Six-20. Por su puesto, la imagen que ofrece este prisma está invertida lateralmente.

En la parte trasera, además de la tapa para acceder al compartimento de la película, encontramos una ventanilla roja para ver el contador de exposiciones que está impreso en el dorso del papel protector de la película.

Laura compró la cámara a través de internet y al abrirla se encontró con que llevaba un carrete incluido. Un carrete de película Kodacolor-X. Ya expuesto.

Lo vemos.

Como vemos en distintos lugares del papel protector de la película, se trata como digo de película Kodacolor-X en formato CX 620. La denominación "Kodacolor" corresponde tradicionalmente en Kodak a la película negativa en color, frente a las denominaciones terminadas en "chrome" que son películas diapositivas en color. La Kodacolor-X es la segunda variante de las Kodacolor, y se fabricó entre 1963 y 1974, por lo que ya sabemos que este carrete tiene más de 43 años, y podría tener cerca de 54 años.

El formato 620 fue una estratagema de Kodak para hacer sus cámara incompatibles a las películas de otros fabricantes, que venían en formato 120. De este modo, el comprador de una Kodak Brownie Six-20 o de una Kodak Duaflex, en cualquiera de sus versiones, se encontraba "secuestrado" a seguir consumiendo películas de la marca. No aporta ninguna otra ventaja significativa sobre el formato 120, más veterano.

Pero la película tiene otra característica. Está fabricada para ser revelada en el proceso C-22, que fue sustituido por el C-41, el que actualmente es válido para las películas modernas, entre 1972 y 1973. Son incompatibles uno con otro. La composición química de los agentes activos varía y las temperaturas de revelado también son distintas. Claro está, hace mucho tiempo que este tipo de procesado no está disponible en los laboratorios comerciales. Tras una cierta búsqueda, parece que hay algunos laboratorios en Estados Unidos que lo mantienen, y uno en el Reino Unido, en Birmingham, que se cobra lo suyo por hacerlo. Incluso ellos, aunque ofrecen el servicio, recomiendan revelar estos negativos como blanco y negro como la opción más fiable para obtener resultados utilizables.

Porque por si alguien no lo sabía, cualquier tipo de película que conozcáis, en color o en blanco y negro, cuya base sean los haluros de plata, se puede revelar como blanco y negro. Negativos en color, diapositivas,... cualquier cosa. Curiosamente, muchos de los "especialistas" que puedes encontrar en internet en recuperación de películas antiguas son muy herméticos sobre sus procesos, manteniéndolos en secreto. Pero hace tiempo que se sabe que hay un modo de procesado en blanco y negro sencillo y apto para todo tipo de películas; el revelado desatendido con Rodinal. Tras unas conversaciones entre Laura y yo, decidimos que nos poníamos a la tarea y esto es lo que hemos obtenido y cómo lo hice cuando Laura me paso el rollo hace dos semanas.

El revelado desatendido con Rodinal ya lo he explicado en alguna ocasión. La ejecución práctica en esta ocasión fue como sigue. Introduje el rollo de película en un tambor de un litro de capacidad que llené una dilución de 10 ml de Rodinal y el resto agua hasta llenar el tambor. Aproximadamente una dilución 1+100. Luego lo agité suavemente durante 15-20 segundos, y lo dejé estar durante una hora. Un par de inversiones tras ese periodo de tiempo, y lo volví a dejar estar durante otra hora. Aclarado con agua, fijado como de costumbre, lavado y secado.

Los negativos quedaron muy densos, con un velo muy intenso debido a la antigüedad del carrete en toda la longitud del mismo. Además, aparecía algunos artefactos dispersos por ella, especialmente en las regiones centrales del rollo. El contraste era muy bajo. En la imagen anterior, podemos ver el mejor de los fotogramas en dos versiones. La primera, tal y como la ajusté en el software controlador del escáner Epson Perfection V600 Photo, que como vemos tiene muy poco contraste. La segunda es una vez ajustado el mismo en Adobe Photoshop Lightroom. Como vemos, aparece el retrato de una señora desconocida con aspecto totalmente sesentero. Por lo que me atrevería a decir que igual tiene sus 50 años el carrete.

Lo que hemos encontrado en el rollo lo contaré tal y como queda después de haber cortado el mismo en tres tiras de tres para guardarlo.

En la tira de los tres primeros negativos del rollo, los espacios correspondientes a los dos primeros están en blanco. Sólo encontramos la base+velo de la película. Un velo pronunciado por la antigüedad de la misma, y muy artefactado, pero ahí no ha habido nunca una foto. Pero en la posición del tercer negativo encontramos una foto bien expuesta, un retrato de cuerpo completo de la señora anteior. Es lo mejor que se puede sacar de este carrete. Por supuesto, como hay un velo pronunciado por la antigüedad, el negativo está muy denso y también artefactado. Pero esa foto se hizo correctamente.

En la tira de los negativos 4 al 6, pasa algo parecido. Los dos primeros están en blanco. Y en la posición 6 hay un paisaje con una valla y probablemente una señora apoyada en la misma, aunque se ve pequeña en el conjunto del paisaje. La sombra del fotógrafo aparece en primer plano. La foto está borrosa por un defecto de toma. Casi con toda seguridad trepidada por los largos tiempos de obturación que tenían estas cámaras. Una pena, por la composición de la foto tiene su gracia, con la blancura de la valla resaltando en los tonos oscuros que producen los árboles del fondo.

La tira de los negativos 7 al 9 está velada por entrada de luz. No es el velo aumentado por el paso del tiempo, es una densidad prácticamente negra. Si hay hubo una imagen, se arruinó por la entrada de luz en su momento.

Y en la tira de los negativos 10 al 12, las posiciones 10 y 12 tienen imagen, pero incongruente. Irreconocible. Por lo menos para mí. También están muy artefactados, y muy muy densos. Mi sensación es que se dispararon en posición en posición B, originando una sobreexposición muy importante y una trepidación muy amplia. El negativo de la posición 11 no existe; base+velo.

Y esto es lo que hay. Con un trocito de película del principio de los rollo he hecho una prueba con un poco de blanqueador a base de ferrocianuro postásico que he conseguido, pero el resultado no me ha convencido, y creo que es mejor no estropear los negativos más de lo que están por el paso del tiempo.

Os muestro lo que había en los últimos negativos del carrete.

Las sensaciones después de todo este proceso son ambiguas. Por un lado contentos por haber llevado a cabo con calma y método la recuperación de imágenes de unos negativos de hace 50 años, aproximadamente. Y con éxito. Por otro lado, un poco decepcionados de no haber encontrado un rollo totalmente expuesto con sus doce negativos listos para sorprendernos. Pero eso no es culpa nuestra. En cualquier caso, creo que ahora ya sabéis todos vosotros cómo rescatar antiguos negativos.